Psicoblog


El miedo se come las almas

Todos tenemos miedos.

A las cucarachas, a los reptiles, a lo sobrenatural, a la noche, a hablar en público….

 

En el mejor de los casos son miedos latentes que se activan cuando la vida nos confronta con su objeto y que podemos de alguna manera esquivar. Miedos con los que hemos aprendido a vivir, conscientes de que el miedo es inherente a la vida y que no es posible vivir sin él.

 

Los psiquiatras les llaman fobias (simples) y están orgulllosos de las técnicas que han desarrollado para acabar con ellos. Y es que a diferencia de la mayoría de los trastornos a los que se enfrentan estos parecen tener fácil solución. Se les podría llamar miedos cómodos. Cómodos porque no suelen, o lo hacen de forma muy puntual, interrumpir el curso de nuestras vidas.

 

Los miedos, en plural.

 

Y por otra parte, ocupando una categoría totalmente distinta, está el Miedo en singular.

Miedo en singular porque el miedo en realidad no es plural sino singular. Y cuando el ramillete de miedos que nos hemos ido forjando para soportar la vida se unen para formar un solo capullo es cuando comienza el verdadero terror.

 

El miedo en singular no es otro que el miedo a la propia muerte.

 

Cuando la vida nos confronta con la posibilidad de nuestra muerte, todo lo demás deja de ser importante. Miedos que hasta ese momento nos habían definido puede que desaparezcan sin necesidad de desensibilización sistemática: de golpe. (Qué es una cucaracha comparada con la Muerte)

 

El miedo a la muerte puede venir de dos lugares; de afuera o de dentro.

 

Cuando viene de fuera suele ser el resultado de una confrontación traumática con otro ser humano (se les llama Man-Made-Trauma). 

 

Los que vienen -aparentemente- de dentro suelen comenzar de una forma más sutil, un dolorcito en el pecho al que hasta ahora no le habiamos prestado importancia (o que no estaba ahí?), un lunar que de pronto nos parece transformado, unas palpitaciones...pero alcanzan en poco tiempo la misma intensidad (o más) que los otros, con el añadido de que en este caso no hay escapatoria.

 

El miedo hipocondriaco deviene tan terrible precisamente porque no podemos escapar de él. Ocurre en un sistema que se nos aparece en ese momento como perfectamente cerrado: yo mismo. Y es que si temo a los demás puedo intentar evitarlos, pero no puedo escapar de mi mismo. Allá donde voy estoy conmigo y soy yo, mi cuerpo, mi peor enemigo. Soy yo ese que puede fallarme de un momento a otro. Es de mí de quién no me fio ni consigo fiarme.

 

Y nadie puede tranquilizarme.

 

La espiral fatal que se ha puesto en marcha no parece tener casilla de salida.

 

Y por ende, en algún momento me doy cuenta de que además, la estrategia comprobatoria que vengo aplicando no llegará nunca a tranquilizarme. En ese momento es necesario salir de mi y volver a la vida.

 

Si consigo consigo convertir la experiencia en episodio (y no en modus vivendi) mi vida ya nunca volverá a ser la misma. Habré vuelto a perder la inocencia. Como cuando de niño por primera vez tome conciencia de la muerte.

 

Pues soy en realidad ese niño y nunca deje de serlo.

 

"Estoy acostado en mi cama, en mi quinto piso, y mi día que nadie interrumpe, es como un reloj sin manillas. Igual que una cosa mucho tiempo perdida, se vuelve a encontrar una mañana en su sitio, cuidada y nueva, casi más nueva que el día de la pérdida, como si hubiese estado confiada al cuidado de alguien, igualmente se encuentran dispersos sobre la colcha de mi cama cosas perdidas de mi infancia y que son como nuevas.
Todos los miedos olvidados están aqui de nuevo.

El miedo de que un hilito de lana que sale del dobladillo de la colcha sea duro, duro y agudo como una aguja de acero el miedo de que este botón pequeño de mi camisa de noche sea más grande que mi cabeza, más grande y más pesado, el miedo de que esta miguita de pan sea de vidrio cuando toque el suelo y se quiebre, y la inquietud pesada de que al mismo tiempo se rompa todo,que se rompa todo para siempre; el miedo de que ese borde desgarrado de una carta abierta sea un objeto prohibido, un objeto indeciblemente precioso para el que ningún lugar de la habitación sea bastante seguro; el miedo de tragar, si me dormía, el trozo de carbón que está ahí ante la estufa; el miedo de que una cifra cualquiera pueda comenzar a crecer en mi cerebro hasta que no quede en mí sitio para ella; el miedo de que mi cama sea de granito, de granito gris; el miedo de gritar y que acudan a mi puerta y que terminen derribándola; el miedo de traicionarme y de decir todo de lo que tengo miedo, y el miedo de no poder decir nada, porque todo es indecible, y los otros miedos...,  los miedos.

 

He rezado para volver a encontrar mi infancia, y ha vuelto, y siento que aún está dura como antes, y que no me ha servido de nada envejecer" Los apuntes de Malte Lauren Brigge, R.M. Rilke


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Los soñadores

 

 

 

TDA(H) son las siglas del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Los expertos lo definen como un trastorno de carácter neurobiológico cuyos síntomas centrales serían: problemas para concentarse, hiperactividad e impulsividad. En niños suele dominar la hiperactividad, en niñas el déficit de atención.

 

 

 

Buscando los orígenes del trastorno, tal y como lo entendemos en la actualidad, podríamos remotarnos hasta mitad del SXIX.

 

 

 

En 1844, un médico alemán, Heinrich Hoffmann, recorría las librerías de su ciudad buscando un libro que regalarle a su hijo Carl, de tres años de edad.

 

 

 

No encontró ninguno que le gustase así que decidió hacerle uno él mísmo. Nacía así "Der Struwelperter", traducido al español como "Pedro, el melenas", uno de los libros infantiles más vendidos en Alemania.

 

 

 

En forma de casuísticas, "Der Struwelpeter" narra los destinos de niños desobedientes que acaban siendo castigados duramente, a veces con la muerte o la mutilación, por su comportamiento inadaptado.

 

 

 

Dos de las historias hablan de niños con problemas de atención e hiperactividad.

 

 

 

 

 

Los trastornos psiquiátricos no son entidades fijas.

 

 

 

Tanto sus nombres como las atribuciones causales han ido transformandose a lo largo del tiempo...y multiplicándose; en 1880 existían 8 categorias diagnósticas para los trastornos psiquiátricos, en 1952, tras la publicación del DSM-I, primer Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, eran ya 106. Y hoy, que vamos por la quinta versión del DSM, contamos con casi 400 formas distintas de enfermedad mental (!).

 

 

 

También el TDA(H) ha evolucionado. El término fue acuñado en la tercera versión del DSM. Antes se hablaba de "lesión cerebral mínima" término que, al no encontrarse tal lesión, fue sustituido por el de „disfunción cerebral mínima"

 

 

La prevalencia del trastorno (cantidad de ninos afectados) oscila según el país y la población. Se calcula que actualmente hay un 6% de ninos afectados en Europa.

 

 

El origen del trastorno no está claro. La mayoría de los expertos coinciden en atribuirle una causa neurobiológica y consideran la influencia de factores psico-sociales importante pero secundaria.  Por este motivo el tratamiento recomendado suele ser farmacológico (Metilfenidato, una anfetamina modificada) y la terapia psicológica consiste básicamente en intentar eliminar los síntomas o psicoeducar a los padres, es decir, informarles sobre el trastorno y darles pautas para lidiar con él.

 

 

 

 

El metilfenidato es un medicamento psicoestimulante con un mecanismo de acción similar al de la cocaina. Actua bloqueando la recaptación cerebral de neurotrasmisores estímulantes (dopamina y noradrenalina), es decir, dejándolos más tiempo disponibles.

 

 

 

 

Los efectos secundarios pueden ser (selección) pérdida de apetito, miedo, problemas del sueño, estado de ánimo depresivo, nerviosidad, inquietud, agitación, agresividad, bruxismo, depresión, confusión, mareos, temblores, cefaleas, sudores....

 

 

 

En raras ocasiones aparecen efectos secundarios graves como letargia o alucinaciones.

 

 

En ocasiones los efectos secundarios se tratan con más medicación (neurolépticos).

 

 

Los efectos a largo plazo de la medicación no están claros.

 

 

 

Algunos espirtus sensibles y optimistas se escandalizan leyendo el Struwelpeter.

 

Se asombran de la crueldad de la que eramos capaces en el pasado y se enorgullecen al ver cuánto hemos progresado desde entonces.

 

 

 

Y si, verdaderamente hemos progresado, nuestros métodos pedagógicos/terapéuticos son cada vez más sutiles.

 

 

 

Pero surge una pregunta y es si además de sutiles son también menos nocivos.

 

 

 

Según los expertos son necesarios más estudios experimentales para responder a esto.

 

Pero mientras tanto, por si acaso, seguiremos estimulando a nuestros hijos.

 

 

(Extracto modificado del Cómic "Psicopatologia infantil/Los soñadores" de Georgia Ribes y Roberto Calvo)

 

 


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Confiar es de antigüos

 

Con la aplicación Save365 ahora podremos saber en todo momento dónde se encuentran nuestros seres queridos, mientras tanto otras aplicaciones nos informarán del estado de nuestros parámetros vitales  y WCs inteligentes mandarán nuestras heces directamente al laboratorio para que puedan ser analizadas a tiempo real. 

 

Y es que, como se suele decir; confiar esta bien, pero controlar es mejor. 

 

Controlar es mejor porque elimina ese resto de incertidumbre -tan poco científico- que es la confianza. 

 

Un señor mayor me contó su gran decepción cuando viajo a Grecia por primera vez y para su sorpresa no se encontró con Sofócles sino con ciudadanos normales; ni más ni menos cultos que los españoles.

 

Está anécdota podría sonar naiv, pero no lo es más que la creencia generalizada de que el mero hecho de haber retirado la confianza a una institución que apelaba abiertamente a la fe y haberla depositado en otra que reniega de ella argumentando con la razón nos convierte a todos en poco menos que pequeños científicos.

 

Hemos confundido método y actitud.

 

Ser científico es una actitud y una forma de vida y para un verdadero científico el método estará siempre subordinado a la hipótesis. El método debe servir para falsear la teoría que es a lo máximo a lo que un científico puede aspirar. Los verdaderos científicos desconfían siempre de las teorías establecidas, pues se fijan en sus puntos débiles y siguen indagando, aun a costa del método y del paradigma.

 

Para un científico todo es cuestionable.

 

En esto el científico se parece al artista; siempre en busca de la verdad oculta es trágicamente consciente de que en el mejor de los casos conseguirá quitar una capa a esa cebolla infinita.

 

Allí donde al científico le mueve la duda, al obsesivo-compulsivo (TOC) la duda solo le sirve para persistir en comprobaciones y compulsiones repetitivas e inútiles. Porque al obsesivo más que la duda le mueve la necesidad de seguridad y el científico sabe que la seguridad no es posible (no sin pagar un alto precio).

 

Pero al igual que hay pocos artistas y muchos farsantes, hay muy pocos científicos y muchos burócratas. Y los pocos científicos que hay no los busquemos en los lugares donde oficialmente se hace ciencia. En estos lugares el régimen imperante suele ser una burocracia competitiva. 

 

Los científicos están representados por igual en todos los estratos de la sociedad y como los buenos artistas (a no que la suerte haya hecho de las suyas) se caracterizan, entre otras cosas, por la falta de reconocimiento en vida. Pues siempre serán rechazados a priori. Recordemos sino a Copernico, a Semmelweiss o a muchos otros que realmente cambiaron algo.

 

Los científicos son rechazados por aguafiestas. Dicen cosas que no encajan en el paradigma de moda, cosas que dejan en evidencia a sus compañeros enfrascados desde años en sus TOC circulares cuando no abiertamente en guerras de Egos.

 

Los verdaderos científicos dicen cosas que cambiarían cosas.

 

Y no hay nada que asuste más a un burócrata que el cambio. 

 

Lo peor de todo es que una vez eliminada la confianza e instaurado el control no hay vuelta atrás. Pues el humano solo confía allí donde es estrictamente necesario.

 

Saquen sus propias conclusiones.

 

 


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La autoestima de Narciso

Si la autoestima es el aprecio que uno se tiene a sí mismo, el narcisismo sería una de las muchas formas de lidiar con su falta.

 

En realidad la autoestima es una cualidad invisible que solo se hace patente cuando es necesaria, es decir, cuando nuestra integridad se ve amenazada. En ese momento es nuestra autoestima la que nos impulsa a actuar para autoconservarnos o autoaufirmarnos, según en que plano se este dando la amenaza (en el vital o en el social).

 

El narcisista (impulsado por su carencia de afecto a si mismo) tiene por el contrario una actitud escandalosa y exibicionista (además de agotadora pues finalmente queda siempre insatisfecho). Esto es así porque en el narcisista la amenaza a su integridad viene de dentro y esta siempre presente pues es fruto de una falta de reconocimiento o afecto temprano.

 

El error del narcisista, el motivo de la persistencia de su sufrimiento, radica en que intenta suplir una carencia que se encuentra en un plano íntimo con una mejora de su imagen social.

 

Y como estos dos planos solo se tocan tangencialmente, la compensación nunca llega a ser suficiente y el narcisista, como el borracho, se ve condenado a seguir buscando debajo de la farola, unicamente porque hay más luz.

 

El narcisismo también da satisfacciones pues, a fuerza de dedicarle tiempo, la imagen social puede mejorar sustancialmente. Pero se trata de un éxito de imagen que nunca podrá suplir carencias íntimas y por ello, después de un éxito social, a menudo en lugar de sentirnos mejor experimentamos un vacio.

Rousseau ya dividía el amor a uno mismo en dos: el amor de si y el amor propio.

 

 

El amor de si era para él nuestro instinto de autoconservación mientras que el amor propio sería una especie de perversión de este instinto.

 

Una perversión que según Rousseau aparecería al entrar en contacto con la civilización y que consistiría en instrumentalizar al otro para satisfacer nuestras necesidades de aparentar.

 

En convertir al otro en un espejo en el que mirarme.

 

Allí donde el amor de si (la autoestima) esta preocupado por nuestra autoconservación el amor propio (narcisismo) esta preocupado por nuestra imagen.

 

La autoestima pertenece al mundo del ser, el narcisismo al del parecer.

 

Parecer, aparentar ser interesante, inteligente, cool, independiente o lo que aquellos en los que queremos reflejarnos consideren oportuno.

 

 

Y ahora que en nuestro mundo civilizado la primera necesidad, es decir, la necesidad de defender nuestra vida, practicamente ha desaparecido, en el que rara vez nos toca luchar por ella, deberiamos estar luchando por nuesta integridad social.

 

Pero esto equivaldría a tener conflictos (con el otro) y nos han dicho que no debemos ser conflictivos así que, para resolver esta antinomia, hemos dado un triple salto mortal y nos hemos concentrado en nuestra imagen.

 

 

Y nos hemos instalado en el mundo de las apariencias.

 

 

Un mundo tiránico pues las exigencias a la apariencia son ilimitadas: más guapos, más sanos, más jovenes, más independientes, más fuertes, más majos, más trabajadores….

 

Y poco a poco, casi sin percatarnos, intentando parecernos a la imagen que queremos (debemos) dar, nos hemos olvidado completamente de que había algo más allá de nuestra imagen.

 

Y donde no hay percepción de uno mismo no puede haber amor de si. Ni autoestima.

 

Por eso antes de dar el paso final y decidir casarnos con nosotros mismos recordemos lo que le ocurrió a Narciso.


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Amar, follar, hablar....

 

Es imposible definir nada y el amor no va a ser la excepción.

 



 

Los innumerables intentos de hacerlo llegan a conclusiones tan opuestas que acaban tocándose. Y es que no hay mucha diferencia entre la banalización a la que lo someten los que creen verlo en todas partes y su negación.

 

 

Lacán decía que „amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo quiere“.

 



 

Sea como fuere amar es en el fondo la única motivación del ser humano. Todo, absolutamente todo lo demás, puede reducirse a ello.

 



 

Que esto sigue siendo así, a pesar de las apariencias, lo confirma un estudio según el cual en Alemania hay más de 9 millones de consumidores de apps de contacto (200 millones de euros al año.)

 



 

Y es que el mercado nos ha puesto el amor al alcance del pulgar.

 



 

Pero, como siempre, las estadisticas engañan y pesar de todas las facilidades, Alemania se esta convirtiendo en un país de Singels; más de 18 millones y con tendencia inflacionaria (hace 12 años había dos millones menos). Y Berlín no es la excepción.

 

 

Esta aparente contradicción se explica en parte por el hecho de que, para hacerlo consumible, el mercado tiene que despojar al amor de complejidades y dolores innecesarios y reducirlo a su aspecto más inocuo, estético y comercializable; el sexo.

 



 

Respiramos aliviados pues, si bien ya no amamos románticamente (por suerte, dicen algunas) al menos amamos más y democráticamente.

 



 

Pues tampoco.

 



 

Según un estudio de la Universidad de Dresde, solo un 67% de la población es activa sexualmente (lo cual ya me parece exagerado) frente a un 74% en el 2005 (cabe la duda de si nos habremos vuelto más sinceros). Además, en contra de los esperable, son los más jóvenes los que menos lo practican; un 30% de los jóvenes entre 18 y 30 años no tiene sexo en absoluto.

 



 

O sea, que ni amamos, ni follamos....Pero al menos hablamos.

 

 

Y cuanto más se va alejando el sexo de nuestro lecho más se acerca a nuestra boca.

Ya lo decía el gran filósofo del lenguaje: de lo que no se puede practicar, tendremos que hablar.


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Del sentido escatológico de la vida

 

Aunque coloquialmente solemos utilizarla en un sentido más material, la escatología es la doctrina de las cosas últimas y el fin del mundo (en griego, eschatos significa "último" o "lo más lejano").

 

 

 

El pensamiento apocalíptico es tan antigüo como la humanidad misma y precisamente este es el principal argumento de sus detractores. Complica la cosa que sus máximos representantes actuales sean personajes con rostros de muertos vivientes (aunque muy amables) vestidos con ropas del Humana.

 

 

 

Pero ni lo viejo es necesariamente inválido, como suelen crer los adictos a la actualidad, ni los tontos dicen solo tonterias.  Y a veces, dando algún que otro rodeo, llegan a conclusiones bastante sensatas.

 

 

 

Sin embargo parece ser que por cada persona que cree que el apocalípsis no solo llegará sino que ya está aquí (y aun va a mejorar) hay 10.000 optimistas que confian en que, no solamente estamos cada vez  mejor, sino que la cosa puede segir mejorando ad infinitum. Llegará un momento que estaremos tan bien que ya solo existiremos como software de ordenador y podremos dedicarnos tranquila y eternamente a.......Bueno, en eso ya pensaremos.

 

 

 

Mientras tanto seguiremos tachando a los apocalípticos de locos y aguafiesta, haremos algún pequeño sacrificio para tranquilizar nuestra conciencia (y nuestra amígdala) y seguiremos indignándonos por las cosas realmente importantes como el patriarcado.  Y, como somos tan listos que ya no tenemos Dioses, elevaremos a algún científico progresista e ilustrado (y oportunista) a la categoría de gurú e ingeriremos sus cifras de progreso como antes ingeriamos la ostia; con fe y devoción.

 

 

 

Excepcionalmente hay buenas noticias para los pesimistas; la última de Jim Jarmusch "The dead don´t die" .

 

Si perteneces a ese 1 por 10.000 no dudes en ir a verla!

 


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Violencia

 

El otro día me detuvo la policia berlinesa por saltarme un semaforo en rojo. Iba en bici y antes de saltarmelo había comprobado que no había peligro.

 

En Berlín, como en todos lados, a excepción de unos cuantos que han interiorizado la ley y se dedican, por libre, a aplicarla, los ciclistas se saltan, cuando lo consideran necesario, los semaforos en rojo. Es imposible estar cumpliendo las normas todo el tiempo.

 

El policia vino hacia mí y me preguntó cinicamente si no había visto el semáforo. Intenté excusarme diciéndole que creía que estaba en naranja pero fue entonces cuando se enfadó realmente; "iba a tener una amable charla contigo pero en vista que me cuestionas te voy a multar y te va a salir caro: 150 euros, un mes sin carnet y puntos". "Lo siento señor policia, tiene usted razón, estaba rojo" respondío mi instinto de supervivencia y quede libre de la multa.

 

Ser sumiso es la única forma de librarse de la multa. Instintivamente lo sabemos, lo saben incluso los animales que muestran su sumisión al otro esquivandole la mirada.

 

Intentar razonar es decir, hacer uso de esa cualidad de la que tanto nos pavoneamos sería condena segura. Pues los policias tienen el poder, lo saben y quieren que tu también lo sepas.

 

Implicitamente ese fue el sentido de nuestra corta interacción.

 

El me mostró quién tenía el poder, yo lo acepté y el me "perdonó".

 

Sin violencia.

 

 

¿Qué es la violencia?

 



 

Según el diccionario es el "uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo". Intuituivamente tendemos a asociarla con actos físicos, pérdida de control y el avasallamiento del otro.

 



 

Percibimos como violencia la explícita. Condenamos la violencia de género, que es explicita, y queremos creer que "el otro género" no es violento.

 

Los humanistas, en contra de toda evidencia, quieren hacernos creer que el ser humano es la especie más noble y la menos violenta. Y que es posible erradicarla por completo. A traves de la educación y el lenguaje.

 

Así por ejemplo en un texto para la UNESCO sobre educación no violenta se lee: "Hablar es el fundamento y la estructura de la socialización y se caracteriza por la renuncia a la violencia (...) Son realmente los métodos y principios de la no violencia (...) los que constituyen la humanidad de los seres humanos, la coherencia e importancia de los principios morales basados en las convicciones y en un sentido de la responsabilidad. (...) la violencia es una perversión de la humanidad".

 

Pero cuanta violencia sería necesaria para eliminar un impulso tan intrínseco el el hombre! Pues la violencia no se puede ni crear ni destuir, solo transformar y la educación actual, en apariencia no violenta, esta pervirtiendo un instinto de modo que sea cada vez más imperceptible -y más eficaz.

 

"Es mejor asesinar al niño en la cuna que cargarlo con las propias aspiraciones frustradas", decía William Blake.

 

 

Lord Chesterfield fue uno de los más famosos escritores de cartas del SXVIII. Escribió más de 400 a su hijo ilegitimo. Cartas educativas. A su muerte, su viuda las publicó y el libro se convirtió en el manual de educación más influyente en los siglos XVIII y XIX.

 

"observa a las personas en sociedad, analiza minuciosamente sus modales, sus cosumbre, aprende de ellos como sentarte, como andar, como hablar, como sostener el bastón, que hacer con las manos, como poner los pies. (..). ¡Y actua en cosecuencia! (...)

 



 

Hoy todos seguimos esos preceptos pretendiendo no ser conscientes. Ser como los demás es la guia de comportamiento. Erradicar la individualidad a toda costa.

 

¡No te diferencies de los otros!...

 

Las carceles están llenas de personas que, a veces sin saberlo, no quieren renunciar al ser. Los buenos artistas suelen triunfar postumanete porque su individualidad ya no es amenazante y puede ser fagocitada por el sistema.

 

Y la mediocridad más escandalosa triunfa en vida precisamente porque es sumisa e inocua.

 

Pero en nuestro fuero interno todos sabemos que eso a lo que hemos renunciado era lo único importante. Que era nuestra única posibilidad de disfrutar y que la hemos sacrificado voluntariamente. Por miedo.

 

Intuimos que es irreversible y por eso nos apasiona tanto educar al que osa mostrar cualquier atisbo de rebeldia.

 


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La enfermedad sagrada

 

La epilepsia es una de las enfermedades más antigüas de la humanidad.

 



 

Los primeros testimonios que tenemos datan del antigüo egipto. En un viejo papiro se daba permiso a los amos para devolver a los esclavos si se descubría que estos sufrían de epilepsia.

 

Nesejet, Benu, Apasmara, Dian Xian, Choli nophel, nikpheh, hierä nousos, megalä nosos, herakleia nosos, nosos paidikon, nosos ais-chra, morbus insputatus, morbus detestabilis, morbus sonticus, morbus divinus, morbus deificus, morbus coelestis, morbus astralis, morbus sideratus, morbus lunaticus, morbus incantatus, morus magnus, morbus maior, morbus conviv, morbus caducus, morbus colvulsivus, morbus infantilis, divinatio a la epilepsia se la ha llamado también la enfermedad de los mil nombre.

 

Desde que el paradigma biológico triunfó en medicina y psiquiatria, la epilepsia se considera un trastorno cerebral. A pesar de que a menudo no puede encontrarse ninguna lesión. En este caso la medicina recurre a la fe y conjura su existencia amparándose en las limitaciones de la tecnología médica.

 

La epilepsia es una enfermedad fascinante. Durante un tiempo fue incluso considerada sagrada. Sagrada en el sentido de maldita. Y seguramente la espectacularidad del clásico ataque epiléptico (Grand-Mal) que todos tenemos en mente, fue en parte responsable de esta mistificación.

 

Todo aquel que haya tenido ocasión de presenciar un ataque epiléptico entenderá porqué,

 

"el rostro se altera horriblemente, sobre todo la mirada. Los espasmos y las convulsiones afectan a todo el cuerpo y a todos los rasgos faciales. Un alarido atroz, inimaginable, que no se asemeja a nada se escapa del pecho; diríase que con ese alarido desaparece de pronto todo lo que es humano, y a un observador le es imposible, o al menos muy difícil, imaginarse y reconocer que quién grita así es ese mismo hombre; más aún, se tiene la impresión de que quien grita es otro individuo que está dentro de ese hombre.” decía Dostojevski en el Idiota.

 

Dostojevski era epilético y aunque él siempre atribuyo el origen del trastorno al simulacro de ejecución que sufrió existen algunos documentos (cartas) que muestran que probablemente Dostojevski era epiléptico antes de este traumático episodio.

 

 

De lo que no cabe ninguna duda es de que nadie la ha narrado mejor.

 

"Hay momentos, no suelen ser más de cinco o seis segundos seguidos, en los cuales de pronto uno siente la presencia de la armonía eterna, la plenitud. No es algo terrenal; con ello no estoy diciendo que sea celestial, solo quiero decir que una persona terrenal no puede soportarlo. Tienes que transformarte físicamente o morir. Es un sentimiento diáfano e innegable. Como si uno sintiera toda la naturaleza, y de repente uno dice; si es correcto. Dios, cuando creó el mundo, en la tarde de la creación dijo; "Sí, es correcto, es bueno". No se trata de ser conmovido, es ... simplemente alegría. No hay nada que perdonar, pues ya que no queda nada que perdonar. ¡No puedes decir que amas, oh, es es algo más elevado que el amor! Lo más insoportable es que está terriblemente claro y es un placer. Si durase más de cinco segundos ... el alma no lo soportaría y tendría que perecer”.

 

Hoy la medicina tradicional ha sacrificado toda visión antropológica de los trastornos reduciendo las enfermedades a síntomas, síndromes y genes defectuosos.

 

Pero el hombre tiene una dimensión subjetiva y mística que, aunque se intente ignorar, siempre acaba manifestandose. Y Dostojevski era una persona profundamente espiritual. Temas recurrentes en su obra son la culpa, la expiación, la redención, el perdón, el sacrificio, el apocalipsis y la salvación. Temas existenciales que las religiones han utilizado para someter a sus fieles.

 

La epilepsia era para para Dostojevski una experiencia religiosa irreductible.

 

Y hoy los científicos están empeñados en reducir la religión a la ciencia, en invertir la fórmula “Y Dios creó al hombre”.

 

Y hace unos años lo encontraron, a Dios; en el interior del cerebro humano.

 

Concretamente en el lóbulo temporal, una zona clásicamente afectada por la epilepsia. Los neurocientíficos nos explicaron Dios y el sentimiento religioso como la ilusión provocada por la hiperexcitación de un grupo de neuronas situadas en esta región del cerebro.

 

Los científicos…. siempre desmitificando la vida.

 

Y Dostojevski desmitificando la ciencia...

 

de acuerdo, somos mentirosos, malos e injustos, lo sabemos y lloramos por ello, nos atormentamos, nos torturamos y nos castigamos a nosotros mismos (…). Sin embargo tenemos la ciencia y a través de ella volveremos a encontrar la verdad, pero esta vez la aceptaremos de una manera consciente. El conocimiento es superior al sentimiento, la conciencia de la vida es superior a la vida. La ciencia nos aportará sabiduría, la sabiduría nos revelará las leyes y el conocimiento de las leyes de la felicidad es superior a la felicidad misma”.

 

 


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Pildoras Positivas

 

Es un comprimido pequeño, blanco, ovalado, divisible.

 



 

No crea ni transforma; interpreta. Lo que era definitivo lo convierte en pasajero; lo que era inevitable lo vuelve contingente. Proporciona una nueva interpretación de la vida.; menos rica, más artificial, e impregnada de cierta rigidez. No procura ninguna forma de felicidad, ni siquiera un verdadero alivio, su acción es de otra índole: transformando la vida en una sucesión de formalidades, permite engañar. Por lo tanto, ayuda a los hombres a vivir, o al menos a no morir…, durante un tiempo.

 

La muerte, sin embargo, acaba imponiéndose, la armadura molecular se agrieta, el proceso de desintegración reanuda su curso. Sin duda es más rápido para quienes no han pertenecido nunca al mundo, los que nunca se han planteado vivir, ni amar, ni ser amados; para quienes siempre han sabido que la vida no estaba a su alcance. Estos, y son muchos, no tienen nada que lamentar, como suele decirse; mi caso es distinto.“

 

Serotonina. Michel Houellebecq

 

 

Decía Camus que el único problema filosófico relevante era el suicidio.

 



 

Juzgar si la vida vale o no vale la pena ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía.“

 

Aunque existe una pregunta anterior a esta y es si consideramos relevante hacernos preguntas filosóficas.

 

Y a juzgar por el papel que la filosofía va ocupando en la sociedad la respuesta es que No.

 

Una mente con tendencia a la paranoia podría incluso llegar a pensar que la sociedad estar estructurada alrededor del único objetvo de no plantearse esta pregunta.

 



 

No te platees si tu vida merece ser vivida. Es nuestro acuerdo social tácito.

 



 

Pues si lo haces puede que llegues a conclusiones incómodas. Incómodas para tí e incómodas también para la sociedad.

 

Pues la pregunta fundamental de la filosofia no es una pregunta que emerja de un lugar positivo.

 

Al contrario, es una pregunta que solo se plantea en negativo, cuando la respuesta empieza a tender al no.

 



 

Para que no caigamos en la tentación, la sociedad nos ofrece multitud de posibilidades: trabajar y progresar, ocuparnos en tareas más gratificantes como alargar la juventud y aunmentar la belleza, hacernos selfies...Las distracciones son la alternativa.

 



 

Si no nos basta con ellas también podemos recurrir a la anestesia. Y no vayamos a pensar que la serotonina es la única alternativa.

 

La psiquiatria y los camellos cuentan con una amplia gama de productos con diversos efectos:

 

 

. if you want to chill

 

Even if you want to be high

 

Whatever happens-take a pill

 



 

The first I take against depression

 

The socond is pure energy

 

The green one for my self agression“

 



 

...canta Ramstein.

 



 

Pues si nos ponemos a pensar entonces si que no hay consuelo. Antaño la religión nos consolaba con promesas posmortem. Hogaño que hemos trasladado nuestra fe a la ciencia que nos ofrece aun mejores alternativas. Por ejemplo la de no morir.

 



 

¿Y mientras tanto?

 

Aquí la ciencia se alza severa y prepotente, cual Dios del antiguo testamento y nos amonesta por nuestra impertinencia e ignorancia.

 



 

No debemos preguntarnos porqués ni paraqués. Estas son preguntas filosóficas, ligados a la creencia y la especulación.

 

Y la gran Ciencia no tiene tiempo para chuminadas.

 



 

Ella se ocupa del cómo. Y con eso debemos darnos por satisfechos.

 



 

Asi que ya sabes, no pienses y en caso de no poder evitarlo, hazlo siempre en positivo.

 



 

Si tienes cancer, piensa en positivo, si se te muere alguien cercano piensa en positivo, si eres tu el que va a morir; sigue pensando en positivo. Piensa en positivo siempre.

 



 

Piensa en positivo y en algún momento verás luz al final del tunel. (Seguramente será la luz de un tren que viene a estrellarse directamente contra ti).

 



 

Y si te acabas suicidando no será porque no te lo habían advertido.


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El impostor

 

Hace unos años, en una región de Alemania del este, un tal Gerd Postel fue descubierto en una farsa.

 

Simulaba ser psiquiatra y lo hacía tan bien que llegó a ser jefe en una clínica. Allí se codeaba con otros importantes psiquiatras y fue nombrado presidente de alguna asociación.

 

Su locuacidad (y desfachatez) era tal que llegó a inventarse diagnósticos (el trastorno tripolar) y a defenderlos ante sus secuaces sin que nadie se atreviese a contradecirlo. Al final le pillaron pero no porque cometiese un error ni por su mala práctica (parece ser que era bastante bueno) sino porque tuvo la mala suerte de ser reconocido -y delatado- por alguién de su pueblo.

 

Fue a la carcel y desde allí escribió un libro muy incómodo para la casta médica en el que explicaba con pelos y señales su procedere.

 

No les dejaba en muy buen lugar, a los psiquiatras. A juzgar por su relato hasta un cartero (esa era su profesión) podía ser psiquiatra. Bastaba con leer un par de libros, no demasiados, y tener un sentido común afilado.

 

Los psiquiatras se enfadaron mucho con el señor Postel e intentaron defenderse como pudieron, pero la cosa había quedado clara.

 

 

Gerd Postel era un impostor.

 

No le movían intereses materiales (no gastaba practicamente nada del buen dinero que ganaba) sino una pura necesidad de reconocimiento. La necesidad de ser alguién en el sentido más literal de la palabra.

 

No era la primera vez que impostaba.

 

Su vida era impostar.

Cuando no impostaba se sentía vacio pues carecía de sensación de identidad.

 

Todo el mundo necesita reconocimiento y Postel para obtenerlo fingía ser alguien.

 

Actuaba.

 

 

La impostura no es nada excepcional. Todos la conocemos pues la vida social requiere siempre ciertas dosis de impostura. Pero no todos tenemos la valentia, ni la necesidad imperante, de inventarnos una identidad.

 

Los impostores son tan buenos engañando justamente porque no tienen la sensación de ocultar nada. Mentir, esa cualidad tan humana, es un acto complejo, el cerebro tiene que desplegar una actividad intensa, el sistema suele saturarse y algunos "microgestos" nos delatan. Pero algunas personas han aprendido (necesitado) impostar desde niños y en lugar de una identidad han desarrollado una cualidad, la de engañar.

 

Capacidad que en contra de lo que tendemos a pensar es una de las más utiles para el hombre.

 

 

En su Fausto, Goethe hacía decir a Mefistófeles que él era parte de la parte que quiere hacer el mal y hace el bien. Algunas veces, como el Idiota de Dostojevski, es al contrario: queremos hacer el bien y hacemos el mal (es muy complicado hacer bien el bien). Y lo normal es que el bien y el mal nos la traigan floja y que busquemos nuestro interés. Y buscando su interés Gerd Postel hizo un bien, al demostrar que la propia psiquiatria tiene mucho de farsa.

 

Hay ámbitos que se prestan mejor que otros a la impostura. A un ingeniero o a un programador farsantes se les descubriría rápidamente. Además son ámbitos donde no compensa el esfuerzo pues al farsante lo que le importa es el reconocimiento social rápido.

 

Los (buenos) actores son farsantes, pero unos farsantes sinceros, no engañan a nadie, se dedican oficialmente a simular ser otros. A muchos les ocurre que entre personaje y personaje se deprimen, otros se funden con los personajes que interpretan.

 

Sin duda, donde más farsantes hay es en la política pues es el ámbito donde más reconocimiento se puede obtener -y más dificilmente te pueden pillar.

 

Es practicamente imposible descubrir a un farsante en la política, al contrario, alguien que no lo fuese no sería un buen político (esto da mucho que pensar).

 

También las redes sociales son lugares aptos para la impostura (sobre todo de la felicidad, el odio por el contrario suele ser auténtico, por eso los más odiantes suelen tener cubrirse con un avatar).

 

 

Y luego esta el Arte.

 

Desde que el arte se ha convertido en algo socialmente reconocido y deseable los farsantes se multiplican en este terreno. Y eso a pesar de que, en teoría, el arte es la expresión de lo más auténtico e individual de una persona.

 

Pero es precisamente aquí donde los farsantes, cuya inteligencia social, despojada de incómodas trabas morales, es superior a la de la media, han conseguido imponer sus reglas y criterios.

 

Y al primero que han eliminado es al artista, por intenso.

 

 

Pues los farsantes son siempre superficiales y aman la superficialidad.

 

 

Nos cuentan que lo figurativo ha pasado de moda y que ahora es la abstracción la que se lleva. No saben, en realidad que cosa será la abstracción, pero lo que si saben que es más fácil ocultar la Nada detrás de una supuesta abstracción.

Y que es especialmente dificil ser descubierto como impostor pintando rayas y garabatos.

 

El artista farsante no tiene nada que ofrecer. Pero es listo y se adapta al mercado. No le importa prostituirse porque no sacrifica nada. Ha inventado un discurso (superficial siempre) que le avala. En realidad el artista farsante considera que el público es ignorante y fácil de deslumbrar ya que, como Gerd Postel, lo comprueba sistematicamente.

 

Esta tranquilo porque sabe que no le van a descubrir.

 

El artista farsante ni siquiera intuye que es el arte. Pero sabe perfectamente como engañar al público.

 

Y en eso si es un artista.

 


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Lilith y Medeas modernas

 

Creo que siempre o casi siempre en la infancia la madre representa la locura. Nuestras madres siempre permanecen como las personas más locas y extrañas que jamás hemos conocido“ M. Duras

 

 

 

La maternidad es una de las experiencias más intensas y profundas que podemos experimentar
en nuestras vidas. Ser madre se asocia con sentimientos de amor incondicional, sacrificio y
entrega absoluta. En nuestra cultura cristiana, la virgen María es el icono que mejor representa
nuestra idea de madre.
Allí donde hay una madre no parece haber espacio para lo oscuro. Sin embargo, toda madre sabe (si ha profundizado en sus propios sentimientos) que el amor
no es el único sentimiento que un hijo despierta.
Los bebes demandan atención y cuidado constante, pues de llamar la atención hacía
sus necesidades depende su supervivencia. Esta demanda puede llegar a provocar
en la madre cansancio, hastio, rechazo e incluso odio….
Decía Wilde que es difícil no ser injusto con lo que se ama y efectivamente; el odio es parte
complementaria e inseparable del amor en todas las relaciones íntimas.
Hasta aquí todo normal...siempre que seamos conscientes de que el odio que sentimos no
significa que el bebe sea odiable o tenga malas intenciones sino que es resultado de
nuestra
frustración y agotamiento y cuando se nos pase volveremos a amarlo. Es decir que la
negatividad que experimentamos en ciertos momentos es pasajera y esta motivada por
nuestro cansancio.
Cuando el odio o el rechazo son sentimientos permanentes y constante o comenzamos a ver
al niño como malo deberiamos buscar ayuda urgente.

Las relaciones humanas son ambivalentes y la negación de esta ambivancia, el tabu, tiene consecuencias que pueden llegar a ser nefastas.

 

 

 

Cuestionar el amor materno es un tabu.

 

 

Los mitos y las parábolas eran metáforas que ayudaban a entender la realidad y a explicarnos nuestra naturaleza.

 

 

 

Una de las primeras madres malas fue Medea (Euripides 480-406 a.d. J.C), la mujer que mató a sus hijos para vengarse de su marido infiel.

 

 

 

En el folclore judio la ambivalencia de la mujer/madre era representada por Lilith, la primera pareja de Adan.

 

 

 

Lilith, era una mujer emancipada y desobediente. Se dice de ella que se negaba a aceptar la posición inferior en el acto sexual. Y Dios, que no acepta la desobediencia, condenó a Lilith a parir sin pausa niños demoniacos destinados a morir pronto. Desde entonces Lilith vaga entre nosotros como una sombra y se dedica a asesinar niños ajenos, amenazar a las parturientas y madres jovenes y a provocadorar al hombre.

 

 

 

En algunos cuentos y leyendas, por ejemplo en el cuento alemán „Rumpelstilzschen“, el espiritu de Lilith se aparece a la madre en forma de personaje extraño y amenazante que que quiere llevarse al bebe.

 

Hoy hemos eliminado estas figuras de la literatura en general censurado los cuentos en aras de una sociedad „políticamente correcta“. Preferimos contarles a nuestros hijos el mundo como „debería de ser“ que como realmente es. Creemos que les estamos protegiendo.

 

 

 

La madre mala no existe, al menos en nuestra fantasia. Eliminando la fantaia creemos estar influyendo en la realidad.

 

 

 

Y quizás por eso nos cuesta tanto asimilar los filicidios como el ocurrido hace unas semanas en Godella.

 

 

 

A juzgar por los relatos que circulan esta madre parecía sentirse amenazada por la sombra de Lilith. El miedo a que alguién -una secta en este caso- se llevara a sus hijos o les hiciera daño culminó en el asesinato. Esta madre no supo ni pudo reconocer que Lilith era una parte de ella. Una parte negada. Que el miedo eran suyo, pero la amenaza venía de ella misma.

