De lo que no se puede hablar....

Comunicarse no es hablar.

 

La comunicación precede al habla y se sirve de ella, pero nunca la agota.

 

A los dos o tres años los niños comienzan a utilizar el lenguaje. A los adultos nos parece un gran avance; por fin vamos a entenderlos, por fin van a saber expresarse y podrán decirnos lo que piensan.

 

Adios a las rabietas.

 

Pero los niños se comunican desde el momento de nacer. Se podría decir que, esta comunicación pre-verbal es incluso más autentica. Tan auténtica como la comunicación no verbal, que no se reduce a la mímica y los gestos, sino que incluye nuestras acciones y seguirá predominando durante toda nuestra vida, por encima del lenguaje.


Un niño que llora es que tiene alguna molestia. Puede que esta molestia no sea grave, pero algo le pasa o algo quiere. Tambien el silencio rotundo y prolongado de un bebe puede estar diciendonos algo.

 

El lenguaje es un sistema de representación que nos permite generalizar, dirigir la mirada a lo normativo, abstraer de lo individual y único e integrarnos en lo social y compartido.

 

Pero en este proceso socializador se pierde algo de real. Vamos renunciando a ello -al menos a comunicarlo- de forma casi imperceptible. A medida que aumenta nuestra capacidad de comunicación, disminuye nuestra ideosincrasia. Nos socializamos.


Y llegado un momento incluso olvidamos que las palabras son el sistema que utilizamos para representar la realidad. No son la realidad. No la sustituyen ni la agotan.

El lenguaje, como todo sistema de representación, siempre será imperfecto. Lo mismo ocurre con los diagnósticos que aspiran a representar los trastornos psíquicos y acaban representando a las personas que se identifican completamente con ellos; Yo soy depresivo, epiléptico, esquizofrénico....



Lacan decía que lo que se pierde en ese proceso de traducción de lo real a su código es el inconsciente. El inconsciente es lo que hay entre las palabras y los hechos. Y el que se identifica con su etiqueta, con las normas o cualquier otra idea compartida renuncia en parte al sujeto que hay en él, a lo subjetivo, lo individual e ideosincrásico para convertirse en un enfermo, una estadistica o una pieza de la sociedad, dependiendo del nivel de identificación.





Y llegado un momento incluso olvidamos que las palabras son el sistema que utilizamos para representar la realidad. No son la realidad. No la sustituyen ni la agotan.

El lenguaje, como todo sistema de representación, siempre será imperfecto. Lo mismo ocurre con los diagnósticos que aspiran a representar los trastornos psíquicos y acaban representando a las personas que se identifican completamente con ellos; Yo soy depresivo, epiléptico, esquizofrénico....



Lacan decía que lo que se pierde en ese proceso de traducción de lo real a su código es el inconsciente. El inconsciente es lo que hay entre las palabras y los hechos. Y el que se identifica con su etiqueta, con las normas o cualquier otra idea compartida renuncia en parte al sujeto que hay en él, a lo subjetivo, lo individual e ideosincrásico para convertirse en un enfermo, una estadistica o una pieza de la sociedad, dependiendo del nivel de identificación.


Hay niños que no aprenden a hablar. Otros que en pocos meses o semanas pierden todo el lenguaje adquirido. Y de los llamados esquizofrénicos es conocido que inventan sus propias palabras.


Cuando los psicólogos que trabajamos con ellos conseguimos transcender las etiquetas (los diagnósticos) y adentrarnos en sus historias personales encontramos en ellas algo de lo que no se puede hablar.


Puede que cuando el espacio entre lo individual y lo normativo sea demasiado grande, los niños acaben haciendo suya la frase de Wittgenstein que decía; "De lo que no se puede hablar hay que callar"...(o inventar).

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Ramón (sábado, 08 noviembre 2014 09:50)

    Si a la hora de reflexionar sobre el habla y la comunicación, además de los "actos fallidos, lo reprimido, lo que guardamos en secreto y lo que disorsionamos utilizando el lenguaje para mentir o encriptar mensajes, también podriamos usar otra frase que se me ocurre a propósito de la de Wittgensteis: De lo que "callamos", hay mucho que hablar.