Fuera de contexto

Travis, el protagonista de la mítica película "Taxi Driver" es un personaje atormentado que no consigue adaptarse a la vida en tiempos de paz.

 

Incapaz de dormir, vaga con su taxi por la noche neoyorquina.

 

Poco a poco va transfiriendo los restos de guerra que quedan en él a su vida civil; frente al espejo le vemos practicando como quién se prepara para la catástrofe inevitable.

 

La catastrofe es el pasado que está en él.

 

Travis es un hombre traumatizado por la guerra. Un hombre roto que ha perdido el equilibrio interno y esta incapacitado para la vida tranquila. Está al acecho y que nada ocurra no hace sino acrecentar su ansiedad.

Una de las estrategias de afrontamiento del miedo es el ataque, la anticipación de lo temido, ya lo dice el refrán; la mejor defensa es el ataque, cualquier cosa antes que la impotente espera.

 

Travis sabe que algo va a ocurrir y actua en consecuencia, en congruencia, con sus (pre-)sentimientos.

 

Para el resto del mundo es un loco. Un violento.

Pero él tan sólo se defiende de ataques inminentes.

 

El hombre tiene una tendencia innata a pensar en términos de causa-efecto. Esta forma de pensar causal está condicionada por la variable tiempo. La causa debe preceder inmediatamente al efecto; si no es así, no puede ser la causa. Así pensamos.

 

Esta presuposición lleva inevitablemente a equívocos cuando se trata de entender lo que yo llamo aquí las "reacciones fuera de contexto".

 

Reacciones "irracionales" como solemos llamarlas.

 

Un psiquiatra cuyo trabajo diagnóstico acabe aquí - en la reacción irracional- proporcionara al paciente un diagnóstico escogido por medio de criterios estrictamente científicos y le recetará los medicamentos calmantes o estimulantes de turno. Con un poco de suerte y sin mucha convicción puede que le recomiende hacer terapia, para que pueda desahogarse.

 

 

El problema de Travis es una categoría diagnóstica popular: Trastorno por estrés postraumático.

Sus síntomas son conocidos desde la época de los egípcios, pero se puso de moda después de la primera guerra mundial. Neurosis de guerra, se le llamó. Designaba el estado de los soldados, que una vez de vuelta a la vida civil, sufrían de depresión y eran incapaces de adaptarse a la paz.

 

Entre los síntomas característicos de este trastorno estan la activación constante del sistema nervioso simpático (la cual provoca una sensación de estrés y ansiedad permanente), labilidad emocional, retraimiento social, sentimiento de vacio y falta de sentido, miedos y conductas de evitación y Flasch Backs.

 

El hecho de que este trastorno afectase de pronto a gente en masa debió de llevar a los psiquiatras a recapacitar sobre la irracionalidad de los síntomas. Además en este caso la causa saltaba a la vista: la guerra.

 

Los síntomas de los soldados no eran irracionales.

 

Tan solo estaban fuera de contexto.

 

La guerra estaba ya en ellos, y la incapacidad de encontrar una coherencia entre lo que sentían y la atmósfera tranquila que les rodeaba no hacía sino acrecentar los síntomas.

 

Si uno es capaz de entender esto, no le será dificil extrapolarlo a otros trastornos.

Tomemos por ejemplo la llamada depresión "endógena".

Endógeno significa con causa interna. Desarreglo en los sitemas de neurotransmisores, como dicta enfoque biologicista dominante. O sea; el psiquiatra/psicólogo no tiene tiempo, aunque quizás lo que le falte sea la curiosidad, para averigüar si puede haber una causa psicosocial, aunque lejana, que haga que la persona es cuestión se comporte así.

 

 

Las personas no somos robots que reaccionamos al entorno. Interpretamos los hechos actuales en base a experiencias pasadas. Y esto ocurre de modo automático, irracional.

 

Si no nos percatamos de esto, de que la causa no tiene porqué preceder inmediatamente al efecto, ¿cómo entender a las niñas abusadas sexualmente que, convertidas en prostitutas, provocan descaradamente a los hombres para que vuelvan a abusar de ellas, al esquizofrénico que de niño no pudo escapar al control masivo de algún progenitor y ahora se siente controlado por extraterrestres, al obsesivo que nunca puedo desarrollar la sensación de control, de "potencia" sobre el medio que le rodeaba y ahora lo intenta compulsivamente o incluso al psicópata torturador que reproduce las barbaridades a las que fue sometido de niño sintiendose, eso sí, ahora en el lado seguro?

 

Los que trabajamos con personas deberíamos dejar los neurotransmisores y los genes para los científicos y volver a la semiotica, en este caso la interpretación de los síntomas.

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Comentarios: 4
  • #1

    Llauisset (domingo, 24 noviembre 2013 00:02)

    Hola, a veces parece que lo de científicos suena a insulto, como si por basarse en conocimiento tangible fuera simplista o mecanicista. Además que la semiótica también se puede tratar como una ciencia. Está claro que la mente no tiene un modelo simple, ni uno sólo. Pero justo por todos estos puntos de vista es que se puede entender, y no hay que descartar ninguno, se complementan y hay que al menos intentar entender todos los mecanismos. B7s

  • #2

    georgia (domingo, 24 noviembre 2013 09:53)

    si yo no lo descarto, sólo digo que cada uno a lo suyo, los científicos a investigar y los clínicos a centrarse en las personas. Y que los genes y los neurotransmisores no sirvan para acommodarse y lavarse las manos

  • #3

    Ramón (lunes, 25 noviembre 2013 11:33)

    Conecto con el comentario de Llauisset. Entiendo la precisión de Georgia al precisar que ella "no descarta". Lo que entiendo es que distingue, "no separa" la psicología (ciencia básica), de la psicología (ciencia aplicada). Yo tengo tendencia a inclinarme por la ciencia y la investigación básica. Georgia quizás hacia la aplicada. Y la verdad es que hay pacientes que no esperan explicaciones "causales", sino accesibles y asimilables para ellos y que pueden tener diferente formato que las que los científicos afectados por una dolencia necesiten y esperen del terapeuta. Pero incluso en estos casos no hay que olvidar aquello de que no hay enfermedades, sino enfermos. Salu2

  • #4

    Ataulfo Chango (martes, 26 noviembre 2013 12:34)

    Algo simplista....por ejemplo: cortar chorizo. Pero si en lugar de simples rodajas, pretendemos obtener lonchas de una micra de grosor (dificil, lo sé, pero no imposible) tendremos que aplicar el metodo cientifico. Esa es la viñeta: tipos enfundados en batas blancas
    preparándose un sandwich de chorizo