 

.

 

La negación de la ambivalencia tiene conseciencias. Nos negamos a atribirle a la madre la responsabilidad. La justificamos. No solo los querían; se desvivían por ellos, los cuidaban, en palabras de una amiga de la joven de 27 años, como a dos angelitos de cornisa” se leía pocos días después en El Pais.

 

Nos aferramos a datos objetivos como que „iban limpios, el mayor estaba matriculado en el colegio, ambos acudían a clases de natación, jugaban en el parque con otros niños, estaban bien alimentados y no mostraban signos de maltrato“ para tranquilizar nuestras propias conciencias. Buscamos chivos expiatorios como las drogas o la locura.

 

 

 

(Pero imaginemos por un momento una justificación así en un asesinato de género „la mató porque la quería, iba bebido, tenía problemas psiquiatricos….“. Impensable, ¿no?)

 

 

 

No nos atrevemos a cuestionar a las madres pues su amor y su bondad es uno de las últimas seguridades que nos quedan. Preferimos pensar, que estamos ante casos excepcionales. Preferimos seguir contando cuentos de hadas a las embarazadas y perpetuar la mentira del amor materno inmaculado e incondicional y cerrando asi las posibilidades de expresar sentimientos que no deberiamos sentir hacia los hijos de modo que estos pueden crecer hasta explotar en una psicosis como le ocurrió a la madre de Godella.

 

 

 

Las psicosis post partales son de sobra conocidas. Son muy peligrosas, porque pueden llevar al filicidio. Esta psicosis son el resultado de la imposibilidad integrar y tolerar sentimientos inaceptables (por ejemplo saber que se debería amar al niño pero sentir rechazo o incluso miedo hacia él). Y es que la imposibilidad de lidiar con la ambivalencia puede culminar en la locura. La afectada (o afectado) proyecta sus sentimientos en una historia que, aunque bizarra, la libra de culpa.

 

 

 

Todo el mundo puede ser malo. Y las madres no son la excepción.

 

Pero nosotros preferiremos seguir buscando la culpa en otro lado poder seguir creyendo en nuestras virgenes.

 

Y por ello somos complices.

 

 


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Presentación libro

https://www.facebook.com/events/542000916209973/

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Entrevista con un científico

 

J.M. Mulet (Denia, 1973) es licenciado en química y doctor en bioquímica y biología molecular
por la universidad de Valencia. Actualmente es profesor de biotecnología en la Universidad
Politécnica de Valencia. También dirige el Máster en Biotecnología Molecular y Celular de
Plantas. Es autor de varios libros de divulgación científica,autor del blog Tomates con genes
y tuitero compulsivo (@jmmulet).
J.M. Mulet no solo escribe sobre alimentación, también se ha atrevido con temas como
la criminología o la medicina. En esta entrevista, me voy a centrar en su libro
“Medicina sin engaños. Todo lo que necesitas saber sobre los peligros de la
medicina alternativa.”
En este libro, interesante y bien documentado, y que ha llegado a 2 ediciones en papel
y 2 en bolsillo y ha sido editado también en catalán. J.M. Mulet nos ofrece,
desde la perspectiva de un científico, una visión crítica de lo que la OMC
(Organización médica colegial) se consideran pseudomedicinas.
Medicina sin engaños. ¿Qué te motivo a escribir sobre este tema? Es uno de los temas por los que más me preguntaban en el blog y que, cuando escribía,
más interés suscitaba. Al margen de conocer casos cercanos de víctimas de
estas prácticas.
Además tú querías ser médico ¿no? Sí. Hasta tres meses antes de matricularme en la universidad. Pero cambie de idea,
me di cuenta de que lo que de verdad me interesaba eran las bases moleculares,
la parte de investigación. No la medicina asistencial. Y no soy la persona más
empática del mundo.
¿Cómo defines medicina alternativa o pseudomedicina? Toda aquella que no tiene una evidencia sólida y demostrable que respalde sus
principios y técnicas.
¿Qué significa evidencia solida y demostrable? Haber superado en ensayos reproducibles y publicados una eficiencia
mayor que los controles (placebo).
¿Sería lo que se llama “medicina basada en la evidencia”? Eso mismo. La medicina basada en la evidencia se apoya en una metodología jerarquizada cuya cúspide
ocupan las revisiones o metaanálisis de los ensayos reproducibles y controlados.
A estos se les atribuye una validez mayor, ya que incluyen un amplio número de participantes
así como un grupo control, de modo que los resultados que arrojan se suponen generalizables.
En la base de la jerarquía están los ensayos de caso único y las opiniones de los expertos.
Mi pregunta sería. Esta metodología es más fácil de aplicar, cuanto menos complejo
(menos posibles variables) es el objeto de estudio. Es decir, hay ámbitos que se prestan
mejor a ser analizados con ensayos controlados (RCTs) que otros. Por ejemplo, es más
sencillo controlar el efecto de un medicamento que el de una terapia psicoanalítica
(a la que también dedicas un capítulo en tu libro) que incluye un proceso y multitud
de variables.
JM: El estudio de la psicología es muy reciente y se carece de las herramientas
que hay en otras ramas más establecidas, pero eso no quiere decir que no se
pueda abordar la psicología desde una perspectiva racional
Ya lo intentaron los conductistas en sus principios. Supongo que habría que adaptar la
metodología, por ejemplo dar más importancia a los estudios de caso único, cuyos resultados,
si bien menos generalizables, permiten captar aspectos que en un RCT (estudio controlado
aleatorizado) serían imposibles de captar.
El problema es que los casos únicos, como su nombre indica están sujetos a muchas
variables y es imposible hacer normas generales a partir de ellos.
Cierto, y el objetivo de la medicina basada en la evidencia es encontrar reglas generales para
poder hacer predicciones, ¿no es cierto?
Sí, pero no solo en medicina es una de las premisas del método científico, ser capaz de
establecer leyes que te sirvan para describir un comportamiento, y esto también se
puede aplicar a la psicología o a la psiquiatría.
Donde hay regularidades, hay ciencia, pero siendo el ser humano tan complejo, es atrevido
hacer predicciones ¿como tener en cuenta la infinidad de variables, además del factor
tiempo (proceso)?
No necesariamente, existen muchas disciplinas en la ciencia que se dedican
precisamente a estudiar las irregularidades y los procesos que no siguen un patrón
determinado. Por ejemplo, la mecánica cuántica, que se basa en probabilidades, o la
teoría cinética de gases, que es incapaz de predecir el comportamiento de una molécula
individual, o el estudio de procesos caóticos, incluso desde la filosofía se han hecho
aportaciones para el estudio de los procesos irregulares o caóticos, como la lógica
difusa. Que un comportamiento sea irregular no quiere decir que no sea estudiable
y que no se pueda entender y averiguar su origen.
Supongo que se trata de complementar la metodología, la metodología científica tienen límites
inherentes precisamente porque lo que busca son resultados generalizables, los estudios de
caso único tienen el problema de que no los son, pero de ambos métodos se puede extraer
conocimiento. También de las artes se puede extraer conocimiento; cuando leemos una novela
entramos en la mente del protagonista y podemos ponernos en su lugar y pensar “eso podría
haberme pasado a mi”. Musil decía que además del “sentido de la realidad” (lo que ha ocurrido)
existe también el sentido de la posibilidad (lo que podría haber ocurrido alternativamente).
¿Dirías que la ciencia no se interesa por las posibilidades (alternativas)?
Al contrario, la ciencia se interesa por todo. De hecho un único caso que no se ajuste
a una ley puede ser suficiente para destrozarlo. En ciencia las excepciones nunca
confirman la regla, sino que la destrozan. Por ejemplo, una estructura tan sólida como
la mecánica newtoniana empezó a ponerse en duda por ciertas observaciones sobre la
órbita de mercurio que no se ajustaban a ella, y ese fue el punto de partida de la
mecánica relativista de Einstein.
Perteneces a una asociación de pensamiento crítico ARP-SAPC (Alternativa racional a las
pseudociencias, Sociedad para el avance del Pensamiento crítico)
¿Cual es exactamente la función de esta organización? ARP es una organización que se dedica a
fomentar el pensamiento crítico y a denunciar la presencia de la superstición en la
Sociedad. Hace 30 años se dedicaban a denunciar a Jiménez del Oso y la presencia
de programes de ovnis y fantasmas en la tele pública y ahora estamos en contra de
la religión en las escuelas públicas y organismos oficiales de la homeopatía, entre
otras cosas.
¿Que, para tí, es el pensamiento crítico? Todo aquel que cuestiona las afirmaciones que no se respalden en alguna evidencia.
Creo que en estos tiempos, y viendo la actualidad política que tenemos y el poder de
las fake news, cada vez se hace más necesario.
Dices en tu libro que “el auge de la pseudomedicina no es más que un símbolo de la
opulencia de la civilización occidental y un efecto no deseado del éxito de la medicina”
Me parece una observación muy interesante y coincido en parte contigo. Creo que es cierto
que las personas nos acostumbramos rápidamente al statu quo y corremos el riesgo de
olvidar que si algunas enfermedades contagiosas ya no se dan es gracias a las vacunas.
O que la penicilina ha salvado vidas y lo sigue haciendo.
Pero el éxito de la medicina no puede explicar el rechazo que la medicina científica
(“pérfida medicina oficial”, dice alguien en tu libro) genera en ciertos sectores y personas,
¿a qué crees que se debe este rechazo?
Hay diferentes motivos, que también explico en el libro. a) Ideología.
Ahora mola ser alternativo y anti todo y las grandes empresas farmacéuticas entran
dentro del pack.
b) Una mala experiencia o haber sido víctima de un error médico o de una lista de
espera. c) Ignorancia de pensar que es tan válida una como la otra. Obviamente a veces
se confunde medicina con base científica o medicina basada en la evidencia, con
grandes empresas, y son dos cosas diferentes.
Aunque a veces difíciles de distinguir porque los intereses están muy entremezclados,
como bien dices en tu libro. En psiquiatría, por ejemplo, son las grades multinacionales
farmacéuticas, las que financian prácticamente toda la investigación y muchas veces las
que postulan las “verdades” científicas que van a llegar a la gente. Por ejemplo, la hipótesis
de la serotonina como causa de la depresión, que ahora está siendo fuertemente cuestionada.
Ya, pero si los ensayos no se reproducen, o se demuestra que son falsos, se desestima
esa evidencia.
Aunque hay trucos, como por ejemplo no publicar los estudios que no demuestran efectos,
así se puede demostrar una evidencia que a menudo no es tal…
Ya, el famoso sesgo de publicación que hace que soslo se publiquen los ensayos
con resultado positivo. Por suerte con iniciativas como all trials se les está poniendo
freno
Me preocupa menos la fase de investigación, donde la información es pública
y contrastable, que la fase de promoción, con los famosos congresos pagados por
laboratorios para que receten unos fármacos y no otros.
Te podría poner más ejemplos. Los condroprotectores a los que han hinchado a la gente
de más de 50 años, que están muy cuestionados, el ritalín que se utiliza para todo, etc...
pero a pesar de todo, si miras al panorama general, y como está la medicina ahora y
como estaba hace 50 años, creo que el avance y los resultados son innegables.
En este punto quisiera preguntarte, la asociación a favor del pensamiento crítico a la que
perteneces, ¿es critica también con la medicina científica o no lo consideráis necesario?
Si, criticamos todo lo que nos parezca que se opone al pensamiento crítico,
publicamos una revista e hicimos un dossier sobre medicinas y había algún artículo
crítico con lo que se supone que es medicina científica, pero no lo es.
Si pero entonces estaríamos hablando automáticamente de pseudomedicina y mi pregunta es
más bien, si criticáis los posibles engaños de la propia medicina científica. Por ponerte un
ejemplo que conozco de cerca, la inflacionaria prescripción de Ritalin -cuyo efecto sobre la
atención está más que probado en estudios controlados y aleatorizados- pero que tiene
graves efectos secundarios y cuyos efectos a largo plazo no están claros o las implicaciones
éticas de medicar a niños tan pequeños para que rindan y se estén quietos. ¿Sería este tema
objeto de crítica también de vuestra asociación?
Obviamente, lo es. Volviendo al tema del auge de la medicina pseudocientíficas, siempre que te refieres a sus
representantes los presentas como "amabilisimos". Pero es que en el ámbito de la medicina
oficial, algunos especialistas (por los motivos que sea) se han olvidado de que, además de con
órganos, están tratando siempre con personas. Tu mismo hablas en tu libro del efecto placebo,
que en medicina podríamos definir también como la parte irracional o no explicable
científicamente del proceso de curación.
El efecto placebo no sería tanto la parte irracional sino la que se debe a la propia
actitud del sujeto. No es tanto irracional como que no la acabamos de entender,
pero los últimos descubrimientos hablan de que puede tener una base molecular.
Claro, al final todo tiene que tener una base molecular, pero surge la pregunta de si el
comportamiento, en este caso el efecto placebo, es reducible a su base molecular.
Recientemente se ha descubierto que mutaciones en determinada enzima
hacen que una persona sea más o menos susceptible a sufrir el efecto
placebo, aunque este comportamiento es tan complejo que seguro que hay
muchas más variables.
Y ¿no te parece que en este sentido la medicina científica podría aprender de las
complementarias?
Por supuesto, y me han invitado a dar charlas en colegios de médicos y
facultades de medicina para hablar de temas como la comunicación médico-paciente
que es una asignatura pendiente por parte de muchos médicos. Aunque se hablas con
ellos te dirán que si tienen que atender a 40 pacientes por día con 3 minutos no están
para florituras.
Esperamos que un médico sea nuestro padre/madre o amigo, y no tiene por que serlo.
Imagina un oncólogo que empatizara con todos sus pacientes. Tendría que superar
20 o 30 muertes de amigos al año. Eso te destrozaría psicológicamente. Por experiencia,
cuanto más grave es el problema, más frío es el médico.
Aquí discrepo, pienso que si se pudiera cuantificar la eficacia que pierde la terapia por esa falta
de empatía y el porcentaje de contribución a que la gente opte por terapias alternativas se le
daría más importancia.
Puede ser que en este punto los médicos confundan el trato amable y empático con la
absorción de los problemas ajenos. Se puede ser empático sin tomarse los problemas de
forma personal. De hecho hay médicos empáticos, o sea que es posible. Pero estoy de
acuerdo en que hay que poner una barrera entre el dolor ajeno y el propio.
Y hay otro factor. Cuanto pagas en una consulta pública y en una privada. Es compañía
y atención...de pago. Si voy en un autobús urbano con un billete de un euro no me quejo
de la comodidad del asiento, si alquilo una limusina, igual sí.
Bueno, eso tampoco es exactamente así, lo que ocurre es que la medicina oficial la estamos
pagando indirectamente (a través de impuestos etc..).
Y suerte que tenemos que así sea, he vivido en Suiza, donde el sistema es privado,
y te aseguro que es más caro. Pero en general tanto la medicina pública como la
privada también es "oficial" en el sentido que está basada en evidencia.
Pero yo me pregunto una cosa; a alguien, que ha ido al psicoanalista o al osteópata y le
"ha funcionado" le puedes decir que este tipo de terapia no esta basada en la evidencia,
pero le va a dar igual, pues su evidencia personal es que le ha funcionado.
Ya, lo mismo que alguien que va a misa todos los domingos y también le funciona.
Puedes respetarlo como decisión personal, pero no promocionarlo como tratamiento
válido porque no lo es.
¿O quizás porque la metodología de la ciencia no es la adecuada o no alcanza a poder
comprobar según que teorías?
Lo de que la ciencia no alcanza a según que teorías es algo que los homeópatas
llevan 200 años diciendo. Obviamente la ciencia todavía no ha llegado a todo, pero
el razonamiento de que esta teoría no tiene base científica pero igual en algún
momento se descubre (y mientras yo cobro por ella) no deja de ser una falacia.
Mejor cuando encuentres la evidencia empiezas a aplicarla y no al revés.
Si actuase de ese modo la ciencia no podría avanzar, o lo haría de forma muy lenta,
muchos de los grandes descubrimientos se han hecho porque algunos investigadores se
han saltado la metodología o han cuestionado las verdades científicas de la época.
No se si conoces a Paul Feyerabend, el pone el ejemplo de Galileo, que, cuando formuló su
famosa teoría heliocéntrica no procedió de una manera científica -para su época- y fue
criticado, más duramente incluso que por la iglesia, por sus compañeros científicos, adscritos
a la física tradicional (que en esa época era la Aristotélica)
Eso ya lo dijo Kuhn en la estructura de las revoluciones científicas, y sin acabar
llegando a las rayadas de Feyerabend. Feyerabend conocía poco a Galileo. Lo que
hizo fue fijarse en la observación y la experimentación, y rompió un dogma, algo
propio de la ciencia.
Otro ejemplo más reciente -del que hablas en tu libro- es el de Semmelweis, que
descubrió que los motivos de la muerte por “la fiebre del parto” estaba provocado por
bacterias a causa de la falta de higiene de los médicos. Las
observaciones de Semmelweis
entraban en conflicto con la opinión médica establecida en su tiempo y sus ideas fueron
rechazadas.
Se cometen continuamente errores, solo tienes que ver la lista de artículos retirados.
Por suerte el método científico permite la autocorrección. Sin embargo, al final, lo que
puedes demostrar es lo que permanece. Supongo que sabrás la historia (no sé si cierta)
de los 100 físicos que firmaron una carta diciendo que las teorías de Einstein no tenían
sentido, y el contesto que bastaba con uno que las refutase.

 

 

No, no la conocía. 
Schopenhauer decía que «Toda verdad atraviesa tres fases: primero, es ridiculizada; segundo,
recibe violenta oposición; tercero, es aceptada como algo evidente». Y Kuhn decía también
que existe una gran resistencia a abandonar teorías establecidas.
La ciencia no es nada místico ni inamovible, es algo tan pedestre como un método,
nada más, una forma de abordar el estudio de la naturaleza. Cunado realizas una
afirmación rompedora te exigen mucho, pero si lo demuestras, la gente al final la admite.
Tenemos muchos ejemplos, desde el heliocentrismo, hasta la teoría neuronal de cajal.
¿Uno más entre otros, también válidos? ¿Cuáles son las alternativas? ¿La iluminación? ¿la inspiración? ¿La religión?
¿El dogmatismo? Al método científico le pasa como a la democracia, no será perfecto
y será mejorable, pero de momento es muchísimo mejor que las alternativas.
No hombre, los métodos de estudio cualitativo, la metodología fenomenológica, la
hermenéutica, la analogía, la metáfora, el arte
Podría ser que el método científico experimental (causa-efecto) no pueda explicarlo todo. Los estudios cualitativos y fenomenológicos pueden encuadrarse dentro del método
científico también. El ensayo y error es solo una de las técnicas. Hay muchas mas
(los estudios de cohorte por ejemplo). No es que no pueda abarcarlo todo, es que a
veces hay experimentos mal diseñados, y además está el problema de la subjetividad
del hombre, no del método científico.
La subjetividad y la imposibilidad de eliminarla podría ser el gran obstáculo de la ciencia,
que pretende objetividad,
¿que piensas al respecto? Pues que cada vez tenemos más herramientas, los estudios de triple ciego, los
métodos estadísticos, etc…
Y ya que hablas de subjetividad, podemos enlazar con un tema que tratas también en tu libro,
el de la irracionalidad. Dices en tu libro que “la gente dejó de ir a misa (..) pero siguió
manteniendo creencias irracionales”.
Sí. La Fiebre new age. Es un problema muy enquistado en algunos sectores
de la izquierda. Mi amigo Mauricio Scharz escribió un libro muy bueno sobre el tema.
A mi me gusta mucho una frase de John Gray (ciencias políticas) que dice:
“El conocimiento humano aumenta, pero la irracionalidad se mantiene intacta”.
¿Crees que el ser humano evoluciona hacia una naturaleza cada vez más racional? No. Siempre conservará el pensamiento mágico e irracional, pero tendrá más
tecnología cerca.
¿Y esto que significará? El hecho de que tengas un móvil y lo uses no quiere decir que sepas física ni
electrónica. Al contrario puede que antes leyeras el horóscopo en la prensa y
ahora on line. El pensamiento irracional es el mismo, pero te beneficias de los avances
debidos al pensamiento racional.
¿Y donde esta el beneficio en este caso? Tienes un móvil y acceso a internet, y puedes utilizar todas sus ventajas, pero eso
no quiere decir que renuncies al pensamiento irracional, sino que puedes alimentar
tu irracionalidad más rápido.
¿El avance es entonces la mayor velocidad? En este caso sí. Y por cierto, de todos los avances científicos que tienes a tu alrededor, ¿cuantos
le debes a disciplinas sin base científica?
Hablando de avances, Walter Benjamin tienen un pasaje en el que habla del progreso, y
lo describe como un ángel que va avanzando cada vez a más velocidad, sin poder detenerse
y que va dejando atrás una montana de ruinas. Y Robert Musil, que hablaba también sobre
el progreso, decía que “progreso es resbalar con una pierna hacia delante y otra hacia atrás”.
Pienso que de esta pierna trasera se habla poco, vendría a ser el lado oscuro del progreso.
En medicina por ejemplo, los llamados efectos no deseados de los medicamentos, la gente
dependiente de los fármacos, la sobremedicación..
¿No crees que este podría ser un factor
más, que contribuye a que las personas busquen soluciones en otros ámbitos?
No veo que el progreso sea una catástrofe. Al contrario ha hecho la vida mejor para la
mayoría.
¿Cómo era la psiquatría hace 100 años? Básicamente solo había internamientos y camisas de fuerza Cierto. Aunque igual ahora lo es de forma más sutil. No sé. Hay gente que un tratamiento con psicofármacos le va mal, ¿pero a cuanta
gente ayudan?
Ese es un tema muy complejo y me interesa mucho, junto con Roberto Calvo hemos publicado
un cómic dedicado al tema
Lo se ví la expo La cuestión es que la medicina científica todavía no tiene remedios eficaces para
muchísimos males y la gente busca ayuda en otros ámbitos,
¿no están en su derecho? El problema nunca está en las creencias personales de cada uno, que son uno de los
últimos reductos de libertad que quedan. El problema es decir que con quiropráctica
puedes tratar una hernia discal (o un cáncer, que también los hay) o tener un problema
psiquiátrico serio e ir a hacer una terapia que no supone ningún avance en tu estados
y que el problema acabe convirtiéndose en algo grave.
Están en su derecho pero,¿funcionan? Es como cuando ante una depresión uno se
refugia en el alcohol.
¿Deberíamos promocionarlo como terapia? Ahora se esta utilizando el THC, y las benzodiacepinas crean mucha dependencia y son
bastante nocivas para la salud ¿no crees?
Dependerá del caso y la dosis Como tú dices, hay que informar a la gente, para que en casos graves como el cáncer
sepan las opciones con las que cuentan y puedan elegir la mejor manera de sobrevivir.
Pero hay muchas enfermedades, dolores etc... y la osteopatía o el psicoanálisis se suelen
aplicar a otros problemas y parece que funciona. En todo caso, si hay gente que dice que
le funciona ¿por qué no creerles? Quizás no todo es medible y cuantificable, sobre todo
con una metodología tan concreta.
¿Y no escama un poco que la gente que hace psicoanálisis esté años y años? A pesar de que hoy en día lo que esta de moda es el “coach” y las terapias breves, estas
técnicas no son aplicables a todo. Hay texperiencias que dejan huellas muy profundas y
requieren procesos psicoterapéuticos largos. Y traumas que a pesar de a
ños de terapia no
pueden superarse ni sanarse. A veces simplemente hay que aprender a vivir con el dolor.
Por otra parte el psicoanálisis es fascinante. Hay gente que lo utiliza como quién va al gimnasio
a ejercitar su cuerpo. Yo hice 4 a
ños de psicoanálisis, y puedo decirte que, como la ciencia,
tampoco tiene nada de místico. Básicamente aprendí a reconocer conflictos y a enfrentarlos.
Desde entonces me va mejor. Supuso un gran cambio cualitativo en mi vida (lo cual no quita
que hayan sido los antibióticos los que me han salvado la vida alguna vez). En todo caso el
efecto de la terapia es difícil de cuantificar.
Ya. Pero como evalúas si alguien tiene un complejo de Edipo.... o lo tiene reprimido El complejo de Edipo forma parte de la historia del psicoanálisis, y la parte que dice que todo
niño está enamorado de la madre es bastante cierta. Pura supervivencia.
La pregunta vendría a ser: Lo no evaluable, ¿es menos cierto? Lo no evaluable es subjetivo ¿Y que hacemos con ello? Aquí ya entramos en el ámbito de la creencia y como tratamiento médico….. ¿Como estandarizas? Al final cada uno haría la terapia como le apeteciera. O como
sabes si alguien que ha estado 5 años psicoanalizándose no tiene un problema
médico subyacente?
Igual no hay que estandarizarlo todo. Hay temas que son mas subjetivos que otros,
cuanto más subjetivo, menos funcionan las terapias estandarizadas.
Ya. Pero para una terapia sin evidencia y no estandarizada ¿en que se diferencia
psicólogo y un coach, o alguien que hace terapias regresiva o rebirthing?
¿O terapeuta holístico? Idealmente porque has aprendido a pensar críticamente -gracias a libros como el tuyo- y
no te dejas engañar. Como tu dices en el libro: vas al medico y no te gusta lo que te dice,
pues vas a otro. En el fondo por muy estandarizada que este una terapia, el factor humano
siempre esta ahí. No hay garantías definitivas.
Una de las críticas que hacen los psicólogos más racionalistas es que si utilizas
métodos subjetivos abres la puerta a gente que hace rebirthing, constelaciones
familiares, etc.
Igual lo que esta sobreestimado es la razón Bueno. Yo a la razón le tengo cariño. No me cambiaría por una mosca o un tigre.
Al final la irracionalidad es la fuente de todo lo peor del género humano, la violencia,
el fanatismo, el racismo…

 

 

En esto también discrepo, pero si profundizamos aquí no nos publican la entrevista!. Queda pendiente.

 

Como neuropsicóloga si que te diría una cosa y es que en realidad la parte del cerebro que se encarga de la razón es la menos importante, casi todas las decisiones se toman sin ayuda de nuestra conciencia, sobre todo las importantes (de supervivencia).

 

Alguna gente no busca evidencias científicas sino calor humano, comprensión, empatía,
acompañamiento en sus procesos….
Para dar eso no es necesario que estudies psicología O quizás esto tendría que formar parte de las carreras (tu mismo das charlas sobre esto) En medicina no vendría mal que se estudiara más comunicación y algo de psicología,
pero en una ingeniería o en una carrera de ciencias o técnica que no vas a tener que
tratar con gente, no acabo de verlo.
Tengo una amiga ingeniera que me contó una vez que en su empresa (alemana) ofrecían
de vez en cuando Workshops sobre diferentes temas y una vez ofrecieron uno sobre
comunicación (en concreto small talk). Todos se apuntaron, me hizo gracia.
Volviendo al tema, igual lo que hay que hacer es informar aunque apelar a la racionalidad
tienen limites, pues habrá gente que no le interesen las evidencias científicas.
El tema de la comunicación siempre es complicado, pero ¿en serio crees que hay
gente que no le interesan las evidencias? Puede decirlo o actuar de esa manera, pero
al final nadie renuncia al móvil, y en la mayoría de casos, cuando están muy, muy mal,
prefieren ir al médico que al curandero. Hay excepciones, obviamente, pero la mayoría
acaba prefiriendo la terapia oficial, no por que crea en la razón, simplemente porque
funciona.
Cierto, aunque precisamente yo no tengo móvil y creo que las ventajas de esto están
muy subestimadas.
Más que una entrevista ha sido una charla/debate muy interesante, con puntos
de vista a veces contrapuestos. Espero que sea interesante para los lectores.
Solo les digo, que si tiene algún problema, acudan a un médico o psicólogo, pero
de verdad, huyan de alguien que se anuncie como terapeuta o sanador. Si se han
quedado con ganas de más, les recomiendo “Medicina sin engaños” donde hablo
de todos estos temas.
Muchísimas gracias por la interesante charla JM. Han quedado muchos temas en el aire
y espero volver a tener la oportunidad de charlar contigo. Igual podemos
hacerlo en persona en el mercado de Denia…. degustando unos tomates ecológicos ;-)
O un batido de soja transgénica.

 

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Proposito de año nuevo

"Y apareció gente que empezó a idear maneras de juntar a los hombres de nuevo, para que cada individuo, sin dejar de apreciarse a sí mismo más que a los demás, no pudiera frustrar a ningún otro, y para que todos pudieran vivir en armonia. Y se libraron guerras en nombre de semajante idea. Todas las partes beligerantes coincidían en creer que la ciencia, la sabiduría y el instinto de conservación acabarían por obligar a los hombres a unirse en una sociedad racional y armoniosa, así que, a fin de acelerar el proceso intermedio, "los sabios" se propusieron destruir con la máxima premura a "los ignorantes" y a quienes no supieran entender su idea, para que no obstacularizaran el triunfo de esta" F. Dostoievski

 

 

Etimologicamente una utopía es un no-lugar. El ser humano tiene la tendencia a vivir con un pie en alguna de ellas y otro en la realidad. A veces incluso con los dos en la utopía.

 

Tan importantes son para nosotros las utopías que llegamos a considerar la capacidad de soñarlas como nuestro más preciado atributo.

 

Nos gusta vernos como optimistas-utopistas.

 

¿Cómo no aspirar a una sociedad perfectamente armónica en la que las mujeres estén en los puestos de poder, los catalanes no tengan que ser españoles y los votantes de derechas puedan montar sin ser molestados sus belenes e ir a ver los toros?

 

Sería poco menos que capitular. ¿Y quién esta dispuesto a capitular?

 

Aquel que se niega a soñar con mundos mejores es considerado pesimista, derrotista y aguafiesta. Pareciera que al abandonar el pensamiento utópico nos situaríamos directamente a las puertas del infierno de Dante.

 

Y sin embargo, es de sobra conocido que muchos de los desastres históricos han sido consecuencia directa de sueños positivos y redentores (y contagiosos) o dicho de otro modo: "el infierno esta lleno de buenas intenciones".

 

Y es que en el mismo momento que comienza a fraguarse una utopía aparecen los "ignorantes" a los que tenemos que combatir o convencer, dependiendo de la prisa que tengamos por llegar al final y de los recursos con los que contemos.

 

Condenados a la utopía, por miedo a la desesperanza. Ese parece ser nuestro sino.

 

Pero la verdadera utopía, como decía Melville "no estan en ningún mapa. Los verdaderos lugares nunca lo están" o como dijo Ignatius poco antes de disolver la suya: Moderdonia es (siempre lo fue) un estado mental.

 

Aceptémoslo. Ni tenemos, a pesar de nuestros apendices tecnológicos, la capacidad mental para diseñar un mundo que contemple la inconmensurable complejidad humana ni somos lo suficientemente honestos como para aceptar nuestras miserias como propias y dejar de proyectarlas fuera.

 

Y como -al contrario que las utopías- los finales no se eligen, me veo terminando con mi cita favorita:

 

 

"Arreglate tú (y deja de dar lecciones), es lo mejor que puedes hacer por el mundo".

 

La frase es de Kierkegaard, el paréntesis mio.

 

Lo propongo como único propósito para el 2019.

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El astronauta

 

"El raciocinio es un cólico de las circunvoluciones cerebrales. Debilita el gran pasado y lo reduce a liberalismo" R. Musil

 


 

"El racionalismo nos empuja a creer que todo lo que se concibe puede hacerse realidad. Pero existe una perversión racionalista en la política contemporanea consistente en el decidido empeño por entender y moldear a las personas y las sociedades sobre la base de unas teorías inadecuadas y excesivamente simplificadas de la conducta humana. (...) El racionalismo es una forma de utopismo" Kirkpatrick

 


 

Los occidentales estamos muy orgullosos de nuestra razón.

 


 

Hemos llenado tomos y tomos de filosofía conjurándola como única herramienta para mejorar nuestras vidas (y el mundo entero). Confiamos en ella en la misma medida en la que desconfiamos de nuestros sentimientos e instintos.

 


 

La gente acude a terapia sospechando que no sienten como deberían sentir.

 

Sienten demasiado y sentir menos, creen, es lo que necesitarían para estar más satisfechos.

 


 

Sin embargo los artistas siempre intuyeron algo que recientemente los neurocientíficos, que siempre van algo retrasados, están corroborando: que el pensamiento lógico, racional y consciente está subordinado a la emoción, a la lógica del sentimiento.

 


 

Sentimientos e instintos son filogenéticamente (evolutivamente) anteriores al pensamiento racional y mucho más necesarios y eficaces a la hora de garantizar nuestra supervivencia.

 

Nuestro cerebro esta organizado de una forma jerárquica y para que el lóbulo frontal, el que alberga las cualidades más típicamente humanas, pueda dar las últimas pinceladas necesita que las bases, aquellas regiones evolutivamente más antigüas, se encargen de lo sustancial.

 

Estas regiones menos racionales del cerebro trabajan a la sombra de la conciencia y suelen presentarle al lobulo frontal el trabajo practicamente terminado para que este dé el visto bueno.

 

Pero la corteza frontal, que es arrogante como todos los jóvenes, ningunea a sus sobordinados actuando como si todo dependiese de él.

 


 

Esta arrogancia se debe entre otras cosas a su monopolio sobre la conciencia.

 


 

En todo caso, si dejasemos las decisiones importantes en manos del lóbulo frontal, (lento, inefectivo y con una capacidad de procesamiento de la información limitado) nuestra especie se habría extinguido hace años.

 


 

Por eso, cuando estamos en situación de peligro real, las bases del cerebro ignoran al "ejecutivo central" y reaccionan a sus espaldas: si me quemo mi mano se retirará antes de que yo lo decida.

 

Por si esto fuera poco hemos limitado aun más la capacidad de la razón imponiéndole una lógica científica y binaria. Por contra, el método de las emociones es más abierto.

 

 

La conciencia de que existe esta dualidad en la forma de trabajar de nuestro cerebro se remonta a los antigüos griegos pero uno de los primero en estudiarlo sistemáticamente fue Freud. Freud se percató de que existía algo así como un inconsciente que actuaba y sentía con independencia de nuestros buenos propósito. Además, Freud se dió cuenta rápidamente de que la tecnología de la época estaba lejos de poder permitir una comprobación científica de sus teorias.

 

 

 

La ciencia es maravillosa, pero va demasiado lenta, decía Rimbaud y Freud decidió continuar con sus investigaciones. Entre las muchas cosas que se le han reprochado a Freud es esta la más persistente; que sus teorías no se podían comprobar científicamente.

 

 

 

Pero Freud era obstinado y le movia un interés genuino por sus investigaciones. Lejos de abandonar termino inventando una nueva metodología con la que acceder a la mente a través del lenguaje, la introspección y los sueños.

 

 

 

Esta metodología sigue siendo la base de todas las terapias actuales.

 

 

 

Se dice que el arte termina donde comienza el análisis. Pero sin arte no hay análisis- al menos en lo que respecta al ser humano.

 

 

 

Y medicina y psicología no son ciencias sino artes. Artes basadas en la ciencia, pues solo a través del arte es posible cohesionar lo abstracto y general del conocimiento científico con las observaciones particulares.

 

 

 

Pretender convertir las ciencias humanas en ciencias naturales, sería como intentar reducir el conocimiento a aquello que puede ser comprobado; un trastorno obsesivo compulsivo colectivo.

 

 

 

La historia de la psicología conoce esas tentativas, hacia los años 50 los conductistas intentaron reducir el ser humano a su conducta observable, medible y cuantificable: la banalidad de sus resultados les obligó a ampliar de nuevo su objeto de estuio.

 

 

 

Recientemente nuestro ministro de ciencia lo volvió a intentar.

 

 

 

Martin Buber, filósofo alemán decía que confrontados con el misterio humano algunos optaban por hacerse astronautas y dedicarse a estudiar las estrellas, más lejanas pero más simples.

 

 

 

Lo que no se imaginaba es que un día un astronauta volvería de los cielos y se dedicaría a legislar aplicando los conocimientos adquiridos en el universo a los asuntos humanos.

 

 

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El teléfono

Berlín 2018, 7:30 de la mañana.

 

Un grupo de adolescentes turcos rompen el silencio que suele reinar en el transporte público de esta ciudad mientras el resto de pasajeros dormitan renunciando (excepcionalmente) a reclamar ese silencio que tanto aprecian.

 

Una escena cotidianasi no fuese por un detalle algo espeluznante: los chicos no están hablando entre ellos. Conversan con otros adolescentes que, en algún lugar de la ciudad hacen idem de idem.

 

La tecnología ha anulado las distancias y las mentes impresionables de estos adolescentes confian en que sus arbitrarios interlocutores les ayuden a nivelar sus frágiles autoestimas haciéndoles parecer más interesantes. Y es que aunque no lo parezca estos chicos están hablando entre ellos, aunque el mensaje sea un metamensaje que dice: no os necesito.

 



 

Y como el interlocutor es intercambiable el medio poco a poco se va conviertiendo en el fin.

 



 

"...el teléfono se volvió el consuelo de la soledad en que habitaban, como también a los desesperados que querían dejar el sucio mundo les mostraba la luz donde brillaba todavía la última esperanza"

 



 

Decía Walter Benjamin y hoy hay algunos que piensan que efectivamente el teléfono ha acabado con la soledad. Que gracias a la tecnología ya no hay obstaculos para la comunicación.

 



 

Pero aunque nos empeñemos en no verlas, las barreras siguen ahí, solo que ahora no están en la distancia sino en la cercania.

 



 

Las barreras modernas aparecen en la intimidad.

 



 

Y lo cierto es que ninguno de los aparatos que hemos inventado ha conseguido reducir la soledad sino más bien al contrario; nunca en la historia de la humanidad había habido tanta gente viviendo (y muriendo) completamente sola.

 

Decía Oskar Wilde que todos nuestros intentos bienintencionados de remediar los males no solo son en vano sino que acaban formando parte constitucional de estos. Y aportando nuevos problemas, pues en el fondo nada cambia, solo se complica.

 



 

Y es esta complicación el mayor logro de la tecnología.

 



 

Pero nuestra tecnología es tan refinada que no solo complica la comunicación sino que consigue que lleguemos a pensar lo contrario; que la facilita, que la hace posible, que es gracias a ella que podemos comunicarnos. Con los que no están, se sobrentiende aunque...¿no es la propia tecnología la que ha llevado a que no estén?

 

Y... ¿que pasa cuando están?

 

Según John Gray el criterio con el que medimos el progreso ha dejado de ser moral pasando a ser meramente físico. Y hemos terminado creyendo que progreso, complejidad y mejora son poco menos que sinónimos.

 

 

Pero que esto no es así, que complejidad y optimización no van necesariamente unidos, nos lo muestran los autistas. Los cerebros de los niños autistas se caracterizan por una mayor complejidad en el cableado sináptico. Esto les dota de una mayor capacidad perceptiva cuyo resultado no es eficiencia sino por el contrario: abrumación y parálisis. Sobre todo en el ámbito de las relaciones humanas.

 

También en las sociedades encontramos abrumación y parálisis (en las relaciones humanas), en una directamente proporcional al grado de tecnologización. Pues la tecnología no deja de progresar y nosotros nos vemos abocados a hacer uso de ella, menos por necesidad que porque esta ahí, porque podemos.

 

El medio se ha convertido en el fin y paradojicamente, a medida que aumentan las posibilidades (y salvando excepciones) disminuye nuestra libertad.

 

 

Pues la libertad siempre ha sido, y hoy más que nunca, la libertad de decir que no.

 

No a nuestros instintos, a nuestros impulsos, a nuestros opresores.

 

 

Pero cada vez son más los estímulos a los que habría que oponerse y ya estamos cansados de rsistencia.

 

Nos hemos rendido a la tecnología depositando en ella nuestra fe y responsabilidad, y hemos acabado cuestionando la libertad humana, inaugurando así uno de los debates más absurdos de la historia de las neurociencias. El legendario, aunque ya muy detractado experimento de Libet, vino a concluir que gracias a la tecnología, que permitió hacer las mediciones oportunas, hoy sabemos que la libertad, el libre albedrio, es una ilusión de nuestro cerebro.

 

Que es el cerebro, y no nosotros, el que decide cuando movemos el dedo (variable con la que se mide la libertad en este experimento).

 

 

Hubiese habido una forma muy sencilla de demostrar lo absurdo de la premisa de Libet: negarse a mover el dedo. Decir que no. Pero como esto no se le ocurrió a ninguno de los (obedientes) participantes los científicos sacaron sus conclusiones (las conclusiones de los cientificos se basan siempre en hechos).

 

 

El hombre ya no es libre, ya no es ese animal que dice no. Ahora dice si. Si a la tecnología.

 

 

Y esta aquiescencia ha materializado una de las peores pesadillas de los conspiranoicos. La del chip en el cerebro.

 

Y no iban mal encaminados pero no advirtieron dos cosas. La primera que el chip no iba a estar en el cerebro sino en la mano y la segunda: que lo ibamos a recibir con entusiasmo.

 



 

Los smartphones son hoy por hoy un anexo de nuestro cerebro, para algunos el más importante.

 

El que si lo vio venir, ya hacia mil novecientos, fue W. Benajmin, "padecía impotente que esa voz me quitara por completo la consciencia del tiempo, del deber y de mis propósitos, anulando mi capacidad de reflexión; y, al igual que un médium sigue al punto la voz que va adueñándose de él desde afuera, me entregaba sin resistencia alguna a la primera proposición que me llegaba través del teléfono". (Infancia en Berlín hacía mil novecientos, W. Benjamin)

 

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Entrevista a Magma Comedy

 

«Todas las familias felices se parecen, cada familia infeliz lo es a su manera». Decía Tolstoi.

