El niño dotado

Hace unas semanas el escritor Javier Cercas, presentó su nuevo libro, "Las leyes de la frontera", en el Instituto Cervantes de Berlín.

Aunque suelo leer sus artículos en el País, era la primera vez que lo oía hablar y me pareció una persona locuaz e interesante. Especialmente despertó mi interés su teoría sobre el punto ciego.

¿Que es esto del punto ciego?

Yo a Cercas lo entendí así; cuando uno comienza a escribir no sabe muy bien cuál va a ser el resultado. Es verdad que se tiene un concepto y un sinfín de detalles en la cabeza, pero el acto de escribir es un acto creativo y en el camino van emergiendo ideas que no estaban programadas.

Así que, para su propia sorpresa, aunque su propósito había sido otro, al final, el tema principal de su nuevo libro había resultado ser una historia de amor.

 

Eso sería un punto ciego; algo que emerge sin estar previsto y sorprende por su fuerza.

 

Los psicoterapeutas trabajamos con el punto ciego.

 

Incluso se podría definir la terapia como la búsqueda del punto ciego, pues este es el protagonista absoluto, y el rumbo de las sesiones cambia, las emociones se agudizan y todo se vuelve más vivo y animado cuando el punto ciego empieza a aflorar.

 

Además, aunque hay muchos puntos ciegos en nuestra vida, los básicos, los que guían nuestra conducta, suelen ser muy pocos - y muy similares.

 

Alice Miller, en su  libro, "El drama del niño dotado", habla de uno de estos puntos ciegos típicos; la madre*, o mejor dicho, la relación del paciente con esta.

Miller se refiere en su libro a un grupo específico de personas, con una similaridad en la biografía y que comparten una sintomatología; una depresión crónica, que suele comenzar en la edad adulta.

En la biografía de estos adultos puede que no encontremos ningún "trauma" puntual.  En la mayoría de las ocasiones, estos pacientes no sufrieron carencias básicas -comida, estimulación, contacto físico- o sea, no sufrieron maltrato, negligencia, ni abusos explícitos.

El problema fue mucho más sutil, a saber; los padres nunca fueron capaces de ver en ellos "el niño" que eran, sino el que ellos querían que fuera, el que ellos necesitaban como muleta; un pseudoadulto, con el que se podía hablar abiertamente de cualquier problema, atento y comprensivo, solícito, siempre disponible y que no daba preocupaciones.

 

*la madre, puede ser en ocasiones tambien el padre o los padres. Muchos de estos niños crecen con un sólo progenitor, o un progenitor muy dominante.

Al decir "niño dotado" Miller se refiere a esto, niños sensibles y que no dan problemas, no superdotado, como podría malentenderse (aunque es cierto que suelen ser niños despiertos e inteligentes). Los padres pueden presentarlos en sociedad sabiendo que no les dejaran en mal lugar, al contrario; estos son frecuentemente elogiados en su papel de educadores.

 

Estos niños dotados han aprendido que para ser "vistos" por sus padres tienen que comportarse como adultos. 

Y así, esta tendencia a comportarse como si fuesen adultos, acabará convirtiendose en su única opción.

Esto no sólo les reportará en la infancia consecuencias positivas, -alabanzas de los adultos- sino también negativas; incapacidad o dificultad de sumergirse, con la característica levedad infantil, en los juegos de sus compañeros.  Al observar a sus compañeros con una mirada adulta, tendrán tendencia a criticarlos como banales o infantiles, lo que puede acarrearles fama de arrogantes o aguafiestas.

 

¿Y cuál será la consecuencia, a largo plazo, de esta madurez temprana?

 

Pues que el niño, al no haber tenido ocasión de experimentar con sus emociones y sentimientos, -por notar ya muy temprano que no eran bienvenidos- no podrá desarrollar su propio yo.

Esto acabará provocando que desarrolle una "personalidad prestada", en palabras de Winnicott, un "falso yo".

 

Al llegar a la edad adulta puede que sienta que no es dueño de su vida, que no sabe por qué hace lo que hace o se sienta invadido por una especie de fatiga existencial crónica.

Estoy de acuerdo con Miller cuando dice que la máxima "honrarás a tu padre y a tu madre", sigue siendo uno de los grandes tabús en nuestra sociedad.

Puede que las raíces de esto estén en el instintivo saber -que todo ser humano posee- de que necesitamos a los padres para sobrevivir (este es el motivo por el que resulta tan insólito encontrar niños, cuanto más pequeños más difícil, que denuncien el maltrato o abuso, aún cuando es extremo, de sus padres. Al contrario, tenderán siempre a defenderlos).

 

Y como el empleado que vuelve a casa y descarga toda la furia -que no se atreve a descargar en su jefe- en su mujer, nosotros también preferimos proyectar nuestros odios o carencias en todas las direcciones, menos en esta, conscientes quizás, de que la puesta en duda de los padres, haría tambalearse ciertos dogmas de fe sobre los que hemos construido nuestra personalidad.

