Estigma

Me asustan las palabras de los hombres
Dicen todo con harta claridad:
Esto se llama perro, y eso, casa
Y el principio está aquí, y ahí está el fin.

Me asusta su modo de decir, su juego en broma:
Saben todo lo que es y lo que ha sido;
No hay montaña alguna que pueda sorprenderlos;
Su finca y su jardín lindan con Dios.

Pero quiero avisaros y oponerme: quedaos lejos
Me gustan tanto cómo cantan las cosas.
Si las tocáis vosotros, quedan quietas y mudas.
Vosotros me matáis todas las cosas.

                                                 R.M. Rilke

También en su prosa Rilke se refiere al poder acotador del lenguaje cuando dice; "se debe ser muy prudente en general con los nombres; muchas veces se destruye una vida a causa del nombre que se le da a un crimen, no a causa de la acción misma personal y sin nombre que tal vez era una necesidad determinada de esa vida y podía ser aceptada por ella sin más problemas." Cartas a un joven poeta

En Alemania existe desde 1994 un (anti)concurso llamado "Unwort des Jahres" (palabro del año).

Este concurso fue llamado a la vida en 1991 por Horst Dieter Schlosser y desde entonces ha denunciado año tras año el poder destructivo que las palabras pueden llegar a adquirir. La finalidad del concurso es agudizar nuestros sensores con respecto a la lengua y llamar a la reflexión.

 

La lista de las palabras o expresiones escogidas se puede leer en Wikipedia "Unwort des Jahres". Algunas de ellas como daños colaterales o eje del mal incluso acaban haciendose un hueco en nuestro vocabulario común.

 

Estas palabras nunca son inocentes. Muchas veces son utilizadas por políticos o lobbys para disculpar una acción, desviar el foco de atención o quitar relevancia a algún hecho.

 

Las palabras pueden ser armas.

 

Uno debería ser consciente de que las palabras no son la realidad. Tan sólo son un representante imperfecto de las cosas y como tal no alcanzarán nunca a plasmar la realidad.

Las palabras son la sombra imperfecta que proyectan las ideas y nosotros estaremos siempre de alguna manera en la caverna y nunca podremos ver la realidad tal como es. Ni nombrarla. Pues como dijo alguien "hay tantas realidades como puntos de vista".

 

El lenguaje facilita la comunicación y a la vez interfiere en ella.

 

 

Algunas veces recuerdo con nostalgia las discotecas.  En ellas el lenguaje no verbal pasaba a un primer plano y todo era sencillo y espontaneo. De pronto uno se daba cuenta de la obviedad de que para comunicarse no hace falta el lenguaje.

 

Los diagnósticos psiquiátricos se crearon, si uno quiere creer la versión inocente y científica, para facilitar la comunicación entre clínicos y científicos.

A mi siempre me ha provocado recelo - y un poco de perplejidad - cuando leo o escucho a un autor, psiquiatra, médico o psicólogo que habla de los diagnósticos como si fuesen entes reales. Como si estos no estuviesen sujetos a la cultura y las modas y mañana no fuesen a llamarse de otro modo (y a tratarse de otra forma.)

 

Uno debe desconfiar, también, de los diagnósticos.

 

El problemas es que si a uno le ha caido un diagnóstico pesado en una edad muy temprana puede ser más dificil desprenderse de él. De pequeño uno suele creer que los adultos tienen razón, que saben lo que hacen y lo que dicen. Es más tarde, cuando uno se da cuenta de que esto no es siempre así.

 

Y como las palabras, tambien los diagnósticos forman un marco a partir del cual los hechos se interpretan y muchas veces lo que no encaja en este marco directamente se desecha; es muy distinto tener problemas para concentrarse que tener un "Déficit de atención". En el primer caso quizás uno no llegue nunca a darse cuenta!

 

 

Personalmente todavía no he encontrado ningún argumento que me convenza de que los diagnósticos psiquiátricos les sirvan a alguién mas que al mismo clínico que los otorga (o al sistema sanitario tal como esta concebido hoy en día).

 

Al paciente, puede que le provoque un alivio momentaneo; el alivio de estar certificadamente enfermo. Pero este alivio momentaneo que Freud llamaba la "ganancia primera de enfermedad" y que puede relajarnos en un primer momento, al dar a nuestras dolencias abstractas un nombre concreto, es peligrosa.

Al nombrar algo, lo fija y corre el peligro de eternizarlo. De frenar el desarrollo. Este frenazo puede tener la forma de medicamento, que también puede ser un alivio momentaneo y para un corto periodo de tiempo, útil (aunque nunca nos curarán de nada psíquico). El frenazo al desarrollo también puede llegar en forma de apelación a resignarse.

 

La ilusión de que llegaría un momento en el que habría una terapia personalizada para cada diagnóstico se ha desenmascarado como lo que era desde el principio; una ilusión.

 

Ah! Los diagnósticos; todo clínico debería conocerlos, estudiarlos, desenmascararlos, buscarles los defectos y aprender de ellos.

 

Y proteger a los pacientes de su enorme influencia.

 

Hay que volver a dejarse sorprender por las montañas.

 

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