En la intimidad de la consulta, donde la gente se desnuda y se atreve a hablar de sentimientos 
que cree que no debería tener, he llegado a pensar que lo contrario es cierto.
Que es el dolor el que es universal y la felicidad una singularidad, personal e
intransferible y fruto de un trabajo duro y constante.
La conciencia de nuestra finitud (la muerte), la falta de sentido intrínseco de la vida,
la soledad (nuestra relación con el Otro), la condena a elegir (la libertad) unida a la posibilidad
de equivocarnos irrevocablemente (la culpa) son nuestros demonios universales.
Pero como no esta bien visto quejarse, y menos de cosas que no tienen remedio, para hablar
de estos temas tenemos que echar mano de subterfugios o, en el peor de los casos, acudir a
especialistas y ser clasificados en alguna categoría patológica que avale nuestras quejas.
Sin embargo y aunque la ciencia intente esconder el dolor detrás de diagnósticos asépticos,
como decía Kadmon, “el único tema digno, lo único que importa tras centenares de
aseveraciones, grandes revelaciones comentarios de charlatanes y discursos motivados
por el ansia de reconocimiento;

es el actual estado de la humanidad en la lucha contra el Dolor”
Hay personas que han conocido el sufrimiento a edades demasiado tempranas.
Estas personas son más susceptibles de desarrollar problemas en el futuro.
Existen ya suficientes estudios prospectivos y retrospectivos (www.acestudy.com)
que relaciona el estrés (sufrimiento), con todo tipo de diagnósticos psiquiátricos e incluso
con enfermedades físicas. No siempre se trata de abuso ni de maltrato, a menudo, los traumas
son más sutiles. Por ejemplo, el simple hecho de tener un padre o una madre depresivos
puede tener un efecto devastador en la personalidad del hijo.
Ya decía Aute que “las cicatrices no ayudan a andar”, aunque otro poeta nos advertía que,
allí donde está el dolor surge también el remedio.

Julián Martínez (psicólogo y educador social), Estefanía Torres (docente) y José Antonio Martínez, (psicólogo) son los tres ilicitanos fundadores de Magma Comedy, una iniciativa que ha desarrollado una técnica, posiblemente más efectiva y con seguridad más saludable que el Prozac en esta lucha.

 

Magma Comedy apuesta por el humor como herramienta terapéutica.

 

EL proyecto surgió hace cuatro años y medio y desde entonces se aplica en el CAMPEC (Centro acogida de Menores de Proteccion Especializada en Problemas de Conducta) de la FUNDACIÓN ANTONIO MORENO DEL GRUPO EL CASTILLO. Es un proyecto de centro aprobado por conselleria de Igualdad y políticas inclusivas. En el curso 2016/17 fue impartido por Estefanía en el aula PFCB (Programa formativo de cualificación básica) y se incluyó dentro de la programación didáctica del área de lengua del JOANOT MARTORELL DE ELCHE. Pertenece al plan curricular aprobado por la consellería de Educación .

 

 

Magma Comedy, encantada de hablar con vosotros. Nietzsche decía que la risa es el mejor antídoto contra el espiritu de la pesadez.

 

¿Como describiríais vosotros vuestro método?

MC: Se trata de una técnica cognitiva que favorece la introspección, la expresión verbal y
escrita, y la comprensión verbal y lectora, exige la síntesis de lo expresado y trabaja los
conceptos y social pues se trabaja preferiblemente en grupo, hace tomar consciencia de
los elementos clásicos de la comunicación y moldea, modela y refuerza los componentes
no verbales de la comunicación necesarios para llegar a nuestro interlocutor, sea público
o grupo de iguales.
Siempre debe ser integrada dentro del marco de un tratamiento psicológico y se ha revelado
de gran utilidad para hacer aflorar y afrontar los conflictos personales e interpersonales.
De momento beneficiados por la intervención de este proyecto, son los menores en riesgo de
exclusión social con los que trabajamos, que además pueden presentar trastornos mentales
o de la conducta.
Se plantea como un taller para aprender a escribir comedia, para luego realizar un guión que
será interpretado por cualquiera de los usuarios, no necesariamnte los mismos que lo escriben,
utilizando como base tanto temas personales como generales. Se trabajan áreas de la lengua
como la lectoescritura o la búsqueda de vocabulario y sinónimos. Los chavales aprenden a
dominar recursos literarios e interpretativos que requiere el stand Up Comedy (verbales,
no verbales y paralingüísticos). Además, fomenta la capacidad de trabajar en equipo, favorece
la atención a la diversidad y desarrolla la capacidad comunicativa.
A nivel intrapsíquico favorece y potencia la capacidad de introspección y la empatía,
así como la motivación tanto intrinseca como extínseca al dirigir la atención desde uno
mismo hacia el mundo que nos rodea y del que nos rodeamos.
Hechos los guiones, los chavales tienen la posibilidad, de actuar, hay cuatro eventos con el
centro (Navidad, semana cultural, una actuación en un geriátrico asociado y el fin de curso)
además tres eventos con Magma Comedy. Al principio había algo de reticencia, en el primer
taller, de 18 actuo uno, la última vez ya fueron 13 de 18.
El fin último del taller no es la actuación, sino aplicar la comedia a la vida cotidiana
conociendo los recursos más sencillos de escritura.
Podría considerarse como una forma de herramienta terapéutica narrativa a la que
se ha incorporado el elemento humor ¿Qué es lo que la hace efectiva?
MC: La comedia por sí sola no “cura” ningún trastorno, es la terapia con el humor
como hilo conductor la que la hace efectiva siempre dentro de un marco del tratamiento
psicopedagógico más amplio en que se da, en función de las características individuales
de los participantes.

 

 

El mayor enemigo de la risa es la emoción, decía Bergson: ¿Veis un peligro en que el humor, 
y no la terapia, acabe siendo el elemento central?
MC: En ningún caso, puesto que una parte del tratamiento no puede sustituir al tratamiento
completo.
Por otro lado, el terapeuta que coordina el tratamiento junto a quien trabaje la comedioterapia
valorarán en cada caso si la comedia está aportando algo al tratamiento o si dado el caso
se está observando poca o ninguna aportación más allá del humor y si esto es beneficioso
o no para el caso en que se de.
Si puedes reirte de tu problema, lo puedes superar….el monólogo como terapia, ¿de que manera el humor puede ayudar a superar los traumas? MC: Reírte de un conflicto personal implica necesariamente cierto grado de
desafectación emocional, esto es una oportunidad que permite a su vez una visión más
objetiva de la problemática. Este es un componente necesario, pero no suficiente para esa
superación, como hemos dicho anteriormente, es preciso un tratamiento más amplio en el que
el terapeuta puede aprovechar esas oportunidades para que el paciente adquiera una mejor
comprensión del problema. El humor ofrece esa visión menos distante emocionalmente al
problema, puede aportar más a nivel cognitivo, por ejemplo en la capacidad de síntesis o
haciendo patente que hay otras posibilidades aportando flexibilidad.
¿El tema del monólogo tiene que ser siempre autobiográfico? MC: No, pero sí ofrece la visión personal del mundo que cada uno tiene, más bien es
autoficcionado (intercala autobiografía con ficción).
¿Entendeis la terapia como proceso con principio y fin? ¿Cuando acaba la terapia? MC: En términos generales, en el tratamiento psicopedagógico sí entendemos una terapia
como un proceso con principio y buscando el final: la mejoría clínica, el alta terapéutica.
Concretando, en el caso de la comediaterapia, el fin último es ofrecer a la persona una
herramienta que pueda aplicar a la vida cotidiana para afrontarla de forma más asertiva,
como por ejemplo las técnicas de relajación en los trastornos de ansiedad. Buscamos
que la persona pueda seguir utilizándola para siempre en su día a día. No es el objetivo subir
al escernario para interpretar el monólogo, el objetivo es usarlo en la vida cotidiana.
Tratáis con chavales que han sufrido experiencias extremas ¿habeís llegado a pensar
que hay traumas que no pueden superarse?
MC: Al igual que hay fracturas que no sueldan, hay traumas que no se pueden superar,
pero podemos dotar a la persona de herramientas que mejoren su calidad de vida.
Tampoco somos de meter el dedo en la llaga si no es necesario.
Hoy en día la psiquiatria de vanguardia considera que los trastornos psiquiátricos,
con los que vosotros trabajais, están causados por una predisposición genética o
un desequilibrio bioquímico.

 

 

¿Estáis de acuerdo con esto?

MC: Creemos que estos trastornos tienen origen multifactorial. El modelo psiquiátrico es el 
denominado diátesis – estrés. Vulnerabilidad (factores genéticos) y estrés
(factores ambientales). En el que cada factor tiene un peso: A mayor peso en factores de
vulnerabilidad menor peso es necesario en los factores ambientales para que un trastorno
haga su aparición.
¿Tiene límites la terapia? ¿Hay lugares dónde no llega? MC:Tiene límites y limitaciones, los que pone el entorno y la propia terapia e interacción con
la persona y los límtes del paciente.
Hay varias muchas formas de afrontar las experiencias adversas, los traumas, hay gente que
no habla de ellos, pero también otros que aprovechan cualquier ocasión para hablar de ellos.
Una de las estrategias de la gente con traumas graves puede ser también quitarles importancia,
con cinismo o incluso humor. No se si conoceis a la youtuber “soy una pringada”.
Es un buen ejemplo mediático, es una de mis youtuber favoritas, me parece muy auténtica y
directa y bastante consciente de sus traumas. Pero en estos casos a veces me pregunto, si la
distancia que da el humor no puede contribuir a frenar el proceso terapéutico, es decir que el
propio humor fomente la
disociación entre el relato y la vivencia emocional, frenando el proceso
y manteniendo la sintomatología ¿Cómo se evita esto?
MC: Enmarcando el humor o la comediaterapia, dentro de un marco psioterapéutico más
amplio, es preciso desgranar en una terapia completa cada aspecto de esa vivencia. Siempre
hay un trabajo previo a la inclusión en el grupo de comedia donde se encuadra cada caso y
si es conveniente intervenir primero, por ejemplo, con una exposición que, al ser necesario
cierto grado de ansiedad, para su efectividad. Luego a determinado nivel de ansiedad valorar
la inclusión en el grupo. En este mismo ejemplo el uso de benciodiazepinas se debe
sincronizar si se va aplicar una técnica como la exposición.
¿Hay límites del humor (como herramienta terapéutica), por ejemplo gente con problemas o
diagnósticos con los que a priori vuestro enfoque no sea aplicable?
MC: Sí, en caso de déficits cognitivos graves, con daño cerebral sobrevenido con secuelas
graves, en general con perfiles con grave afectación de la funcion cognitiva y a nivel
comprensivo y expresivo.
¿Podeís contar algún caso que os haya sorprendido especialmente? MC: Hemos vivido como una adolescente a través de la comedia ha podido explicar de
manera cómica y entendible para sus compañeros, los síntomas del Síndrome de la Tourette,
algo que por sus manifestaciones físicas utilizaban con motivo de burla. Gracias a esto
, sus compañeros comenzaron a tratarla con más respeto porque lograron comprender qué
le pasaba y para ella fue liberador.
Otra menor, paso año y medio en terapia sin poder hablar de los abusos sexuales que había
sufrido, escribiendo para un monólogo utilizó la ironía para hacer referencia a estos hechos.
Desde ese momento, se pudo ahondar en la terapia, auque en este caso no se llegó a plasmar
en el guión y ni mucho menos se interpretó en un escenario. Por esta razón tiene que haber un
terapéuta profesional que haga una criba de lo que se puede o no se puede contar en público,
ya que este tipo de relatos, podrían no ser beneficiosas para el paciente si los contara
abiertamente siendo una adolescente. Pero sí fue el primer paso para tirar del hilo y tratarlo
en terapia individual.
O aquella adolescente de origen rumano, que utilizaba el humor para mostrar las dificultades y
diferencias que encontró cuando llegó a España. Junto con ella un chico de etnia gitana y un
chico musulmán, explican en tono humorístico el punto de vista sobre los tópicos culturales
de cada uno.
En general, se trata de hacer ver a uno mismo y a los demás que el humor hace más llevaderas
las dificultades.
¿Ha habido alguna crítica a vuestro modo de hacer terapia? Me interesaría por ejemplo que
dicen los familiares.
MC: No hemos recibido ninguna queja ni de los familiares, las entidades o la propia conselleria,
más allá de algún comentario por algún tema más “polémico” en algún texto (como en el humor
en general, va a gustos).

 

 

Homo, homini lupus decía Hobbes y Kafka afirmaba que el dolor, como la curación solo era
posible entre personas.
Me imagino que vosotros como terapeutas, pero también como modelos, sois muy importantes
en el proceso terapéutico, ¿hasta qué punto esta terapia es practicable por terapeutas que no
tengan experiencia con el humor?
MC: La comedia no está hecha para hacer terapia, más bien es un camino que se abre para
realizar una terapia, por tanto debe estar guiada por un profesional cualificado con
conocimientos sobre técnicas de escritura e interpretación de comedia.
Otro asunto es cuando una persona que conoce la comedia pasa por un episodio biográfico
complicado, una reacción adaptativa o un problema interpersonal concreto y es capaz,
por sí misma, de abordar la situación usando la comedia. En este caso sí que es posible y
nos consta de cómicos que lo han hecho y con buen resultado.
Ahora cuando hay un trastorno, sindrome o enfermedad, o bien, un déficit estructural de cierta
severidad no es ni conveniente intentarlo.
Nosotros utilizamos una forma muy concreta de humor, de comedia, el llamado
STAND UP COMEDY, que tiene su propia poética y retórica que comparte en cierto grado con
otras manifestaciones del humor pero cuyo conjunto la hace única.
El humor en terapia ha sido usado desde los albores de la psicoterapia; quizás el más conocido
sea S. Freud y su libro -el chiste y su relación con el inconsciente- pero también Ellis o Beck
lo utilizan a lo largo del proceso terapéutico.
Pero el stand up comedy tiene una especial comicidad que lo hace diferente por motivos que
exceden a esta entrevista porque nos llevaría mucho explicarlo ya que incluye aspectos
neurológicos, cognitivos y de activación del SNC y autónomo.
¿Habeís pensado en formar a terapeutas en humor? (yo creo que es muy necesario) MC: Sí, formarlos en comedia, es algo en lo que estamos trabajando. Dicen que comedia es la tragedia más tiempo, ¿Qué relación veís entre trauma y humor? MC: Son dos variables que en principio no tienen que correlacionar. Por vuestra experiencia, ¿creeis que los humoristas son personas felices? MC: No necesariamente, al igual que un psicólogo no tiene que ser feliz necesariamente y
dependiendo de a qué llamemos felicidad.
Creo que fue Picaso el que dijo que el arte, en este caso el humor, no sirve para decorar
paredes sino para defenderse contra el enemigo ¿Es impensable la comedia sin la tragedia?
MC: Te tiene que ir mal de alguna manera para que la gente se ría, pero no tanto como para
producir pena, tiene que haber un equilibrio entre ambas.
El payaso/cómico es una figura ambivalente, que a menudo en pintura y literatura se ha
mostrado como un personaje triste, ¿qué pensaís de esto?
MC: Una persona pesimista puede producir un humor de calidad. No es necesario ser optimista
para tener producir buen humor, aunque tampoco es necesario ser pesimista.
¿Ayuda el humor a ser feliz? MC: El humor te puede ayudar a estar alegre y por tanto a tener una sensación subjetiva de
felicidad.
¿Podeís contar algo sobre la teoría del humor que enseñais en el taller?
(aunque sea anecdótico) ¿Existen distintos tipos de humor, hay humores más efectivos o
humor contraproducente?
MC: Estamos en la línea de la tradición alemana de Schopenhauer y del tratado de la
risa de Bergson. Hay tipos o clasificaciones sobre el humor, pero básicamente si alguien
se ríe es humor.
El uso del humor es lo que puede ser contraproducente, por ejemplo utilizarlo para ridiculizar
o humillar a otra persona o colectivo.

 

 

Se ha comprobado que las personas que trabajan con gente traumatizada corren grandes
riesgos de traumatizarse ¿es el humor para vosotros como terapeutas una forma de soportar
la realidad?
MC: Sí, el humor es una entre otras formas u estrategias que existen para soportar la realidad. ¿Por qué os hicisteis monologistas? MC: El porqué nos hicimos monologuistas no tiene que ver con que lo sigamos siendo,
en principio fue algo curioso, una elección, pero actualmente no es una elección, es una
condición, quizás una necesidad. Ahora mismo no podríamos dejar de escribir comedia.
¿Cuales son vuestros referentes humorísticos? MC: A nivel nacional, Faemino y Cansado, Gila, Tip y Coll, Ignatius Farray, Patricia Sornosa
entre muchos otros.
Internacionales, los Hermanos Marx, Doug Stanhope, Andy Kaufman, Ellen DeGeneres ¿Algún libro o película que recomendeis? MC: La biblia del humor Judy Carter. - El arte de los monólogos cómicos de Gabriel Córdoba - Manual del cómico novato de Miguel Lago - Una noche en la ópera de los Hermanos Marx - Annie Hall de Woody Allen - La vida de Bryan de Monty Phyton - La Hora Chanante - Series como Seinfield, Los Simpson y Padre de familia Las últimas recomendaciones que hemos recibido son la serie La maravillosa Señora Maisel
y el monólogo Nanette de Hannah Gadsby.
¿Teneís pensado escribir alguno? MC: Sí, sobre la experiencia e incluso vamos detrás del documental. Pues los esperaremos con ansia. Me encanta vuestro trabajo, hacía tiempo
que no topaba con un enfoque tan interesante, os deseo mucha suerte y muchísimas
gracias por vuestro tiempo.

 


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El día mundial de la salud mental

El 10 de octubre se celebra desde hace algunos años el día mundial de la salud mental.

 

Según la OMS la salud mental es "un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad."

 

Este año el foco son "los jovenes y la salud mental en un mundo en transformación". En la práctica pasamos rápidamente de hablar de salud a centrarnos en la enfermedad.

 

Hemos creido a todos esos expertos que nos dicen que existe algo así como la "enfermedad mental" (según el DSM-5, el manual diagnóstico de psiquiatras y psicoterapeutas, hay 374 formas de estar enfermo mentalmente y la tendencia es inflacionaria) y que el fin último es detectarla y erradicarla, como se hace con un cancer o un constipado.

 

Y es que los datos son alarmantes; según un informe de la OMS la mitad de los casos de enfermedad mental comienzan antes de los 14 años y el suicidio es la segunda causa de muerte en jovenes de entre 15 y 29 años.

 

Las soluciones propuestas son harto conocidas; aumentar la resiliencia, concienciar a la sociedad, dar a conocer los síntomas, invertir en personal especializado. Pero a la hora de la verdad, cuando nos encontramos con el enfermo cara a cara, resulta que no sabemos hacer otra cosa que anestesiarlo (o activarlo) y trasmitirles herramientas terapéuticas que fomentarán la convicción de que el problema está en ellos.

 

Podríamos empezar revisando el concepto de enfermedad mental.

 

Y es que lo que mucha gente no sabe es que las enfermedades mentales no se descubren sino que se deciden democraticamente, es un consejo de expertos, algunos de los cuales con relaciones dudosas con empresas farmacéuticas, los que deciden que trastorno se aceptará en el manual y cual quedará fuera. Ni siquiera la genética, en la que se apoyan, los respalda, un metaanalisis (revisión de articulos científicos) publicado recientemente en la revista Science no conseguía encontrar tantos genes enfermos para todas esas variantes de locura.

Quizás deberiamos cambiar de estrategia y comenzar a hacernos algunas preguntas básicas.

 

Porqué se suicidan los jovenes. Porqué son infelices. Porqué no consiguen adaptarse a la sociedad.

 

Podríamos hacernos estas preguntas, pero nos da miedo que la respuesta no nos guste. Nos da miedo descubrir que todo es un gran malentendido. Que los locos son los sanos. Y los sanos esos locos demasiado sensibles como para no percibir que el mundo esta invertido, que algo grave falla en la familia, en la sociedad, en el mundo.

 

Esos locos demasiado sensibles que perciben los contrastes entre los valores que pretendemos inculcarles y lo que realmente hacemos.

 

Que no solo lo perciben, sino que además no son capaces de reprimirlo y acaban estallando en gritos, paroxismos y delirios, o callándose -pero en un silencio que nos resulta incómodo.

 

O inventando un lenguaje propio (el común ya no les sirve para expresarse).

 

Un lenguaje cuya única función es la de gritarle al mundo que esta dejando de ser un lugar habitable.

 

Puede que los locos sean esos cuerdos adaptados, esos que bailan para celebrar la salud.

 

Esa salud mental que ha quedado reducida hace tiempo al último párrafo; "trabajar de forma productiva y fructífera y ser capaces de hacer una contribución a la comunidad."

 

No, no es la salud mental, sino "la locura, decía ya Unamuno, la verdadera locura la que nos está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste de sentido común que nos tiene a cada uno ahogado el propio"


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El extraño

El ser humano es ese animal que no se acepta.

 

Nuestra capacidad de autocuestionarnos, unido a la ausencia de una guía clara de comportamiento que compense nuestra independencia relativa de los instintos, contribuyen a esta insatisfacción constante.

 

Y creyéndonos en posición de elegir preferimos elevarnos sobre el resto de animales e identificarnos con esa cualidad que nos hace especiales: la razón.

 

Hemos llegado a creer que gracias a ese Don vivimos una ucronia perfecta, es decir una vida que mejora constante, indefinida e ilimitadamente.

 

 

Creyentes en el progreso como Steven Pinker, quieren convencernos de que cada vez somos mejores personas y movimientos tecno-filosóficos como el transhumanismo nos prometen la vida eterna.

 

 

Pues a pesar de la razón seguimos necesitando mitos pues en el fondo nuestros problemas existenciales siguen intactos y como decía Joseph Cambell, „mitos y ritos tienen la función de proporcionar los símbolos, que permiten al hombre avanzar y servir de contrapunto a las fantasias que quieren encadenarlo al pasado.“

 

 

 

El progreso y la fe en la razón son nuestros mitos contemporaneos.

 

Pero si la razón ha triunfado, ¿que ha pasado con nuestra animalidad?

Jung llamaba sombra a esa parte de nuestra personalidad que rechazamos y reprimimos.

 

La sombra es esa parte de nuestro Ser que no debe ser.

 

Al igual que todo objeto puesto al sol proyecta una sombra, todo ser humano, y toda sociedad, arrastra una sombra psíquica- con la que no quiere identificarse.

 

La sociedad, representada por nuestros padres, familias y maestros, no nos permite vivirla. Nuestra sombra particular depende de lo censoras que hayan sido las instancias directas con las que hemos tenido que lidiar pero todos tenemos además una sombra cultural.

 

Y como no podemos deshacernos definitivamente del Dionisio que llevamos dentro, necesitamos hacer algo con él, descargarlo en algún lugar. 

 

Esta ha sido siempre la función del chivo expiatorio; servir de pantalla para que proyectemos allí lo que no nos guste.

 

Proyectando mantenemos la ilusión de que la sombra no es nuestra, de que el mal está ahí afuera.

 

En el Otro.

 

El Otro al que acabamos dando forma, humana, y en esto no vamos mal encaminados.

 

 

 

Monstruos, zombis, extraterrestres, vampiros, pero también seres reales como el loco, el apestado, el „moro“ o el judio son tristes ejemplos históricos de chivos expiatorios.

 

 

Y hoy es el emigrante y todavía más el refugiado, ese excedente del capitalismo, el que tiene todas las papeletas para convertirse en el próximo blanco: es desconocido, débil y parece proliferar peligrosamente.

 

Desde hace algunos años organizo regularmente un taller de emigración en el que me encuentro con gente de diferentes paises hispanohablantes para hablar de su experiencia como emigrantes en Berlín.

 

En uno de ellos les pedí que describiesen al típico alemán:

 

 

 

Organizados, cívicos, con mucho sentido de la justicia, reflexivos, serios, cuadriculados, burocráticos, poco flexibles, poco espontáneos (española, 41, 15 años en Alemania, la mayor parte de ellos en Berlín)

 

Otra descripción, esta menos neutral: „racistas, arrogantes, intolerantes, inflexibles, egocéntricos“ español, 39 años, 13 en Berlín

 

 

Estas descripciones pueden ayudarnos a tomar conciencia de que el proceso de proyección de la sombra es bidireccional.

 

 

 

Los estereotipos son categorias abstractas que creamos, a partir de nuestra experiencia directa y pero también a partir de información que proviene de otros canales.

 

 

 

Para poder funcionar en el mundo y no perdernos en lo concreto el hombre necesita crear categorias, abstraer.

 

 

 

Ya el lenguaje es una abstracción. Y sus categorias, como la cama de Procusto, sirven para todo pero no encajan con nada.

 

 

 

Pero si no existe el alemán, tampoco existe la manzana ni el perro.

 

Si queremos analizar el fenómeno del racismo tenemos que empezar analizando los estereotipos, que son, en parte, nuestra propia sombra.

 

 

 

Sin caer en el error de confundir el, concepto con el fenómeno, el mapa con la región.

 

Por nombrar no estamos siendo xenófobos. Xenófobos nos hace nuestro comportamiento y este no suele correlacionar con la corrección política.

 

 

 

Ante la nueva ola de racismo en Alemania no deberiamos caer en el error de pensar que el problema es la libertad de expresión.

 

 

 

Las raices son mucho más profundas, viene de un pasado reprimido con culpa (a pesar de la tan conjurada Vergangenheitsverarbeitung), de unas condiciones socioeconomicas estructuradas de forma que fomentan la brecha social y no dejan a los perdedores ninguna posibilidad de ascenso, de esa rueda que gira sin cesar y de la que el mito del progreso no nos permite bajarnos.

 

 

 

En el emigrante, en el refugiado más aun, hemos encontrado el problema y la solución.

 

 

 

De los políticos no podemos esperar soluciones pues ellos se dirigen a las masas y las masas no simpatizan con sombras ni matices. Ocupados en mantenerse en el poder y limar el lenguaje, huyen de los verdaderos conflictos como de la peste. Podría incluso parecer que su verdadera misión consiste en desviar nuestra atención de lo importante.

 

 

 

Y los humanos somos en el fondo como esos niños a los que llevamos al psicólogo para que trate sus explosiones de ira incontroladas; pasamos de la represión a la guerra por no querer meternos en lios.

 

 

Y así, el destino de la humanidad parece consistir en una sucesión de víctimas y verdugos que intercambian sus papeles sucesivamente -o desempeñan siempre el mismo.

 

Y puesto que al parecer somos incapaces de estarnos quietos, si queremos hacer algo por la humanidad podemos seguir el consejo de Kierkegaard:

 

 

 

Arreglate tu, es lo mejor que puedes hacer por los demás“

 

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La muerte

"Muerte puta, muerte cruel, muerte al pedo,muerte implacable, muerte inexorable,

 

misteriosa muerte. Muerte súbita, muerte accidental, muerte en cumplimiento del deber."
O.Girondo

 

 

...O muerte aparente, Scheintod, en alemán, que es el título de la exposición actual en el museo de medicina de Berlín.

 

El miedo a la muerte es un miedo tan profundo y potente que el hombre hace cualquier cosa para evitar sentirlo.

 

Ni siquiera se atreve a mirarlo de frente.

 

La ciencia se ha ocupado poco, más bien nada, de este miedo y es que, antes que temer a la muerte preferimos temer a cualquier otra cosa.

 

Pues la muerte no es cualquier cosa, sino eso que nunca podremos entender. La muerte es lo que no conseguimos imaginar. La Alteridad, el gran Otro, ese Desconocido al que nunca podremos conocer pues, como decía Epicuro (intentando, en vano, consolarnos) "si yo estoy ella no está y si llega ella, entonces yo ya no estoy."

 

Nunca nos encontraremos con ella...pero la estaremos viendo acercarse desde que tomamos conciencia de ella. A partir de ahí ella siempre estará.

 

El valor no es una cualidad muy extendida en el ser humano, que, cuando teme prefiere mirar a otro lado.

 

Esconder la prueba -el muerto- puede haber sido el primer y necesario paso de esta negación:

 

“... La novedad sapiens que aporta al mundo no
reside, tal como se había creído, en la sociedad, la técnica, la lógica o la cultura, si no en algo que hasta el presente venía siendo considerado como epifenoménico, o ridículamente promulgado como signo de espiritualidad: la sepultura y la pintura”. (Morín)

Pero enterrado el muerto, la muerte sigue incólume, de modo que nos vemos obligados a seguir lidiando con ella. ¿Cómo?

 

Transformando nuestro miedo a la muerte en miedo a cualquier cosa, en fobias, por ejemplo, que son temores tranquilizantes, porque tienen un objeto al cual podríamos, al menos podríamos, enfrentarnos.

 

 

 

Una de las fobias más extendidas en el SXIX era el miedo a ser enterrado vivo. Este miedo obsesionaba a una parte lo suficientemente  importante de la sociedad como para que ingenieros, literatos y científicos le prestasen atención.

 

El tema fue tratado desde perspectivas tan diversas como el cuento (Blancanieves), el relato (Entierro prematuro, de Poe) o el ensayo científico.

 

Contra el miedo a ser enterrado vivo podemos hacer algo.

 

Lo primero es constatar que el muerto está bien muerto. Detectar con precisión el momento mori, es decir ese instante exacto a partir del cual no hay vuelta atrás.

 

Contrariamente a lo que podrimos pensar, esta no es una cuestión clara y objetiva. El instante en el que un ser humano pasa a ser considerado muerto -y a ser tratado como tal- ha variado a lo largo de la historia en estrecha relación con la tecnología disponible.

Y aún hoy sigue siendo un debate abierto.

Si ocurre un fallo en el proceso y me encuentro de pronto a tres metros bajo tierra, la cuestión será salir de allí cuanto antes. Para ello se crearon los ataudes interactivos, que comunicaban el más allá con el reino de los vivos.

 

 

Durante mucho tiempo fue la religión la que nos ofrecía, a cambio de nuestra alma y nuestro bolsillo, un consuelo: la vida eterna...después de la muerte.

 

Ahora que nos jactamos de vivir en la época del logos, es a la ciencia a la que le toca resolver esta cuestión. Ya no nos basta con esos trucos que simulan alargar nuestra juventud, nos hemos hecho más exigentesy más escéticos, queremos la vida eterna, pero sin pasar por el incomodo trance de morir.

 

La tierra prometida es ahora Syllicon Valley y 2045 el año en que el ser humano, transformado en software, habrá conseguido vencer a la muerte.

 

Pero ya lo decía Wittgenstein y esto sigue vigente, un día quizás resolvamos todos los problemas científicos, pero entonces nos daremos cuenta de que nuestras preocupaciones existenciales siguen intactas. Son las de siempre.

 

Ese día mos daremos cuenta de que no existe relación entre felicidad y técnologia.

 

Inmortales, pero cada vez más infelices, siempre nos quedará el suicidio.Pues como decía Kierkegaard, cuando la muerte es el mayor peligro, conjuramos la vida, pero cuando la misma vida es un horror mayor que la muerte, entonces es la muerte la que se convierte en nuestra única esperanza.

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Perversiones filosóficas

Kant, posiblemente el menos voluptuoso de los filósofos, definía el sexo como "el uso mutuo que las personas hacen de los órganos sexuales del otro".

 



 

Huelga decir que el pensador no estaba de acuerdo con ese "uso mutuo" ya que, como dictaba su imperativo debíamos

 



 

«Obrar de tal modo que usasemos al otro siempre como fin y nunca como medio»

 



 

Esta máxima que nos advertía, mucho antes de que el feminismo entrase en escena, de los peligros de la cosificación de las personas (también de los hombres), tenía al menos un problema: entraba en directa contradicción con su propia definición de sexualidad.

 



 

Todos los imperativos de Kant (el filósofo que se jactaba de poder ignorar el erotismo concentrándose en la belleza y que denigraba la masturbación como una forma de autoprofanación lujuriosa, más indigna aún que el suicidio, ya que este al menos requería valor) se desmoronan cuando aparece la sexualidad.

 



 

"Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal"

 



 

Pobre del masoquista que pretendiese resolver la paradoja en la que Kant le había metido con métodos lógicos. Convirtiendo su modo de obtener placer en ley universal acabaría definitivamente con su goce.

 



 

Kant no fue capaz de resolver estas contradicciones, y consecuente como era, no le quedó otro remedio que mantenerse célibe el resto de su vida. (Aunque las malas lenguas dicen que el filósofo formuló sus imperativos precisamente para no tener que enfrentarse a la vida. )

 

 

 


 

Y es que el hombre siempre ha usado el intelecto para esconder sus verdaderas motivaciones. A través de la razón puedo (intentar) justificar todas mis insuficiencias. Y son ellas, mis insficiencias y mis carencias, el origen de toda filosofía.

 


 

Y por eso los grandes perversos de la historia son los filósofos .

 


 

Tomemos si no a Kierkegaard que lleno libros y libros, de razones, a menudo oscuras e incomprensibles, solo para no tener que confesarse a si mismo, sin ambages ni intermediarios, que lo que le pasaba es que tenía miedo a la intimidad con su amada Regina.

 


 

Su "Diario de un seductor" es uno de los libros más perversos y deliciosamente absurdos que se han escrito.

 


 

Con su salto a la fe pretendió dotar de sentido a su gran fracaso amoroso. Kierkegaard murió joven y solo, como vivió.

 


 

Visto lo visto deberíamos evitar por todos los medios repetir el error de estos castos filósofos.

 


 

No permitamos que ciertas (pseudo-)filosofías de moda se inmiscuyan en nuestra intimidad. Al pensamiento nada se le ha perdido en la cama. Hay que vetarle la entrada. En el sexo, la irracionalidad domina, y así debe de ser.

 

Si nos descuidasemos, y dejasemos paso, en un momento inoportuno, a ciertos dilemas, podría suceder lo que se planteaba el gran Marc Giró:

 


 

que en plena lujuria sexual, cuando, atadas a la cama, estamos siendo felizmente cosificadas por nuestras parejas, nos preguntemos si la escena que está teniendo lugar es feminista.

 


 

Bajón asegurado.

 


 

Así que en el amor y en el sexo evitemos ser categóricos, lógicos y racionales y si es necesario echemos mano de la excepción.


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Los celos

Ejemplo 1

He pasado los últimos meses en el gimnasio machacándome para el verano. Quiero impresionar a mi pareja, con la que llevo pocos meses saliendo, y de la que estoy totalmente enamorada.

Estoy radiante.

Y de pronto el idilio se convierte en pesadilla.

El primer día en la playa un par de suecas esculturales acaparan toda la atención de mi novio.

 

Ejemplo 2

Mi hijo de dos años es el rey de la casa.

Le he estado preparando para la llegada del hermanito. Parecía alegrarse. El hermanito nace y mi hijo viene a verme al hospital. En cuanto ve al bebe pegado a mi pecho le lanza una mirada aniquiladora que nunca había visto en él. En los días siguientes, su odio no hace más que ir en aumento.

 

 

Los celos.

 

 

El diccionario los define como "el sentimiento que experimenta alguien cuando sospecha que la persona amada siente amor, cariño o atracción por otra o cuando siente que otra persona prefiere a una tercera en lugar de a ella."

 

¿Qué tipo de sentimientos son los celos?

 

El neurocientífico Antonio Damasio distingue entre emociones y sentimientos.

 

Según él, las emociones serían reacciones básicas del organismo al medio ambiente, una especie de guia básica del comportamiento.

 

Entre las emociones básicas encontramos la alegria, la tristeza, la ira, la sorpresa, el miedo y el asco.

 

Simplificando aún más podríamos reducirlas a dos: el deseo (acercamiento) y el miedo (alejamiento).

 

El primero nos induce a acercarnos al objeto deseado, el segundo nos avisa del potencial peligro (real o subjetivo) que de él emana.

 

La etimologia de emoción implica movimiento, porque son ellas, las emociones, el motor de nuestra vida.

 

Las emociones aparecen en nuestras vidas antes de que seamos capaces de gestionarlas. Y no son exclusivas del ser humano, podemos observarlas en otros animales.

 

Las emociones son extremadamente susceptibles de ser condicionadas, de modo que algo que en principio no es peligroso ni aversivo, puede acabar tomando esa connotación para nosotros.

 

Y por otra parte estarían los sentimientos que son las interpretaciones mentales de las emociones. Y como las emociones no son entidades dicotómicas, sino siempre ambivalentes y mezcladas, los sentimientos son siempre complejos, a menudo confusos.

 

El repertorio de sentimientos que una persona es capaz de sentir y de identificar esta influido por la cultura a la que pertenece y por su propia biografía. Saber hacer una buena lectura de nuestras emociones es algo que tenemos que aprender a lo largo de nuestra vida, en el mejor caso de nuestros padres, en el peor solos o con ayuda de un profesional.

 

Una parte de la terapia psicológica se centra en ayudarnos a entender y contextualizar nuestros sentimientos.

 

Los celos son un sentimiento complejo que aparecen cuando vemos amenazada nuestra posición con respecto a la persona amada.

 

Fenomenologicamente son una mezcla de miedo, amenaza, tristeza, desazón, indefensión, rabia y odio (hacia la persona provocadora).

 

Los celos están estrechamente relacionados con la envidia, pero se diferencian de ella en que esta última no tiene porqué implicar a un tercero.

 

Tanto los celos como la envidia son sentimientos destructivos (sobre todo para el que los siente) pues influyen negativamente en la autoestima, nuestra posición subjetiva respecto al mundo, y desvían nuestra atención de nuestras cualidades a las del objeto odiado, del que llegamos a querer deshacernos para "curarnos".

 

Tanto los celos como la envidia pueden convertirse en obsesiones.

Ambos están provocados por esa necesidad tan humana de compararse constantemente con el otro y sacar conclusiones, casi nunca favorables.

 

Por supuesto que los celos también han sido analizados en laboratorio científicos, con resultados algo tautologicos; activan regiones (el cortex cingulado p.e.) relacionadas con las emociones.

 

Parece ser que producen también un aumento de la testosterona (violencia) y del cortisol, la hormona del estrés. Nuestro cuerpo se prepara para una lucha, que, de no tener lugar (y de tener lugar también), puede tener efectos nocivos para nuestro cuerpo.

 

Otro problema añadido de los celos, y que lo complica todo es el caracter de sospecha, que casi siempre los acompaña.

 

La falta de certeza impide la lucha y fomenta la obsesión con lo cual al único que acaban dañando es al celoso.

 

 

Los mejores análisis de los celos son literarios.

 

El Ulises, de Joyce, describe un único día en la vida de un hombre que sabe con exactitud que su mujer le va a engañar con una persona determinada en un lugar y a una hora concreta.

 

Otro gran celoso era Marcel Proust, que en su busca del tiempo perdido, sufre una vida entera a causa de este sentimiento.

 

Y es que los celos son, como la mayoría de los sentimientos, egocéntricos y pueden seguir atormentándonos aun cuando la persona que los provocó haya pasado a sernos indiferente.

 

«Muchas veces Swann volvía de sus visitas poco antes de la hora de cenar. En ese momento de las seis de la tarde, que antaño era para él tan angustioso ya no se preguntaba qué es lo que estaría haciendo Odette, y le preocupaba muy poco que tuviera visitas o que hubiese salido […] pero el recuerdo no le era grato, y prefería deshacerse de él con una contorción de la comisura de los labios, complementada con un meneíto de la cabeza, que significaba: “¿y a mi qué?”. […] desde hacía tiempo ya no le preocupaba nada que Odette lo hubiese engañado y lo siguiera engañando. Y sin embargo, durante unos años aún anduvo buscando a criados antiguos de Odette: hasta tal punto que persistió en él la dolorosa curiosidad de saber si aquel día, ya tan remoto, y a las seis de la tarde, estaba Odette durmiendo con Forcheville. Luego, la curiosidad desapareció, sin que por eso cesaran las investigaciones».

"En busca del tiempo perdido"

 

No hay ninguna manera de deshacerse de los celos, estos acabarán pasando solos o martirizandonos de por vida.

 


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El futbol como voluntad y representación

Schopenhauer fué uno de los primeros pensadores "logopáticos".

 

Los pensadores logopáticos abren una brecha en la filosofía, que hasta el momento se había centrado en la lógica y la razón, cualidades genuinamente humanas, para explicar la vida. Dejaban a un lado, estratégicamente, las emociones, ya fuese obviando su existencia o intentando controlarlas con medidas, en ocasiones muy extremas. Platón, por ejemplo, desterró de su cosmogonia a los poetas, por no poder verlos venir.

 

Y es que, como el pintor americano Charles Heany apuntaba, "en el pensamiento de Platón el pánico a lo animal, a lo material y lo instintivo lo invade todo".

 

Y no solo en el de Platón; este temor parece más bien una constante.

 

Veamos si no a Descartes, el racionalista, que rozó la locura abstrayéndose hasta la despersonalización y murió -que simbólico- de frio en Suecia. Y en Suecia, donde el estado (representando a la razón) ha conseguido regular las relaciones sociales, la gente también se muere. De soledad.

 

Incluso en el arte, surge en un periodo de incertidumbre una corriente que pretende despojarlo de lo individual y subjetivo -lo vivo- a costa de abstracciones universales. El pretexto: crear una armonia, preludio del advenimiento de un "nuevo hombre".

