SAS: Sociedad altamente sensible

Ocurre una cosa curiosa y es que la sociedad percibe en sus miembros más vulnerables aquello que es incapaz de percibir en si misma.

A partir de ahí comienza un juego de nominaciones, atribuciones y delegaciones que persiguen el objetivo de que la pelota no rebote y vuelva a ella.

 

Tomemos por ejemplo el sindrome de déficit de atención con (o sin)hiperactividad. En un principio fueron niños despistados. Rápidamente la psiquiatria, en connivencia con las farmaceuticas, lo mutó en diagnóstico y aportó un remedio que padres y educadores acogieron gustosamente.

Los neurocientíficos completaron la ecuación explicándonos las causas del trastorno: un desequilibrio neurofisiológico.
A partir de ahí algunos adultos inadaptados lo hicieron suyo, con el fin de explicar sus fracasos y recibir un remedio rápido.

Efectivamente la pelota que se lanzó nunca alcanzó a la sociedad. Nunca llegamos a plantearnos seriamente si las raices de este problema pudiesen estar en nuestro modo de vida.


Actualmente estamos viviendo un fenómeno similar.

 

De pronto nos hemos dado cuenta de que nuestros hijos son muy sensibles. Altamente sensibles. PAS. Pero no solo nuestros hijos, sino las mujeres y todos los demás grupos que se consideran desfavorecidos. De pronto todos somos altamente sensibles y cada grupo reivindica su derecho a ser defendido. De antemano y por ley. Queremos leyes que funcionen a modo de medicamentos preventivos.

Y aunque intuimos que esta alta sensibilidad está muy cerca de ser redefinida en trastorno, es un trastorno tan extendido, que va a tener que ser la sociedad la que se adapte a él.
La izquierda, ella misma también altamente sensible, ya ha comenzado a legislar.

Las causas de esta rareza las hemos encontrado, de momento, en un pasado, altamente patriarcal y en la naturaleza maligna del ser humano, especialmente la del hombre blanco cis heterosexual y altamente privilegiado.

 

Y el remedio en el castigo de este grupo.

 Algunos de estos grupos desfavorecidos estan cayendo en el sinsentido de pretender empoderarse desde la ley. Este mecanismo hace tiempo que esta desentrañado. Musil decía que somos capaces de defender como fieras valores de un grupo con el que nos identificamos y a la vez totalmente incapaces de defender lo mismo cuando nos pilla solos.

Y como la ley no regula todavía (por suerte) todas las esferas de comunicación ni todos los casos particulares (por algo son leyes) los PAS siempre estan descontentos y quejandose de que,desde arriba, no se hace lo suficiente.

 

Quizás lo que habría que replantearse no es tanto nuestra alta sensibilidad sino nuestra capacidad individual de enfrentarnos a él que nos ofende.

 

Pero no queremos conflictos.

 

Nos han dicho, que el conflicto es malo. Que tenemos que gestionarlos solos (lo cual es absurdo pues el conflicto siempre es cosa de dos).
Evitamos el conflicto a toda costa, pretendiendo una falsa armonia en nuestras relaciones. Pero esta armonia se basa en la farsa y la distancia, y con la frustración interior del conflicto no resuleto lidiamos con técnicas de mindfullness y meditación, técnicas totalmente pervertidas y vaciadas de la esencia que algún dia tuvieron por haberse puesto al servicio de un fin concreto.

 

Las parejas se sorprenden cuando, tras años de relación armónica, de pronto y sin motivo aparente, se acaba el amor -o incluso llega el odio. No se habian percatado que la falta de intimidad es el precio que estaban pagando por la evitación del conflicto.


El excedente de rabia de nuestros conflictos personales no afrontados (que es bastante), lo acabamos proyectamos en grupos sociales a los que llegamos a odiar de forma visceral.

 

Pero odiamos en masa. Para que, llegado el caso, no tengamos que asumir ninguna responsabilidad.

El problema de nuestros niños altamente sensibles es que perciben cosas y no pueden defenderse. Les faltan falta recursos.
En el caso de los adultos, no está tan claro.....

 

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