Diario de una pandemia: Ideologias

Lo interesante en un panorama político cuya máxima ha sido siempre la de llevarse la contraria es que cuando los "sensatos" se convierten de la noche a la mañana en los "represores" puede suceder que los "fachas" terminen diciendo sensateces.

 

Es como el juego de si-no-si-no-no-si de los niños, y otra muestra más, por si necesitabamos alguna, de que para los políticos es más importante dejar al contrincante en evidencia que hacer su trabajo.

 

Lo más importante para un político es asegurarse de que los votantes terminen considerándolos como la única alternativa. O que los sigan votando, es decir, asegurarse el poder. Todo lo demás puede esperar.

 

Por otra parte, hay que decir que si la oposición que no hiciese oposición la democracia no sería democracia.

 

En todo esto el problema que tenemos los votantes es que somos presa del pensamiento dicotómico (que tan bien les viene a los partidos) y por mucho que nos estrujemos el cerebro siempre llegamos a la misma conclusión que viene a ser pensar que, si cuestionamos a los unos, necesariamente estaremos dándoles la razón a los otros.

Y como los otros nos dan tanta grima, directamente no cuestionamos a los unos.

 

Hacerlo podría significar ampliar la democracia a algo más que el gesto de depositar el voto en una urna cada cuatro años (o cada dos) y luego quejarnos. Aumentaríamos el radio de nuestra responsabilidad como supuestos ciudadanos libres que eramos.

 

Actualmente hay personas en las cuales el miedo (finalmelmente) ha calado tan hondo que ya no son capaces de pensamiento crítico. Ellos ven la represión y el control como medidas imprescindibles, aunque insuficientes, y atribuyen el insatisfactorio status quo (nadie les ha dado el certificado de seguridad 100%) a la falta de contundencia del gobierno (que ellos contrarestan desde el balcón) que no es capaz de controlar a cuarenta millones de personas.

 

Pero vamos a dejar a esta gente de lado y a plantear la trágica situación de aquellos que, no habiendo sucumbido al miedo, después de más de 40 dias de encierro, comienzan a sentir los efectos en su psique, pero, al no poder cuestionar a los responsables, a los que siempre han considerado "los sensatos", se ven obligados a quejarse al vacio, a resignarse o redirigir su frustración hacia a la oposición que se empeña, oh sorpresa!, en llevar la contraria.

 

-Menos mal que tenemos un gobierno progresista, sino sería aun peor, les gusta exclamar.


Estoy con Wittgenstein, es una cuestión de lenguaje. Comencemos por definir peor , después sigamos con progresista, y así sucesivamente. 

 

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