 

Y es que la cultura en sí, ya lo decía Freud, no tiene otra función que proteger al hombre de la naturaleza.... y de sí mismo.

 

Homo, homini lupus, dijo alguién.

 

Pero no se puede ni se podrá (ni se debería intentar con demasiado empeño) controlar la vida.

 

No se pueden eliminar las pasiones y Schopenhauer y Nietzsche y el resto de los logopáticos lo tuvieron siempre claro. Nos enseñaron que de hecho, en la vida, lo único que vale la pena, son ellas.

 

Pero el ser humano teme a la vitalidad, pues es informe y ambivalente y puede hacernos sufrir hasta límites inconmensurables. Pero sin ella, la vida se parecería a la jornada laboral de un funcionario.

 

 

El fútbol nos apasiona tanto por todo esto. Porque es vida y pasión.

Allí podemos esperar que ocurran cosas, que quizás en nuestras vidas nunca ocurran, podemos volver a sentirnos vivos, después de meses de estar muertos.

 

En el fútbol está la vida concentrada y además la podemos ver, cómodamente desde el sillón de nuestras casas...

 

El fútbol nos lo ofrece todo, tragedias individuales y colectivas, emociones, filosofía ... en el campo podemos comprobar empiricamente aquello que siempre nos han dicho, aunque sin mucha convicción, que el hombre es un ser social y funciona mejor si coopera (aunque solo lo hará si lo necesita).

 

El fútbol es vida exacerbada, concentrada, reconocible y vivible.

 

Y por eso, si no existiese, habría que inventarlo.

 


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XXismo

"La violencia no tiene raza, no tiene religión, no tiene nacionalidad: pero tiene género" (R. Solnit)

 

Sexismo, (hetero-)patriarcado, machismo, misognia, empoderamiento, igualdad, puestos de poder....son las palabras de moda.

 

Decía Schopenhauer que la vida es ambivalente, pero esta máxima no se aplica al feminismo actual, donde parece que solo existe una postura posible. 

 

La vida es siempre ambivalente, pero nosotros no lo aceptamos.

 

Negamos siempre esa parte de la realidad que no encaja en nuestro discurso, que lo hace complejo y nos obliga a reflexionar.

 

Y es que el ser humano siempre intenta reducir la complejidad y lo hace ignorando la ambivalencia y precisamente eso es lo que caracteriza a todos los -ismos, también al feminismo.

Hay una palabra, muy relacionada con el discurso actual, pero de la que no se oye hablar: misandria.

 

Misandria es el odio o aversión hacia los varones, la tendencia ideológica o psicológica a despreciar al varón como sexo y con ello todo lo considerado como masculino. La misandria puede manifestarse de diferentes maneras, que incluyen denigración, discriminación, violencia contra el varón y cosificación sexual del varón.

 

Para el feminismo actual este fenómeno no existe o se considera una excepción a la regla.

 

Y es que prestarle atención podría significar eclipsar lo que se quiere resaltar, que es exactamente lo contrario.

 

Negamos la mitad de la realidad que cuestiona nuestro discurso y a nadie parece preocuparle el efecto  que pueda tener en los niños (varones) crecer escuchando constantemente los defectos de su género y su potencial peligrosidad.

La periodista Rebekka Reinhard, se pregunta si no podría ser que el Patriarcado no fuese tan beneficioso para el enemigo del feminismo "el hombre-blanco-heterosexual"- como suele creerse y que existieran víctimas también entre los hombres.

 

La misandria, por ejemplo, podría ser una consecuencia del mismo patriarcado.

 

Pero esa no es la cuestión.

 

Hoy estamos hablando de otra cosa.

 

Hemos idealizado a la mujer y no queremos cuestionar sus cualidades.

 

Aunque en el fondo todos sospechemos que la afirmación de que las mujeres son el mejor sexo, el más respetuoso y el menos violento, es falsa.

 

Basta abrir un poco los ojos para ver: las mujeres son al menos igual de consumistas que los hombres (con lo cual están contribuyendo al capitalismo de igual modo), maltratan y abusan y por poner un ejemplo histórico, hubo más mujeres que hombres entre los votantes de Hitler y ellas también torturaron en los campos de concentración.

 

Y el patriarcado no fue solo obra del hombre. Las mujeres también contribuyeron a él.

 

No fuimos solo víctimas.

Puede que el problema del ser humano no sean ni el machismo, ni el feminismo, ni siquiera el capitalismo, sino el mismo -ismo.

 

Nuestra necesidad de escindirnos y pensarnos siempre en el lado de los buenos, de encontrar siempre un Otro al que echarle la culpa de lo malo.

 

La escisión del bien y el mal es un fenómeno muy antiguo. Nuestra naturaleza dual nos empuja constantemente al activismo en pos de un mundo mejor, que es "el que yo pienso que es mejor".

 

También el feminismo sigue este patrón. 

 

Pero la historia nos ha enseñado que la parte oculta(da) siempre acaba emergiendo.

 

Y nos acaba mostrando, a nuestro pesar, la otra cara de la moneda.

 


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TOC

La conducta obsesiva compulsiva es la tendencia a la ocupación obsesiva con algún pensamiento seguida por una necesidad imperiosa de realizar/evitar alguna acción.

 

Este patrón afecta tanto a individuos como a comunidades enteras.

 

Cuando el TOC afecta a una comunidad, no se suele considera trastorno -regla de oro de la psiquiatría-, a no ser que el afectado sea un grupo proscrito.

 

El TOC que, casi siempre, es vivido por el afectado como algo inexplicable y sin sentido, en realidad cumple una función muy importante.

 

Evitar que indagemos demasiado en las cosas. Que pensemos en las posibles causas. Que seamos críticos y reflexivos.

 

La mayoría de religiones, pero también nuestro día a día, están repletas de conductas obsesivo-complusivas. Rituales necesarios que desempeñamos casi sin percatarnos y sin cuestionarlos y a través de los cuales evitamos tener que pensar en las cuestiones más existenciales.

 

Mientras lavamos nuestra culpa, evitamos caer en la tentación o pretendemos que nos libren del mal, no nos planteamos nada ni cuestionamos el status quo, pues tenemos la sensación de estar haciendo lo que esta en nuestras manos.

 

El TOC es la ilusión de control.

 

A traves del TOC creemos poder controlar nuestros miedos, cuando lo que hacemos en realidad es no pensar en ellos.

 

Y ese es el motivo por el cual el TOC esta condenado a la eterna repetición, a devenir ritual y a volvernos rígidos.

 

El TOC es el intento de no enfrentarme a un conflicto.

Algunos médicos dicen que el TOC es para toda la vida, que hay que aceptarlo y tratarlo con pastillas.

 

El que habla así se ha convertido en un burócrata del alma y esta aplicando los principios del TOC a la psiquiatría misma. Para eso, para no pensar, la psiquiatria a creado su propia biblia.

 

De nuestras obsesiones no nos libraremos reconociendo su falta de sentido, sino averiguándolo.

 

Pero el valor requerido para esto es comparable al que necesitaría un fiel para confrontar a su Dios con la arbitrariedad, crueldad y falta de sentido de sus acciones.

 

Muchos de los que en algún momento han hecho esto se han convertido en ateos y se han visto obligados a buscar el sentido de la vida en otro lugar. O se han visto libres para hacerlo. 

 

Estos heresiarcas, heréticos, blasfemos, sacrílegos, indisciplinados, díscolos,  irreverentes o iconoclastas a menudo lo han pagado caro.

 

Quién querría correr ese riesgo....


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Poder y perdón

Uno de los mayores mitos de la psicología popular, explotado hasta la saciedad por los libros de autoayuda, es el del perdón como solución a nuestros problemas y secreto de la felicidad.

 

La idea subyacente a esta fórmula es que nuestros tormentos no son producto del daño que en algún momento alguién nos hizo, sino del rencor que nosotros le guardamos.

 

Rencor, que en el fondo no es otra cosa que nuestra incapacidad de olvidar.

 

Esta incapacidad de olvidar, que es solo emocional (pues realmente acabo olvidando el desencadenante de modo que mi sentimiento negativo se queda dentro de mí flotando libremente sin objeto), tiene una función: evitarme el dilema que me crearía recordar la ofensa y no ser capaz de enfrentarme al ofensor.

 

Pues ese es en realidad mi problema: que tengo miedo pero no quiero confesármelo.

 

Este patrón de aceptar la ofensa puede ser tan recurrente que acabe derivando en una depresión, esa que los psiquiatras llaman endógena, acabando de un plumazo con posibles causas externas.

 

Ahora la culpa es definitivamente nuestra, representados por nuestros neurotransmisores.

 

Aunque la primera explicación - me siento mal porque alguien en algún momento me trató mal y yo no pude o no supe defenderme- parece la más sencilla y más lógica, la segunda ofrece ventajas más inmediatas.

 

Es la más cristiana, la más politicamente correcta y la que nos hace parecer a los ojos de los demás como mejores personas.

 

Además, si la culpa de mi estado la tengo yo, la solución también está en mí, que soy al fin y al cabo el motivo de mi sufrimiento.

 

Y si la filosofía positivista triunfa tanto es precisamente porque, al contrario de lo que predica, nos permite seguir actuando como siempre, es decir, evitando el conflicto, con el añadido de que transforma nuestra pasividad en virtud.

 

Y es que, a pesar de haber sido explotada por todos los sistemas de poder, esta antigüa fórmula sigue funcionando.

 

Sufrimiento a cambio de superioridad moral.

 

El perdón y la pastilla del psiquiatra tienen el mismo objetivo:  inducirnos a olvidar la ofensa y ofrecer la otra mejilla.

 

A cambio de no pensar (cuestionar). No de no sufrir.

 

A los católicos, que conocemos el ritual del perdón, (arrepentimiento, confesión, pena-expiación y finalmente absolución y comunión) esto podría chocarnos, pues aquí se nos exige perdonar sin ritual.

 

Pero desde cuando las leyes son las mismas para los poderosos que para los que carecen de poder.

 

El que carece de poder siempre ha sido imbuido a sacrificarse por el bien común, que no es otro que el de los poderosos. 

 

Y es esto es lo que predican en el fondo muchas filosofías positivas o  zen.

 

Y por eso se venden tan bien.


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La magia, la ciencia y la inocencia

En su libro Fantasmagoria, Ramón Mayrata, nos cuenta que las aventuras de Don Quijote pueden leerse como "el desarrollo de un itinerario que se inicia en la creencia y conduce a la supresión de la credulidad".

 

Es el intento desesperado de un personaje, un tanto idealista, por re-encantar un mundo que había perdido parte de su misterio (y sentido) a consecuencia del proceso progresivo de racionalización de la sociedad, que se inició en el Renacimiento y ha avanzado desde entonces en caida libre sin fricciones.

 

La supresión de la creencia conduce directamente al desencanto, desencanto que en el caso de Alonso Quijano culmina en muerte por desilusión.

 

Una de las observaciones que les producen quebraderos de cabeza a los psiquiatras es que, con demasiada frecuencia, la supresión neuroléptica del delirio en el esquizofrénico acaba con la locura pero a costa de una melancolia existencial desde la cual la vida tiene pocos alicientes. Seguramente sea este el efecto secundario del fármaco que mejor explica la insumisión de muchos locos ante la medicación.

 

Y es que la ilusión, de la cual el delirio es su expresión más desesperada, es lo que dota de sentido a una vida que en sí no lo tiene.

 

Y el ser humano es, en el fondo, un inconformista y no se da por satisfecho con la seguridad prometida a cambio de nuestra verdad más íntima. No salen las cuentas. Es por ello que de vez en cuando necesita explotar, esto el loco lo sabe bien.

 

Necesitamos ser engañados y autoengañarnos. Necesitamos la mentira y la ilusión. Y cuando más tediosa sea nuestra vida más precisaremos de ella.

 

Mayrata nos habla de dos personajes que representaron una vez esa eterna lucha entre razón e irracionalidad. Dos archienemigos: mago uno, científico el otro, pragmático el mago, idealista el científico.

 

El científico había emprendido un peligroso viaje que, aunque aparentemente opuesto al del Quijote, era en el fondo el mismo.

 

Cual fuego prometeico, el científico quiso entregarle al hombre la verdad, desengañarle. Se propuso desenmascarar al mago, por deshonesto, confiando en que el hombre estaba preparado para recibir la verdad que le permitiría pensar por su cuenta. Creyó que éste había alcanzado la mayoría de edad y la esperaba con ansia. 

 

El libro que escribió explicando los trucos del mago no tuvo muchos lectores pero, de naturaleza obstinada, no dudo en recurrir a artimañas menos sutiles.

 

Noble y triste personaje que pretendió dar al hombre unas gafas para ver y pensar por su cuenta que eran lo último que éste deseaba poseer.

 

Y es que ¿qué placer puede proporcionar el desencanto?

 

Ay...ue inocentes fuimos. Sin embargo hoy sí hemos alcanzado esa mayoría de edad. La ciencia y la razón han reemplazado, por fín!, a la irracionalidad, a la magia, a la religión.

 

Nada más lejos. Ha cambiado la forma, pero el fondo sigue siendo el mismo. Pues en nuestra sociedad secularizada la magia ES la ciencia.

 

El pragmático mago de ayer, es el científico de hoy.

 

Ese que nos deslumbra con su jerga inninteligible, sus promesas de un futuro mejor, de una vida eterna o al menos más larga, sus artilugios hipermodernos que nos permiten asomarnos a nuestras entrañas (aunque de momento no entendamos lo que vemos). Tenemos que ser pacientes (ese es su conjuro).

 

Esperar pacientemente a la proxima función.

 


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Aprendiendo a ver

Estoy aprendiendo a ver.

No se a qué se debe, pero todo penetra en mí mas hondamente

y no se queda en el lugar en el que siempre solía terminar.

Tengo un interior del que no sabía.

Ahora todo va hacia ahí.

No se que es lo que sucede.

Rilke

 

En el principio era el caos.

 

Al nacer nuestro cerebro se asemeja a una esponja preparada para absorber todo lo que sucede a su alrededor. Este caos impacta sobre el cerebro del bebé y necesita ser ordenado por sus padres.

Si nadie pusiese orden, el niño moriría de sobreestimulacion y pánico.

 

Y es que al nacer solo somos humanos en potencia.

 

Por suerte, en la mayoría de las ocasiones, hay un adulto que se ocupa de transmitirnos el filtro que, una vez interiorizado, clasificará de forma automática los estimulos relevantes de los que no lo sean.

De los no relevantes muy pronto ya no seremos conscientes.

 

Y una vez que nuestras percepciones hayan tomado forma, ya estamos preparados para pasar por el siguiente filtro: el lenguaje.

 

Este volverá a mermar nuestra realidad.

 

Si todo transcurre normalmente, estos filtros sucesivos conseguirán que nuestro mundo se parezca cada vez más al de la mayoría.

 

Nos convertiremos en individuos adaptados y felices por ver coincidir nuestras percepciones con las del resto de los humanos.

Nos sentiremos acompañados.

 

Por suerte o por desgracia (esto depende del grado) este filtro siempre tiene grietas.

 

El fotografo de Blow up (Antonioni) es un joven con un filtro funcional.

 

Despreocupado, aunque un poco sin ton ni son, se pasea por las calles de Londres, donde va topandose con gente tan absurdamente adaptada como él mismo.

 

Este sueño termina de golpe el día en que su cámara percibe ese detalle que (re-)abre la grieta en su mente.

 

Su realidad comienza a tambalearse.

 

Aprende a ver.

 

Pero, horror, de pronto se da cuenta de que está solo.

 

Y de que no hay vuelta atrás. ¿O si?

 

¿Es posible, abierta la grieta, volver al simulacro?

¿Es posible vivir al margen de éste?

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Sin amor

Película cuyo título y temática prometían sufrimiento intenso e innecesario -podría pensar alguien- y resulta ser una obra maestra imprescindible.

 

Días después, algunas imagenes implacables siguen resonando en nuestros cerebros, cual flasch backs después de sufrir un trauma.

Y es esta resonancia, precisamente, la prueba de su grandeza.

Que no podemos olvidarla.

 

El presunto protagonista apenas aparece pues este film no habla de un niño -que aquí es un pretexto- sino de una Ausencia;

 

la del Amor.

 

Mientras los padres hacen el amor, el hijo se va congelando.

 

Con esos padres, que no ven marchitarse a su hijo, preocupados como están con cuestiones más urgentes (la Imagen o el Trabajo) el autor es clemente: 

 

A pesar de todo no conseguimos odiarles.

 

En la búsqueda de responsabilidades Zvyagintsev no es reduccionista y hela ahí, de nuevo, su grandeza.

 

Se suele decir que uno no se da cuenta de que quiere a alguién hasta que lo pierde -o está apunto de perderlo- pero podría ser que fuese más sencillo.

Podría ser que de lo que no nos habíamos percatado es de que, de hecho, no amábamos. Pero que el (no) amado sí percibiese esa ausencia. Sobre todo si es un niño.

 

Si esto fuese así, al llorar la pérdida -un pretexto- en realidad estaríamos llorando por nuestra incapacidad de amar, nuestra culpa, nuestra soledad.

 

Decía Celine que hace falta una buena patada para que el ser humano se ponga a pensar. Puede ser que a veces haga falta también una buena patada para que se ponga a sentir.

 

En todo caso aquí la patada llega tarde.

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Amor punk

Parece ser que en la noche (y el día?) berlineses hay una serie de reglas no escritas que uno debe seguir si no quiere ser desenmascarado como perdedor.

 

No es nada nuevo, ser cool siempre fue un estado deseado, especialmente a ciertas edades. Ahora debes serlo toda la vida.

 

Si no quieres ser un pringao tienes que comportarte como si nada te importase, como si no esperases nada de nadie. Tienes que ser frio y distante. Independiente y autosuficiente.

 

Cuidate de no mostrar sentimientos, pues estos podrían abrumar al otro y hacerte aparecer a ti como dependiente.

 

El psicoterapeuta alemán Wolfgang Schmidtbauer analizaba hace ya décadas el miedo a la intimidad, como un sentimiento no exclusivo, pero si muy extendido en Alemania.

 

La intimidad vivida como una amenaza y el amor,  sentimiento que te empuja hacia el Otro, como perdida de control.

 

El amor como trauma.

 

Más allá de las facilidades para la fuga que proporcionan las nuevas tecnologías, puede que sea este sentimiento, el amor vivido como estado traumático, lo que explique la tendencia a escapar de los berlineses cuando empiezan a sentirse amenazados en su independencia.

 

Quizás las nuevas tendencias de relacionarse, tan en boga por estos lares, el poliamor o las relaciones abiertas, no sean más que un compromiso para este miedo tan profundo.

 

Pues cabe preguntarse cómo vamos a encontrar pareja, que paradojicamente sigue siendo el objetivo de mucha gente -la soledad sigue siendo el motivo más directo de la infelicidad y de suicidio- si invertimos todos nuestros esfuerzos en mostrar que ante todo valoramos nuestra independencia.

 

Los japonenses, cuyo miedo a la intimidad es ya maduro, han desarrollado curiosas soluciones para esta disyuntiva.

 

Si el problema es que mi cuerpo, a falta de práctica, a perdido la facultad de expresar sentimientos, puedo utilizar un necomimi; un sombrero con orejas que se mueven al ritmos de mis afectos.

 

Y si me he rendido en lo que al género humano respecta, y los bares de gatos ya no me llenan, puedo recurrir a las muñecas de silicona, no solo como objeto sexual, sino como pareja legitima -y controlable.

 

El amor es el nuevo punk y Berlín no es lo que parece.

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Psicologia positiva

En el dominical de un conocido diario español se publicó hace unas semanas un especial sobre un tema que según ellos -y seguramente aquí no se equivocan- es estos meses objetivo prioritario del 90 % de las españolas (algo menos entre hombres): la celulitis.

 

Además de las viejas y conocidas recomendaciones, que no han perdido su vigencia y siguen siendo recetadas para casi cualquier problema, beber mucho, no fumar, alimentación equilibrada etc, etc, la psicóloga nos brindaba un decálogo de consejos para quererse mas.

 

Y aunque muchos de ellos más que consejos parecían mandamientos no habría contra ellos nada que objetar...si no fuera porque el párrafo contigüo ella misma los hacía aparecer ridículos.

 

Después del último consejo del decálogo: Ámese ahora! se pasaba sin más ambajes a los apaños cosméticos y quirúrgicos (subcisiones, envolturas, ventosas..) a los que podemos recurrir, en el caso de que los mandamientos se revelen utópicos.

 

Las peores desacreditaciones vienen siempre desde dentro y no puedo más que adscribirme a la corriente de escépticos que después de leer artículos como este vean confirmadas sus sospechas de que psicólogos y psicoterapeutas no son más que una pandilla de charlatanes baratos y la terapia una perdida de tiempo y dinero.

La psicología positiva malentendida recurre -o cae en ella, pues no esta claro si se trata de incompetencia o de manipulación- a la trampa lógica de pretender hacernos creer que al igual que una persona feliz tiene pensamientos positivos, a una persona infeliz le bastará pensar en positivo para serlo.

 

Esta trampa lógica explica porque un buen número de manuales de autoayuda no funcionan.

Somos infelices por motivos y razones personales e intransferibles.

 

Y nuestros pensamientos son producto de nuestro sentimientos y estos de nuestras experiencias y esta cadena no se puede cambiar tan solo a través del lenguaje.

 

Y si bien nuestro cerebro tiene una parte muy joven y dinámica (de la que nos sentimos muy orgullosos pues es la responsable de la lógica y la razón) a la que es bastante fácil engañar, existe otro pedazo de cerebro, más antigüo, experimentado y potente. Y este no traga.

 

Los cambios importantes que ocurren en nuestra vida no suelen ser el producto de un propósito aislado sino de un propósito precedido por una experiencia, o serie de experiencias, que provocan emociones suficientemente potentes como para hacernos tomar conciencia de que algo va mal.

 

Y esto es solo el principio. Después de la toma de conciencia el proceso de cambio es costoso, emocionalmente agotador y rara vez épico, requiere perseverancia y mucho valor y suele ir acompañado de cambios colaterales. Cambios que salpican a otros a quienes no hubiesemos querido salpicar.

 

En todo caso si alguien tiene previsto estirarse la piel o succionarse la grasa para sentirse mejor no necesita un decalogo que le recuerde que debería quererse y aceptarse así, sin más.


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Oda al pesimismo

Es un hecho curioso que cuando se pregunta a la gente de casi cualquier país si se consideran felices, la gran mayoría contesta positivamente. Declararse infeliz equivaldría practicamente a confesar que nuestro proyecto de vida ha fracasado. Y pocas cosas están peor vistas en nuestra sociedad que el fracaso de nuestros proyectos.

 

Por otra parte la humanidad tiene una tendencia borderline a pensar cualidades positivas -y negativas- como algo que viene en pack y que  se excluyen mutuamente.

 

Y al igual que la mayoría de la gente se considera feliz, también se enorgullecen de poder declararse optimistas.

 

Esto no solo es así porque socialmente esté bien visto ser positivo, feliz y optimista -todos queremos rodearnos de gente buen rollera y evitar a los agoreros, mal pensantes y aguafiestas. Lo que en realidad pretendemos es confundirnos a nosotros mismos.

 

Pensándonos optimistas hacemos una selección positiva del mundo, el ser humano y (sobre todo) de nuestra propia persona que por otra parte nunca llegamos a creernos. Pues nuestro cerebro registra también lo otro.

 

Y si bien es relativamente fácil engañar al Otro, con el que ya vivimos en una mentira pactada en la cual Yo no soy más que una proyección, un rol, es prácticamente imposible engañarnos a nosotros mismo.

 

Además de que supone un esfuerzo enorme y constante despojar a la vida de su lado oscuro. (Esfuerzo que el pesimista se ahorra y puede invertir en otros asuntos, por ejemplo en disfrutar de un vino con erizos o en leer el Viaje al fin de la noche -que no gusta a ningún optimista bien pensante)

 

Llegamos a creernos la felicidad y el optimismo ajeno y de pronto nos sorprendemos con la noticia de su repentino suicidio. Y es que, al contrario de lo que podría pensarse, no suelen ser los pesimistas los que se suicidan.

 

Podría ser incluso al revés; que el pesimismo fuese una protección contra el suicidio. Podríamos pensar el pesimismo como un estadio posterior a la meláncolia y la ansiedad, la base de todo sufrimiento humano. Ser pesimista requiere valor y es valor lo que falta cuando nos invade el miedo meláncolico y la ansiedad. El optimista esta lleno de esperanza y a mayor esperanza, más intenso el miedo. Y mayor la tentación de recurrir a las anestesias psiquiátricas.

 

Avalaría esta tesis el hecho de que ninguno de los grandes pesimistas, Montaigne, Schopenhauer, Cioran...-puso fin a su vida. A pesar de todo, encontraban motivos suficientementes para seguir viviendo. Entre ellos filosofar, que es aprender a morir, que es precisamente lo que no quieren aprender los caprichosos esponsores de Sillicon Valley.

 

Y si es cierto que el pesimista puede ser un personaje algo incómodo, pues en sociedad siente una compulsión constante a completar la visión parcial del mundo de la que hablan los hombres cuando se juntan, éste nunca hizó ascos al hedonismo, al vitalismo, ni a las ganas de vivir.

 

En el fondo el pesimismo no sería más que una constatación del curso cíclico de la historia y de la imposibilidad del ser humano de construir una utopia feliz, pues todas las que se han intentado han acaban fallando precisamente por el rechazo que sentimos ante nuestra naturaleza dual, que nos lleva a ignorar lo negativo y exaltar nuestras virtudes.

 

No tenemos remedio como especie, no podemos ser optimistas ni siquiera con el futuro del pesimismo, que al menos rompería la grandísima verdad lampedusiana.

 

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Sangre alterada

Abril es el más cruel de los meses, pues engendra
lilas en el campo muerto, confunde
memoria y deseo, revive
yertas raíces con lluvia de primavera.
El invierno nos dio calor, cubriendo
la tierra con nieve sin memoria, alimentando
un hilo de vida con tubérculos secos.
El verano nos sorprendió llegando al Starnbergersee
con un golpe de lluvia; nos refugiamos en los soportales,
y ya con el sol seguimos hasta el Hofgarten,
y tomamos café y estuvimos charlando una hora.
Bin gar keine Russin, stamm'aus Litauen, echt deutsch.
Y cuando éramos niños, estando en casa del archiduque,
él, que era mi primo, me llevó en trineo
y tuve mucho miedo. Dijo: Marie,
Marie, agárrate fuerte. Y hacia abajo nos lanzamos.
Uno se siente libre, allá en las montañas.
Leo, buena parte de la noche, y voy al sur en inviernor.

¿Cuáles son las raíces que arraigan, qué ramas crecen
en esta basura pétrea? Hijo del hombre,
no puedes saberlo ni adivinarlo; pues conoces solo
un montón de imágenes rotas, donde el sol bate,
y el árbol muerto no cobija, el grillo no consuela
ni hay rumor de agua en la piedra seca. Sólo
hay sombra bajo esta roca roja
(ven a cobijarte bajo la sombra de esta roca roja),
y te enseñaré algo que no es
ni la sombra tuya que te sigue por la mañana
ni tu sombra que al atardecer sale a tu encuentro;
te mostraré el miedo en un puñado de polvo.

 
Frisch weht der Wind
  der Heimat zu
  mein Irisch Kind,
  Wo weilest du?


«Fue hace un año cuando me diste jacintos por primera vez;
me llamaban la muchacha de los jacintos.»
— Pero cuando regresamos, tarde, del jardín de los jacintos,
llevando, tú, brazados de flores y el pelo húmedo, no pude
hablar, mis ojos se empañaron, no estaba
ni vivo ni muerto, y no sabía nada,
mirando el alma de la luz, el silencio.
Oed' und leer das Meer.

 

Madame Sosostris, famosa pitonisa,
tenía un fuerte resfriado, sin embargo
es conocida como la mujer más sabia de Europa,
y tiene una baraja maldita. Aquí —dijo ella—
está tu carta, el Marinero Fenicio ahogado,
(estas perlas fueron sus ojos. ¡Mira!)
aquí está la Belladonna, la Dama de las Rocas,
la dama de las peripecias.
Aquí está el hombre de los tres bastos, y aquí la Rueda,
y aquí el comerciante tuerto, y esta carta
en blanco es algo que lleva sobre la espalda
y que no puedo ver. No encuentro
al Ahorcado. Temed, la muerte por agua.
Veo multitudes caminando en torno a un anillo.
Gracias. Cuando vea a la señora Equitone,
dígale que yo misma le llevaré el horóscopo:
hay que ser prudente hoy en día.

Ciudad Irreal,
bajo la parda niebla del amanecer invernal,
una muchedumbre fluía sobre el puente de Londres ¡eran tantos!
Nunca hubiera yo creído que la muerte se llevara a tantos.
Exhalaban cortos y rápidos suspiros
y cada hombre clavaba su mirada delante de sus pies.
Cuesta arriba y después calle King William abajo
hacia donde Santa María Woolnoth cuenta las horas
con un repique sordo al final de la novena campanada.
Allí encontré un conocido y le detuve gritando: «¡Stetson!,
¡tú, que estuviste contigo en los barcos de Mylae!
¿Aquel cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,
ha empezado a brotar? ¿Florecerá este año?
¿No turba su lecho la súbita escarcha?
¡Oh, saca de allí al Perro, que es amigo de los hombres,
pues si no lo desenterrará de nuevo con sus uñas!
Tú, hypocrite lecteur! — mon semblable — mon frère!»

 

T.S. Eliot "El entierro de los muertos" (La tierra baldia)


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Miento luego existo

Una de las características que distinguen al ser humano del resto de los animales es su gran potencial para la mentira y la impostura.

 

Mediante el juego simbólico, en el que el niño hace "como si" fuera otra persona, éste ensaya los roles que le harán falta para desenvolverse en el teatro del mundo. La finalidad del juego no es aprender como es ser una enfermera o un bombero sino practicar la capacidad para asumir y desempeñar distintos roles. Para impostar.

 

Los niños que no practican el juego simbólico, en alguna de sus variantes, por ejemplo los autistas, suelen tener serios problemas en la interacción social.

 

Mentir e impostar son capacidades vitales y si no somos capaces de hacerlo estamos perdidos. El que intente sobrevivir creyendose la versión oficial del mundo y del ser humano y actuando en consecuencia tiene muchas papeletas para convertirse en un pringado.

 

Pues la versión oficial dice que el mundo y el ser humanos son como quisieramos que fuesen - y no como realmente son. Si te crees la versión oficial solo te sentirás bien si has tenido la suerte de nacer en el lado de los ganadores.

 

Y es que el mundo siempre nos presenta su lado positivo, dedicando grandes esfuerzos para ocultar su otra cara. (Y aunque pueda parecer increible solemos caer siempre en la trampa.)

 

Machacamos a preceptos morales -Humildad, Pacifismo, Sinceridad...-nocivos (por unilaterales) a nuestros niños para que más adelante estos constanten que estos más bien brillan por su ausencia.

 

Por suerte (y a veces por desgracia) muchos niños además de escuchar lo que los adultos predican, observan su comportamiento (parámetro bastante más fiable) y sacan sus propias conclusiones. Muy pronto se darán cuenta que fuera de casa (o incluso dentro) el seguimiento de estas reglas no les lleva a obtener lo deseado.

 

Y si además eres de los que no se conforman con subsistir sino que pretendes triunfar, es decir, conseguir fama, riqueza y poder (que es lo que se entiende por triunfar) entonces no te bastará con saber impostar;

 

deberás convertirte en gran experto de la impostura.

 

 

 

* Si alguién pone en duda esta hipótesis le propongo un experimento:

 

-Pregunta a algún exitoso (cuanto más exitoso mejor) y si en sus respuestas aparecen con una frecuencia mayor de lo normal palabras como esfuerzo o capacidad de trabajo la hipótesis queda corroborada. Si no es así es que te has topado con alguna de las poquísimas excepciones, lo cual también confirmaría la regla.

 


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El tiempo recobrado

"El pasado no ha muerto, ni siquiera ha pasado"

G. Flaubert

 

 

En el arte simbolista la escalera representa el camino hacia el conocimiento. Su naturaleza es dual, tan pronto nos permite ascender hacia un saber superior, divino, transcendente como descender a las profundidades del alma, a lo oculto, a lo inconsciente.

 

Allí, en lo profundo, el ser humano guarda sus recuerdos más íntimos y menos gastados, los más vírgenes y puros. Los que hemos relegado al olvido por intrascendentes.... o amenazantes. 

 

Estos recuerdos no suelen formar parte de lo que llamamos nuestra personalidad.

 

No les hemos dado el visto bueno. No solemos hablar de ellos. No los contamos con orgullo a nuestros hijos. No queremos identificarnos con ellos. No forman parte (queremos creer) de la esencia de la que estamos hechos. No son dignos de representarnos. No forman parte de esa historia que es la nuestra.

 

No los conjuramos voluntariamente.

 

Pero ellos no quieren resignarse a su suerte. No les gusta el lugar que se les ha asignado y pugnan por subir a la superficie de nuestra conciencia, obligándonos a invertir grandes esfuerzos para mantenerlos en su sitio. Para evitar que asomen. Para que no hablen ni se expresen.

 

Suelen venir de noches, aparecer en nuestros sueños, aprovechando que comparten con ellos el lenguaje onírico, ese lenguaje perturbador tan alejado de la lógica. Ese lenguaje que podemos escuchar sin tener que cambiar nuestras vidas.

 

Otras veces son rescatados por un olor, un sabor, una melodia, una frase...

 

Cuando esto ocurre, durante unos segundos, el tiempo se detiene y pierde su caracter secuencial.

 

Somos presas de una experiencia casi mística.

 

A veces tan sútil y tan breve que ni siquiera los percibimos (pues pertenecen al reino de aquello de lo que no queremos o podemos hablar).

 

Son el aura que precede a la epilepsia y a la migraña, a la cual incluso los médicos ignoran. Anuncian su llegada que, al no ser bienvenida, se vengará dolorosamente en la crisis que les precede.

 

Algunos han aprendido a domarlos. Esquivan su mensaje personal traduciéndolos a otro simbólico que los haga, si no inocuos, si soportables.

 

O al menos los mantenga alejados durante un tiempo.

 

El tiempo que necesitamos para recuperarnos hasta que, de naturaleza empecinada, vuelvan a aparecer en un eterno retorno de emergencia y sublimación.

 

La vida es espantosa....y tremendamente interesante.


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El progreso

Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que aparece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona, incansablemente, ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraiso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irresistiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo.

 

Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

 

W. Benjamin


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No apto para niños

El otro día ví "Eduardo Manostijera".

 

Para el que no la haya visto, es la historia de un niño/hombre solitario y distinto a los demás que es "rescatado" de su castillo por un alma buena e inocente y llevado a la comunidad de un pueblo.

 

Al principio es la sensación. Pues Eduardo es "particular". Tiene tijeras en lugar de manos y es capaz de hacer cosa extraordinarias con ellas. 

La gente del pueblo comienza a rifárselo, todos quieren tenerlo cerca, adornarse con sus cualidades, salir de su mediocridad a traves de él.

 

Eduardo disfruta sintiéndose útil e intenta complacer a todos, lo cual es cada vez más difícil, pues su avidez y codicia parece no tener fin.

 

Además las manos de Eduardo son un arma de doble filo.

 

Su arte es ambigüo y lo que al principio se toma por un don acaba convirtiéndose en el estigma del mal.

 

Al final Eduardo consigue encender la cólera de un pueblo, bruto e irracional, como todos los pueblos en plural.

Deshacerse de él, un reflejo demasiado obvio de sus propias bajezas, acaba convirtiéndose en una necesidad, por ser la forma más simple y rápida de eliminar lo que no quieren ver.

 

La película es un retrato perfecto de la sociedad y sus chivos expiatorios.

 

Un cuento moderno, cruel e implacable donde la maldad (banal) y el sufrimiento aparecen en toda su cruedeza.

 

Vi la pelicula con mis hijos de 6 y 8 años.

 

Sufrieron mucho viéndola pero me resistí a la tentación de apagarla. Ellos querían ver el final que esperaban que fuese feliz. Esperanza que se vió truncada pues Tim Burton es aquí implacable.

 

Después de la película mis hijos, que como todos los niños de esas edades son pequeños filósofos, se hacían muchas preguntas.

 

Ellos no creen que el mundo sea así.

 

Y esta bien que no lo crean. Creo que es una buena señal.

 

Pero esta bien que se hagan estas preguntas. Y pienso que esta bien que las respuestas queden abiertas. O sean ambigüas, como los cuentos.

 

Hemos convenido en proteger a nuestros hijos de la ambivalencia y del mal. Criticamos y reinterpretamos cuentos antigüos porque nos parecen traumatizantes, sexistas o políticamente incorrectos. Eliminamos a los malvados de las historias o hacemos que parezcan ridículos. Los buenos son, por el contrario, simpáticos y cool y acaban venciendo.

 

Mentimos sin piedad y sin saber muy bien a quién queremos engañar, si a ellos o a nosotros mísmos.

 

Creo que fue Fromm el que dijo que educar consistía en transmitir una serie de preceptos cuyo seguimiento terminaria en catástrofe.

 

Es lo que hace Eduardo.


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Del dudoso orgullo de ser mujer...

Leo con algo de alivio el reciente manifiesto de un grupo de mujeres tránsfugas que se han atrevido a enfrentarse a la locura en la que se está convirtiendo la llamada lucha feminista occidental.

 

Huelga decir que dudo de que ninguna mujer con dos dedos de frente esté en contra de tener los mismo derechos que el hombre, del abuso sexual, de la mal llamada, violencia de género (violencia hay en los dos géneros) o del feminicidio. Utilizar estos argumentos para acusar a los que se atrevan a rechistar es demagogia.

 

La demagogía de un grupo radicalizado que pretende representar a todas las mujeres, pero por el que algunas hace tiempo que no se sienten representadas. 

 

Vergüenza ajena, más que orgullo de ser mujer, es lo que provoca leer algunos de los textos, que parece que ya nadie se atreve a criticar, con llamadas a "empoderarse", a la "venganza contra el Patrix" o afirmaciones con ninguna base, no ya científica sino lógica, como que "en tiempos anteriores al patriarcado las mujeres parían sin dolor", dolores de los cuales también se hace responsable al patriarcado y al hombre como su único representante.

 

El intento de resolver miserias individuales adscribiendonos a causas generales corre el riesgo de acabar en una lucha sin adversario. Por ejemplo en aquellos casos en los que la propia familia es más retrograda y víctima del Patrix que la sociedad en la que vive. Los hijos salen heridos y con ganas de luchar y a falta de un rival digno acaban luchando contra todo aquello susceptible de ser considerado micro-machismo. Y el abanico es amplio.

 

-Arreglate tu -decía Kierkegaard- que es lo mejor que puedes hacer por el mundo.

Empieza por tí, y cuando hayas terminado, entonces sigues.

Esto no es egoismo ni cobardía sino honestidad.

 

Si cobro menos que mi compañero -en occidente- quizás es porque no lo he negociado suficiente, porque soy extranjero o por cualquier otro motivo. Igual incluso porque él esta más preparado que yo; cosas más raras se han visto. No todo va a ser discriminación, y si lo fuese, ser mujer no es la única forma de ser discriminado. Achacarlo todo a la causa de género disfraza otros motivos, como el económico, al que le importa un pimiento el género.

 

A la vista esta; ahora el negocio es ser feminista y ahí está el capital.  Que ahora es feminista. Eso es lo que tiene el dinero, que no hace distinciones. Si hace falta se llamará dinera.

 

La cantidad de literatura que se está produciendo y vendiendo con el  único fin, y lo más triste, muchas veces el único contenido, de alabar a la mujer por el hecho de serlo y al parir como su gran logro. O no parir.

Libros que no triunfan por la fortaleza de sus argumentos ni por su calidad -de todo hay- sino porque se han puesto de moda.

 

Libros en los que se conjura un mundo matriarcal en el que se proyecta la tierra prometida.

 

Proyecciones como estás no son nuevas, seguramente se hayan hecho desde que el ser humano apareciese sobre la faz de la tierra. Y la tierra prometida no llega. Al contrario, la mayoría de las proyecciones de mundos mejores, hechos de gentes mejores, han terminado en desastre total y esto debería abrirnos los ojos.

 

Pero somos humanos e incapaces de reconocer patrones, siempre enredándonos en detalles, siempre creyendo que la nuestra es LA lucha, LA causa verdadera y justa.

 

Personalmente siempre pensé que uno podía enorgullecerse de algo que había hecho o conseguido. No me parecen motivo de orgullo compartir mensajitos en Faceboock o proclamarse feminista que es lo único que hace el grueso de las feministas -mientras por la noche se someten a dietas o van al gimnasio a cumplir con los estandares del odiado patriarcado.

 

Ser mujer es algo que viene (o no) con el nacimiento, por lo cual no hemos tenido que hacer nada y por eso mismo no es motivo ni de orgullo ni de vergüenza.

 

Y lo mismo vale para el hombre.

 

En este sentido los homosexuales tienen más derecho a reivindicarse, pues ellos al menos han tenido que dar un paso en sus vidas, hacer un acto de valentía, lo cual no puede afirmarse sin más de todas las feministas.

 

Y lo peor de todo es que, no contentas con la deconstrucción y consiguiente complicación del lenguaje, ahora han comenzado a atacar al arte, esperando que también éste se adapte a sus canones.

Y consiguiéndolo en algunos casos; operas a las que se les cambia el final, personajes literarios que se redefinen por ser demasiado machistas...

