El baile y su relación con el inconsciente

A finales de los años cincuenta del siglo pasado Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata, dos artistas japoneses, sobrecogidos por los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki y sus consecuencias sociales, crearon un estilo de danza muy particular, el Butoh. En parte heredero de las danzas expresivas europeas, el Butō nace en un contexto historico muy particular. Durante esos años deambulaban por las calles japonesas supervivientes del bombardeo, con los cuerpos quemados y los globos oculares reventados colgando sobre las mejillas.

 

En el principio fue el silencio, como mucho el grito, el verbo vino mucho más tarde. Pero cuando vino, lo hizo para quedarse. Dió forma a nuestro pensamiento cual tirano que expulsa lo que no le place y determina lo que va ser real.

 

Antes de ser exclavos de cualquier otra ideología lo somos del lenguaje.

Pero de la misma manera que un tirano o un regimen autoritario nunca podrá controlar todas las esferas de la sociedad, tampoco el lenguaje hablado conseguirá nunca tener el monopolio sobre la comunicación.

 

Coexisten con él otras formas de comunicación, el "lenguaje no verbal", que no se reduce a los gestos y posturas que acompañan nuestro discurso.

 

Los "lapsus lingua" tan frecuentes entre nuestros politicos son también grietas en el lenguaje, un lenguaje involuntario que nos ocurre en contra de nuestra voluntad y nombra lo que querriamos callar.

 

O el silencio. "El que calla otorga" se dice cuando alguién, ante la oportunidad, no protesta teniendo después que asumir las consecuencias de igual modo que si se hubiese pronunciado. Lo que se sobreentiende es también algo que no necesita ser nombrado.

 

En un nivel superior están los tabus; silencios que dicen más de nosotros que la mayoría de los discursos y tienen una enorme influencia en nuestro comportamiento. Nos guian.

 

En el plano psicológico se puede decir que una experiencia sobrecogedora nos deja "sin palabras". Ante la belleza nos callamos. Y también los traumas nos silencian.

 

Lacan y sus epígonos hablan de una "grieta" que rompe la narrativa de nuestra biografia. Una grieta con enorme fuerza motriz.

 

Estas grietas traumáticas nos vuelven rígidos e inflexible. La consecuencia lógica de una grieta traumática es la evitación fóbica o precaución extrema ante ciertas situaciones que se parecen demasiado al trauma. Pero hay otra consecuencia, otro mecanismo de defensa, que no parece tan lógico pero que es igual de común e incluso puede coexisir con la fobia y el control; la repetición. Una misteriosa fuerza interior nos empuja a reescenificar y reconstruir situaciones en las que, de manera controlada, revivimos el trauma. Sin verbalizarlo.


Los comportamientos más brutales y más inexplicables pueden coprenderse -que no tolerarse- indagando en la biografia de los afectados. Detrás de un pedófilo suele haber un niño abusado. Y tambien la historia tiene tendencia a repetirse.

Al Butoh se le llama la danza hacia la oscuridad. La oscuridad en el alma humana, esa parte oscura para la que no existen palabras. Es el cuerpo el que se expresa en esta danza. Es la grieta la que habla a traves del cuerpo. Los bailarines de Butoh descubrieron la belleza en la sombra. El Butoh nace de la necesidad de expresarse.

 

Y es que cuando ya no se puede callar hay que bailar.


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