La leyenda épica

La leyenda épica familiar es el mito de nuestra familia.

 

Lo que nos cuentan que es -o fué- nuestra historia.

 

Y si nadie nos cuenta nada -lo cual puede ser aun peor- la que nos contamos nosotros mismos a partir de los fragmentos de que disponemos.

 

Todos tenemos una, pero las familias con nombre y aquellas que cargan con algún estigma sufren el doble lastre de que el suyo no es tan sólo un mito familiar sino a la vez público. Es decir, la leyenda no acaba donde termina la familia sino que sigue -persiguéndolo a uno allí dónde va.

 

La persona puede acabar aplastada por el peso de su propia mitología, o, peor aún, puede que no encuentre el espacio (¿o el valor?) para devenir en persona.

 

La distancia que hay entre la leyenda épica y la realidad -lo vivido- es la morada de la fantasía. El lugar donde se gestan nuestros conflictos y dónde se intentan resolver.

 

Es la fábrica de nuestros sueños más intensos y recurrentes. Y de nuestros síntomas psicológicos -pero tambien físicos. Pues allí donde no alcanzan las palabras es el cuerpo el que debe implicarse.

 

 

Por ejemplo:

 

 

<<Fuimos una familia muy feliz (aunque por las noches mi padre se metiese en mi cama)

 

<<Por culpa de mis problemas mis padres sufrieron mucho (pero de donde vendrá Mi sufrimiento)

 

 

¿Cómo resuelvo estos dilema? Cuando se vuelven dilemas (conscientes) es que hemos recorrido ya la mitad del camino.

 

Pero mientras permanecen ocultos, mientras sigamos creyendo que hay alguna manera de compatibilizar estas dos versiones de la historia (y evitar el conflicto a toda costa) nuestra psique y nuestro cuerpo se encargará de demostrarnos lo contrario.

 

Nos recuerdan lo que no deberiamos olvidar.

Nos instan a tomar partido por nosotros.

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