 

¿Qué esta pasando?!. 

 

El arte no se mide en categorias morales sino estéticas. El goce estético no tiene nada que ver con la moral. Uno puede ser un violador, y tener que responder ante la justicia por ello, sin que esto implique que haya que cambiarle el final a su obra. Ni quemarla. Si así fuese ya podríamos empezar la hoguera, porque con esos estándares, no se salva ni tu tía.

 

Por todo esto, e invalidando parte de lo que he dicho anteriomente, habría que aplaudir la valentía de estas mujeres que ofrecen, por fin, un contrapunto a este movimiento que está comenzando a degenerar.

 

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Sacrificio

Desde niño lo obligaban a practicar diariamente. Pronto todo giraba en torno al piano. Los ensayos ocupaban todo su tiempo. Su padre sacrificó su trabajo para poder acompañarlo a las mejores escuelas del extranjero, más tarde a los conciertos.

 

Un mal día no pudo cumplir con sus horas de ensayo. Su padre se enfadó tanto que le incitó a tirarse por la ventana. Como el se negó, le ofreció una alternativa: tomarse pastillas.

 

Finalmente llegó el éxito y hoy Lang Lang es un pianista famoso.

Su padre no es el peor de lo padres, dice, sin él no estaría donde está.

 

El padre nunca cedió y consiguió su objetivo.

 

La mayoria de chinos no lo consiguen ni lo conseguirán nunca, pero Lang, Lang es un ejemplo a seguir y además da muy buenos consejos sobre pedagogía musical -una pedagogía diametralmente opuesta a la que practicaron con él.

 

Pero Lang Lang triunfó gracias a la pedagogía negra.

 

Y sus consejos, aunque motivadores, parecen más bien consejos para disfrutar de la música.

 

Y estos consejos de Lang Lang se toman en serio solo porque triunfó y triunfó gracias a la pedagogía negra y a muchos de los que leerán su libro les interesa más el secreto del éxito que el del disfrute.

 

Pues el éxito y no el disfrute ha sido siempre lo que ha buscado la pedagogía, negra o blanca. El disfrute, cuando lo ha habido, ha sido más bien accidental, un efecto secundario, un daño colateral.

 

Además Lang Lang triunfó a costa de sacrificar su vida.

 

Pero la vida, los sentimientos, el tiempo... carecen de valor cuando lo que está en juego es la supervivencia y sobrevivir, para el ser humano, no significa solamente permanecer con vida.

El orgullo, la comparación, la competitividad, el ansia de éxito, el afan perfección o el miedo al fracaso son formas humanas de supervivencia -psicológica.

 

Y cuando se sacrifica la vida por las ideas, ideales o metas de los padres se tiende a olvidar lo sacrificado y agradecer los éxitos (si los hay).

 

Puede que un día el sacrificado tenga un hijo.

 

Y en su espontaneidad, en sus llantos, en su rebeldia volverá a sentir lo que daba por muerto. Y será tan doloroso -y tan tarde- que será difícil no sucumbir a la tentación de negarlo, de apagarlo.

Y así una generación trás otra....

 

No se pierdan la última pelicula de Lanthimos.

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El problema XXX

 

¿Por qué todos los hombres que han llegado a ser extraordinarios en la filosofía, la política, la poesía o las artes, parecen ser melancólicos?."

 Aristoteles. Problema XXX

 

 

Diderot definía la melancolia como la conciencia constante de nuestra propia insuficiencia.

Y es que la melancolia (hoy distimia o depresión), que es un rasgo de personalidad y suele estar presente desde muy temprano, no esta tan relacionada con las catástrofes que puedan ocurrirnos (las cuales no ayudan pero predisponen más bien al miedo) sino con nuestra conciencia de nosotros mismos y nuestra posición en el mundo. Lo que más tarde llamaremos autoestima. 

 

El melancólico sospecha que la respuesta a la pregunta;

 

¿Soy importante?

 

no es muy alentadora.

 

El mismo instinto de supervivencia que se traduce en un necesario egocentrismo, sumado a esa cualidad tan humana de atribuir significado a los actos y las relaciones, nos predispone a la melancolia.

 

Somos y necesitamos ser egocéntrico si queremos sobrevivir. Para sobrevivir dependemos de nuestros padres y es por ello el bebe esta más pendiente de su madre, si cabe, que esta de él. Su mirada es el primer sitio en el cual el recien nacido busca la respuesta a su pregunta básica;

 

¿van a cuidar de mi, merezco vivir, valgo la pena?

 

Es por asegurarnos nuestra supervivencia por lo que en nuestros primeros años

-y en algunos casos fatales durante toda la vida- nuestra atención gira alrededor de nuestros padres. 

 

Esto nos hace extremadamente susceptibles a sus actos pues, aunque obviamente no todas las acciones de estos estan relacionadas con nosotros, el niño no sabe pensar de otro modo, sobre todo aquel que ya tiene una sombra de duda.

 

Es por ello que la depresión de alguno de nuestros padres, incluso el significado de su ausencia,  sea motivo suficiente -y uno de los más importantes- para convertirnos en eternos melancólicos, para que pasemos toda la vida dándole vueltas a una misma pregunta, sin atrevernos a responderla....

 

¿soy importante?

 

El melancólico siente que no es importante, que es insuficiente y no merece mucho (o nada) o que incluso merece castigo.

 

Quizás es por ello que en algún momento tan solo las curas más brutales -hoy en día con el electroschock- parecen surtir efecto.

 

 

En el extremo de la melancolia esta el delirio melancólico; gente que no orina por miedo a desatar un diluvio universal o que están convencidos de su no-existencia (sindrome de Cotard).

 

La mayoría de la gente no suele percatarse de la melancolia ajena.  Puede uno sufrir los tormentos más insoportable, estar al borde del suicidio y la gente que le rodea seguir pensando que se encuentra estupendamente.

 

Esto es así en parte porque los melancólicos son buenos fingidores, como el famoso Arlequin italiano Carlin, que hacia reir a todos menos a si mismo, en parte por la indolencia del entorno.

 

Además los melancólicos están siempre ausentes. Ausentes porque viven en el pasado, idealizándolo o intentando encontrar el momento donde tomaron una decisión equivocada y todo se fastidió- o en el futuro, como el eterno jugador, que sueña con la noche mágica que cambiará su vida, pasado incluido.

 

El melancólico es antisocial. Evita a la gente -o quisiera evitarla- se refugia en la noche y gusta de estar solo, en parte porque desconfia crónicamente del género humano, en parte para poder entregarse a sus pérfidas meditaciones en una especie de regocijo morboso.

 

El melancólico es sensible, lúcido, agudo y muy inteligente. Su inteligencia es fruto de su misma melancolia, pues como decía Celine, hace falta mucho sufrimiento para que un hombre se ponga a pensar.

 

Y es por ello que incluso malgastando su capacidad analítica y crítica en intentar responder a la pregunta sin respuesta

 

¿Soy importante?

 

o  quizás precisamente por ello, puede acabar convertido en el hombre de genio del que hablaba Aristoteles.

 

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Otro año más...

...que se va dejandonos un mal sabor de boca.

 

Aunque habrá gente, igual incluso son mayoría, que miren atrás y sean capaces de hacer una lectura positiva.

 

A nivel individual, esto es posible, aunque para unos pocos afortunados.

 

A nivel global hay que ser muy inocente, tener una gran capacidad para la represión o ser un fiel creyente para llegar a un diagnóstico positivo.

 

¿Que usted no es creyente, y a pesar de eso es optimista?

 

Quizás se equivoca, hay muchas formas de ser creyente. Y nuestra época no lo es menos que otras pues ni siquiera la ciencia esta libre de fe. Hemos cambiado los dioses, pero la fe sigue ahi, "el conocimiento humano aumenta, pero la irracionalidad se mantiene intacta" decía un lúcido.

 

Los posmodernos, milenials, generación xxy o como quiera que nos llamemos parecemos estar volviendo a la época de los griegos. Aquellos ya eran más listos y menos obstinados y no creian en la existencia de un único Dios. Hemos dejado atrás el antropocentrismo pero volvemos al politeismo. Puede que nuestros Dioses ya no tengan características humanas, pero siguen estando subordinados a nuestros deseos, sueños y miedos.

 

Quizás el más importante de nuestros Dioses, nuestro Zeus actual sea el Progreso. Todos los demás estan subordinados a él.

 

Prometeo ha vuelto en forma de transhumanista a traernos el fuego de la inmortalidad, que comenzará a arder, allá por el año 2046. Demeter, la diosa de la maternidad a aparecido con fuerza en forma de clínicas de fertilidad que prometen hijos a cualquier edad, aunque a cambio de una sustentosa ofrenda. Narciso ha subido unos cuantos eslavones en la jerarquia olímpica; este año ha conquistado la tierra.

 

En algún momento, el ser humano comenzó a pensar que se estaba convirtiendo en algo mejor que un ser humano. Allá por el año 1784, tras casi 100 años de Ilustración, una revista berlinesa la Berlinsche Monatsschrift formulaba a sus lectores la siguiente pregunta:

 

¿Qué es la Ilustración?

 

A lo cual Kant, un profesor reputado, contestaba.

 

La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor par a servirse por sí mismo.

 

La ilustración no ha llegado aun al hombre, y probablemente tampoco llegará en el 2018, seguiremos esperando.

 

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The dangerous case of Donald Trump

27 psiquiatras americanos han descubierto una amenaza para la sociedad que al resto del mundo nos había pasado desapercibida y han escrito un libro;

 

"The Dangerous Case of Donald Trump"

 

La publicación de este libro ha reavivado un viejo debate;

 

el del derecho a emitir diagnosticos a distancia.

 

Y es que ninguno de los psiquiatras implicados ha tenido contacto directo con el presidente. El diagnóstico se apoya en las intervenciones de éste que todos conocemos.

 

En el diagnóstico, eso si, coinciden;

 

Trastorno de personalidad narcisista.

 

Algunos de los síntomas son:

  • Sentido grandioso de su propia importancia
  • Se considera especial y único: sólo puede ser comprendido por, y sólo debería asociarse con, otras personas especiales o de alto estatus personal o institucional.
  • Requiere excesiva admiración
  • Sentido exagerado y no equitativo de sus propios derechos
  • En sus relaciones interpersonales es explotador
  • Muestra actitudes y comportamientos arrogantes y altivos o prepotentes

La polémica sobre si es lícito diagnosticar a alguien -que no lo ha pedido- y hacerlo público vivió un momento álgido en 1964.

 

El senador republicano Barry Goldwater competía con el democrata Lyndon B. Johnson para la presidencia de EEUU. Pocos dias antes de las elecciones, el magazin Fact publicó los resultados de una encuesta.

El titular: 1189 psiquiatras consideraban a Goldwater psicologicamente incapaz de desempeñar el cargo de presidente.

 

Goldwater perdió las elecciones y demandó al periodista (suponiendo, que es mucho suponer, que el artículo le había hecho perder). Ganó el juicio y desde entonces existe la llamada "Goldwater Rule" que es la que estos 27 psiquiatras se acaban de saltar.

 

Su argumento; Trump es un enfermo y representa por ello un peligro para la sociedad. El diagnostico será un paso previo a la destitución. Los psiquiatras tienen la responsabilidad moral de pronunciarse.

 

El trastorno narcisista esta desfasado. Hace unos años estuvo incluso a punto de desaparecer del manual diagnóstico, porque cada vez somos más los que caemos bajo esa categoria.

 

Y que sería de nosotros si estuviesemos todos enfermos. Tendriamos que dejar los cargos a los monos, aunque tambien estos parecen pecar de narcisistas.

Para que el narcisismo sea un trastorno es necesario que alguien sufra. Y en eso tambien estan de acuerdo los 27, Trump no sufre (parece disfrutar incluso!).

 

En el caos de Trump los que sufrimos somos los demás (al menos a Kim Jong-un).

 

Los expertos presentan este libro como un acto kantiano; Psiquiatras asumid vuestra responsabilidad, pronunciaos, el mundo tiene que percatarse de que hay una persona enferma gobernando el mundo. Y sin vosotros esto no es posible.

 

Gracias, psiquiatras. Por vuestro sentido de la responsabilidad.

 

Aunque pensándolo bien, la pregunta no es si Trump es narcisista, la pregunta es si es posible llegar a presidente (de una gran potencia) sin serlo. Quizás sea precisamente la "enfermedad" lo que convierte a Trumop en la persona idonea para el puesto.

 

Y si fueran ellos, los 27, los que esten mostrando

  • actitudes y comportamientos arrogantes y altivos y prepotentes 
  • un sentido exagerado y no equitativo de sus propios derechos
  • sentido grandioso de su propia importancia,

....parece como si requiriesen una admiración excesiva o se creyesen especiales y únicos..

 

 

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La insoportable fugacidad del ser

Dos planetas están conversando:

-¡Buf, me encuentro fatal! -dice el primero.

-¿Qué tienes?

-Homo Sapiens.

-Tranquilo, yo también lo tuve, pasa rápido.

 

Ayer fuí al cine a ver Blade Runner. La peli duraba casi tres horas, así que al sentarnos una amiga preguntó si alguna de nosotras tenía el app que te avisa de cuando puedes ir al baño.

Que exista algo así -un app que te dice cuando es el mejor momento para ir al baño- se lo pone difícil a una pelicula futurista, pensé con algo de fastidio.

Efectivamente; todo lo que de visionario tenía Balde Runner en los ochenta es, en el año 2017, actualidad.

 

Y esto es lo más espeluznante.

 

Los escenarios apocalípticos existen y van en aumento, los niños explotados existen (aunque no los veamos), el ser humano tiene ya varias alternativas para reproducirse a su disposición y además existen todo tipo de apps inteligentes, que piensan por nosotros y nos dicen cuándo hay que hacer qué y que saben mejor que nosotros mismos cómo estamos en cada momento.

Esos Apps para una vida sin friciones con la que sueñan poder ofrecernos los de Silicon Valley.

 

En cuanto a la devastación del mundo y con ello la no tan improbable desaparición del ser humano (y de otras especies) no parece que nos vaya a hacer falta la ayuda de ningún replicante superior o inferior.

 

En eso somos bastante insuperables.

 

Esta es la triste realidad, Blade Runner está desfasada, y yo en un momento dado tuve que ir al baño. Pero la decisión la tome yo. Algo es algo.


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La historia es poesia

1937: guerra civil en España y ascenso del partido nazi en Alemania.

 

Lo que sigue es conocido y hasta hace muy poco muchos creimos que los alemanes eran ejemplares con su Vergangenheitsverarbeitung;

 

ellos podían decir que habían aprendido del pasado.

 

80 años despues, parece ser que el único que estaba en lo cierto era Marc Twain cuando decía aquello de que la historia no se repetía pero rimaba.

 

2018: el AfD pasa a ser la tercera fuerza política del país y en Espana la nueva derecha se da cuenta que la antigua derecha lleva demasiado tiempo fingiendo ser de centro. Depronto todo esta claro, los problemas, como siempre, vienen de fuera, los traen los extranjeros, ya sean catalanes, latinos o refugiados.

 

Da que pensar que dos estrategias aparentemente tan distintas de confrontar el pasado (mantenerlo enterrado en el subconsciente geográfico de las cunetas o confrontarlo constantemente levantándole monumentos exhortatorios) acaben teniendo un resultado tan parecido.

 

 

Y es que la historia no esta escrita en prosa, como nos enseñaron, la historia es poesia.

 

La única duda que queda es si será preferible la rima de Twain,

pues ya se sabe, a veces vale más malo conocido....

 


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Los indignados

En Alemania hay elecciones.

 

Este año, además, con la expectación añadida de que ha aparecido un partido que remueve fantasmas del pasado (los más terribles).

 

La gente bien -que solemos ser los que vivimos bien- nos llevamos las manos a la cabeza. ¿Cómo es posible? ¡Alemania! ¡El país más autocrítico!, ¡el único que parecía haber aprendido de los errores del pasado!

 

El nuevo partido, AfD, es sin duda el protagonista del 24S.

 

Pero que en un momento histórico como este aparezca un partido como AfD no es raro ni nuevo (vease EEUU); es decir a AfD se le veía venir, su llegada era algo casi predecible matemáticamente y la fórmula podría ser esta:

 

Masa descontenta + chivo expiatorio visible= mente emprendedora que saca partido a la situación.

 

Quizás lo único que aprendemos de esto es algo que a nivel individual hace tiempo que sabiamos, pero a nivel general quizás no estaba tan claro: que no basta hablar del pasado para superarlo. Ni siquiera hablar constantemente.

 

Pero más interesante que éste mecanismo, archiconocido e hiperanalizado, es el fenómeno de la indignación.

 

¿Quién es el indignado?

 

El indignado es casi siempre una persona que vive lo suficientemente bien como para poder indignarse. La indignación que siente suele estar mal canalizada.

 

El indignado que hoy arremete contra el AfD y sus votantes está confundiendo síntomas con causas.

 

(Las causas habría que buscarlas en la génesis de esa masa descontenta, a la que el indignado no pertenece).

 

Además el indignado es víctima de otro error de pensamiento. El error de pensar que alguién que no vive bien como él debería ser igualmente solidario con los extranjeros en vez de, como parece lógico una vez expuesto, indignarse y hacer algo por su propia situación.

 

En este punto el indignado parece olvidar que ante todo el ser humano es egocéntrico y todos sus juicios los hace, a veces sin ser consciente, tomando como punto de partida su propia situación. También el mismo actua y piensa así, por raro que le parezca.

 

A la vez se olvida, el indignado, de que para no caer víctima de la demagogia del oportunista del momento, es condición necesaria, aunque no suficiente, haber aprendido a pensar y a discernir, y en este país en particular, cierta masa no ha tenido la oportunidad de aprender a pensar y a discernir, por haber sido excluido, desde niño, del grupo al que se considera que vale la pena enseñar a pensar y a discernir. 

 

El indignado piensa, ingenuamente, que yendo a votar puede cambiar la situación y en este punto se parece al gobernador que confía en que una nueva burbuja inmobiliaria nos sacará de una crisis provocada por la anterior.

 

Y por último al indignado le sobra indignación para indignarse con los que no se indignan como él.

 

Dicen que la energía no se crea ni se destruye, que se transfoma... lástima de energia indignada transformada en papeleta, vaya usted a saber que ocurriría con toda esa energía transformadora de no diluirse el domingo en las hurnas.

 


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Drugstore Berlín

Meskalina soy feliz

Cuando estás dentro de mí

Siempre que me besas

En la boca o en la nariz

Haces que me vuelva loco

No puedo parar de reír...

 

 

 

El ser humano siempre ha sentido fascinación por las drogas.

 

Desde tiempos inmemoriales estás sustancias se han usado con fines lúdicos y medicinales y se puede decir que los problemas que se asocian a su uso y abuso no comenzaron hasta que fuimos capaces de controlar su producción.

 

Y es que, como decía Escohotado, especialista en la materia; "del ser humano, y en modo alguno de las drogas, depende que remedien o dañen".

 

Los griegos ya sabian esto y por ello les dieron un nombre ambigüo; Pharmakon, lo que cura y envenena.

 

Pero si hay algo que el ser humano sabe hacer bien, es proyectar hacia fuera todo lo que no le place, es decir, buscar chivos expiatorios.  Y esto también lo sabían los griegos que llamaban Pharmakós al chivo expiatorio.

 

Las drogas son pues otro de los muchos chivos expiatorios de los que precisa el hombre para poder soportarse a sí mismo y los demás.

 

Y el que hoy siga pensando que las malas son las drogas y la solución su prohibición está cayendo en el error -error que por naturaleza estamos condenados a cometer eternamente- en el que cayeron los americanos cuando pensaron que, con la ley seca (La prohibición del alcohol en 1920)

 

los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las carceles y correccionales quedaran vacios. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas del infierno.

 

 

Obviamente no fue así, el paraiso tampoco esa vez vino y la ley se derrogó en 1933 por haber producido "injusticia, hipocresia, criminalización de grandes sectores sociales, corrupción abrumadora y creación del crimen organizado" Escohotado).

 

 Pues nunca fue la droga y siempre el ser humano el problemático.

 

Berlín es hoy por hoy lo que quizás fue Valencia (la ruta del bakalao) a finales de los anos setenta, principios de los ochenta; la ciudad de los clubes (antes discotecas) y las drogas de diseño.

 

¿Por qué tomamos drogas?

 

Psicosocialmente hablando puede que la ruta, sustancias incluidas, fuese la respuesta de los jovenes valencianos a un pasado reciente de guerra y dictadura. Y es que cuando acaba un trauma, al contrario de lo que se cree, suele venir un periodo de frenesí, de huida, la huida a ninguna parte, que termina cuando acaba la droga o llega el lunes.

 

Quizás aquellos jovenes fueron los chivos expiatorios de una generación obligada a olvidar horrores. Quizás se drogaban para borrar las huellas que dejó en ellos el pasado reprimido por sus padres.

 

Y Berlín, puede que en Berlín lo que los jovenes no quieran ver sea el presente o el futuro, que se les presenta bastante más problemático y complicado que a sus padres.

 

Suma sumarum se puede decir que tomamos drogas porque siendo humanos, por tanto débiles y asustadizos ¿cómo ibamos a resistir la tentación de traer el cielo a la tierra?.

 

"Dos compimidos son más eficaces que un mes de vacaciones", "forma inofensiva de curar la tristeza" son ejemplos de eslogans publicitarios de anfetaminas legales en el siglo pasdo. También las ilegales vienen con promesa de felicidad.

 

¿Motivos individuales? Infinitos.

 

Evadirse, divertirse, conocerse, socializarse, copular, matar el aburrimiento (o cosas muchísimo más terribles), motivarse, trabajar mejor y más rápido, no saber decir que no o no ver alternativa o creer al experto cuando nos dice (sin haberlo comprobado antes) que al cerebro de nuestro hijo le falta dopamina o cualquier otra sustancia, son algunos.

 

Pero sea como sea las drogas siempre seran el gran sustituto.

 

Sustituto de algo que idealmente sólo podemos darnos los seres humanos, pero que, o bien realmente nunca pudimos darnoslo en dosis suficiente o vamos perdiendo, poco a poco y a trompicones, la capacidad para hacerlo.

 

Necesitamos sustituto y como decía aquella canción valenciana, eslogan de la ruta:

 

Tú no eres como las demás
Pura ruina y nada más
En cambio, tú eres un amor
La reina de mi corazón

 

Y respecto a su nocividad y de nuevo con Escohotado:

 

al fuero interno de cada uno incumbe decidir si el remedio es adecuado a la enfermedad, peor que ella o acaso origen de la enfermedad misma.

 

Tu decides.

 

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Persona extraña con pelo raro

En un semanario berlines, un periodista escribe un artículo sobre un experimento que hizo con el fin de terminar por una vez por todas con su ambivalencia hacia el turista (berlines en este caso).

 

Se ha dado cuenta de que arrastra una serie de prejuicios (ver abajo) y no le gusta ser una persona prejuiciosa.

  • el turista (por fomentar el florecimiento de negocios como airbnb) es culpable de que los alemanes no alquilen sus casas a parados de larga duración
  • el turista interrumpe el flujo de la ciudad; obstruye la entrada del metro o se coloca a la izquierda en las escaleras mecánicas
  • el turista provoca la subida de los precios de bares y clubs
  • el turista es superficial y no se interesa realmente por la ciudad, no sabe nada de la historia de Berlin y su interés es, cuanto menos, anecdótico y volatil.

 

Con esto y su buena voluntad, el periodista se dirige a los epicentros de turismo, en busca del turista real que le saque de su error.

 

No es difícil predecir el resultado. Su encuentro con jovenes avidos de drogas y clubes, venidos con vuelos baratos y acinados en apartamentos alquilados semanalmente por módicos precios no hace sino confirmar lo que se temia: no son prejuicios, son realidades comprobables empiricamente.

 

El turista es tal y como él se temia.

 

El artículo está escrito en un tono jovial, en el fondo, quién de nosotros no es turista de vez en cuando. Con el turista todavía es posible la identificacion y si nos tomasemos las conclusiones en serio tendriamos que ser consecuentes y pasar las vacaciones en casita.

 

Imaginemos el mismo experimento con otro grupo de gente que comienza a ser  habitual en el panorama berlines, esos a los que acogimos con tanto entusiasmo, pero que empezamos a conocer ahora, los refugiados.

 

¿También en su caso se confirmarian nuestros prejuicios? y, ¿que consecuencia tendría esto?

 

En este punto la sensación es de Deja vue...parece que el ser humano es resistente al aprendizaje o como decia Mark Twain, que "la historia no se repite, pero rima".

 

Lo que el experimento deja fuera de toda duda es que al ser humano no quiere ver (más allá de su sombra) y precisa, siempre, de chivos expiatorios.

 


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Leyendas

Decía Leopoldo Panero en "El desencanto" que hay dos versiones del pasado, la leyenda épica y la verdad. El psicoanalista Lacan hacía una diferenciación aun más precisa cuando hablaba de lo real (lo que ocurrió), lo simbólico (lo verbalizable) y lo imaginario (el espacio que queda para la fantasia).

 

Y es que el pasado nos afecta no únicamente como pasado, sino también como versión del pasado que cada uno de nosotros lleva consigo, su mitología personal.

 

Que al los padres les debemos la vida y mucho más es algo lo suficientemente machacado socialmente e interiorizado por la mayoría de nosotros como para que sea necesario hablar de ello.

 

Pero toda historia tiene un negativo, y de ese negativo sí tiene sentido hablar.

 

Y esto que parece tan sencillo resulta ser practicamente imposible de llevar a la práctica, por las consecuencias que se derivan de ello. Pues al cuestionar nuestro pasado no solo cambiar nuestra versión de él sino, también la versión de los seres que a él pertenecieron; nuestros padres, por ejemplo. 

 

Y la mayoría de los hijos vivimos aferrados a una visión idealizada de ellos o cuanto menos sesgada en positivo.

 

Mientras dependemos de ellos tiene sentido que sea así pues, por mal que nos traten, de ellos dependen nuestras vida y esto es algo que todo niño sabe intuitivamente pero.. ¿y después? Podríamos ser libres para eligir nuestra versión, incluso la naturaleza parece empujarnos hacia ello!, ¿no es el sentido de la adolescencia cuestionar a los padres?.

 

Pero siempre volvemos a ella, a la leyenda épica, pues todo nos empuja hacia allí. La sociedad solo nos ofrece una versión de la paternidad, la del padre/madre amante, solicito y que se desvive por sus hijos.

Eso es un padre.

Un hijo es, sin embargo, un ser más ambigüo, con más matices.

Los hay malos, desagradecidos y que hacen sufrir a sus padres.

 

Los Panero se hicieron leyenda a partir del Desencanto. Casi sin pretenderlo la película cuestionaba algunos de los mitos sociales inamobibles, entre otros los asociados a la familia.

Pero el Desencanto -como todo- tiene muchas lecturas y cada uno de nosotros ve lo que la venda que nos cubre los ojos nos deja ver.  Y la mayoria de las vendas solo dejan ver el positivo. Tendría que agrietarse para que pudiesemos ver también el lado oscuro.

 

Casi al final de su vida, destrozado por el sufrimiento y rematado por lla psiquiatria, Leopoldo Panero fue entrevistado por Sanchez Dragó. En un acto de crueldad sin parangon este le tira una foto de su madre y le pregunta: ¿usted mato a esta mujer?

 

No cabe duda; la venda de Sanchez Drago no tiene grietas.

 

Ni la de la mayoría. He visto casos extremos, casos en los que habría que cerrar los ojos para no ver causas, casos de maltrato infantil obvio y he visto también como la sociedad cierra los ojos (o no los abre) y sigue buscando el origen de las neurosis infantiles en los genes o en un cerebro maltrecho.

 

Es inútil buscar ahí, nuestras neurosis más profundas no vienen de dentro sino de fuera- aunque no de lejos: los conflictos del padre/madre, más o menos graves y más o menos resueltos, recaeran sobre el hijo convirtiendose en sus trastornos.

 

En la familia Panero el padre es condenado unanimamente (aunque post mortem) y el único delito de la madre parece ser su interés mórbido por las encinas. No somos responsables de nuestras locuras (aunque si de resolverlas), llegaron a nosotros cuando aun no podiamos defendernos.

Pero si lo somos de nuestros hijos.

Por suerte no todos somos padres, pero todos somos hijos. Y como hijos no podemos cambiar el pasado, solo podemos cambiar el enfoque. Y asumir las consecuencias que de este cambio se deriva.

Este acto nos haría más libres. Como individuos y como sociedad. Pero no podemos hacerlo solos, necesitamos apoyo.

Y este apoyo por desgracia no suele existir y seguramente nunca existirá pues el ser humano es cobarde por naturaleza y prefiere tomar partido por la mayoría. Aun a su costa.

 

Y el lado de la mayoría es siempre el positivo de la historia.


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El día que te olvide...

Cuando reflexionamos acerca de la memoria casi de forma inconsciente partimos de la base de que recordar debería ser positivo y olvidar negativo.

 

Aunque algunas veces deseariamos olvidar y no podemos.

 

Olvidar es necesario, y no es la mejor memoria la más adaptativa sino la más adaptativa, la mejor memoria.

 

Es decir, la memoria -como el resto de las funciones- esta subordinada a la supervivencia -que no a la felicidad. Y para sobrevivir es necesario seleccionar entre el alud de información que constantemente avasalla nuestros sentidos. Algunas de estas informaciones ni siquiera pasan la primera criba y nunca se convierten en recuerdos. Otras quedan en forma de impresiones más o menos conscientes y tan solo unas pocas son seleccionadas para formar parte de nuestra memoria biográfica (los científicos la llaman episódica). Esa narrativa que da sentido a  nuestras vidas y que luego adornaremos para rellenar incómodos huecos y adaptarla a la idea que tenemos y deseamos mantener de nosotros mismos. A eso nos solemos referir cuando hablamos coloquialmente de recuerdos.

 

El filtro que nos protege del aluvión de impresiones no esta desarrollado cuando nacemos y tendrá que hacerlo, con la ayuda activa de nuestros padres, que son los que nos protegerán -o no- de esta invasión.

Ellos son los responsables de dar forma al caos que invade al recién nacido y esta protección es incluso más importante que la estimulación.

 

Precisamente de un filtro eficiente es de lo que parecen carecer los niños que sufren de los "modernos" trastornos infantiles, como el autismo o el deficit de atención.

 

En cuanto a la memoria, las personas de memoria extraordinaria, como algunos savants, suelen tener déficits en otros ámbitos y estos suelen ser tan graves que los incapacitan como seres independientes. Pudiera ser que con su "no olvidar nada" pretendiesen entender algo que se les antoja básico para su supervivencia. Y que esa misma intención fuese responsable de su trágico destino, pues el cerebro, por si solo, posee un mecanismo -contrario- más efectivo: el olvido selectivo.

Asi lo expresaba Tammet, un savant de memoria extraordinaria:

 

"de pequeño resolví que si conseguía reunir suficientes recuerdos y someterlos a un patrón estadístico, podría predecir el comportamiento de mi madre"

 

La estrategia se puede dar por fracasada pues parece ser que la capacidad de procesamiento de nuestro cerebro es enorme, pero no infinita. Y este intento lleva al inevitable colapso.

 

Por otra parte, están apareciendo los primeros estudios científicos en los que se plantea si el olvido selectivo podría ser una buena forma de deshacernos de recuerdos dolorosos. Esa persona que nos amargó la vida, aquella situación en la que nos sentimos tán humillados...si puediesemos olvidarlo...seriamos más felices -pensamos.

 

Pero el efecto Cleparade dice, que para que una información nos afecte negativamente e influya potentemente en nuestro comportamiento no es necesario que seamos conscientes de ella. Esto Freud ya lo sabia, y postulaba que lo contrario era cierto.

 

Lo inconsciente nos mueve.

 

La lúcida e inteligente pelicula de Michel Gondry "No me olvides" nos da una idea de lo que podría pasar si borrasemos selectivamente nuestros recuerdos más tormentosos.

 

Y es que...¿con que rellenariamos los espacios vacios?

 

¿Nos condenaría, su ausencia, al eterno retorno?

 


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El deseo femenino

"A diferencia del animal, el ser humano no posee un instinto que dirija su comportamiento, al contrario que en el pasado, ya no hay UNA tradición que le diga, que debe hacer, y así, actualmente, el hombre, parece no saber lo que en realidad quiere"

V. Frankl

 

Estamos desorientados.

 

Prueba de ello es la proliferación de programas con algoritmos que adivinan -se adelantan incluso- nuestros deseos. Estos apps nos dicen qué necesitamos, incluso antes de que seamos consicientes de ello. Gracias a sus espias -los coockies por ejemplo- leen nuestro inconsciente con una fiabilidad mayor que la nuestra, amenazando con darles la razón a neurocientíficos negacionistas del libre albedrio, al arrebatarnos la útima de nuestras libertades: la de desear.

 

La desorientación es un rasgo característicamente humano y abarca cada vez más ámbitos. Uno de ellos es el de la sexualidad.  Y me atrevería a decir que la femenina en mayor medida, pues parece ser que se confirma que, con respecto al sexo, el macho tiene un instinto más potente, lo cual también significa una guia más clara.

 

La pregunta sería, ¿qué desea realmente la mujer?

 

A los científicos les interesa el tema. Ya inventaron la viagra femenina. Mejorando la irrigación esperaban convertir a las mujeres en máquinas deseadoras. Llego la decepción; parece ser que por muy irrigados que esten los genitales femeninos, el deseo no aparecía.

 

El deseo femenino estaba pues en otra parte.

 

¿En el cerebro? se preguntaron a continuación y aprovecharon para intentar descifrar uno de los grandes dilemas de la humanidad: ¿cómo saber si una mujer finje el orgasmo?

 

Y es que se ha descubierto que el orgasmo femenino tiene un correlato cerebral distinto al del hombre. Durante el órgasmo a la mujer se le "desconectan" los centros responsables del control de conducta, dejándola totalmente fuera de control (esto podría ser el motivo por el cual la mujer, según Teresias, siente más placer).

Qué hacer, la solución, que a priori parece absurda, meter a la mujer en un escaner, no creo que lo sea tanto. Imagino allá en Silicon Valley muchos cerebros masculinos preparando un app para maridos celosos, que sería verdaderamente revolucionario.

 

Otra pregunta de interés: ¿Qué lleva a la mujer a buscar ayuda profesional ren el terreno sexual?

 

En el pasado, antes de la emancipació el motivo principal era la anorgasmia -que no hay que confundir con la falta de placer sexual. Hoy -ya emancipadas- es la falta de deseo sexual, lo que nos lleva a buscar ayuda.

 

Pero ¿qué significa exactamente "falta de deseo sexual". ¿Dónde está la linea roja?

Puede que midamosnuestro deseo con el masculino y sintamos que, de alguna manera, no llegamos.

Aunque independientemente del sexo de nuestra pareja lo normal es que las dos partes no seen lo mismo. No se si habrá muchas mujeres sin pareja que busquen ayuda por este motivo, pero quizás sea la parte dominante de la pareja la que le decida que es y que no normal, y la parte más débil acate y consulte a un especialista en busca de orientación y soluciones.

 

Personalmente no creo en los algoritmos del deseo y pienso que no hay nada más individual que aquello qué realmente deseamos. Y que el verdadero deseo rara vez es politicamente correcto.

 

En este sentido pienso que la mujer emancipada (sexualmente) no es la feminista, ni la que muestra sus pechos para protestar por cualquier causa, sino aquella que -en la intimidad de su dormitorio- se atreve a formular sus deseos sexuales más auténticos, aun cuando estos sean tan banales como la falta de deseo.

 


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El poder y la muerte

 

¡La muerte me cabrea!” exclama indignado un multimillonario.

Y para combatir el cabreo hace una transferencia generosa a una organización especializada en inmortalidad. 

 

 

Ni el miedo, ni la busqueda de soluciones a este problema son nuevos.

 

Filogeneticamente, desde que el hombre es hombre -y puede que sea precisamente eso lo que le hace humano- y ontogeneticamente desde que el niño toma conciencia de ella, la humanidad teme a la muerte.

 

Pero temer y confesar nuestros temores nos hace vulnerables y ningún poderoso quiere ser vulnerable.

 

Es mejor enfadarse y emprender, es decir, montar una start-up!

 

Las religiones, que viven del miedo de sus fieles, ya tenían el problema cubierto; la vida eterna, el paraiso virginal, la reencarnación...soluciones al gusto.

 

Pero eso era antes. Ahora nos saben a poco, ya no nos convencen, entre otras cosas porque en todas ellas hay que pasar por el incomodo tramite de morir antes.  Además ¿quién nos ofrece garantias?

 

Pero como decia un filosofo; donde está el problema, se vislumbra la solución. Y ahí la tenemos, la nueva religión, especial para nuestros tiempos, con garantia; la ciencia. Con fama de seria, durante mucho tiempo no se ocupo abiertamente de este problema, se fue acercando poco a poco... superar el cancer, curar el Alzheimer y, ahora ya sin tapujos: "VIDA ETERNA PARA TODOS!!", se leia en un serio semanario alemán. A la carta.

 

 

 

Ha caido el último tabu y los adeptos a la inmortalidad van saliendo del armario. Transhumanistas, tecnólogos, médicos, informáticos o simplemente millonarios: nadie quiere perderse esto.

 

 

Y no son los científicos los que han dado el último impulso a esta idea, sino, como no podría ser de otra forma, los informáticos. Están en Sillicon Valley. Silicon Valley es el paraiso de la tecnología. Son los pioneros. Acostumbrados a trabajar con máquinas y en un mundo virtual, ha acabado sacando conclusiones; si todo es posible en el mundo virtual, si no hay límites, ¿por qué va a haberlos en la realidad?, si podemos controlar las máquinas, ¿por qué no vamos a poder controlar la Naturaleza?.

 

 

Y como todo depende del contexto, lo que en algunos lugares sería calificado de delirio (de grandeza) es en Sillicon Valley -y de ahí al mundo entero- un proyecto multimillonario. Y es que ya hay más de 200 americanos -y otros tantos rusos- congelados (crionizados) esperando la resurrección y cada vez más personas respetables que afirman que ELLOS no van a morir.

 

Dicen que el hombre se caracteriza por no aceptar límites, pero..¿qué hombre?, ¿ese que se arrastra cada día a su trabajo absurdo y alienante que le hace infeliz? Ese hombre más que aceptar límites se conforma con cualquier cosa. La humanidad, acepta límites sin tan siquiera plantearse las posibilidades.

 

¿Quién es, pues, ECCE HOMO que no acepta límites?

 

Continuará.


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El paciente

Etimologicamente la palabra paciente viene de paciencia, que era -y sigue siendo- una cualidad fundamental que uno debe llevar a la consulta del médico si no quiere desesperarse. En Berlín la secretaria ya nos previene; "venga a tal hora, pero traiga paciencia...".

 

En estos tiempos, tendentes a la corrección politica, en los que cada día nos sorprendemos con un nuevo eufemismo -ya casi cualquier término es susceptible de ofender la sensibilidad de algún colectivo- la palabra paciente ha caido en descrédito.

 

No son los pacientes los que se han quejado.

 

La iniciativa ha surgido de los profesionales, en contextos determinados; cliente, usuario...de momento no hay un sustitutivo convincente.

 

Y es que el término paciente alumbra los aspectos negativos de la condición de serlo; la paciencia, pero tambien la pasividad de la persona que está a merced del profesional.

 

Personalmente no veo ninguna necesidad de sustituir el término. Al contrario, en mi opinión, no solo sigue siendo acertado, sino que incluso se podría extender a otros ámbitos y engullir otras palabras que sí van quedado obsoletas; ciudadano, por ejemplo.

 

Pues cada vez va quedando más patente que la gran mayoría de la humanidad está, en cuestión de decisiones políticas, a merced de los políticos, valga la redundancia. El efecto de nuestro voto individual, del cual tanto nos enorgullecemos y al cual defenderemos con uñas y dientes - precisamente por ser lo único que tenemos- se diluye en un mundo anestesiado, manipulado y con un reparto de poder tan claro como siempre.

 

Dicho esto y en vista del panorama político -mundial y nacional- el eufemismo vendría a ser llamarnos ciudadanos.

 

Pero sustituir ciudadano por paciente sería un ejercicio eufemístico negativo. De pronto tomariamos conciencia de aspectos negativos de nuestra condición, lo cual nos cortaría bastante el rollo. La negatividad está mal vista y los eufemismos son, y deben ser, buenrollistas.

 

Y cuando no se puede -o no se quiere- cambiar las cosas, se comienza a jugar con el lenguaje.

 

 


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El sueño de Kafka

 

"Erase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra. Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó porqué toleraba yo al buitre.

 

"-Estoy indefenso- le dije-, vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé en torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies, ahora están casi hecho pedazos.

 

"-No se deje atormentar- dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.

 

"-¿Le parece?- pregunté -. ¿Quiere encargarse del asunto?

 

"-Encantado- dijo el señor-; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿puede esperar media hora más?

 

"-No sé- le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí-: por favor, pruebe de todos modos.

 

"-Bueno- dijo el señor- voy a apurarme.

 

"El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco lejos, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irremediablemente se ahogaba"

F. Kafka


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El lado oscuro de la matriz

Tendemos a pensar que nuestra sociedad liberal y moderna se está liberando también de los tabús. pareciera que ya podemos hablar de cualquier cosa, que ya no hay nada sagrado.

