El amor me espanta

Créeme cuando te diga
que el amor me espanta
que me derrumbo ante un "te quiero dulce"
que soy feliz abriendo una trinchera.

Créeme cuando me vaya
y te nombre en la tarde,
viajando en una nube de tus horas
cuando te incluya entre mis monumentos.

Créeme cuando te diga que me voy al viento
de una razón que no permite espera
cuando te diga que no soy primavera
sino una tabla sobre un mar violento.

Créeme si no me ves si no te digo nada
si un día me pierdo y no regreso nunca.
créeme que quiero ser machete en plena zafra
bala feroz al centro del combate.

Créeme que mis palabras tienen de arcoiris
lo que mis manos de canciones finas
créeme, créeme
porque así soy y así no soy de nadie.

Que lo lógico no es lo real lo aprenderemos, si tenemos suerte, des-aprendiendo lo que nos han enseñado.


Aprendemos lo lógico, experimentamos la vida. Y la vida no es lógica, y lo que cuenta es la experiencia.

 

Lo lógico es querer y querer que te quieran. Lo real es que alcanzar esa lógica puede llevarnos toda una vida.


Y que algunos no lo conseguiran nunca.


El amor puede espantar y -aunque no suene nada lógico- hay algunos que se mueven con más facilidad en ambientes hostiles, pues es hostilidad lo que conocen, se han criado en las trincheras o han pasado demasiado tiempo en ellas.


En ese caso, si llega el amor y el impulso es salir corriendo -en dirección opuesta.



Y no corren en balde, corren porque intuyen la decepción. Más que intuirla, la han vivido ya, sobrevivido.... e intuyen que no podrán sobrevivirla una segunda vez.


No les espanta el amor; les espanta la inminencia de la decepción, de la pérdida inevitable.



Huyen por instinto de supervivencia.

Y es que por qué jugar con fuego, si ya dejaron atrás ese tiempo -el de la dependencia y las ilusiones frustradas- si han superado (con éxito) la infancia y son -al fin- autosuficientes.



Mejor dirigir la energía a ámbitos más controlables, al trabajo, por ejemplo, dónde la lógica funciona, los (pocos) sentimientos que hay se controlan y las decepciones son más predecibles (y soportables)...


Tengamos la vida bajo control; no habrá subidas, pero tampoco caidas.



Hagamos del amor un monumento, con el que poder soñar -a distancia.


Como, Ida, protagonista de la pelicula de Pawlikowski, que despues de probar las mieles del amor hace sus maletas y vuelve al convento, a entregarse a un amor que nunca podrá decepcionarla.

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