 

Alice Miller era implacable en este punto; hay que dejar aflorar estas emociones y dirigirlas hacia donde hayan su origen, o sea, hacia los padres. 

 

Cabe preguntarse si es necesaria esta "rebelión personal" contra ellos para sanar y comenzar a experimentarnos de una manera más autentica.

¿No basta, quizás, con una rebelión mas sutil y general, por ejemplo, contra el statu quo, la globalización o el capitalismo?.

 

Ahí queda la duda.

El gran problema en mi opinión es que la represión del tema; el miedo a enfrentarnos a los fantasmas del pasado -o a nuestros padres- no sólo puede conllevar que sigamos estancados en depresiones crónicas (que ningún medicamento jamás ha podido sanar) sino otro peligro mucho peor. 

Nietzschze lo llamaba el eterno retorno: el paso de este legado a nuestros hijos, la repetición de la historia, al no haber sido reflexionada.

 

En este punto estoy de acuerdo con Miller. El enfrentamiento puede valer la pena.

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Comentarios: 8
  • #1

    juan luis (martes, 06 agosto 2013 18:40)

    Muy guay, como siempre. Así, a salto de mata, me viene a la cabeza algo relacionado con lo que mencionas....pero tratado desde un punto de vista diferente. Recuerdo cuando yo jugaba al basket -S. XIX- en el que, aunque todos eran más altos que yo, había un número significativo de jugadores especialmente grandes y especialmente fanfarrones. Los adultos de nuestro entorno, como entrenadores y jugadores de categorías superiores, trataban a estos muchachos de una manera especial -y no habla la envidia- los trataban como "adultos", estableciendo vínculos de complicidad que generaba en estos muchachos una falsa percepción de "adultez". El resultado es que trataban a sus compañeros como a niños, los-nos trataban con condescendencia y si podían darte una colleja aleccionadora....pues te la daban, porque para eso tenían esa relación con el "resto" de los adultos y se podían permitir este tipo de acciones. Tenían una falsa percepción de hombría porque su entorno masculino los redirigía equivocadamente en esa dirección.....no sin cierto cachondeo.

  • #2

    juan Luis (martes, 06 agosto 2013 18:46)

    ¿No has visto a esos ancianos a quienes sus familiares les regalan un cachorro para que el hombre este acompañado y entretenido? Diré de antemano que no me parece mal. Todo lo contrario, pero si has observado una de estas situaciones, habrás comprobado que al poquito tiempo el cachorro actúa como un perro adulto, y transcurrido un plazo relativamente corto, el perro da muestras de vejez. En esas circunstancias, siempre pienso :¿ a qué velocidad envejece el cachorro de un anciano?

  • #3

    georgiaribes (jueves, 08 agosto 2013 07:02)

    si...un poco triste para el cachorro. William james decía: "nuestra imagen esta en la mente del otro"...será esto aplicable a los perros tambien?

  • #4

    Juan Luis (jueves, 08 agosto 2013 07:54)

    Ahora abundan los niños cuidados y educados por los abuelos. Que no veamos la correa no quiere decir que no exista. A estos niños no se les permite desplegar las habilidades propias de su edad por el riesgo que conllevan, así que están mas tiempo del que toca en el carro, y cuando ya es evidente que lo del carro queda grotesco.....el niño ya es un pequeño minusvalido que encuentra apoyo en la mano del anciano. Se les alimenta bien, eso sí, porque el niño tiene que comer. Por comida no será, y ademas está perpetuamente presente en las conversaciones que los "ueletes" tienen entre ellos cuando se juntan a charrar. Estos nanos, de bien pequeños, ya incorporan palabras a su vocabulario más propias de gente mayor que de niños de poca edad, lo cual los convierte en bichos raros para sus compañeros del cole. Niños con sobrepeso, psicomotricidad limitadita y habilidades sociales inapropiadas para un entorno infantil........Vamos que dan unas ganas de darle de ostias al niño ese!!!!. Lo del cachorro es un experimento acelerado.

  • #5

    georgiaribes (jueves, 08 agosto 2013 08:31)

    el problema del cachorro es que al no tener "Teoria de la mente" no se ve en la mente del abuelo; sólo ve al abuelo

  • #6

    juan luis (jueves, 08 agosto 2013 09:49)

    Los niños tampoco tienen Teoria de la mente......

  • #7

    juan luis (jueves, 08 agosto 2013 11:59)

    y si me lo preguntas.........SI, soy un obsesivo de la "última palabra".

  • #8

    georgiaribes (jueves, 08 agosto 2013 12:03)

    ea...los ninos no tienen teoria de la mente o una muy rudimentaria