 

Nada más lejos. Los tabús, aún con otro traje, siguen estando ahí. Intactos. Y siguen estando ahí, porque cumplen una función social.

 

Nos protegen de nosotros mismos.

 

¿Qué pasaría si desmantelasemos los tabús?

 

No lo sabemos, pero tememos, que el frágil equilibro sobre el que se sostiene nuestra sociedad, pudiese desmoronarse de golpe.

 

Dostojevski hacía decir a uno de sus personajes;

 

si Dios no existe, todo está permitido.

 

 

Los tabús funcionan como la fe. Una fe organizada alrededor de un vacio. El temor a lo que podría ocurrirnos si nos atreviesemos a acercarnos al vacio nos hace moveros a su alrededor.

 

La maternidad es un aspecto tabuizado en la mayoría (me atrevería a decir en todas) de las sociedades.

 

 

Pero... ¿cuál es el TABÙ?.

 

Desde hace algún tiempo se viene tematizando lo que podríamos llamar el lado oscuro de la maternidad.

 

Madres arrepentidas o desencantados comienzan a salir del armario y a contar sus experiencias. Quieren acabar, dicen, con la falacia de que la maternidad produce LA FELICIDAD (en concreto una felicidad que ni las noches insomnes, ni las nauseas, ni las tetas caidas puedan empañar).

 

Se han sentido engañadas por la sociedad, por no haberles contado lo que les esperaba.  Esperaban la plenitud y se encontraron con el desencanto - y con el doble sufrimiento que produce sufrir y tener que fingir felicidad.

 

Y es sobre todo por esto último por lo que hay que hablar del tema.

 

Pero no es del tabu de la maternidad de lo que estamos hablando, a pesar de las apariencias.

 

La maternidad feliz es tan sólo otro aspecto de un tabú mucho más profundo; el de una vida feliz y plena que se alcanza de repente y sin esfuerzo (en esta caso teniendo un hijo).

 

El desencanto, el pesimismo, la tristeza, la negatividad inevitable e inherente a la vida. Ese es el verdadero tabú.

 

No esta mal visto que las madres se quejen. Lo que esta mal visto es quejarse, pues hoy en día estamos obligados a ser felices y decir que no lo somos despertará en el otro reacciones similares a decir que no somos (madres) felices.

Con respecto a la maternidad...no hay dos maternidades iguales. Existen, esas madres que encuentran la plenitud con sus hijos. Existen también, las madres que rebosan felicidad en el embarazo. Y esas las que disfrutan de la lactancia tanto (o más) que del acto sexual.

 

Pero, también están las otras.

 

Hay mujeres a las que la maternidad las va sumergiendo en una depresión que va creciendo junto a sus vientres y culmina (pero no termina) con el parto. Y con el hijo, en lugar de la dicha y el conjurado sentimiento maternal, aparece a veces justo lo contrario; la tristeza, la negatividad, el miedo.

 

Y un sentimiento hacia el niño que puede ir desde el fastido pasando por el rechazo más o menos autoconfesado hasta el filicidio.

 

Filicido... ¿cuántas veces has escuchado esa palabra?

 

Helo ahí: el tabú de la maternidad.

 

El verdadero tabu de la maternidad es que no todas las madres quieren a sus hijos (como se supone que debieran de quererlos).

 

Y es que no hay vidas generales, como la ciencia quiere hacernos creer, solo hay vidas particulares, y de nuestra biografia dependerá el tipo de sentimiento que tengamos hacía nuestros hijos.

 

LA MADRE no existe: hay madres que aman a sus hijos, otras les envidian, a algunas les caen mal sus hijos, otras los adoran...de todo hay, en la maternidad, como en el mundo.

 

Y como bien dice el prólogo de "Madres arrepentidas":

En vez de preguntarse ¿cómo es posible que esto sea cierto?, podríamos preguntar ¿y si esto fuera cierto? ¿Qué pasaría entonces?


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Las palabras

"con las palabras todas las precauciones son pocas, parecen mosquitas muertas, las palabras, no parecen peligrosas, desde luego, vientecillos más bien, ruiditos vocales, ni chicha ni limoná, y fáciles de recoger, en cuanto llegan a través del oido, por el enorme hastío, gris y difuso, del cerebro.

 

No desconfiamos de las palabras y llega la desgracia.

 

Palabras hay escondidas, entre las otras, como guijarros. No se reconocen en especial y después va, sin embargo, y te hacen temblar la vida entera, en su fuerza y en su debilidad...

 

Entonces viene el pánico, una avalancha...Te quedas ahí, como un ahorcado, por encima de las emociones...Una tormenta que ha llegado, que ha pasado demasiado fuerte para uno, tan violenta que nunca hubiera uno imaginado sólo con sentimientos...

 

Así pues, todas las precauciones son pocas con las palabras, está es mi conclusión"

Viaje al fin de la noche. Celine


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¿Por que los psiquiatras deberían leer ficción?

  • Porque a falta de tiempo para escuchar a sus pacientes van cayendo en la tentación de pensar que están reparando máquinas defectuosas
  • Porque el sufrimiento no se encuentra en los neurotransmisores
  • Porque nadie describe la culpa como Kafka
  • Porque la melancolia de Hamlet no es endógena
  • Porque se aprende más en una página de Dostojevski que en un manual entero de epilepsia
  • Porque los compedios de psiquiatría se van pareciendo peligrosamente a los manuales de instrucciones de electrodomésticos
  • Porque la amígdala nunca explicará el horror como Poe
  • Porque su trabajo no es enseñarles su idioma a los pacientes sino entender el de estos
  • Porque leyendo a Celine, la amargura cobra sentido
  • Porque los diagnósticos clasifican, pero no explican
  • Porque el quijote es loco por (demasiado) humano y la locura una forma de protesta
  • Porque a veces hay que descender al infierno del otro
  • Porque si algún día llegasemos a entender el funcionamiento del cerebro seguiriamos sin entender nada sobre la mente
  • Porque la depresión no es falta de serotonina
  • Porque se les están acabando los recursos
  • Porque la locura es una protección contra la crueldad, el conformismo y la anestesia de la sociedad
  • Porque como decia Eliot "leemos libros porque no podemos conocer a tantas personas"
  • Porque "En busca del tiempo perdido" es mejor el mejor libro sobre la memoria
  • Porque el sufrimiento tiene una historia
  • Porque leer aumenta la empatía
  • Porque para las afecciones del cerebro ya están los neurólogos y si todo es cerebro... entonces ellos sobran

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Cronofenomenología

Existe una relación mágica ente la velocidad y el olvido... entre la memoria y la lentitud, afirma Kundera.

 

Puede que la clave de nuestra personalidad radique ahí, en la relación que mantenemos con nuestro tiempo. No el tiempo objetivo, el cronológico, el que mide la física sino el subjetivo, el personal, el que emerge de nuestra memoria y nuestras vivencias, ese que tiene más de una dirección. Ese que Henri Bergson denominaba duración.

 

El que quiere olvidar se apresura...el que quiere recordar relentiza el paso, es esta una experiencia cotidiana.

 

¿Te has preguntado alguna vez como te relacionas con tu tiempo?

 

Se puede vivir apresurado.

 

El que vive apresurado tiene la sensación crónica de olvidar algo, de tener algo pendiente.

 

Es ambivalente ese algo, es quizás algo que no queremos saber.

Casi nunca algo concreto; vivencias que después fueron recuerdos y finalmente se volvieron sentimientos.  Y es a esos sentimiento a los que tememos. Tememos mirarlos a la cara: podrían envalentonarse y crecer. Crecer hasta acabar invadiéndolo todo, hasta acabar apoderándose de nosotros.

 

Kutabuks se les llama, a los que viven así. El nombre se inspira en un animal que salta -sin parar nunca- sobre la superficie del agua, inquieto. 

 

Es el paseante que no encuentra la paz; anda, viaja, busca.... sin querer encontrar.  Le impulsa la sospecha de que su (precaria) paz está en el movimiento. El movimiento es su sosiego -y el reposo su condena letal.

 

Viajar... sin pausa... hasta el final de la noche. Viajar, correr, acelerar la vida... hasta que ese movimiento se convierte en ti y como dice Celine, llega un momento en el que

 

"notas que has aprendido a amar tu desgracia, a tu pesar. Es la naturaleza, que es más fuerte que tú, y se acabó. Nos ensaya en un género y luego no podemos salir de él. Yo había seguido la dirección de la inquietud. Te tomas en serio tu papel y tu destino poco a poco y luego, cuando te quieres dar cuenta, es demasiado tarde para cambiarlos. Te has vuelto inquieto y así te quedas para siempre"

 


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El culo rosa


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La némesis del humillado

Hay un personaje secundario recurrente en los Westerns y otras películas sobre la venganza. El hijo. El malvado apenas se percata de su presencia (y de no ser porque el cámara dirige nuestra mirada a su rostro, tampoco el espectador lo haría).

 

El hijo permanece en un segundo plano. Observa. No dice nada pero su rostro habla. Sus ojos tienen un brillo especial; son los ojos de la humillación y la impotencia.

 

El malvado, inconsciente, no se molesta en eliminarlo. No reconoce el peligro en su mirada. El niño es débil y el malo cortoplacista.

Y la justicia no existe (eso el malo lo sabe).

 

...pero existe la sed de venganza.

 

Politicamente correctos como somos, hemos convenido en llamar sentido de la justicia a la sed de venganza.

 

Los humillados e impotentes tienes este sentido más desarrollado. Hablan de él a menudo.... mientras esperan que suene su hora.

 

Los favorecidos lo saben y han tomado medidas; han inventado a Dios e institucionalizado la justicia. Saben que la sed de venganza tiene que estar controlada pues, desatada, sería peligrosa. Pero actuan como si no supieran que, cuando la gota colma el vaso, la gente se olvida de Dios (y de la justicia).

 

Hay que volver a los Westerns.


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Activismo infantil

"Del dicho al hecho hay un buen trecho" dice el refrán.

 

No así en el caso de los niños.

 

Si en lugar de castigar su impulsividad con anfetaminas decidiesemos escucharlos, otro gallo cantara.

 

Después de pasar dos semanas (vacaciones de otoño) en el "Hort" (una especie de guardería en la que los niños pueden disponer, bajo la supervisión de educadores, de su tiempo con libertad) a mi hijo se le ocurrió que el "Hort" era mucho mejor que la escuela y decidió manifestarse a favor de la abolición de las clases.

 

Entre la idea y esta pancarta (mensaje escueto "solo guarderia") no paso ni media hora.

 

Al enterarse de que necesitaba apoyo para que su idea fuese tomada en serio se puso manos a la obra; recogida de firmas.

 

Resultado: en dos días más de treinta (entre ellas la de algún educador).

Dice que quiere seguir recogiendo. Quiere tener "minimo 200", pues a él le gustaría que le tomasen en serio.

 

No creo que funcione, pero a mi me ha hecho pensar y, una semana después, su idea no me parece tan absurda; lo he visto más contento y creativo.

 

Nur Hort! Yo también voy a firmar.

 


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Esperando a Godot

Las experiencias traumáticas más nefastas y que producen una mayor cantidad de síntomas, llegando a transformar (en el caso de los niños sería más acertado decir formar) nuestra personalidad y a convertirnos en personas desconfiadas y amargadas son los traumas provocados por el hombre.

 

Cuanto más cercana la relación entre agresor y víctima más negativos serán los efectos. Los traumas familiares, que además suelen suceder en una edad en la que la personalidad se está formando, son los que dejan una huella más profunda.

 

Cuando hemos sido decepcionados desde edades muy tempranas tendemos a descofiar de las personas.

 

No nos fiamos de ellas y con buen motivo; no hemos tenido buena experiencia.

 

Decepcionados de la humanidad contamos con un amplio abanico de reacciones posibles:

  • seguir relacionandonos con humanos pero asumiendo siempre la culpa de todo lo que nos sucede convirtiendonos en depresivos crónicos
  • encontrar una víctima a la que echarle la culpa (normalmente una pareja o un hijo), esto nos proporcionará un alivio momentaneo, eso si, a costa de traumatizar a otros
  • también la paranoia es una solución; nos protegeremos estando alerta; cualquiera es un potencial enemigo
  • sustituir nuestras relaciones emocionales con humanos por relaciones con animales o con la naturaleza, en quienes proyectaremos cualidades más nobles.

 

Pero atención, la ciencia ya tiene una solución más efectiva ante nuestra creciente desconfianza mutua:

 

Dejemos ya de intentarlo con los seres humanos y depositemos nuestra confianza en las máquinas; Hagase con el último modelo de ipod, iphone o lo que sea e instale cuantos más apps mejor.

 

Y es que, ignorando deliberadamente que detrás de un ordenador, un robot o un app hay (todavía) una persona (o colectivo) con intenciones (no siempre buenas), ya hemos comenzado a confiar ciegamente en ellos.

 

Comenzamos prefiriendo relacionarnos a través de las redes sociales y poco a poco, los más modernos y decepcionados, van optando por la relación directa hombre-máquina.

 

Nuestra confianza en la tecnologia es tan ciega que ya nos fiamos más de ella que de nosotros mismos.

 

En el sistema sanitario hace tiempo que esto es así: cualquier médico moderno dará mayor crédito a un resultado arrojado por un aparato ultramoderno que a lo que el paciente le intente contar (para esto último ya no hay tiempo).

 

Y tambien en nuestra vida diaria esto es así; atribuimos mayor fiabilidad a los apps que cuentan nuestros pasos o miden nuestros parámentros vitales que a nuestro sentido común, del cual -las últimas investigaciones lo muestran- pronto podremos prescindir.

 

¿Para que queremos sentido común si tenemos Apps?

En breve estará en el mecado el "EnkeApp" (llamado así en honor al futbolista suicida). Se trata de un chip que registrara todos y cada uno de nuestros cambios de humor, informandonos cada cierto tiempo de si estamos tristes o contentos y de si nuestra tristeza es ya digna de considerarse patológica, en cuyo caso nos ofrecerá una lista con psicólogos a lo que podremos llamar.

 

Todavía. Pronto tambien de estos podremos prescindir. Recientes investigaciones con pacientes con trastorno por estrés postraumático han encontrado, sorpresa!, que estos se abrén más facilmente ante un ordenador (empático y neutral) que ante un terapeuta real.

 

Parece ser que pronto, a parte de nacer y esperar a morir, habrá poco que hacer.

 

De vivir nuestra vida ya podrán encargarse los ordenadores. Mientras nosotros les observamos tranquilamente recostados en el sofa.


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Retrato de mujer (con familia al fondo)

Anoche me sobrevino una alegria casi temeraria.

 

Por primera vez en este año volví a sentir de nuevo la alegria de vivir.

 

El deseo y la curiosidad de saber, lo que el nuevo día me depara.

 

De pronto me gire y vi el retrato antigüo de mi clase.

Tenía diez años...y de pronto tuve certeza de algo que siempre había estado ahí, pero yo no había sido consciente.

 

Para mi sorpresa tengo que admitir,

que no se quién soy.

 

no tengo ni la más remota idea.

 

Siempre hice lo que la gente me decía.

Hasta donde alcanza mi memoria veo que siempre fuí obediente, acomodable...casi humilde.

 

Ahora que lo pienso, recuerdo que de niña intenté, una o dos veces, imponer mi opinión. También recuerdo como mi madre castigaba, con una dureza ejemplar, estas salidas de tono.

 

Para mi y para mis hermanas la educación tenía una sola meta: hacer de nosotras mujeres amables.

 

Yo era bastante fea y eso se me recordaba constantemente. Y poco a poco fui dándome cuenta de que se me recompensaba, cuando me guardaba mis pensamientos. Y cuando me comportaba de forma discreta.

 

 

Pero el gran engaño a mi entorno ocurrió durante mi adolescencia. Todos mis pensamientos, sentimientos y actos giraban en torno a lo erótico.

 

A mis padres no les deje notar nada. Ni tampoco a nadie.

 

El fingir se convirtió en mi segunda naturaleza.

Me convertí en una persona introvertida.

Todo lo que hacia, lo hacia a escondidas.

 

Mi padre deseaba que estudiase, como el mismo, abogacía. Una vez insinue que preferiría ser actriz, en todo caso estudiar algo relacionado con el teatro.

Todavía recuerdo como se rieron de mi.

 

Así que continue engañando a mi entorno.

Fingiendo en mis relaciones con los demás, en mis relaciones con los hombres.

 

Siempre ese mismo; "hacer como si", los constantes intentos frustrantes de contentar a todo el mundo.

 

Nunca he pensado en mi

 

Pensaba, "que quiere él que yo quiera?".

 

Y eso no era abnegación, como solia pensar,

sino pura y llana cobardia.

Y lo que es peor, absoluta inconsciencia de quién era yo.

 

En mi vida no ha habido momentos dramáticos, para eso no debo de estar dotada...

 

Pero hoy, por primera vez en mi existencia, siento una emoción intensa cuando pienso en qué quiero hacer realmente con mi vida.

 

En el pequeño mundo en el que Johann y yo habitabamos, sin ser plenamente consciente de él, aceptándolo, como se acepta el destiono, había tanta crueldad y brutalidad que se me eriza la piel cuando miro hacia atrás.

 

El precio a pagar por la seguridad es muy alto: la destrucción permanente de la personalidad.

 

Es muy fácil, deformar de raiz los deseos de los niños, sus intentos de autoafirmarción.

 

Conmigo lo consiguieron con un método que es cien por cien seguro: la mala conciencia.

 

Mala conciencia hacia mi madre,

mala conciencia hacia el resto de la gente

y por ende, y esto con firmeza,

mala conciencia hacia Jesus y Dios.

 

De pronto me doy cuenta de cuan diferente hubiese sido si no hubiese dejado que me lavasen el cerebro.

 

Y hoy me pregunto, si no estaré perdida para siempre

si no estaré incapacitada para la alegria

alegria sobre mi y sobre otros.

Si esa capacidad innata de sentir alegria habrá muerto en mí o si está solamente dormida, esperando a ser despertada.

 

Hoy me pregunto qué esposa, que mujer, que persona hubiese sido, si hubiese escuchado mis instintos."

Fragmento de "Secretos de un matrimonio" Ingmar Bergman


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Stravinsky, las matematicas y la muerte

"Quién no esta ocupado naciendo, está ocupado muriendo" B.Dylan

 

 

La principal tarea del cerebro, el órgano encargado de coordinar nuestro comportamiento, es encontrar patrones que le permitan predecir el futuro. La meta inmediata es sobrevivir y evitar el dolor.

 

Esta búsqueda de patrones comienza ya en la infancia y continua durante el resto de la vida. Observando nuestro entorno, en especial a nuestros padres, intentamos encontrar fórmulas del tipo

 

"si A entonces B".

 

Estas fórmulas, y eso nos diferencia de los ordenadores, no son matemáticas, es decir, no son perfectamente contingentes; no siempre que se da A lo siguiente es B.

 

Pues más que fórmulas son hipótesis de trabajo y los humanos nos vemos obligados no solamente a desarrollar estos modelos sino además a aprender a tolerar esta falta de contingencia.

 

Y a ir adaptando y desarrollando nuestras hipotesis de trabajo a las diferentes situaciones de la vida.

 

Sin esta tolerancia al error, sin esta flexibilidad, nuestro comportamiento se volvería autista (el autista esta empeñado en aplicar rigidamente su fórmula que acaba fallando y frustrandole indefectiblemente. Su solución; evitar a los humanos -no predecibles- en la medida de lo posible y centrar su atención en las máquinas -predecibles).

 

Ejemplo. Un bebe. De diez veces que llora, porque tiene hambre, consigue que en ocho ocasiones la madre aparezca. Aprende que llorar (su conducta) tiene un efecto sobre el medio ambiente (su madre). Aunque a veces falle, vale la pena intentarlo.

 

Fórmula: Si lloro mi madre aparece.

 

Si por el contrario de las diez veces que llora, su madre solo aparece en tres ocasiones, entonces interiorizará lo siguiente: llorar (su conducta) no tiene efecto sobre el medio (la madre). O sea que tampoco tiene sentido seguir llorando. Se volverá un niño muy bueno (hacia afuera) y resignado o desesperado (interiormente)

 

Formula: Para qué llorar (pedir, opinar...) si no me hacen caso.

 

A esta actitud en psicología se le llama indefensión aprendida y está directamente relacionada con el autoconcepto y la autoestima.

Pero el error es necesario.

 

Si la fórmula funcionase matematicamente (como el empeño autista pretende) no habría ninguna necesidad de avanzar hacia ningún lado.

 

Seguiriamos llorando y nuestra madre seguiria amamantandonos plácidamente hasta la senectud.

 

Sin embargo llega un momento en que nuestra madre ya no viene sino que nos obliga a que, al menos, pongamos la mesa.

 

Gracias a este error de predicción aprendemos. Y nos desarrollamos.

 

 

Lo de buscar patrones es algo tan básico y automático para nuestro cerebro que nunca deja de hacerlo, ni siquiera cuando estamos dedicados a actividades relajantes, como por ejemplo escuchar música.

 

También en la música buscamos patrones y experimentamos satisfacción cuando acertamos en nuestras predicciones. Pero el nivel de disfrute depende de la relación entre lo que esperamos y lo que obtenemos. Si los patrones musicales son demasiado predecibles, la sensación de seguridad será tal que acabe aburriendonos. No nos estimulará. La formula está funcionando a la perfección.

 

Cuando A entonces B. No hay error.

 

Si por el contrario nuestas espectativas se ven frustradas, es decir, no solo no obtenemos lo que nuestro cerebro venía prediciendo, sino por el contrario algo totalmente distinto (o nada) nos quedaremos con una sensación de irritación, incomodidad y frustración.

 

La historia del arte y de la música (pero tambien de la política, la ciencia, la cocina y en general de la humanidad) está llena de este tipo de choques en los que un artista No ofrece a su cómodo público lo que este desea y lo frustra.

 

Cuando Stravinski presentó por primera vez su Sacre de Printemps a un público burgués y acomodado (como es siempre el público), la agitación en la sala fue tan extrema (abucheos, gritos) que, apenas podía oirse la música. Stravinsky se había pasado de la ralla.

 

Poco a poco y gracias a a persistencia del autor, el amor al riesgo de unos pocos y, sobre todo, al paso del tiempo, las masas se acostumbraron a su música y la aplaudieron. Ahora ya se sentían cómodos y tranquilos en ella.

 

Stravinsky tuvo la suerte de poder vivir su éxito. El ritmo de la humanidad suele ser tal, que lo bueno, lo novedoso, triunfa -si lo hace- post mortem.

 

Los que arriesgan estan condenados a ser los mártires de la historia, con raras excepciones, pues la humanidad tiende al autismo.


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La torre de Babel

El ser humano es el animal menos predeterminado por sus instintos.

 

Viene al mundo con una enorme capacidad de adaptación. Así por ejemplo, un niño cubano que fuese adoptado por una familia finlandesa, aprendería sin grandes problemas su idioma y se adaptaría al clima y a la cultura con la misma facilidad/dificultad que un nativo.

 

Hasta una determinada edad los bebes son capaces de reconocer y diferenciar un mayor número de fonemas que los adultos. Vienen al mundo preparados para aprender cualquier lengua.

Poco a poco esta gama se va reduciendo a los de su idioma.

 

Además de los fonemas, cada lengua cuenta con un vocabulario que abarca aquello que la cultura considera relevante nombrar (y carece de otras que por el contario no lo son).

 

Y a un nivel superior está la gramática, que limita y dicta como y qué podemos decir y de qué manera, si queremos ser comprendidos.

 

 

El lenguaje es una de las formas más importantes de socialización; al aprender una lengua estamos aceptando inconscientemente e implicitamente las reglas más básicas de nuestra sociedad.

 

Cuando un niño "decide" aprender su idioma esta aceptando -inconscientemente- también una limitación, está renunciando a la comunicación de una parte de sí; la más individual.

 

Dependerá entre otras cosas de si percibe el entorno como "amable, tolerante y coherente" o por el contrario "hostil e incoherente" que le cueste más o menos hacer esta renuncia y aceptar las reglas que se le imponen.

 

Pues asi como al aprender una lengua el niño ve reducida su gama de fonemas tambien renuncia a ciertas percepciones "personales" a cambio de una percepción más consensuada y comunicable.

Este proceso de aprendizaje está tan automatizado que no somos consicentes de él, ni de lo que significa.

 

Y sin embargo gran parte de "eso" no comunicable nos acompañará el resto de nuestras vidas, aunque el grado de conciencia que tengamos de ello es muy individual. Hay gente que no es consciente y a la cual aparentemente le basta este lenguaje social para comunicarse. Es la gente más gris y más adaptada.

 

Otros -algo más valientes- han encontrado una via; la poesia, el arte o conversaciones consigo mismos son algunas posibilidades.

 

 

El cómico Miguel Noguera se ha armado de valor y ha dado el salto social. Se ha atrevido a transportar su individualidad al exterior e inexplicablemente.... ha triunfado.

 

Su humor se basa en la comunicación de este lenguaje privado.  El milagro se ha producido y Noguera ha encontrado suficiente curiosidad, por parte de un grupo de gente lo suficientemente grande como para ser calificado de genio -y no de loco. 

 

La gente rie -una risa tímida, perpleja y fascinada- ante sus comentarios y dibujos.

 

Noguera a tenido suerte, pues no existe ningún criterio objetivo que diferencie su "humor"  del discurso de un enfermo mental.

 

Su éxito o condena dependían tan solo de hacia dónde inclinase la sociedad su pulgar. 

 

Noguera es muy consciente de ello, sabe que le ha ocurrido un milagro y es el primer sorprendido.

 

Y es que el hombre piensa en analogías.

 

La analogía actual para los trastornos mentales es la de las enfermedades del cuerpo.

 

Presas de esta analogía -y sin ser conscientes de ello- lintentamos curar la mente como curamos el cuerpo: con pastillitas y operaciones.

 

Pero ya por los años 70 psiquiatras inadaptados y visionarios, proponían otra: La analogía de los lenguajes.

 

Si un trastorno mental fuese tan solo otro idioma, entonces estaríamos cometiendo un error (casi un crimen!) al intentar silenciar estos lenguajes con argumentos y pastillas. Estariamos obligando a la gente a hablar el lenguaje consensuado, renunciando a una mayor variedad linguística.

 

Si tomasemos a los "locos" tan en serio como algunos tomamos a Noguera puede que incluso aprendiesemos algo de estos inadaptados y que fuesen ellos los que nos ayudasen a liberar nuestras mentes.

 

Aunque entonces el mundo se llenaría de individuos y seguramente la especie humana no esté preparada para ello.


El grito

No es raro hoy en día escuchar a la gente explicar sus dolencias y tormentos en términos médicos, incluso neurológicos.

 

Achacan, por ejemplo, sus cambios de humor a un desarreglo hormonal o su tristeza a una falta de serotonina. De esta forma parecen dar a sus dolencias el estatus de real y objetivo, comunicable, asépticamente curable.

 

Hemos interiorizado el mantra de la Medicina que, con ayuda de la tecnología, pretende encontrar un correlato físico para todos nuestros síntomas o sentimientos, tambien para los mentales.

 

Alega que de esta forma podremos prescindir de la subjetividad que implica el juicio humano.

 

Pero al atribuirle a ese correlato fisico, que obviamente debe existir, el estatus de Causa última estamos despojando a nuestros síntomas de significado, ignorando activamente la posible existencia de causas externas...a veces lejanas.

 

Pessoa, el gran introspector, decía que "todo lo que había de duro y disperso en él nacia de la ausencia de calor de una madre a la que no conoció, que la saudade de no ser hijo era en gran parte responsable de su indiferencia sentimental".

 

La ciencia actual pretende negar la verdad de estas reflexiones.

 

Recurriremos a la serotonina para curarnos de nuestra falta de madre. Nos negaremos a aceptar que no todo es curable; que no es curable la muerte, ni el sufrimiento y que lo único que podemos hacer es idear formas de convivir con ellos. El arte es una de estas formas.

 

La historia de la psiquiatria es la (tiránica) historia de una única manera de convivir con el dolor; la sedación.

Doping vrs. pedagogía, antidepresivos vrs. reflexión.

 

Anestesia para el alma como única solución a nuestras melancolias.

 

 

Evitar el grito a toda costa.

 

Pues subjetivo y desnudo, el grito representa una amenaza para la colectividad.

 

He oido ese grito pocas veces en mi vida cotidiana. Más veces lo he leido o lo he visto, ya muerto, colgado en la pared de un museo.

 

Hemos aprendido a gritar hacia dentro. Ahogamos el grito con pastillas -o con argumentos- aplastamos nuestra verdad y aceptamos agradecidos el huequecito que la sociedad ha creado expresamente para nosotros.


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Torso arcaico de Apolo


No conocimos su inaudita cabeza,
en la que maduraron los frutos de sus ojos.

Pero su torso arde aún cual candelabro,
cuyo mirar, tan sólo atenuado,

perdura y resplandece.

 

De otro modo la saliente
de su pecho no podría deslumbrarte, ni podría avanzar
una sonrisa por la silenciosa curva del lomo

hacia aquel centro de la procreación.

 

 

De otro modo esta piedra deformada y truncada
no se erguiría bajo la transparente caída de los hombros
ni centellearía como el pelaje de una fiera salvaje;

ni estallaría desde todos sus bordes como una estrella,


pues no hay en ella un sólo lugar que no te vea.


Debes cambiar tu vida.

 

R.M.Rilke


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La flexió y su simulacro

Alguien decía que el arte sucede; o sucede o no sucede.

 

A proposito de arte hay un evento que se celebra en Denia desde hace veinte años. Este año, uno de los carteles presentados -ver arriba- desató una pequeña (y rápidamente aplacada) polémica.

 

Se rumorea que fueron unas madres, las que se quejaron, aunque uno quiere resistirse a creer que, que a estas alturas del SXXI, todavía quede alguién que pueda escandalizarse con algo así. Y menos un niño.

 

El cartel debe haber tocado otro tipo de fibra sensible, más intima y personal.

 

Una de las primeras cosas que los bebes aprenden -y de las últimas que los ancianos pierden- es a simular. Los bebes imitan gestos de los adultos aún antes de saber lo que estos significan.

 

A los adultos -ingenuos de nosotros- nos hace gracia. Hemos desaprendido esta gran verdad; que las formas importan más que los contenidos. Pero que lo hayamos desaprendido no quiere decir que hayamos dejado de practicarlo; nos pasamos la vida simulando, interpretando, fingiendo. Es indispensable dominar este arte para sobrevivir en sociedad, de otro modo nos convertiriamos en unos incomprendidos, que es precisamente lo que son los artistas.

 

Una de la premisas de la posmodernidad postulaba que no existe diferencia alguna entre la vida y su simulacro. Y lo que consagró a Warhol o Duchamp fue su capacidad de convencernos de que ellos eran ARTISTAS y que bastaba con que estampasen su firma en un objeto para que éste quedase elevado a la categoría de arte.

 

Extraño es que nos fascine más un bote de tomate o un WC que el proceso por el cual estos objetos cotidianos llegaron a fascinarnos; la mayoría picamos y, ya puestos, antes de admitir que fuimos engañados, preferimos seguir manteniendo la farsa, pues si hay algo peor que ser engañados es admitir que no tenemos ni idea.

 

Que no sabemos que coño es el arte, o peor aun; quizás ni siquiera sabemos lo que es la vida.

 

Pero el arte ha sucedido y algunos de los carteles politicamente correctos y admisibles muestran a un pollo (debe de ser la mascota de la flexió), algunos lo muestran incluso enjaulado (!).

 

Eso es -desde hace ya un tiempo- la flexió (por mucho que se intente mirar a otra parte, aunque esa otra parte sea tan interesante como muestra el polémico cartel); desplazada por las mesas de nuestro Starbucks autóctono, la flexió ha quedado relegada a un pequeño espacio vallado, en una plaza que antaño fue punk y hoy acoge a turistas encantados de poder observar a estos extravagantes pollos, mientras disfrutan - y eso es lo fundamental- de su gambita de Denia a la plancha.


Poesia

En un fragmento de "Los apuntes" Rilke se pregunta qué pueden valer los versos escritos demasiado pronto. He aquí la mejor definición de poesia que conozco, y sin embargo, pienso que se equivocaba. Del Rilke, joven, emergía ya la mejor poesia.

 

La infancia es la gran subestimada, las experiencias allí valen infinitamente más que todo lo posterior, que se convierte en una mera repetición.

 

Eso si, para escribir hay que aprender a ver, como él mismo advierte:

 

"Qué son aquellos versos escritos demásiado pronto...

Habría que esperar y recopilar sentido y dulzura. Toda una vida, y a ser posible una vida larga y entonces, sólo entonces, quizás consiguiesemos escribir algunos pocos que valiesen la pena.

 

Y es que los versos no son, como la gente suele creer, sentimientos. No, sentimientos tenemos ya suficientemente pronto, los

versos son experiencias.

 

Para escribir un solo verso, es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas;

 

hace falta conocer a los animales, hay que sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las pequeñas flores al abrirse por la mañana.

 

Es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas que hacía tiempo se veían llegar; en días de infancia cuyo misterio no está aún aclarado; [...]

 

en mañanas al borde del mar, en la mar misma, en mares, en noches de viaje que temblaban muy alto y volaban con todas las estrellas -y no es suficiente incluso saber pensar en todo esto. Es necesario tener recuerdos de muchas noches de amor, en las que ninguna se parece a la otra.

 

Es necesario aún haber estado al lado de los moribundos, haber permanecido sentado junto a los muertos, en la habitación, con la ventana abierta y los ruidos que vienen a golpes. Y tampoco basta tener recuerdos.

 

 

Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar que vuelvan. Pues, no los recuerdos mismos, no son aún esto. Hasta que no se encarnan en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ellos se eleve la primera palabra de un verso"

 

R.M. Rilke "Los apuntes de Malte Lauren Brigge"


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Honra a tus superiores

En el relato de Kafka "En la colonia penitenciaria" han condenado a un rebelde. Su delito es el de todo rebelde: ha desobedecido a sus superiores. La condena es, como procede en estos casos, pedagógica: con ayuda de una máquina perversamente diseñada por un superior se le tatuará su falta en la piel.

 

Sorprende la pasividad con la que el condenado acepta su castigo.

 

El tatuaje dice: HONRA A TUS SUPERIORES.

 

La condena no provoca la muerte inmediata del infractor. Durante las primeras seis horas, el condenado se mantiene vivo y sólo sufre dolores. Después de dos horas, se le quita la mordaza de fieltro; ya no tiene fuerzas para gritar.

 

Ha entendido el mensaje.

 

 

Gracias a ultramodernos aparatos capaces de detectar las más  insignificantes anomalias en cualquier lugar del interior de nuestro cuerpo, la medicina moderna ha descubierto, que la causa de todos nuestros males radica en nuestras entrañas y es de naturaleza orgánica.

 

Este descubrimiento ha provocado la euforia de muchos colectivos, en especial de aquellos aquejados de enfermedades sospechosas de tener causas psicológicas o - peor aun- psicosomaticas.

A partir de ahora podrán declararse enfermos con la frente alta y sin sentir el peso del recelo ajeno. Hay pruebas.

 

El alivio es generalizado y concierne también a muchos profesionales de la salud que, gracias a estas pruebas irrefutables, se librarán de tener que escuchar las torturantes historias de sus pacientes. Ahora ya pueden recetar medicamentos o, en caso de ser necesario, operaciones con la conciencia tranquila. Además, ahora serán ellos los que hablen y les expliquen a sus solícitos pacientes los misterios de las micromoleculas corporales y sus desequilibrios.

 

La comunidad de afectados por la fibromialgia también respiró aliviada ante esta noticia y celebrá el progreso de los aparatos, que cada vez detectan más moleculas enfermas. Y es que por algún motivo, estos pacientes estaban mal vistos. Fastidiaban con sus quejas constantes, que no parecían tener fundamento. 

 

Los humanos parecemos tener la tendencia a dudar de lo subjetivo. Y el dolor es demasiado subjetivo como para ser comunicado. Del dolor ajeno tenemos que fiarnos. El propio es lo más real que hay.

 

El dolor nos hace percatarnos de que algo va mal. Tiene un significado.

 

 

Y provocar dolor (físico o psicológico) en el otro es la mejor forma de coaccionarle -esto lo saben bien los que se encargan de desarrollar, mejorar y aplicar técnicas de tortura.

 

El dolor y el miedo son los maestros más efectivos: hago algo que no debo, me castigan con dolor y el miedo a volver a sentir dolor se encarga de que no lo vuelva a hacer.

 

El dolor nos hace tomar conciencia de la frontera entre yo y el otro. Y de nuestra necesidad de protegernos del mundo, del otro. Nos muestra la necesidad de ser conscientes y respetar nuestras fronteras -físicas y psicológicas.

 

Cuanto peor nos traten, más necesidad de protegernos tendremos.

 

 

Pero estar de guardia, sólos frente al mundo, requiere demasiada energia y es casi inevitable sucumbir.... y cambiar de bando. Aceptar la condena, bajar la guardia e integrarnos en la comunidad. Y es que hay algo peor que sentir dolor; el ostracismo.

 

Antes de quedarnos solos resistiremos todo el dolor que sea necesario.

 

El cuerpo tiene una memoria preverbal que almacena nuestras experiencias dolorosas- tanto las físicas como las psicológicas.

Mucha gente con fibromialgia sufrió maltrato -físico o psicológico- o negligencia en la infancia - o experiencias traumáticas más adelante. 

 

En la colonia penitenciaria los tatuajes eran jeroglificos difíciles de descifrar: solo los entendia el verdugo, el condenado parecía asimilarlos más que entenderlos.

 

Ese es el único fallo de los aparatos ultramodernos: no saben descifrar los mensajes de las moléculas en desequilibrio de los pacientes. Ven algo, pero no entienden nada y ese es el motivo por el cual - más allá del alivio de legitimar su enfermedad- no les pueden ayudar.


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La amigdala y los refugiados

La amígdala es una estructura cerebral que se encuentra (por partida doble) en los lobulos temporal de los seres vertebrados complejos. La amígdala es la estructura más importante del sistema límbico; un conjunto de estructuras y nucleos cerebrales que se encargan del procesamiento de las emociones, en especial del miedo.

 

El miedo es una de las emociones más básicas y fundamentales para la supervivencia (tira a la basura todos esos manuales de autoayuda que te prometen una vida sin miedo).

 

Cuando un niño tiene una experiencia negativa (dolorosa) su cuerpo memoriza esta información de modo que la próxima vez que se encuentre en una situación similar sentirá miedo, lo cual le protegerá de repetir el gesto, evitándole la experiencia dolorosa.

 

Hasta aquí todo bien.

 

Pero el ser humano es un ser antinómico, o lo que es lo mismo; está lleno de contradicciones irresolubles.

 

Su naturaleza antinómica puede explicarse desde muchas perspectivas. Para los creyentes comenzó con la expulsión de Adan y Eva del paraiso. A partir de ahí dejaron de vivir en un estado de felicidad y armonia y pasaron a una vida llena de sufrimientos que culmina con la muerte ineludible.

 

La naturaleza antinómica del hombre también se puede abordar desde la neuroanatomia.

 

En algún momento al cerebro humano se le comenzó a hipertrofiar una estructura y ahí comenzaron los problemas típicamente humanos o el progreso, que es lo mismo. Simplificando se puede decir que el cerebro se desarrolla de dentro hacia afuera. Las estructuras más primitivas las compartimos con el resto de las especies y las más nuevas son más genuinamente humanas.

 

La más nueva es el lóbulo (pre)frontal.

 

El lóbulo (pre)frontal es todo nuestro orgullo. Al menos hasta la aparición de móviles y los ordenadores le atribuíamos las funciones ejecutivas, es decir, la capacidad de coordinar y organizar nuestro comportamiento. (y si al lóbulo prefrontal que es una estructura natural ya se le iba la humanidad de las manos, imaginemos lo que ocurrirá cuando sea la tecnología, artificial, la que tenga que encargarse de esta función. Ya lo estamos viendo).

 

Lo dicho, el hombre estaba tan orgulloso de su lobulo prefrontal, que mejoraba sus condiciones de vida sin cesar, que comenzó a olvidarse del resto de las estructuras y pensó que su importancia era despreciable.

 

Resolvió que todos nuestros problemas surgían del lobulo frontal y se podían resolver desde ahí. Los miedos se superarían controlando los pensamientos, los conflictos con una mejor comunicación etc, etc, etc.......

Y ahi comenzaron nuestras grandes contradicciones y se fueron acentuando con el tiempo.

 

A pesar del progreso no tenemos solución para las grandes cuestiones de la humanidad. En ese sentido no hemos progresado.

 

El progreso no ha podido evitar el racismo, es más, se ha puesto a su servicio cuando ha sido necesario.

Pero puede que el racismo no sea el problema. Puede que incluso sea una solución. Una solución inteligente y maquinada por el lóbulo frontal de los poderosos para desviar la atención de los sometidos.

 

El "problema de los refugiados" está ahi para evitar que veamos otro problema mucho más ancestral y real: el de los ricos y los pobres o mejor dicho: el de los poderosos y los sometidos.

 

Por eso nunca llegaremos a una "solución de los refugiados". Pues es éste un pseudoproblema, un pretexto, una excusa.

 

Y es que somos orgullosos y nos negamos a admitir que el lóbulo frontal, la ciencia y la razón siempre tuvieron un papel secundario en la historia de la humanidad. Siempre estuvieron sometidos a nuestras emociones- mucho mas antiguas y reales. (Aunque no medibles estadísticamente).

