El hijo pródigo

Todo aquel al que de pequeño fuese a misa los domingos se acordará de la parábola del hijo pródigo. Por aquellos años no eramos conscientes de la influencia que estas lecturas repetidas iban a tener en nosotros, cuyos cerebros eran como esponjas.

 

Hemos crecido interiorizando esa historia.

 

El hijo pródigo es la oveja negra que vuelve a casa arrepentido, avergonzado por su comportamiento y se disculpa ante el Padre. Este, dando muestras de su generosidad, en lugar de desdeñarlo lo recibe con los brazos abiertos -para fastidio e incomprensión de su abnegado hermano.

 

Pródigo significa generoso, pero tambien despilfarrador, que gasta el dinero de forma insensata e innecesaria.

 

La parábola del hijo pródigo viene a decirnos que debemos plegarnos a la voluntad de nuestros padres. Este es el mensaje principal, pero además esconde lo que los sistémicos llamamos una moraleja doblebind, de doble filo; tus padres te quieren sin condiciones por ello debes obedecerles también sin condiciones.

 

Pero lo que en la parábola se celebra es la vuelta del hijo al redil. Esa es la única condición; que sigamos la senda que ellos nos marcan, que renunciemos a nuestra individualidad y esto, hoy en día, supone una renuncia mayor que antaño, cuando a menudo no había más posibilidades reales de subsistencia que seguir la senda.

Una vez leí que en cierta comunidad religiosa, despues de educar a sus jovenes en valores ultraconservadores, privandoles de habilidades sociales que les permitan defenderse en el mundo y de criarles en un ambiente superrestringente, se les concedía  un año de libertad. Durante este año, la mayoría de ellos, acostumbrados como estaban a obedecer, se sentían tan desorientados que acababan entregandose a la primera adicción que les pasaba por delante, incapaces de lidiar con tanta libertad.

 

Entonces los padres, comprensivos y dispuestos a perdonarles sus pecados, les volvían a acoger.

 

Es de imaginar que después de esta experiencia muchos abrazaran su religión con convencimiento por considerarla, no sin razón, su salvación. (Eso si, si alguno de ellos consigue superar con éxito la prueba no creo que volviese nunca al redil)

 

 

Que los padres sean capaces de hacerles desemejante perreria a sus hijo supone -en mi opinión- que ellos mismos a su vez están sujetos a tradiciones inconscientes de una sociedad que no puede permitirse el lujo de reflexionar sobre sus costumbres, al correr el riesgo de ser aniquilada en el acto; para no aniquilar la sociedad se aniquilan las dudas que sus miembros puedan albergar. Se aniquila al Individuo.

 

Esto es una regla lógica; cuando uno se integra en un grupo pierde algo de su individualidad.

 

Joseph Cambell en sus videos sobre los mitos describe algunos  perversos -desde el punto de vista de un psicólogo occidental- y terrorificos rituales de emancipación en los cuales los hijos son expuestos a situaciones de terror, peligro y muerte. Superadas estas pruebas el susodicho pasará a un estadio distinto de conciencia. En este caso será el paso de la infancia a la edad adulta.

 

En todo caso estas sociedades parecen estar caracterizadas por un alto nivel de interdependecia y unas reglas comunales importantes (e intocables) para la supervivencia del clan. Los ritos sirven a este inconsciente colectivo y no deben cuestionarse, ni siquiera deben hacerse conscientes.

Nuestra sociedad, como ya han criticado muchos, esta perdiendo los rituales ( o convirtiendolos en caricaturas al servicio del dinero) y tampoco quedan muchos mitos a los que aferrarse. Uno de nuestros grandes problema, en la sociedad de la libertad, es la falta de orientación y el hijo pródigo ya no nos sirve.

 

Rilke acaba su única novela cuestionandolo, al hijo pródigo.

 

¿Qué pasaría, se pregunta, si todo esto del hijo pródigo fuese un gran malentendido?, ¿Qué pasaría si fuese el padre, el que debiera caer rendido a los pies del hijo, arrepentido por haberle arruinado la vida?

 

 

Y ahi está la odisea: Ulises tambien marchó, pero volvió (a su propio hogar, no al del padre) y no lo hizo arrepentido, sino reclamando lo que era suyo. Seguro y potente, orgulloso y sabio. Enriquecido e individual.

 

Me pregunto de que hablarían Ulises y el hijo pródigo si se encontrasen.

¿Podrían ser amigos?

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Ramón (sábado, 06 septiembre 2014 21:33)

    Interesantísimo comentario y comparaciones. Otra de las parábolas conexa con la del hijo pródigo es la de Marta (trabajadora) y María (la escuchadora). Pero haciéndome eco de la pregunta con la que terminas el escrito yo pienso que hay mas opciones de la reflexiva. Podría ser que fuera uno solo el que realmente es amigo. ¿cual? Me inclino por apostar por Ulises, aunque peque de iluso.