Múltiples personalidades

La mayoría de nosotros se habrá dado cuenta de que, según con quién y ante que situación, nos comportamos de distinto modo; uno no es igual con su madre que con su perro o con su jefe. Somos distintos. A veces radicalmente distintos.

 

Pero este hecho no suele alterar en absoluto nuestra sensación de unidad. De manera intuitiva somos conscientes de que, a pesar del cambio de personalidad, a veces radical, somos la misma persona.

 

Las personas que sufren del transtorno de personalidad múltiple, hoy llamado, trastorno disociativo, pierden esta sensación.

 

Hubo una época en la que este trastorno estuvo de moda, como ahora lo están el déficit de atención o el autismo.

 

Andando el tiempo comenzaron a aparecer voces críticas pues las biografias de estas personas eran demasiado espeluznantes y rayaban cada vez más lo impensable. De pronto apareció demasiada gente que decía haber sido víctima de misas satánicas, en las que se deboraban bebes y, además, las historias se se parecían sospechosamente.

 

Pronto los especialistas tomaron consciencia de la alta sugestionabilidad de éstas personas y los críticos se preguntaron si no serían ellos -los terapeutas- los que inducian el trastorno.

 

Hoy en día no existe consenso sobre la existencia de éste trastorno, pero oficialmente existe.

 

Peter Fiedler, especialista en trastornos de personalidad y disociativos, afirma que los neurocientíficos dedicados al estudio de la memoria, que han tenido contacto con este "fascinante cuadro", no dudan de su existencia.

 

Por el contrario entre clínicos las dudas persisten.

 

Y es que ¿cómo explicarse que en una persona puedan convivir distintas personalidades?

 

Según Fiedler lo que caracteriza a este trastorno es la existencia de base del llamado trastorno de la personalidad borderline. Las personas  con personalidad Borderline suelen ser extremadamente impulsivas, incapaces muchas veces de controlar sus reacciones, tienen graves problemas interpersonales y un miedo excesivo al abandono. Las causas de esta sintomatología son traumas tempranos, extremos y repetidos, la mayoría de las veces ocurridos en el seno de la familia.

 

En este punto cabe matizar por qué un trauma de éstas características -temprano y en el seno de la familia -es especialmente nefasto.


 Apuntaré tres motivos:

  • Por regla general, cuando más joven es una persona menos recursos de afrontamiento tendrá a su disposición, con lo cual su sensibilidad a las experiencias negativas aumentará. Para un bebé es traumático que la madre le ignore sistemáticamente. Para un adulto este hecho puede ser negativo, pero no traumático.
    Una de las diferencias más importantes entre una experiencia negativa y un trauma es el grado de impotencia que la persona experimenta.
  • El cerebro del niño se está formando, por lo cual las experiencias negativas tendrán un mayor impácto. El trauma influirá en la estructura del cerebro, en la formación de las sinápsis, no sólo en el contenido de sus pensamientos (valga la simplificación).
  • La familia tiene la función de cuidar a proteger a su prole. Si un padre en vez de proteger a su hija abusa de ella, la hija tenderá a buscar la culpa en sí misma con el fin de exculpar a su padre, del cual depende para sobrevivir.  Para su supervivencia psíquica la niña deberá escindir al padre en dos: el bueno -que puede no ser más que una idea-deseo de la nina- y el malo, el que abusa.

Y en esta escisión está la raiz del trastorno de personalidad múltiple, así como del Borderline.

 

Estas personas tienden a pensar en categorias dicotómicas; idealizar o satanizar al prójimo, y suelen ser menos sensibles a los matices. Lo mismo ocurre con su autoconcepto. Las partes negativas son relegadas a otro plano.

 

A partir de ahí sólo queda darles un nombre.

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