 

Nuestra guía de comportamiento está en la amigdala y escucharla nos ayudaría, pero nos da miedo....Pero dónde estan nuestros miedos estan nuestras soluciones y como decía álguien:"arreglate tu, es lo mejor que puedes hacer por la humanidad".

 

O como dijo ayer en un concierto el mejor crítico político que conozco (el cantante Hans Eckert Wenzel): "intenté poner orden en mi escritorio y no pude, me marché a la cocina y tampoco pude, así que decidí dedicarme a arreglar el mundo."

 

Merkel no lo habría dicho mejor.


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Hembrismo

No soy femista.

 

Supongo que habrá otras mujeres como yo, pero lo cierto es, que cuando una mujer se declara no feminista es automaticamente atacada de insolidaria, cuando no de ignorante. Y es que si feminismo es por definición de la RAE la ideología que defiende que las mujeres y los hombres deben tener los mismos derechos, cómo puede una mujer no comulgar con tal doctrina.

 

Suele ocurrir que ideas intachables y aparentemente humanistas derivan en lo contrario a la hora de ser puestas en práctica. Es lo que paso con la filosofía de Nietzsche o con el comunismo.

 

Es el sino del ser humano. Somos seres contradictorios y la historia nos lo ha mostrado en muchas ocasiones. 

 

 

Lea con atención el siguiente artículo ("11 frases machistas que seguro has oido y son mentira") que bien podría llamarse los 11 mandamientos (del feminismo) y piense sobre el. Le ahorro mis comentarios.

 

No me considero femista, porque no me gusta la retórica de sus miembras.

 

Eso no quiere decir que no este a favor de la igualdad: aquí las feministas cometen un error lógico, cuando no tendencioso; se puede estar a favor de la igualdad de derechos de hombres y mujeres sin necesidad de ser feminista. Se puede condenar la violencia de género -en los dos sentidos- sin necesidad de ser feminista -que por cierto sólo condena la del varón a la mujer.

 

 

Una amiga, feminista declarada, me dijo el otro día que lo contrario al machismo no existe. Porque al hombre no se le discrimina o maltrata por el hecho de ser hombre.

 

Puede que aquí las femistas cometan el error de argumentar desde el desconocimiento. No toda la violencia es visible y puede que los hombres no sean capaces de denunciar la violencia por miedo a que se rian de ellos.

 

En mi trabajo de terapeuta me he encontrado con maltrato tanto femenino como masculino. Puede que el tipo de violencia sea distinta, pero es que cada uno utiliza los instrumentos que posee. La violencia física de la mujer al hombre existe. Por mucho que les pese a algunas.

 

Suma sumarum: lo contrario al machismo sí existe y lo encontramos precisamente en el punto ciego del feminismo. Se le ha llamado hembrismo, una palabra construida en analogia al machismo y que puede gustar más o menos, pero ahí está.

 

Una de las acepciones de hembrismo es la "tendencia de victimismo femenino institucionalizado en el Estado y cultura contemporáneas, que se asocia al ascenso de la perpectiva de género y al feminismo radical  y que difunde la idea de que el varón es privilegiado y domina todas las esferas sociales para de este modo justificar que este sea «discriminado por el creciente poder del feminismo institucional» o «dictadura del feminismo institucional de género".

 

Pero como dice Enrique Serna, uno de los pocos hombres que se atreven a pronunciarse verbalmente contra los ataques de las feministas, " las feministas creen que pueden reprogramar el cerebro del varón para ajustarlo a sus necesidades, como si la voluntad de poder y otros defectos de la naturaleza humana fueran una malformación del caracter masculino".

 

 

Cuando una persona o una minoria ha sido biográfica/historicamente sometida, humillada o traumatizada corre el peligro de quedarse anclada en su posición de víctima, de forma que acabe siendo ciega para su presente y argumente y actue siempre desde su pasado traumático.

 

El resultado no suele ser bueno. Vease el pueblo de Israel.

 

El hombre parece haber contraido con la mujer una deuda que nunca va a poder sufragar. Es la sensación que uno tiene al escuchar a algunas feministas radicales, cuyos males parecen derivar única y exclusivamente de la existencia del varón.

 

Quizás convendría que se pronunciasen más de otro modo cada crimen  o incluso cada piropo de un hombre hacia una mujer es suscetible de ser sumado a la causa.

Como decía cierta escritora aguda "me encuentro cada vez más perpleja ante el irreflexivo y automático vilipendio de los varones. Ya ni siquiera prestamos atención a este fenómeno porque forma parte de nuestra cultura (occidental). Los hombres parecen doblegados, no pueden regresar a la pelea y es tiempo de que lo hagan."

 

Alguién decía que la igualdad llegará el día en la que tengamos mujeres incompetentes en puestos de poder. Una mirada al panorama político podría insuflarnos una dosis de presente.

 

Aunque puede que no hayamos alcanzado las cuotas necesarias para percatarnos.

 



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Todo es mentira....

A Dios no le gusta que el hombre mienta.

 

Y eso que Èl tiene la facultad de ver nuestro interior, es decir, a Él en realidad poco debería importarle. Se encuentra en la misma posición de ventaja que un padre ante su hijo de dos años, que todavía no posee esta capacidad, tan humana y tan necesaria para sobrevivir en sociedad.

 

A pesar de esto la mentira es castigada severamente por Dios, por nuestros padres y por todo representante del poder.

 

No mentiras en uno de los dogmas que hemos ido interiorizando y que guian nuestro comportamiento...aparentemente.

 

Pues por otra parte socializarse consiste exactamente en lo contrario; en aprender a mentir. Aprender a ocultar nuestros deseos y pensamientos. A agradar al otro. La cortesia, el protocolo, la educación, son formas de mentiras necesarias para sobrevivir en sociedad. Hay que aprender a encajar.

Cuanto mejor sepas mentir, mejor te irá (en sociedad).

 

Esa persona tan encantadora, que tan bien cae a todo el mundo.... Miente bien.

 

Por el contrario, los autistas, que no saben mentir, son unos inadaptados. Y cuanto peor mientan, peor les irá.

 

Sergi Pamis, el gran humorista catalán, analizaba en una tertulia radiofonica qué ocurriría si fuesemos siempre sinceros. En pocos días nos quedariamos sin amigos. Incluso los más intimos nos abandonarian. Y es que ni siquiera nosotros mismos somos capaces de soportar algunas verdades. Nos mentimos constante y despiadadamente.

 

De hecho, la mayoría de nosotros ni siquiera seríamos capaces de hacer este experimento pues nos faltaría valor para la sinceridad total. Temenos al castigo social como a ningún otro.

También la sociedad miente al individuo. De forma todavía más despiadada.

 

Nos mienten para evitar rebeliones, para que seamos conformistas, para inocularnos necesidades, para evitar que cuestionemos nuestras vidas, para manipular nuestro comportamiento o para evitar que lleguemos a conclusiones peligrosas. Estas mentiras benefician sólo a unos pocos - concretamente a los de siempre- y en este caso el valor nos falta para cuestionarlas.

 

También mienten los manuales de autoayuda. Dicen que tenemos que pensar en positivo. Y no nos advierten que pensar en positivo, cuando se está deprimido que es cuando haría falta, no es posible. Pensar en positivo cuando estamos tristes es como intentar no pensar cuando estamos en plena voragine de pensamientos obsesivos.

 

 

El resultado vendría a ser éste: "No pensar. No pensar. No pienses. No pienses en nada. Tranquilo, estoy tranquilo. No me pasa nada. Estoy tranquilo. Me quedo así quieto. Estoy esperando. No tengo que pensar. No me pasa nada. Estoy así tranquilo, el tiempo pasa y yo estoy tranquilo porque no pienso en nada. Es cuestión de aprender a no pensar en nada, de fijar la mirada en la pared, de hacer otro dibujo con el hierrecito del zapato, un dibujo cualquiera, no tiene que ser una muchacha, puedes hacer un dibujo distinto aunque siempre hayas dibujado mal. Tienes libertad para elejir el dibujo que tu quieras hacer, porque tu libertad sigue existiendo tambien ahora....."...y así hasta que álguien o algo nos saque de esa espiral que intentamos controlar.

 

Autoengañarnos en lugar de pensar. Pensar en positivo en lugar de mirar.

 

En Corea del sur hay un puente que se hizo famoso porque muchos coreanos iban a suicidarse desde allí.

El gobierno tomo medidas. La primera fue rebautizarlo; "Bridge of life". Ahora el que paseé por allí será bombardeado por luces de neón con frases positivas del tipo: "el mejor día de tu vida esta por llegar" y fotos de platos suculentos o de gente feliz.

 

Ya ni siquiera el suicida se libra del pensamiento positivo.

 

Supongo que la medida es efectiva. Al menos yo, si fuese suicida, me buscaría otro puente. Dejennos al menos morir en paz.

Tips de lectura:

La sociedad del cansancio, de Byun-Chul Han

Genesis, Robert Crumb

 

Tips cinematográficos:

They live, de John Carpenter

The pervert guide to ideology, de Slavoj Zizek


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La arruga

Hay comentarios, aparentemente banales, que por algún motivo se graban en nuestra mente. 

 

Recuerdo esta escena. Veintipocos años, verano, comiendo en casa de unos amigos. De pronto, no recuerdo ya el contexto, uno de ellos exclama: "las mujeres hasta los treinta y muchos se mantienen bien, pero a partir de los cuarenta el declive es implacable".

 

Puede que fuese la sospecha de que yo tambien llegaría algún dia a los cuarenta -con veinte uno suele creer tan poco en la edad como en la muerte, el mecanismo se llama represión y es sanísimo; ay de aquel que no lo cultive!- lo que hizo permanecer, durante casi veinte años, esta sentencia en mi cabeza. Aunque entonces no le prestase demasiada atención.

 

Ahora que me acerco a los cuarenta, vuelve a mí con toda su crueldad.

Ahora me doy cuenta de la sabiduria que había en ella y constato que reprimir (un arte muy denostado en mi profesión) es algo que vamos desaprendiendo con los años y que deberiamos cultivar. 

 

No es sencillo, pero tampoco imposible y en cualquier caso es una buena alternativa a la cirugia. Y, porqué no, quizás el verdadero secreto de la felicidad.

Voy a contar como se puede hacer.

 

Voy a revelar un secreto de belleza psicológica.

 

 

Un mal día te miras al espejo y descubres algo que no te gusta, digamos una arruga (puede ser cualquier otro defecto que te displazca).

 

Empieza el proceso. Primero hay que saber si se puede descartar (con lo cual se retrasaría el proceso un tiempo). Mira bien y cerciorate de que no es una ilusión perceptiva.

 

Una vez convencida de que no lo es, mirate en todos los espejos que tengas a mano y selecciona aquel en el que se vea menos (la arruga). Captura esa imagen e integrala en tu autoimagen.

 

Así de sencillo.

 

Llegará un momento en el que ya no habrá forma de deshacerte de ella (de la arruga) porque aparece en todos los espejos, bajo cualquier iluminación y desde todos los ángulos. Entonces es momento de aceptarla. Eso si, no lo hagas a la ligera, atribuyendole alguna caracteristica psicológica positiva, por ejemplo, "la arruga de la risa".

 

Salvada.

 

Un proceso menos seguro es buscarla (la arruga) entre tus amigas y conocidas. Te tranquilizará mucho encontrarla, eso si, corres el riesgo de que no esté, en cuyo caso te sentiras peor. He de matizar que no te consolará que tus amigas tengan otras arrugas, a ti sólo puede consolarte ESA.

 

 

p.d. cuando estes sentada en el quirófano piensa en esto. Hay alternativa!!!

 

p.d.2 Si piensas que este artículo es machista recapacita sobre ello.....


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Estrategias para detener el tiempo

Desde hace unos años me ocurre siempre en vacaciones que en algún momento me viene a la memoria una viñeta de Mafalda.

 

Mafalda está en la playa comentando lo difícil que es sujetar la arena con el puño cerado. Por mucho que uno apriete el puño -y ella lo intenta una y otra vez- la arena se escurre entre los dedos hasta no quedar ni un granito. De pronto el padre interrumpe a la absorta niña con un gemido; no puede soportar más lo que para él es una clara alegoría del paso del tiempo.

 

El primer día de mis vacaciones me siento como Mafalda en la viñeta: con el puño cerrado y repleto de tiempo con el que podré hacer tantas cosas. "Esta vez no se me va a escapar ni un granito", pienso convencida. Y de pronto me veo a mi misma, incredula y decepcionada, en el aeropuerto de vuelta y me pregunto cómo es posible, que, a pesar de mi empeño me encuentre ya allí.

 

En esos momentos entiendo a aquel estudiante que, falto de posesiones y de sueños, decidió un día calcular los segundos de vida que podían quedarle. Embriagado por lo exorbitante de la cifra se sintió enormemente afortunado. Tanto es así que comenzó a temer por su fortuna.

Pasó una semana y el pobre infeliz que, consciente de su patrimonio, no podía ya pensar en otra cosa, calculó cuánto tiempo había consumido.

 

Esta vez le invadió un miedo atroz; si seguia así despilfarraría todo su precioso tiempo! Decidió tomar medidas. Durante la semana siguiente estuvo ahorrando tiempo allá donde pudo; llegaba a casa antes, se acostaba pronto, hacia los recados con la mayor rapidez y precisión posible... El domingo, lleno de ansia, volvió a calcular y el espanto se apoderó de él.

 

A pesar de sus esfuerzos no había conseguido ahorrar ni un segundo!.

 

El tiempo se le escapaba de las manos como la arena a Mafalda.

 

De repente le pareció que incluso lo sentía pasar. Incapaz de soportarlo se tumbó en el sofa y decidió que lo mejor era no moverse de allí y recitar poemas, para eludir al menos la conciencia de la hecatombe....

Pero el tiempo es memoria, y la memoria no se esfuma. El pasado esta en nosotros y siempre vuelve a emerger, a veces con ayuda de nuestra conciencia, a veces en sueños y otras de forma proustiana.

 

Esto me tranquiliza. Mi puño está ahora más lleno; conserva el sabor de los erizos, el olor del mar al atardecer, el sonido de las olas y el calor del sol en mis mejillas.

Pues como decía Faulkner: "el pasado no ha muerto, ni siquiera ha pasado".


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Parejas de élite

María tiene un coeficiente intelectual de 87 (la normalidad empieza en 85). Hace dos años era de 97, es decir, ha bajado en 10 puntos.

Si sigue bajando la niña corre el peligro (aquí se considera una ayuda, y efectivamente, a corto plazo lo es) de recibir un programa educativo adaptado a sus capacidades.

Esta medida liberaría a María momentaneamente de la presión escolar pero a la vez estaría marcando su carrera académica; es prácticamente seguro que no irá a la universidad.

Nunca será, lo que aquí en Alemania llaman una Academica. La madre tampoco lo es y el padre brilla por su ausencia.

 

El sistema educativo alemán segrega a los alumnos en base a su rendimiento desde una edad muy temprana.

Los más listos -generalmente hijos de academicos- visitarán la universidad. Para los menos inteligentes (los que menos rindan en el colegio) existen un sinfin de planes hacia abajo, que les irán acotando las opciones profesionales. Al final de la pirámide apenas quedan opciones.

Este proceso de selección artificial comienza cuando los niños son demasiado pequeños para poder reflexionar sobre ello. El resultado es que a los que van mejor, aquellos a los que se recomienda una carrera académica, acabarán creyendo que son realmente más listos. Y lo mismo -y esto es lo fatal- ocurrirá con los menos exitosos; cargarán ya desde muy pequeños con un complejo de inferioridad intelectual. Se creeran menos inteligentes.

 

Mi trabajo con niños consiste, entre otras cosas, en evaluarles con tests de rendimiento psicológico. Poco a poco me he ido dando cuenta de que -con algunas excepciones- la mayoría de los problemas de aprendizaje (o atención) que tienen los niños en el colegio no son consecuencia de su menor inteligencia (ni de su código genético).

 

Existen otras variables con más peso, pero reconocerlas exige algo más de esfuerzo y de perspectiva por parte de los educadores.

 

Uno es el miedo. El miedo bloquea e impide el aprendizaje. La mayoria de los niños con problemas de aprendizaje tienen preocupaciones existenciales más importantes que aprender a restar o dividir. Y como seres inteligentes que son priorizan. Suelen venir de hogares con menos renta media, en los que los progenitores tampoco han estudiado (con lo cual las expectativas que tienen puestas en sus hijos son menores). En algunos hogares los problemas son mucho más graves (violencia, problemas psicológicos de los padres, alcoholismo etc...). María echa de menos a su padre y se pregunta constantemente, porqué no va a visitarla.

 

Al final la profecia se autocumple. Estos niños con preocupaciones especiales no van a estudiar.

 

Escapar a este sistema de selección no es imposible -como dicen los defensores- pero si extremadamente difícil. Pocos lo consiguen.

 

El otro día escuché la historia de una chica, que de pequeña fue considerada no suficientemente inteligente como para estudiar y una vez adulta, quería estudiar sobre todo para superar su complejo de inferioridad.

 

Esperando el metro veo el anuncio de una agencia de contactos conocida: "Elitepartnerschaft (parejas de élite): para académicos y singels con nivel" y no se si me parece más absurdo el comlejo de superioridad de los academicos o triste el de inferioridad de los que no lo son.


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I would prefer not to

Joy, uno de los personajes de "Happines" (Todd Solondz), tiene un problema; por más que se esfuerza en ver siempre el lado positivo de las cosas, en perdonar los desplantes, en no ser rencorosa, en ser servicial y amable (etc) no consigue ser feliz.

¿Dónde fallo?- se pregunta ella misma mientras compone una canción tan ñoña como existencial. 

 

Joy no entiende que a pesar de todos sus esfuerzos -que parecen sacados de un manual de autoayuda- la felicidad se empeñe en alejarse de ella.

Joy dice si a la vida y ésta se rie de ella.

 

Es amable con sus hermanas; la toman por tonta. Es amable con los hombres: la humillan.

 

Joy no sabe decir que no.

 

La sociedad no educa a decir que si; el si es social.

El no, sin embargo, es anti-social, en tanto en cuanto es personal, individual. Sin si no nos integramos, sin no no existimos como individuos. El si nos disuelve, nos tranquiliza. El no marca nuestros límites.

 

Encontrar el equilibro entre estos extremos es complicado de forma que la mayoria de la gente vive arropada en el sí, pagando el (alto) precio de una identidad propia.

El sí es recompensado, el no castigado. Cuando decimos sí nos unificamos, negando nos diferenciamos.

 

Nos perfilamos.

 

Cuando los niños empiezan a tomar conciencia de su individualidad, a percatarse de que no son una prologanción de sus madres, empiezan a encontrar placer en decir que no.

 

Hay una etapa en la que dicen que no a todo, para desesperación de sus padres empeñados en encontrar una lógica a estas negativas, sin entender que no hay nada más allá del no. Lo que nuestro hijo realmente quiere no es que su padre y sólo el le ponga la chaqueta verde, lo que realmente quiere es mandar. Decir que no a todo lo que no sean sus propias decisiones.

 

La adolescencia es la siguiente etapa del no. Los padres tememos la llegada de este momento. Sabemos que a muy tardar cuando esta llegue nuestros hijos dejarán de idealizarnos (con lo bonito que es que alguién te idealice).

 

Aunque por otro lado también sepamos que es necesario que lo hagan para que puedan elegir su camino, abandonando el que nosotros más o menos conscientemente habiamos planeado para ellos.

 

Pues ay de aquel niño al que no permitieron decir que no!. Ay de aquel joven que, poco después, no tuvo adolescencia!. Puede que durante un tiempo parezca normal, pero en algún momento comenzaremos a escuchar el pitido de su olla a presión. Y estallará sin piedad y sin que los padres podamos hacer nada por evitarlo.

 

No se puede decir siempre si.

 

Seguramente es lo que estuvo haciendo Bartleby, el escribiente, hasta que un día, exahusto y casi sin fuerza, dijo que no y ese no se convirtió, de pronto en lo más importante de su vida.

 

En más importante que su propia vida.


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¿Soy normal?

Tenemos un manual de diagnósticos psiquiátricos que nos explica más de 300 formas de estar trastornados y sin embargo carecemos de una guía sobre la normalidad.

 

Basándome en ese manual voy a intentar definir la normalidad. Una persona normal (psicológicamente hablando) sería más o menos así:

 

Su CI es de alrededor de 100, si es más mejor.

 


Es feliz. No sufre. No tiene neurosis, es decir, los pocos miedos que tiene son todos racionales. No ha sufrido ningún trauma y si lo ha hecho lo ha superado resilientemente, es decir, no solo sin secuelas, sino extrayendo un aprendizaje vital de ellos. Nunca esta triste. Sus duelos no duran más de dos semanas (esto es importante). Su estado de ánimo es estable no tiene subidas ni bajadas fuertes. No tiene adicciones y su relación con la comida es sana.


La persona normal no es impulsiva pero tampoco se obsesiona con nada. Le gusta estar con gente pero tambien sabe estar sola, es decir, nunca se agobia por no tener plan el fin de semana, ni con no tener amigos, ni siquiera cuando es cierto. Piensa y actua de forma lógica y coherente. Es sociable, en todo caso prefiere las personas a los objetos inanimados (como los ordenadores o los móviles).

 

Nunca pierde el control. No es agresiva.

 


Duerme bien, entre siete y ocho horas y por las noches no mueve las piernas, no se levanta a comer ni a fumar, pues tampoco esta  nunca ansioso.
No tiene problemas de concentración, es decir, se concentra en lapsos de 45 minutos, entre ocho y doce horas al día, depende del pais.


Tiene una relación con su pareja de igual a igual; no es dependiente emocionalmente, es decir, no tiene ningún problema en imaginarse la vida sin él/ella. Eso si; tiene pareja. Tiene un deseo sexual estable y monógamo, independientemente de los años que lleve con su pareja.

Tiene sexo regularmente es decir, entre 3 y 4 veces por semana.

No idealiza a nadie y tiene un autoconcepto totalmente sano y acorde con la realidad, pero sin ser narcisista. Acepta las críticas y aprende de sus errores. No tiene complejos ni se compara con el resto de la gente. Le encanta su cuerpo, con todas y cada una de sus partes. Su autoestima es alta. Nunca exagera sus emociones. Nunca se siente culpable, a no ser que lo sea, cosa que reconoce inmediatamente y sin problemas.


No tiene dolores. No teme al futuro ni a la vejez ni a la muerte (aunque a juzgar por sus seguros, de vida, de invalidez, de jubilación etc… pudiese parecerlo).

 

Si no cumples todos estos requisitos es que no eres normal. Consultalo con un psicólogo o -si eres de soluciones rápidas- un psiquiatra.


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Inquietud

Al igual que los médicos durante los estudios se vuelven hipocondriacos, los psicológos aprendemos a patologizar nuestro comportamiento.

 

Además, los síndromes proliferan. Hemos pasado de 106 formas de locura en el primer manual diagnóstico a 374 en el actual. Es decir, se han triplicado los trastornos (!). Y esto no se debe a que cada vez estemos más locos -que también- sino a que cada síndrome tiene síntomas y estos pueden en un momento dado -por ejemplo cuando las farmaceuticas lo crean conveniente- subir de categoria.

 

Un ejemplo. La depresión o ansiedad infantil. Uno de sus síntomas eran los problemas de atención; se les aisló y se convirtieron en un síndrome propio (y moderno). Y sigue. La ansiedad y la inquietud son a la vez síntomas del deficit de atención (y de la depresión/ansiedad infantil).

¿Y que hace uno cuando uno está inquieto? Pues se mueve. Más que nada porque alivia. Pues ahí lo tenemos: el síndrome de las piernas inquietas, que ahora también se diagnóstica en niños y cuyo tratamiento es nada menos que el mismo con el que se trata el Parkinson (con potentes efectos secundarios a largo plazo).

 

Y es que los síndromes proliferan a una velocidad superior a la de los psicofármacos, con lo cual estos se ven obligados a repartirse el trabajo, para regocijo de algunos beneficiados.

 

Yo de pequeña debía de sufrir de déficit de atención y también de lo de las piernas inquietas (sigo sufriendo ambos). Por suerte nadie se dió cuenta o pensó que pudiese ser un problema grave. Ni siquiera los profesores que se limitaban a poner notas inocuas cómo: es despistada.

 

En cuanto al primero, me he dado cuenta que si uno aprende a dominarlo un poco tiene sus ventajas. Lo de las piernas la verdad

es que nunca me supuso ningún problema (ni se me hubiese ocurrido darle un nombre); cuando estaba nerviosa movia las piernas, cuando me acostaba, las movia también. A los únicos que les molestaba era a los demás (a los que dormian conmigo y a mi padre que le ponia nervioso).

Para mi, ahora lo veo todavía más claro, era placentero.

 

Me gusta mover las piernas y me alegro de que a nadie se le ocurriese medicarme por eso.

El laboratorio del sueño es la nueva fábrica de enfermedades.

 

De pronto los expertos se han dado cuenta de que por las noches hacemos cosas casi tan raras como de día. Unos hablan, otros comen (nocturnal sleep eating disorder), otros tienen espasmos (mioclonias del sueño), otros mueven las piernas (ressles legs syndrom) y otros incluso fuman (el otro día asistí a una conferencia dedicada a este síndrome en proceso de gestación: nocturnal sleep smoking syndrom, solo pude soportarla porque no soy fumadora, pero moviendo las piernas).

 

Estos síntomas tiene en común que suelen molestarles a los demás, no al que los sufre (o en menor medida).

 

¿Que hemos ganado con todos esto trastornos nuevos? A los que trabajamos en el ámbito de la salud nos proporcionan más trabajo, a las farmaceuticas más dinero, pero... ¿y a los afectados? ¿Hay alguna ventaja para ellos?

 

Si, aunque haya que rebuscar un poco. Para la mayoria de estos síndromes se postulan causas genéticas. De momento no se han encontrado, pero da lo mismo, en ello están.

 

A mi me hubiese venido muy bien este conocimiento para aplacar la ira de mi hermana cuando quería dormir y no podía (por culpa de mis piernas inquietas).

 

-Lo siento, le hubiese dicho, pero es genético.


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Fugacidad

Las "memoires involuntaires" son recuerdos altamente emocionales que se apoderan de nosotros de forma inesperada.

Olores y sabores las desencadenan constantemente pero también la vista de un paisaje e incluso la conciencia de un movimiento pueden provocarlas. Las que evocan una experiencia traumatica  -"flash backs"-  son altamente desagradables, pues nos hacen revivir literalmente la situación.

 

pero lo mismo puede decirse de las positivas; estos momentos son seguramente lo más parecido a la felicidad que existe.

 

Decía Proust que cuando se apoderaba de nosotros un recuerdo involuntario las preocupaciones, que hasta ese momento ocupaban nuestra mente, se nos aparecían de pronto como carentes de importancia. El tiempo como tal desaparecía (pues nuestro tiempo subjetivo está estrechamente ligado a nuestra memoria) y nos instalabamos en un presente liviano y atemporal.

 

Incluso el miedo a la muerte que -ahora sentimos- había estado ahí en todo momento no conseguiría arrancarnos más que una sonrisa condescendiente.

 

Friedrichshain, el barrio de Berlín en el que me instalé cuando llegué a la ciudad tiene cientos de esquinas que evocan en mí estas memorias involuntarias. Volviendo del trabajo el otro día me percaté de que sin darme cuenta había viajado en el tiempo. De pronto sentí con una certeza propia de un sueño que podía dirigirme a mi casa de la Wühlischstr. Y que allí, mi compañera Joanna -la de entonces- me estaría esperando y nos tomariamos un café polaco. Cogeriamos las bicis e iriamos a la Americangedenk, como antes era y nos parariamos en cualquier cafe de la Skalitzer. Y el futuro -ahora presente- sería todavía agradablemente incierto. Todo posibilidades.

 

 

Seguí en bici un rato sin poder (ni pretender) desprenderme de esta sensación y de pronto pensé que el tiempo sí había pasado y aunque yo siguiese sintiendome igual, tenia otra vida, completamente distinta y que me esperaba en la otra parte de la ciudad.

 

Al llegar a Schöneberg todo había terminado.

 

 

El tiempo y la memoria habían vuelto a su sitio. Snif. Volver tambien duele.


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La leyenda épica

La leyenda épica familiar es el mito de nuestra familia.

 

Lo que nos cuentan que es -o fué- nuestra historia.

 

Y si nadie nos cuenta nada -lo cual puede ser aun peor- la que nos contamos nosotros mismos a partir de los fragmentos de que disponemos.

 

Todos tenemos una, pero las familias con nombre y aquellas que cargan con algún estigma sufren el doble lastre de que el suyo no es tan sólo un mito familiar sino a la vez público. Es decir, la leyenda no acaba donde termina la familia sino que sigue -persiguéndolo a uno allí dónde va.

 

La persona puede acabar aplastada por el peso de su propia mitología, o, peor aún, puede que no encuentre el espacio (¿o el valor?) para devenir en persona.

 

La distancia que hay entre la leyenda épica y la realidad -lo vivido- es la morada de la fantasía. El lugar donde se gestan nuestros conflictos y dónde se intentan resolver.

 

Es la fábrica de nuestros sueños más intensos y recurrentes. Y de nuestros síntomas psicológicos -pero tambien físicos. Pues allí donde no alcanzan las palabras es el cuerpo el que debe implicarse.

 

 

Por ejemplo:

 

 

<<Fuimos una familia muy feliz (aunque por las noches mi padre se metiese en mi cama)

 

<<Por culpa de mis problemas mis padres sufrieron mucho (pero de donde vendrá Mi sufrimiento)

 

 

¿Cómo resuelvo estos dilema? Cuando se vuelven dilemas (conscientes) es que hemos recorrido ya la mitad del camino.

 

Pero mientras permanecen ocultos, mientras sigamos creyendo que hay alguna manera de compatibilizar estas dos versiones de la historia (y evitar el conflicto a toda costa) nuestra psique y nuestro cuerpo se encargará de demostrarnos lo contrario.

 

Nos recuerdan lo que no deberiamos olvidar.

Nos instan a tomar partido por nosotros.

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Ser o no ser....¿feliz?

Simplificando se podría decir que el secreto de la felicidad depende de como hayamos resulto tres problemas existenciales, todos ellos en el fondo interdependientes.

 

El primero es común a todos los humanos, conocemos -y no podemos cambiar- nuestro final, con lo cual somos seres más bien trágicos que felices por naturaleza. Esto solo podemos aceptarlo (o adscribirnos al transhumanismo).

El segundo son nuestros conflictos biográficos personales, el grado de felicidad que emane de aquí dependerá de lo graves que hayan sido y de como los hayamos afrontado-resuelto. Y lo sigamos haciendo. Aquí puede ayudar la terapia.

 

Y el tercer problema ya lo planteaba Schakespeare. ¿Queremos ser?

 

"Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? se preguntaba Hamlet.

 

¿Es solo el miedo a que haya algo más -peor- después de la muerte lo que evita que nos suicidemos en masa?

 

 "Morir, dormir… nada más; y con un sueño poder decir que acabamos con el sufrimiento del corazón y los mil choques que por naturaleza son herencia de la carne… Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir, dormir… quizá soñar. Ahí está la dificultad. Ya que en ese sueño de muerte, los sueños que pueden venir cuando nos hayamos despojado de la confusión de esta vida mortal, nos hace frenar el impulso. Ahí está el respeto que hace de tan larga vida una calamidad. Pues quien soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, la insolencia del poder, y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal. Quejarse y sudar bajo una vida cansada, por el temor a algo después de la muerte – El país sin descubrir de cuya frontera ningún viajero vuelve- aturde la voluntad y nos hace soportar los males que sentimos en vez de volar a otros que desconocemos. La conciencia nos hace cobardes a todos. Y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento y empresas de gran importancia y peso con lo que a esto se refiere, sus corrientes se desbordan y pierden el nombre de acción."

 

 

 

Hoy en día, más que el miedo a la muerte es una especie de curiosidad mórbida lo que parece mantener a algunas almas adormecidas en este mundo. Esperar que pase algo, lo que sea!, una hecatombe si hace falta!, pero por Dios, ALGO!!!! Aunque sea en la televisión o en casa del vecino.

 

 

Según Castillo del pino:

 

 

¿Qué es, en qué consiste ser feliz? Sólo quien da un sentido a la vida, quien esta decidido a dotarla de sentido contra viento y marea puede ser feliz, y hace y tiene en realidad biografia. Es decir, es alguien.

 

Parece que eso ha debido de ocurrir siempre, en cualquier parte, dondequiera que sea. En La Mancha de los siglos XVI y XVII sabemos de alguno - no tenemos porqué dudar que existiera- que se empeño en hacerse su vida y ser feliz, en medio de tanta gente resignada a no serlo, en medio de esta inmensa llanura en la que la sorpresa era imposible, porque no termina sino en el horizonte, y se continúa después de éste. Esa fue su genialidad; esa fue su postrera e  imperecedera enseñanza: encontró el sentido de su propia vida, se empeño denodadamente en hacerlo realidad, y de aquí que nos diera la pauta de los que significa tratar de vivir de acuerdo a su idea de él y del mundo.


Locos

Es curioso que fuese Jaspers, un psiquiatra fenomenólogo, es decir, interesado en la "experiencia del sujeto", el que pusiera una traba más a la compresión del delirio, al definirlo como incomprensible desde el punto de vista psicológico.

 

Esto le viene muy bien a la psiquiatria actual, poco interesada en cómo sienten sus pacientes y dedicada a analizar genes y neurotransmisores, acuñar nuevas enfermedades, además de estar vendida a la industria farmacéutica.

 

Los que sufren de esquizofrenia son una clientela fiel y que da pocos quebraderos de cabeza. No porque se tenga un buen tratamiento para ellos, sino porque con este tipo de locos -los delirantes, los esquizofrénicos- no hay que dialogar (lo cual solo es cierto para la fase de delirio agudo).

 

La esquizofrenia es la locura. Loco es aquel a quién los demás no comprenden.

 

 

Los esquizofrénicos deliran, los delirios no son comprensibles y lo único que podemos hacer por ellos es medicarles. La medicación les impide pensar con claridad de forma que los delirios se reducen (al igual que el resto de los pensamientos). Y si bien a corto plazo el efecto es aliviante, a medio plazo acaban pagando el precio de una melancolia que además les priva de la posibilidad de entenderse ellos mismos.

 

La pildora del olvido.

La segregación de las disciplinas nos ha hecho que hoy nos encontremos en la absurda situación en la cual los psiquiatras

(mainstream) y químicos esán convencidos de que la causa de la esquizofrenia se encuentra en el desequilibro de los neurotransmisores, los genetistas en un gen alterado, los virólogos en un virus que afecta al cerebro etc...Las teorias psicosociales ya no están en boga, la terapia es "demasiado lenta y carece de estudios que demuestren sus efectos" (y si no se hacen nunca va a haber). El modelo bio-psico-social es decir, el que dice que la esquizofrenia no tiene una única causa, de facto solo sirve para mantener el estatus quo.

 

Y buscando la piedra roseta van apareciendo cada vez más datos que nos van alejando lenta pero sistemáticamente del supuesto objetivo que sería mejorar la calidad de vida del paciente. 

 

La mejora en su calidad de vida está más relacionada con el avance cultural -hoy no sería ético, en nuestra sociedad occidental atar a los locos- que con el de la psiquiatria propiamente dichos.  Y este avance cultural tambien tuvo un motivo utilitarista, la revolución industrial precisaba de mano de obra lo cual obligo a recalificar a algunos locos como capacitados para trabajar, y  de ese modo salieron del manicomio. Para ponerse a trabajar. Y si, quizás sea mejor medicarles que extirparles una parte del cerebro.

 

Decía Thomas Bernhard, y sabía de lo que hablaba ""de las catástrofes ocurridas a un hombre más tarde se podía dedicir la existencia de daños tempranos, a veces muy tempranos, en su cuerpo y en su alma. Sin embargo la medicina actual seguía aprovechando demasiado poco esos conocimientos. La mayoria de los médicos siguen sin investigar los motivos y se limitan a los esquemas de tratamiento más rudimentarios. Farsantes expedetores de recetas que rehusan ocuparse del estudio del alma de aquellos que, siguiendo una tradición funesta, se confiaban totalmente a ellos en su desvalimiento. Vagos y cobardes eran los médicos y confiarse a ellos significaba confiarse al azar y la insensibilidad total; a una pseudociencia. La mayoria de los médicos eran hoy "trabajadores no calificados de la medicina" y "los mayores mixtificadores".

 

 

Si te interesas, lector, por la mente humana no busques respuestas en los "Manuales psiquiatricos", en los cuales el saber se agota en el bautismo de los síndromes y la enumeración de sus síntomas.

 

Si quiere saber qué se esconde tras las autolesiones, los tics, la culpa, el suicidio y muchos más síntomas leete "Instrumental" de James Rodhes, un superviviente, como tambien los esquizofrénicos lo son.

 

Además Rodhes -a diferencia de los psiquiatras- ofrece una salida, que si bien no va a hacer desaparecer todos tus problemas, si puede dotar de sentido tu vida y hacer que valga la pena vivirla.

 

Y sin efectos secundarios.

 

 


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Esto no es un Selfie

¿Qué cabe esperar de una sociedad -se preguntaba estos días una revista de arte alemana- en la que el honor de ser la escultura mejor pagada de la historia lo ostenta un perro gigante, igual a esos que se hace con globos para entretener a los niños?

 

Según el  profesor de filosofia Byung-Chul en nuestra época digital impera una estética que él denomina la estética de lo liso, lo terso, lo sin cisuras.

 

No hace falta irse a los quirófanos para comprobarlo, ya que creo que se queda corto al denominarla estética. Este movimiento lo abarca todo es también la ética que abrazamos, la encontramos en todos y cada uno de los estratos de nuestra sociedad.

 

El "positivismo" es la filosofia -y la actitud- imperante. En la ciencia este positivismo se expresa en un pseudooptimismo grandilocuente que aspira, o eso dice, a conocer la verdad a base de diseccionar estructuras, olvidando inmediatamente después que alguna vez formaron parte de un mismo Todo. El momento de la unificación de estos saberes - única forma legitima de conocimiento- nunca llegará pues ya no le interesa a nadie.

 

Si nos centramos en la actitud todo esto podría parecernos hasta bien, pues ¿que hay de malo en ser positivos? ¿hay algo más inocuo que el Faceboock?  ¿Algo mejor que una cultura del buen rollo, representada por los Likes? Unos likes por lo demás totalmente vaciados de contenido y significado -ya lo dejo claro su fundador, nunca habrá dislikes- hasta un punto grotesco y cuya única función parece ser alimentar unos egos realmente pobres- al menos en apariencia. Y es que la autoestima que se apoya en estos likes es frágil y se sostiene únicamente porque es, el nuestro, un narcisismo interdependiente.

El único problema de esta cultura positivista es que a consecuencia de su obsesión por lo uniforme, lo perfecto, ha ido relegando a la cuneta (quizás siempre lo estuvo, pero la presión nunca fue tan grande) lo único que no puede uniformarse, lo subjetivo, el sujeto al fin.

 

Lo malo del positivismo es la negación del sujeto.

 

Lo subjetivo podría definirse actualmente como aquello que ya no importa, lo que ya a nadie le interesa -por desconcertante y porque poco a poco nos vamos quedando sin lenguaje para expresarlo.

 

El arte -lo subjetivo por antonomasia- ha devenido en un mero intercambio comercial, en una farsa colectiva y el muñeco de Koons, detrás del cual no hay nada, que no significa nada y no deja ningún lugar a la interpretación ha venido -cual mesias- para tranquilizarnos.

 

Ante el Ballon Dog al menos no es necesario impostar (lo cual no es poco). Ante el Ballon Dog podemos relajarnos y contemplar extasiados nuestro reflejo, que, para que nos vamos a engañar, es lo único que parece preocuparnos.

 

En el poder redentor del arte ya nadie parece creer. Y es que hemos vendido por menos de nada nuestra alma al Gran Hermano, al fantasma del otro, que se ha ecargado de vaciarnos de pasiones, proyectos o sueños que no interesen a la colectividad.

 

Ya lo decía Musil; de todas las personalidades que conforman al ser humano (y el enumeraba al menos 8 o 9) renunciamos a la única auténtica, la única capaz de apasionarnos y hacernos gozar. Y lo hacemos sin ningún tipo de resistencia. Por nada.

 

¿Qué esperar de una sociedad en la que los políticos más votados carecen de discurso, la belleza se parece peligrosamente a la de una muñeca hinchable y las nuevas estrellas pop se caracterizan por no hacer nada (aparte de gritar y gesticular histericamente delante de una cámara?


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Propósitos 2016

Este año tengo solo un propósito en mi lista:

 

  1. Homenaje al hedonismo

 

Pues del trabajo, de la declaración de la renta, de los madrugones, del frio matinal, de la oscuridad, del largo invierno, de los interminables viajes en metro, de los incidentes y accidentes, de la depresión de finales de febrero etc... no nos libra nadie. Así es que, después de pensar un rato, aquí tengo una primera versión. (Voy a colgarla en la nevera)

 

  • Comer ostras con vino blanco en el KDW
  • Visitar Bartleby and co. (Boppstraße 2.) y agenciarme un buen libro
  • Alzar la vista y contemplar los espectaculares cielos
  • Cena en coreano de la Gneisenauerstr.
  • Mucho cine
  • New Yorker Cheese Cake en "The Bird" (Kottbusser Damm 95)
  • Viaje con Isa
  • Almuerzo con Yvonne & family en "La mar salá"
  • Escapada a Rügen a ver los acantilados blancos
  • Erizos con Roberto
  • Verano en Denia
  • Más música
  • Disfrazarme e ir a bailar al Ballhaus (con quién se quiera apuntar)
  • Jugar con mis hijos y revivir la infancia...

