El arte y el Kitsch

El artista es capaz de expresar por medio de imágenes, música, escultura o danza mucho más de lo que podría decirnos directamente.

 

Y el recipiente, a veces, también percibe más de lo que es capaz de entender racionalmente.

 

En mi opinión el poder de fascinación del arte radica ahí; nos atrae poque nos parece entender algo, sin acabar de entenderlo. Si lo entendiesemos del todo ya no sería arte sino "Kitsch".

 

¿Cuál es la diferencia entre arte y Kitsch?

 

Según la Wikipedia "la palabra kitsch (/ˈkɪtʃ/) se origina en el término yidis "etwas verkitschen". Define al arte que es considerado como una copia inferior de un estilo existente. También se utiliza el término kitsch en un sentido más libre para referirse a cualquier arte que es pretencioso, pasado de moda o de muy mal gusto".

Una vez le pregunte a un amigo y me dió una respuesta que me gustó más. El Kitsch, me dijo, es algo explícito, obvio, manifiesto. Todo eso es el Kitsch.

 

Y, al igual que nos resultará difícil enamorarnos de alguien que no tenga, para nosotros ningún misterio- real o atribuido- tambien el Kitsch acabará provocándonos tedio.

 

Cuando era muy joven, comencé a leer los clásicos de la literatura. Evitaba los autores modernos por considerar que no estaban lo suficientemente "consolidados" y temía invertir mi tiempo en eso que ahora llamo "Kitsch" y para lo que, por aquel entonces, aún no tenía palabras.

Con el paso del tiempo me di cuenta de que había desarrollado un sexto sentido para diferenciar el Kitsch del Arte, era algo intuitivo, pero al poco de comenzar una novela ya me daba cuenta de si era "arte" o "Kitsch". Y si era Kitsch la abandonaba.

 

Con el arte era mucho más complicado, pues, algunas veces sentía que algo era muy bueno, pero a la vez me daba cuenta, no sin frustración, que mi inteligencia no bastaba para entenderlo. En este caso sí terminaba la novela, pero al terminar me quedaba con un sentimiento de insuficiencia y cierto temor ridículo a ser descubierta como pseudointelectual.

Otras veces ni siquiera sentía que algo era bueno.

 

Esta semana fui invitada a una tertulia literaria. El libro que se comentaba era "El viejo y el mar" de Hemingway, yo lo había leído hacía ya casi dos decadas y recordaba vagamente la historia. Como es un libro cortito, pensé que valía la pena volverlo a leer.

Esta vez me fascinó.

 

Me pareció que decía tantas verdades; era triste, implacable y real. Hablaba de la vida, de la muerte, del paso del tiempo, de las pérdidas, de la soledad, de la individuación, de la lealtad, de la amistad y quién sabe de cuantas más cosas que un lector, ansioso y despistado como yo, lee y no es capaz de reconocer.  Y hablaba sobre todo del  "elan vital" que toda persona necesita para seguir viva.

Y Hemingway tenía además la capacidad de expresar todo esto sin decirlo directamente, sin caer, ni por un momento en el Kitsch. Y en un lenguaje directo y sencillo.

En la tertulia literaria además me enteré de que Hemingway, ya de por sí emocionalmente lábil, lo escribió en un momento en el que ya parecía haberlo dado todo; ya tenía el reconocimiento internacional y digamos que el listón estaba muy alto.

 

Excelente libro autobiográfico pensé.

 

Y es que en mi opinión todas las novelas son autobiográficas, pues incluso si escribimos sobre alguien no podremos dejar de hacerlo desde nuestro punto de vista y proyectar nuestras emociones en él. Y aún así hay un libro en la trayectoria de casi todo autor/artista que es más autobiográfico que el resto - aunque algunos, conscientes de esto, se dedican directamente a describir su vida, a veces a través de la ficción, diseccionando su yo en diversos personajes.

Estos son los mejores.

 

No sé quién fue el que dijo que aprenderíamos más si nos dedicasemos a estudiar -leer y releer- un sólo clásico, que leyendo, con afán depredador, todo aquello que suponemos tiene que ser bueno.

 

Qué gran verdad.

 

Hay que releer a los clásicos.

 

Nos deparan muchas sorpresas agradables.

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