Veo, veo

El ser humano, a diferencia de otros animales, al llegar al mundo no es capaz de valerse por si mismo; depende de sus cuidadores para sobrevivir.

 

Este estado de dependencia se alargará unos años ya que su cerebro no está terminado al nacer, sino que se sigue desarrollando en constante interacción con el medio, en especial con la madre o primera persona de referencia, que será la primera representación del mundo a la cual el niño tendrá acceso.

 

Esta plasticidad cerebral que conlleva una independencia relativa de los instintos se traduce en una capacidad de aprendizaje y adaptación sin parangón en el reino animal.

 

Y es que, como dijo cierto biólogo molecular, la historia de la evolución puede verse como una emancipación progresiva del determinismo genético. Si existe el libre albedrio, este es mayor en el ser humano que en cualquier otra especie; nuestros grados de libertad son inmensamente mayores.

 

No somos totalmente libres pero tampoco estamos geneticamente determinados. Mucho menos de lo que algunos neurocientíficos quieren hacernos creer.

 

La función de los genes esta subordinada al ambiente; estos se activan o desactivan dependiendo de nuestras vivencias.

 

Esto, que puede parecer una ventaja, pues nos permite aprender y adaptarnos, es tambien nuestro talón de Aquiles.

 

 

Y es que si lo que aprendemos depende de lo que nuestro medio nos enseñe, entonces éste será determinante para nuestro desarrollo. Y si vivimos en un medio hostil tambien nos adaptaremos a él. Tambien el ambiente nos determina.

 

 

Un bebe de tres a cuatro meses ya cuenta con una memoria implicita -o prodedimental- suficientemente desarrollada para generar patrones de interacción que se adapten a los de sus cuidadores.

 

Estos patrones de interacción, Stern los llamaba "Schemes-of-being-with", funcionarán como guias de nuestro comportamiento. Durante el proceso de socialización, nuestros padres, de una forma casi imperceptible irán corrigiendo y ajustando estos patrones, de forma que poco a poco vayamos adquiriendo la capacidad de aplicarlos con flexibilidad a las diferentes situaciones y personas.

 

Si estos ajustes, esta retroalimentación externa, no se producen, ya sea por insensiblidad, negligencia o cualquier otro motivo, el niño se encontrará solo con su subjetividad y carecerá de criterios para validar su comportamiento.

 

Un vínculo seguro, o sea, una madre sensible capaz de ir realizando estos pequeños e imperceptibles ajustes en nuestra percepción (adaptando nuestra subjetividad a la de los demás) es lo que nos proporciona la confianza básica necesaria, la convicción de que lo que vemos es real.

 

Y es real porque es compartido.

 

Esta confianza básica es el factor protector más importante contra síntomas psícoticos; en primera linea alucinaciones y delirios.

 

Hoy en día la psicología, dominada por la corriente neurobiológica, está abandonando la hermeneutica y sucumbiendo a explicaciones sencillas, supuestamente basadas en la evidencia, pero tautológicas; describen pero no explican nada.

 

 

Arrastrados por la moda neuro nos olvidamos del saber acumulado durante muchos decenios. No deberiamos renunciar a este basto saber.

 

Merleau-Ponty, el filosofo de la percepción decía respecto a las alucinaciones: "La percepción se desarrolla en interacción con el medio ambiente, en especial, por ser el ser humano un ser social, con las personas. En el caso ideal, el nexo social ira corrigiendo de forma sutil y practicamente imperceptible nuestras impresiones. En caso de faltar este factor correctivo  (por deprivación) o de ocurrir sin tener en cuenta nuestras necesidades (maltrato o abuso) el resultado será una susceptibilidad a patologías de la percepción: alucinaciones y delirios".

 

Según Merleau-Ponty la percepción humana no esta determinada por nuestro cerebro sino que depende -tambien- de factores intersubjetivos.

 

El ser humano es un ser social y como tal esta inmerso en un nexo de relaciones sociales. Si estas faltan -o fallan- no solo pueden aparecer miedos y depresiones sino tambien paranoias, alucinaciones y delirios.

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