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El secreto de la felicidad

Es personal e intransferible, pero siempre sencillo...Este es uno

 

Tomar café

Levantarte por la mañana y ver que va a salir el sol

Mirarte en el espejo, ver que casi llegas a los 40...y que no pasa nada

Comenzar el libro de Rafael Argullol

Reirte con tu hermana sobre las rarezas de tus padres

Tomar café

Mandar una postal

Compartir unas ostras

Ir a cenar con tus amigas

Un vaso de vino tinto

Una sopa Thai

Constatar que tu trabajo tiene sentido

Decirle a tu jefe que no

Tomar café

Ver la última pelicula de Paolo Sorrentino

Dormir

Que suene el despertador y sea sábado

Tomar café

Jugar con tus hijos al memory y ver que te ganan (los dos!)

Comenzar un proyecto

El primer dia de vacaciones

Oir a Zizek

El olor a mar

Compartir una pata de pulpo

El olor a invierno

El primer Glüwein del año (y solo el primero)

Que los dias se hagan más largos

Tomar café

La risa de tus hijos

Tumbarte en el cesped con un libro y pensar que tienes dos semanas para no hacer nada

Terminar un proyecto

Hablar con los pacientes

Pan con Nutella

Tomar café

Proponerte algo nuevo y ver que puedes hacerlo

Elegir los pendientes

Releer "Los apuntes de Malte Lauren Bridgge"

Descubrir una cafeteria y sentarte a tomar un café

Escribir

Ir al coreano

Ver Star Wars con tus hijos y que te contagien su entusiasmo

Dejar de confiar en los politicos

Comer con tus amigas de toda la vida y ver que aun os reis juntas

Hablar con tu pareja y sentir que lo entiende todo

El olor a cloro de la piscina

Pasear

Comer marisco

Ir a ver "Fanny och Alexander" y acabar viendo "The Party" de Peter Sellers

Leer

Beber martini

Llegar a Denia

El olor a pachuli

Comer paella y que cada vez sea algo extraordinario

Ir a Madrid y encontrarte con camareros amables

Dormir

Mirar el cielo por la mañana y ver que es rosa

Un plato de espaguetti


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El oráculo

Los clásicos nunca pasan de moda porque las preguntas que plantean siempre son actuales. Central en "El hombre sin atributos" de Robert Musil, es el eterno conflicto entre científicos y humanistas. Según él, el problema podría resumirse como sigue: los científicos siempre reprocharán a los humanistas que sus ideas no son ciertas a lo que estos les replicarán que las suyas no son relevantes. 

 

En 1996 Kari Stefansson, und neurólogo (y científico) islandes, fundó la firma deCODE Genetics en Islandia. Sus contactos con el gobierno le proporcionaron acceso a las actas de los pacientes islandeses y con muestras orgánicas -que muchos de ellos proporcionaron voluntariamente- se decodificaron sus genomas.

 

Decir que Islandia es un pais interesantísimo para los genetistas por su particular historia; en el año 900, Celtas y Vikingos se establecieron allí y han permanecido, aislados del resto del mundo y sin mezclarse, prácticamente hasta el día de hoy.

 

DeCODE lanzó al mercado uno de los primeros tests genéticos personales. La empresa cuenta con el código genético de miles de islandeses. La idea prometía; encontrar los genes responsables de todo tipo de enfermedades y desarrollar los medicamentos específicos para tratarlas. Pronto se vió que la relación gen-enfermedad estaba bastante menos clara de lo que hubieses sido deseable y -peor aun- las posibilidades de desarrollar un tratamiento específico eran prácticamente nulas.


 

Hoy en día los tests genéticos sirven para poco más que para esto: saber que algunos de nuestros genes se diferencian de los de otras personas y que esto podría tener alguna relación con alguna de las cosas que nos pasan. Podría.

 

Steffersson -de pensamiento pragmático- ha sabido redirigir su empresa hacia el terreno del diagnóstico (los marcadores geneticos). Intenta convencer al gobierno islandes de la existencia de una obligación ética de conocer nuestro código genético. Por suerte el gobierno se sigue resistiendo.

Steffensson -dando ejemplo- contaba en una entrevista que él mismo constato, al repasar su código personal, que tenía un riesgo elevado de padecer esquizofrenia (entre otras enfermedades terroríficas). Todo quedó en un susto -por el momento- pero que a él le valió la pena.


Asumamoslo: la técnica hace tiempo que ha superado nuestra capacidad de interpretación.  Arroja datos que no sabemos interpretar (y mucho menos tratar) es decir que hoy por hoy no son relevantes y si hay algo que no es ético es querer sacar partido económico.


Cualquiera de nosotros es susceptible de padecer muchas enfermedades -y accidentes- pero este hecho no debería convertirse en nuestro timón.


Cuando uno consulta al oráculo puede ocurrirle como a Edipo que intentando huir de la profecía lo que hizo fue precipitar su cumplimiento.


El futuro es incierto por definición, y si tanto nos preocupa quizás es que algo falla en el presente.



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De buenos y malos

Ayer vi Star Wars con mis hijos. Justo el día de antes fueron los atentados de París; consecuencia lógica de la actitud imperialista y arrogante de occidente.

 

En Star Wars -una pelicula para niños- hay una separación clara entre buenos y malos. Los malos son los imperialistas: occidente. Y los buenos los rebeldes.

Por desgracia la analogía no es extrapolable a la vida real. Pues, si los malos somos los occidentales, entonces ¿quiénes son los buenos?

 

Lo más parecido a un rebelde que existe hoy en día es un terrorista (y no creo que haya mucha gente que considere que los terroristas son los buenos). Otra cosa es tachar sus actos de imcomprensibles. Eso es cinismo. Son actos lógicos. Cuando a uno le han quitado todo, ya no tiene nada que perder.

 

Pero entonces, ¿dónde están los buenos en la vida real?

 

¿Qué es el bien? ¿Quién se atreve a definirlo? ¿No es más fácil definir el mal?. El mal (o los malos) es aquel o aquello que me hace daño, a mi y a los mios. El mal es una categoria relativa.

 

Los rebeldes en Star Wars quieren aniquilar el arma omnipotente que está en manos de los imperialistas y que les aseguraría la dominancia del mundo. Ese arma si tiene analogo en la vida real y su eficacia -a corto plazo- esta probada empiricamente. Y los rebeldes más que buenos son valientes. Y quizás lo que falta en el mundo más que bondad o buenos sentimientos sea justamente eso; valor.

 

Me preguntó a que se deberá que visto en la pantalla la maldad de los imperialistas sea tan obvia y en la vida real, a pesar de ser los mismos, y de que no nos falta de infomación -aunque quizás nos llega demasiado manipulada- es tan difícil vernos como tales. ¿Será  que el grado de complejidad de la realidad nos abruma y nos paraliza? ¿Será que formamos parte de él y darnos cuenta implicaría cuestionarnos a nosotros mismos? ¿Es la sobrecarga de información lo nos impide ver con claridad? ¿Nos desconcierta que los malos hagan actos de caridad? ¿O es sólo cuestión de imagen?; que llevan traje y no van tatuados.

 


Aunque quizás no estemos tan ciegos y sepamos todo esto pero nos de todo una infinita pereza. Pereza a pensar. Pereza a renunciar. Pereza a actuar. Miedo a vernos con todas nuestras contradicciones.

 

Pereza a enfrentarnos con el mal banal y cotidiano. El mal que hacemos cuando vamos de shopping sin pensar de dónde viene la ropa. Y la cobardía. Cobardía a la hora de plantearnos para quién trabajamos y a qué se dedica la empresa a la que hemos vendido nuestra alma.

 

¿Por qué nos fascina tanto Dark Vader? ¿Qué diferencia hay exactamente entre él y nosotros?

 

¿Y el mal? No es ningún misterio que forenses o psiquiatras vayan a desvelarnos un día, no hay ningún gen por elucidar, debajo de la coraza de Vader no hay nada que explique el misterio.

 

El mal está a la vista, solo hay que querer ver.


Y Star Wars es sólo una película- les decimos a nuestros hijos.


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El infinito y la mujer

Genio: ¿Qué cosa crees más dulce: ver a la mujer amada o pensar en ella?

Tasso:No lo sé. Cierto que cuando estaba presente, me parecía una mujer; lejana, me parecía -y me parece- una diosa.

Genio: Estas diosas son tan benignas, que cuando alguien se les acerca, repentinamente guardan su divinidad, sueltan los rayos a su alrededor y se los guardan en el bolsillo, para no deslumbrar al mortal que se les pone delante.

Tasso: Dices la verdad. ¿Pero no te parece un gran pecado de las mujeres el hecho de que, ante la comprobación, ellas resultan tan diversas de cuanto las imaginábamos?

Leopardi

 

El romanticismo surgió como reacción a los movimientos dominantes de la época que habían apostado todas las cartas a la razón. Los románticos devuelven al sentimiento un papel central, abandonando la grandilocuencia de sus contemporaneos que pretendían el conocimiento pleno y la dominancia de la naturaleza.

 

La naturaleza como última vencedora es motivo común de esta época. La naturaleza recuperando el espacio que los hombres habían creido conquistar para siempre.

 

Este pesimismo a la hora de entender el mundo no tiene porque desembocar en resignación. Por contra los románticos predicaban una actitud heroico-trágica, que consistía en seguir manifestándose y vivir con alevosia, siendo plenamente conscientes del sinsentido de la empresa, de su fracaso inexorable.

 

Cierto filósofo aleman lo expresaba así, "si al avanzar la meta va alejándose, será que la meta es el camino". Aunque al final nos espere -segura de si misma- la muerte.

 

 

Aspirar a la plenitud, al TODO aún conscientes de la inutilidad del acto es una actitud romántica. La felicidad plena es imposible y este hecho hace que la vida en sí sea un estado violento. En su libro "El heroe y el único" Rafael Argullol concluye que "el poeta, el superhombre, por aspirar a la plenitud más que ningún otro, sufren esta violencia con más fuerza."

El hombre es un ser trágico y escindido porque en él habitan impulsos opuestos de los que nunca conseguirá librarse; la consciencia de la imposibilidad de la plenitud (razón) y el potente deseo de conseguirla (sentimiento). De esta contradicción emana una fuerza violenta que el poeta proyecta en los hombres, a los que acaba despreciando por su inconsciencia, resignación -tambien los optimistas pueden ser seres profundamente resignados- y cobardia ante la vida.

 

Y en medio de todo esto aparece la mujer como Diosa, promesa de plenitud (que nunca llega, ni llegará). Y el poeta, incapaz de conformarse con la mediocridad toma, con respecto a ella, una actitud que Nietschze -gran anhelador de la mujer- llamó el "Pathos de la distancia".


"Todo gran tumulto hace que concibamos la felicidad en el silencio y la lejanía. Si un hombre está en el centro de su tumulto, en medio de su resaca de opciones y proyectos, he ahí que ve pasar, deslizándose bajo sus ojos pálidos, encantadores seres, de los cuales anhela la beatitud y el descanso:son las mujeres. (...) El encanto y el más potente efecto de las mujeres es, por usar el lenguaje del filósofo, una actio in distans: es decir requiere -por encima de todo- distancia!".

F. Nietzsche

 

Hoy en día nos quejamos de nuestra soledad y de no encontrar la pareja ideal, ¿será que nos hemos convertido, a pesar de vivir en una sociedad mecánica y racionalista, en románticos?


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Divagación

Hace unos meses se publicó un estudio en la revista Science según el cual las personas tendriamos tanto miedo a quedarnos a solas con nuestros pensamientos que preferiríamos hacer cualquier cosa, aunque fuese autolesionarnos (en el estudio en forma de descarga eléctrica) antes que enfrentarnos a nuestra mente.


Preferimos una descarga eléctrica antes que pensar. Pensar en nosotros y nuestras vidas.


De hecho las descargas eléctricas siguen constituyendo un tratamiento para las depresiones graves. Cuando el médico ya no sabe que hacer (y a falta de tiempo para hablar).


No me parece descabellado pensar que cierto tipo de ataque epiléptico sea provocado por el cuerpo como defensa ante un miedo existencial apremiante. Objetivo: dejar de pensar.  Y es que aunque no parezca lógico -la realidad rara vez lo es-  no todas las personas que sufren ataques epilepticos y tiene la suerte de librarse de ellos se sienten mejor. Algunas personas se deprimen. Quizás la falta de esos ataques los obliguen a pensar en otra cosa.


Tambien las enfermedades nos libran de pensar.


Hay un problema: la mente no para. Y hay también una solución (rápida): la podemos llenar de tonterias, de ruido de fondo, para que al menos no piense nada incómodo o transcendente, nada capaz de llevarnos a cuestionar aquello que preferimos dar por sentado.


Hoy en día, y gracias a las nuevas tecnologias, no hay porque preocuparse; es posible estar todo el día ocupado sin pensar en nada, o no pensando más de 4 minutos seguidos en algo concreto. Pero esto no es nuevo, hace ya años que la televisión se encarga de dictarnos que pensar, que desear etc..

Hace poco leí un reportaje en una revista. Hablaba de un joven emprendedor que un día cayó en la cuenta de que estaba peligrosamente enganchado a su móvil: éste se había convertido en una prolongación de su personalidad que amenazaba con tomar el poder y sustituir a su corteza prefrontal, esa zona del cerebro donde se alojan las llamadas "funciones ejecutivas". Decidió cortar por lo sano y además, quiso ayudar a otros como él. Se le ocurrió ofrecer convivencias de abstinencia tecnológica. Fué un fracaso... la mayoría de los participantes abandonaron el seminario decepcionados. Aburridos y enfadados. No se sabe muy bien si con ellos mismos o con el idiota que les convenció de tamaña barbaridad.


Y es que después de tantos años de dejar que nos entretengan puede que ya no seamos capaces de hacerlo por nuestra cuenta. Podría llegar un momento en el que las personas de carne y hueso nos aburran (y nos cabreen).


Y es que - no sabemos muy bien porqué- pero habiamos llegado a creer que les interesabamos de verdad!!


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La autoridad

Puede que los no creyentes lo tengamos un poco más fácil, aunque no estoy muy segura. En mi caso durante mucho tiempo tuve mi Dios particular (aunque poco original): mi padre. Sus sentencias sentaban cátedra y tuvieron que pasar muchos, muchos años y unas cuantas decepciones para que al fin me atreviese a cuestionarlo. 

 

Los padres son los primeros representantes de la autoridad en nuestras vidas. De ellos, no de la tan conjurada educación sino de lo que a ella escapa -el ejemplo entre otras cosas- aprenderemos a cuestionar, respetar o temer a la autoridad.

 

¿Qué significa respetar a la autoridad?

 

En un libro para niños alemán (Pedro el melenas), recientemente reeditado en español, un médico alemán de mediados del SXIX, nos explica que ocurre cuando los niños se portan mal y no obedecen a sus progenitores; perdida de miembros, ostracismo y muerte son algunas de las consecuencias.

 

Un inteligente ilustrador, casi un siglo después y en vista del éxito apoteósico que tuvo esta pedagogía en Alemania, se atrevió a replicarle. En un verso de su anti-libro resume lo que les ocurre a los niños que NO cuestionan a sus padres y les obedecen ciegamente.

"Si tragas toda la comida del plato -dice-, sin importar que tengas hambre o no, si te olvidas de jugar -para no molestar- si, en definitiva, haces todo lo que tus padres te digan sin cuestionarlo, años después, siendo ya un hombre, seguirás temiendo  y obedeciendo de igual modo a las autoridades, que para esas fechas -por suerte o por desgracia- ya no serán tus padres sino tu marido (o tu mujer), tu jefe, los políticos, tu médico, tu psiquiatra, tu jefe etc...

 

Si alguna vez, con mucho esfuerzo por tu parte -o después de una gran caída- consigues cuestionar tus autoridades, te darás cuenta de que has comenzado un camino interminable y angosto. 


De pronto todo puede parecerte una tomadura de pelo:

  • el amor romántico es para siempre
  • la televisión informa
  • la depresión tiene una causa orgánica
  • la esquizofrenia hay que tratarla con medicación
  • los ricos son más listos
  • los políticos trabajan para mejorar nuestra situación
  • las nuevas tecnologías nos ayudan a socializarnos
  • sin móvil no se puede vivir
  • los académicos son más inteligentes

 

Y además, con asombro observarás que ni siquiera los que podrían beneficiarse de esta actitud crítica, van a embarcarse en algo tan descabellado: por pereza e inercia pero sobre todo por miedo (ese miedo tan viejo y familiar). Y es que no hay nada que de más miedo que la libertad, aunque sea la de pensamiento.

 

 

Todo esto para alivio de las propias autoridades. Y es que si no les obedeciésemos ciegamente no podrían manipularnos con tan poco esfuerzo.


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Fobia social: el infierno son los otros.

Cuando tengo que hablar con alguien siento miedo.


El estómago se me encoje, los pensamientos se amontonan en mi cabeza y pienso:  ¿tiene sentido lo que digo?, ¿estoy haciendo una pregunta estúpida?, ¿utilizo las palabras correctas?, ¿cómo va a reaccionar la otra persona?.


Me apetece salir corriendo, escapar.

Cuando tengo que hablar en grupo -y todos me miran- es aún peor. Mi corazón late a 200, me sudan las manos y yo quisiera estar muy lejos. La taquicardia y la tension en el estómago son horribles; estoy tan nervioso que no puedo ni moverme. La mayoría de las veces no me salen las palabras. Me quedo callado. Solo quiero que todo acabe cuanto antes.


Si tengo problemas con los ejercicios en clase y alguien me pregunta como voy, le digo que bien; para que se vaya y me deje en paz. Es mucho peor el miedo a tener que hablar con él que la sensación de fracaso por no entender nada.


Ir al colegio es un infierno para mi. La mayoría del tiempo estoy solo y apartado. Nadie juega conmigo, a veces tengo la sensación de que no existo, y si se acercan es aún peor, se meten conmigo y pueden ser muy crueles.


Cuando llego a casa y mis padres me preguntan cómo me ha ido, les digo que bien. No quiero preocuparles y tampoco me gusta que piensen que soy débil.


No me gusta la vida.


Lo único que me gusta es estar en mi habitación y jugar con el ordenador. Pero siento todo el tiempo que estoy haciendo algo mal, que me estoy perdiendo algo y me pregunto porqué soy así.

 

Testimonio de un niño anónimo


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False Memorys

"No sabemos quién somos hasta que nos oimos contando nuestra historia"

 

La memoria humana no es infalible. No funciona como un ordenador que almacena y ordena los recuerdos por orden de aparición. Nuestra memoria es dinámica. Nuestra autobiografia es voluble y susceptible de modificaciones. El cerebro va seleccionando e integrando en nuestra historia lo que le interesa recordar, quedando aquello que no en una especie de limbo. Y a la hora de recordar dependerá mucho de nuestro estado de ánimo el que recordemos unas experiencias u otras y cómo las recordemos. Que la memoria funcione de manera aparentemente tan ineficaz tiene una explicación. Nos protege de recordar cosas que preferimos olvidar, lo cual es bueno para nuestro autoconcepto.

 

Si la memoria fuese infalible nos ocurriría lo que les ocurre a aquellos que no pueden olvidar: tampoco pueden vivir.

 

 

La psicóloga norteamericana y experta en memoria Elisabeth Loftus estuvo estos días en Berlín para hablar del tema al que ha dedicado su vida de investigadora: las "memorias falsas".

 

En los años 60-70 se produjó un fenomeno social curioso, y sospechosamente similar al que observará Freud medio siglo antes. En el transcurso de la psicoterapia algunos pacientes accedian de pronto a recuerdos traumáticos y estos iban desde haber sido víctimas de abusos sexuales de niños hasta haber sido obligados a participar en misas satánicas.

 

Además, los perpetradores de estas atrocidades, solían ser los padres. De pronto multitud de padres se vieron acusados, según ellos falsamente, por sus hijos de violadores.


Freud -presionado por el puritanismo de una época que no podía aceptar que estas cosas ocurriesen, y menos aún en el seno de familias respetables y acomodadas- tuvo que retractarse y "reconocer" que los pacientes se habían imaginado los abusos: era el deseo de los pacientes el que les llevó, de niños, a fantasear sexualmente con sus padres, los complejos de Edipo y Electra nacían, son los hijos los que quieren acostarse con sus padres, siempre.

 

Los años 60 y 70 fueron una época muy distinta y mucho más liberal que la de Freud. La gente se revelaba en las calles contra los políticos, contra el establishment, pero había resistencias y en definitiva el tabu seguía siendo tabu. Elisabeth Loftus fue una de las científicas que salieron en defensa de los padres y a ella debemos la interesante teoría de que estos falsos recuerdos podían haber sido inducido por los propios terapeutas.

 

La situación terapeutica es muy delicada. En la intimidad de la consulta el paciente se encuentra sólo e impotente ante un terapeuta incompetente o demasiado implicado que puede causarle mucho daño.

 

Pero aun siendo esto cierto, no lo es menos que el abuso sexual de padres a hijos existe y ha existido siempre y que también existe la amnesia postraumática y es posible acceder, en el curso de la terapia, a recuerdos reprimidos no inducidos por el terapeuta.

 

La memoria colectiva funciona de forma similar a la individual; las sociedades prefieren no cuestionar, pues cuestionar es dudar, la duda precede a los cambios y tendemos a la inercia. La situación de impotencia -siempre que no transpase un límite- es preferible a la de libertad.


No queremos creer que el mal existe -y no precisamente en el infierno- y que, en ocasiones, los padres son los peores verdugos. Nadie quiere creer esto y si hay gente dispuesta a hacerlo, antes de indignarnos y acusarles de crédulos, deberiamos preguntarnos porqué, pues los recuerdos son muy manipulables pero los sentimientos de los que emanan son mucho más sólidos.


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Modelo de madre

La madre es el medio a traves del cual el niño aprende a interpretar el mundo. Por medio de la madre y basándonos en su comportamiento, sus expresiones, sus miradas, sus gestos y más tarde, sus palabras, consegiremos -o no- entender el funcionamiento del mundo y de las personas.

 

Las emociones y el comportamiento en sociedad -al igual que el lenguaje- tienen que aprenderse. Nacemos con el potencial pero este sólo se desarrollará adecuadamente si en las etapas sensibles de nuestro desarrollo temprano nos proporcionan las experiencias necesarias.

 

Daniel Tammet un joven ingles diagnosticado de Asperger (una forma de Autismo) y cuya memoria y capacidad de cálculo son tan extremas que le han hecho merecedor del síndrome del sabio, dedica en su libro "La poesia de los números" -una declaración de amor a las matemáticas- un capítulo a su madre.

El capitulo, que parece estar totalmente fuera de contexto, se llama "Modelo de madre".

 

Dice Tammet que su interés por entender a su madre surgió de su absoluta incapacidad para hacerlo. Y no fué por no intentarlo:

"de pequeño resolví que si conseguía reunir suficientes recuerdos y someterlos a un patrón estadístico, podría predecir el comportamiento de mi madre".

 

Tammet creo en su cabeza un "modelo" de madre imaginario a partir del cual intentaba predecir la conducta de ésta. Solo había un problema; no funcionaba. Tammet explica: "Puede que ella notase el espionaje al que la sometía y quisiera pillarme infraganti, o quizás es que simplemente le aburria la rutina: en cualquier caso, a veces decidía revolverlo todo. Lo peor era que en las escasas ocasiones en que mi madre se convertía en un émulo de mi modelo, la desasosegante sensación de deja-vu me resultaba nauseabunda. Me preocupaba que fuese síntoma de algún poder oscuro en mi interior, o peor aún, del deterioro del libre albedrio de mi madre."

 

Y es que si el modelo funcionaba ¿cómo estar seguro de que su madre existiese más allá de su cabeza?. Si esto fuese así la soledad sería ya absoluta.

Die Tammet que la comprensión entre individuos depende de nuestra capacidad de predicción. Si no somos capaces de predecir el comportamiento de la gente que nos rodea, necesitaremos aumentar las medidas de control. Y cuando este control fracasa estrepitosamente nos queda la opción de refugiarnos en mundos más fiables: los ordenadores, la lavadora, la música, los juguetes mecánicos o los números. En ningún caso las personas.

 

Tammet comenzó a rodearse de un mundo de fantasia donde los números le proporcionaban aquello que no conseguía encontrar en las personas: seguridad.

 

Tammet, que resuelve operaciones matemáticas con una precisión y rapidez que escapa a nuestro entendimiento, que es capaz de aprender una lengua como el islandes en una semana (!!) dice de su madre (y la frase la extrapola a la vida social y emocional):

"Mi madre ha sido siempre un misterio para mí. Hemos tenido toda mi vida para llegar a conocernos, pero no me parece que haya sido suficiente, ni mucho menos. Su comportamiento se me escapa: mi capacidad de comprensión no basta. Por más que lo intento, no soy capaz de entenderla."


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Viagra para mujeres

El 17 de Octubre de este año la industria farmaceutica volverá a frotarse las manos. Las mujeres con poco deseo sexual podrán adquirir en la farmacia, a cambio de un diagnóstico -"hypoactive sexual desire disorder"- y una receta médica, "Addyi", la Viagra femenina o rosa (el color de las grajeas).

 

Tomando un Addyi al día y con suerte y voluntad las mujeres conseguiran disfrutar de un coito más al mes. A cambio solo tendrán que asumir su condición de enfermas, cambiar sus hábitos alimenticios, renunciar al alcohol, y last but not least, tolerar los efectos no deseados de las píldoras (tensión baja, somnolencia, mareos o fatigas, entre otros).

 

Si eres mujer y te sientes identificada con el síndrome quizás tiene sentido que te plantees algunas cuestiones, antes de comenzar el tratamiento. Aquí algunas ideas.


El Viagra para hombres fue un órdago para la industria farmaceutica. El descubrimiento se debió, como muchos de los grandes éxitos de las farmacéuticas, a una serendipia. Se estaba estudiando un remedio para la tensión y la erección apareció como efecto no deseado. Rápidamente a estos mercaderes se les encendió la bombilla y desde entonces muchos hombres han podido aumentar la vigorosidad y duración de su erección (que no de su relación).

 

El problema de los consumidores de Viagra no era, en la mayoría de las ocasiones, el deseo sexual.

 

Y ese es justamente el supuesto problema que el Viagra femenino pretende resolver.

Salvando excepciones -que no tiene porqué ser patologías- el deseo o la excitación sexual no funciona igual en hombres y en mujeres.

 

Los hombres -por regla general- se excitan más a menudo y más automáticamente. En las mujeres el deseo sexual es más situacional y está más ligado a un estímulo concreto. Además en mujeres la curva del deseo esta sometida a una mayor fluctuación y es más sensible a todo tipo de influencias externas e internas.

Y precisamente por estar el deseo femenino más ligado a un estímulo y ser menos espontaneo, las mujeres suelen tener una menor querencia a "buscar" sexo activamente o alternativas a él -como la pornografia.


No es raro que después de una relación sentimental y monógama larga el deseo sexual disminuya. Y logicamente este cambio no afectará a ambos conyuges por igual. Primera pregunta:

¿Implica esto que uno de los dos está enfermo? y si fuese así ¿quién será el enfermo, el que quiere más o el que quiere menos sexo? 

 

El problema -que es a la vez el Joker de las farmaceuticas- a la hora de responder a esta pregunta es que es que existe una nebulosa acerca de cuánto deseo sexual es normal.

La sexualidad es un ámbito todavía monopolizado por los hombres, basta echar un vistazo a la publicidad y a la sociedad en general.

Mi sensación es que sigue siendo el criterio masculino el que determina cuánto sexo es normal y algunas feministas contribuyen a mantener el status quo al exigir soluciones para problemas que todavía no sabemos si son realmente nuestros.

 

Problemas mal planteados o planteados por hombres.

 

La falta de deseo sexual es un tema tabu entre mujeres -quizás entre hombres lo sea aún más, pero ese es otro tema.

 

Ser poco sexual es algo que hace a la mujer menos atractiva, y esto es algo que las mujeres suelen saber intuitivamente. Antes de medicarte deberias preguntarte si lo haces por tí, por tu pareja o por la relación. En todo caso accediendo a medicarte estas aceptando tácitamente que el problema es tuyo.

 

Me preguntó si esta píldora tan poco prometedora tendrá éxito. Si las  mujeres asumiremos el papel de enfermas y nos identificaremos con él. Y es que no todo son contras, la ventaja de atribuir nuestro "problema" a un desarreglo hormonal, un desequilibrio en el sistema de neurotransmisores o cualquier deficit orgánico es que nos exime de buscar soluciones alternativas.

 

Por mi parte, se me ocurren muchos otros aspectos que cuestionar antes que mis hormonas, y si lo que las pastillas me ofrecen es un polvo más al mes, no pienso renunciar a mi copita de vino.

 


El baile y su relación con el inconsciente

A finales de los años cincuenta del siglo pasado Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata, dos artistas japoneses, sobrecogidos por los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki y sus consecuencias sociales, crearon un estilo de danza muy particular, el Butoh. En parte heredero de las danzas expresivas europeas, el Butō nace en un contexto historico muy particular. Durante esos años deambulaban por las calles japonesas supervivientes del bombardeo, con los cuerpos quemados y los globos oculares reventados colgando sobre las mejillas.

 

En el principio fue el silencio, como mucho el grito, el verbo vino mucho más tarde. Pero cuando vino, lo hizo para quedarse. Dió forma a nuestro pensamiento cual tirano que expulsa lo que no le place y determina lo que va ser real.

 

Antes de ser exclavos de cualquier otra ideología lo somos del lenguaje.

Pero de la misma manera que un tirano o un regimen autoritario nunca podrá controlar todas las esferas de la sociedad, tampoco el lenguaje hablado conseguirá nunca tener el monopolio sobre la comunicación.

 

Coexisten con él otras formas de comunicación, el "lenguaje no verbal", que no se reduce a los gestos y posturas que acompañan nuestro discurso.

 

Los "lapsus lingua" tan frecuentes entre nuestros politicos son también grietas en el lenguaje, un lenguaje involuntario que nos ocurre en contra de nuestra voluntad y nombra lo que querriamos callar.

 

O el silencio. "El que calla otorga" se dice cuando alguién, ante la oportunidad, no protesta teniendo después que asumir las consecuencias de igual modo que si se hubiese pronunciado. Lo que se sobreentiende es también algo que no necesita ser nombrado.

 

En un nivel superior están los tabus; silencios que dicen más de nosotros que la mayoría de los discursos y tienen una enorme influencia en nuestro comportamiento. Nos guian.

 

En el plano psicológico se puede decir que una experiencia sobrecogedora nos deja "sin palabras". Ante la belleza nos callamos. Y también los traumas nos silencian.

 

Lacan y sus epígonos hablan de una "grieta" que rompe la narrativa de nuestra biografia. Una grieta con enorme fuerza motriz.

 

Estas grietas traumáticas nos vuelven rígidos e inflexible. La consecuencia lógica de una grieta traumática es la evitación fóbica o precaución extrema ante ciertas situaciones que se parecen demasiado al trauma. Pero hay otra consecuencia, otro mecanismo de defensa, que no parece tan lógico pero que es igual de común e incluso puede coexisir con la fobia y el control; la repetición. Una misteriosa fuerza interior nos empuja a reescenificar y reconstruir situaciones en las que, de manera controlada, revivimos el trauma. Sin verbalizarlo.


Los comportamientos más brutales y más inexplicables pueden coprenderse -que no tolerarse- indagando en la biografia de los afectados. Detrás de un pedófilo suele haber un niño abusado. Y tambien la historia tiene tendencia a repetirse.

Al Butoh se le llama la danza hacia la oscuridad. La oscuridad en el alma humana, esa parte oscura para la que no existen palabras. Es el cuerpo el que se expresa en esta danza. Es la grieta la que habla a traves del cuerpo. Los bailarines de Butoh descubrieron la belleza en la sombra. El Butoh nace de la necesidad de expresarse.

 

Y es que cuando ya no se puede callar hay que bailar.



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Carta a un niño

Informe psicológico alternativo:


Querido niño:

 

En el mundo de los adultos muchas cosas importantes ya no tienen cabida.

 

Te he pasado diversos tests neuropsicológicos estandar y he visto que hay ejercicios que te cuestan mucho. Tengo la sensación de que cuando tienes que hacer algo, que sabes que no se te dan bien, te cuesta mucho concentrarte. Automaticamente, casi sin darte cuenta, te pones a mirar por la ventana y a pensar en otras cosas.

 

Todavía no sabes leer y escribir como te gustaría y las matemáticas no se te dan bien.

 

Y por desgracia en nuestra sociedad hay cosas que uno tiene que saber y otras a las que no se da tanta importancia.

 

Y alguna gente cree que un niño es menos listo si no sabe leer o contar hasta cien a cierta edad, pero que no sepa pintar o bailar no importa.


Creo que nos estamos equivocando.

 

Te he pasado las pruebas neuropsicológicas, pero tambien he tenido ocasión de observarte haciendo otras cosas. Y he llegado a la conclusión de que eres una niña muy lista.

 

Y para que no creas que te lo digo por decir, te voy a explicar porqué lo creo.

 

Lo primero que llamó poderosamente mi atención fueron tus dibujos. Pintas excepcionalmente bien. Cuando pintas no pareces insegura, al contrario, se te ve segura y decidida y el resultado es fantástico.

 

Cuando pintas no pareces tener miedo a equivocarte.

 

En tus dibujos se ve que tienes mucha imaginación. Los he colgado en mi despacho, para que otros niños puedan verlos.

 

 

 

Creo que eres una persona muy sensible y observadora. Mirabas los cuadros que colgaban en mi despacho con gran interés y hacias preguntas sorprendentes y de gran profundidad.

 

Tus padres me confirmaron que tienes mucha imaginación y que eres muy creativa jugando.

 

Nadie sabe a ciencia cierta porqué tienes problemas en el colegio. Seguramente tuvieses cosas más importantes en que pensar (preocupaciones) y no te interesase lo que decía el profesor en clase. Y cuando te quisiste dar cuenta ya era tarde: habías perdido el hilo. Y como era tanto lo que creias no saber, ya no te ateviste a pedir ayuda.

 

Al final, frustrada, tiraste la toalla. Y ahora todo el mundo dice que tienes problemas de atención y los médicos dicen que con una pastilla te pueden curar.

 

Solo una cosa es segura: eres -a pesar de todos los tests neuropsicológicos- una niña muy lista.

 

Necesitas amor, paciencia y ayuda de los adultos y si estos consiguen dartelo, entonces podrás aprender.

 

Sin pastillas.


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La navaja de Okham

Hay un libro para niños en alemán, que todos los de mi generación -y sobre todo las generaciones anteriores- conocen. Se llama "Der Struwwelpeter", en español "Pedro el desgreñado".

 

Fue publicado hacia 1845 por un médico y psiquiatra alemán, Henrich Hoffman, y está compuesto por diversas historietas que narran el triste destino de unos niños traviesos -¿o enfermos?.  

 

Empezando con uno al que un sastre le corta los pulgares por chuparselos, hasta acabar en la niña que muere chamuscada por jugar con fuego, pasando por el que se reía de un negro y fue castigado -por racista-, sumergiendole en un tintero negro, de forma que quedó aún más negro que el original (interesante moraleja).

 

Muchos años después, aparecería en la DDR otra versión de este libro, con más historietas y una tendencia todavía más acusada al escarnio y la burla.

 

En esta segunda versión se hace hincapié en la humillación y el rechazo de la sociedad -empezando por los padres- hacia los niños que se portan mal. 

 

La forma de describir a los niños revela la poca empatía que el autor, y toda una generación, tenían con la infancia.

 

Así por ejemplo, de Martin el tozudo se dice que siempre se quejaba cuando ocurria algo que no le cuadraba, pero que en realidad  no tenía motivos para ello: lo que ocurría es que era malo.

 

El autor pasa de calentarse la cabeza y corta por lo sano con la navaja de Ockham (tambien llamada principio de parsimonia que postula que en general en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta.)

 

Y es que, ¿para que buscar causas pudiendo decir simple y llanamente que Martín es malo?

 

Niño malo, madre buena.

 

La ilustración que acompaña la historia se encarga del resto dirigiendo tendenciosamente nuestra empatía al mostrarnos a Martín con cara de pocos amigos frente a una madre deshecha en lágrimas. 

 

En otra historia se habla de Angelica la perezosa, a la que se dibuja con una obesidad morbida y cara de despreocupada felicidad. De ella se nos dice que era tan perezosa que solo caminaba para ir a la nevera. Después de describir con minuciosidad -y ensañamiento- su  opulento menu, el autor la hace explotar. Ole ahí. 

 

Imaginen -si pueden- como debía sentirse un niño gordo leyendo esta historia.

Mejor todavia y muy actual, es la historia de Frank loco por la tele: sus padres observan impotentes a su hijo, que se consume delante de la televisión, incapaces por algún motivo misterioso de apagarla.

 

Una amiga que creció en la DDR me comentaba que era común escuchar en boca de padres y profesores la siguiente frase: "a los niños hay que verlos, pero no oirlos".

 

Así que niños, educaros solos, y a ser posible, como decía Felix de Azúa, sonreir y estar sanos aun a costa de vuestra salud. Más os vale.

 

 

Hoy en día ya no se escriben este tipo de libros, ahora somos politicamente más correctos y sabemos que esta mal burlarse de los débiles.

 

Queremos más a nuestra descendecia y queremos que les vaya bien en la vida. Y cuando dan problemas preferimos llevarlos al médico, delegando en ellos la parte de la educación que no nos vemos capaces de afrontar y esperando que les dignostiquen algo y nos receten -en forma de píldora mágica- una solución.

 

Parafraseando a Lampedusa, se podría decir que para los niños todo a cambiado para poder seguir igual, y es que el poder nunca se caracterizó por su capacidad de autocrítica.



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Berlín: ciudad de goces y sombras

En la intimidad de la consulta la gente habla de cosas, que en su rutina diaria -por diversos motivos- no tienen cabida.

 

De las sombra, del lado oscuro, de lo ocultable.

 

En mi opinión deberiamos hablar más y más abiertamente de esa parte de la realidad, que tan poco nos gusta mostrar.


Tomemos el caso de Berlín. En principio la ciudad sorprende por la gran tolerancia de sus barrios mas concurridos: toda variedad de estilos y culturas parecen tener cabida aquí.


Cuando llegas a Berlín una sensación de libertad se apodera de tí; piercing, tatuajes, drogas todo parece ser normal y estar aceptado aquí.

 

En Berlín nadie se sorprende -ni te mira- por llevar el pelo fuxia o la cara perforada.Aquí puedes vivir, por fin, tu lado más loco.

 

Sin embargo, andando el tiempo te vas percatando de que esta tolerancia no es otra cosa que indiferencia.


En Berlín la gente no se comunica en los espacios públicos y hay mucha gente muy sola.

 

Y esto explica en parte que ésta ciudad, llena de jovenes, sea una ciudad de singels. 

 

Encontrar pareja puede convertirse en un trabajo fatigante, y eso a pesar de la proliferación de programas como Tinder, destinados a facilitar los contactos.


En una ciudad como Berlín, los temas más existenciales -como la soledad- afloran al cabo de poco tiempo a la superficie. Incluso la libertad, puede acabar siendo un fastidio.

Berlín puede acabar metamorfoseada en una ciudad hostil dónde, a pesar de la enorme oferta cultural y social, te acabes sintiendo más solo que nunca.

Y encima esta soledad te puede doler doblemente pues puede que acabes pensando:

 

- Algo falla conmigo, estoy en Berlin (!) y no disfruto.


Zizek, el polifacético filósofo habla de un sufrimiento genuino en las sociedades modernas. 

 

En un lugar donde las restricciones tradicionalistas (morales y religiosas) han perdido gran parte de su peso, las redes sociales -Faceboock y demás- han asumido sigilosamente su función, y sus códigos morales son tan difíciles de eludir como los de antaño, o más.


El más importante es: Goza, Disfruta, Diviertete.


-Goza!, nos dice nuestra voz más íntima. Y como no lo conseguimos, al menos intentamos aparentarlo.


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Procastinar

El cerebro es un órgano obsesionado por el ahorro de energía.

 

Consume mucha energía intentando encontrar y desarrollar patrones que pueda generalizar a cuantas más situaciones mejor. La finalidad es no tener que pararse a pensar en cada situación, lo cual es imprescindible para sobrevivir.

 

El cerebro consume mucha energía intentando ahorra energía.

 

Y visto lo visto el ser humano no aspira a otra cosa: dejar de pensar.

Equivocados, creemos ir en busca de la felicidad y que la felicidad consiste en tener tiempo libre. Pero tiempo...¿para qué?

 

Decía Zizek, el filosofo más cinéfilo, que cuando adquirió su primer video respiró tranquilo pensando que a partir de ese momento ya no iba a perderse ningún programa o película interesantes.


Para su sorpresa acabó ocurriendo justo lo contrario: la colección de grabaciones interesantes creció a un ritmo inversamente proporcional al número de peliculas vistas.

 

Llegó un momento en el que Zizek tomo conciencia de que ya nunca iba a haber tiempo material para ver todo el material interesante acumulado.

 

Lo que había adquirido con el video era la tranquilidad de la posibilidad -engañosa, pues no habría de cumplirse.

 

Lo mismo nos ocurrirá a todos nosotros cua