El miedo a la intimidad

Hoy en día parece ser un miedo sistémico.

 

-Berlín es una ciudad de paso, me decía el otro día alguien. -La gente está de paso, no quiere comprometerse, no sabe que va a hacer con su vida, no sabe que pasará mañana. La ciudad, y la época, invita a las relaciones esporádicas. Aplicaciones como Tinder facilitan la tarea.

 

Y es que, ¿para qué comprometerse con alguien, si mañana puedo encontrar a otro mucho mejor?.

 

¿Qué puede haber de malo en dejar una puerta abierta?

 

No podemos decidirnos, y es que decidir es saber renunciar. Y a renunciar no estamos dispuestos.

 

El psicoanalista alemán acuño en los 80 el concepto del "miedo a la intimidad" y como la mayoría de las veces, el nombre aparece, pero el fenómeno está por llegar. Y ahora está expandiendose por el mundo como una epidemia.

La gente se siente sola y recurre a las relaciones esporádicas para consumirlas como drogas. Y después del consumo uno se siente tan solo como antes.

 

El escritor norteamericano Foster Wallece escribió que contra la soledad existencial la literatura podía ser un antídoto pues nos permite asomarnos a la mente de personajes de ficción que, aun sin ser reales, ofrecen una superficie de proyección y una intimidad que no tenemos con nadie. No sabemos lo que pasa por la mente de las personas que nos rodean, pero podemos saber qué y cómo piensa el protagonista de una novela.

 

En la vida diaria no hay tantos momentos de intimidad.

 

¿Cada vez menos?

 

¿Ha sido siempre así?

 

Adam, el protagonista de Enemy, la nueva pelicula de Denis Villeneuve, sufre miedo a la intimidad. Adam teme a la mujer, teme ser devorado por ella.

 

Pero su miedo no acaba aquí...huir de alguien es más fácil que huir de algo que se lleva dentro. Adam no solo tiene miedo a la mujer, sobre todo se teme a si mismo. Hay algo extraño en él. Y entonces aparece el doble, ese personaje tan inquietante.

 

 

Es difícil que dos personas intimen; "tu estas demasiado lejos, yo estoy demasiado cerca, ninguno de los dos estamos aquí", dice un estribillo alemán y da en el clavo.

 

Tan difícil como enfadarse con la persona adecuada, en el momento adecuado y en la medida adecuada es intimar con alguien. Solemos estar en otro sitio. A menudo en algún lugar de nuestra historia en el que, bien de forma progresiva bien traumática, perdimos la confianza en el otro.

 

Cuando ocurre el milagro del enamoramiento, por un momento caen las barreras y nos sentimos uno con la otra persona. Pero esta pérdida de control, esta regresión de los sentimientos a estadios en los que nuestra dependencia del otro era real, puede provocar una sensación de perdida de control tan grande que haga que prefiramos huir a volver a depender de alguien.

 

Ida, la monja de la pelicula de Pawel Pawlikowski conoce de pronto al hombre de su vida. Un hombre que le ofrece la posibilidad de intimar.

-¿Y ahora qué? pregunta Ida después de su primera noche de amor. Él le ofrece ir al mar.

 

En la siguiente secuencia vemos a Ida con la maleta en la mano, de vuelta al convento.

 

¿Miedo a la intimidad?

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Comentarios: 1
  • #1

    Raquel (martes, 23 septiembre 2014 17:33)

    Siempre encuentro algo en tus textos que me hace sentirme identificada.
    Gracias por expresar con palabras situaciones o sentimientos que oprimen y uno no sabe como sacar e incluso cree que está loco, que sólo le ocurre a uno.
    Leer éste y tantos artículos tuyos, me libera y me hace sentirme normal como cualquier otro y no perseguir perfeciones o evitar sensaciones que censuro de mi misma.
    Gracias Georgia,