Psicoblog


La conspiración

"La verdad es lo único que nadie cree" Bernard Shaw

 

Se llaman teorías conspirativas a ciertas teorías alternativas a las oficiales que explican un acontecimiento o una cadena de acontecimientos a través de la acción secreta de grupos poderosos, que en el fondo tienen intereses contrarios a los que abiertamente defienden.

Psicológicamente la semilla de la conspiración emerge del malestar por la sospecha de estar siendo manipulados. 

Los psiquiatras incluyen a los conspiranoicos dentro de la categoría de los paranoicos y, dependiendo de lo ferrea y estable que sean sus creencias, pueden ser incluidos en categorias diagnósticas más graves.

La sospecha del conspiranoico puede ser cierta o falsa, y no depende únicamente de su carga de verdad que sea considerada conspiración. Casi cualquier teoría, por absurda que sea, puede llegar a convertirse en una verdad social si es secundada por la masa. 

Una pareja de humoristas se burlaba el otro día de esos conspiranoicos que temen que el gobierno controle sus pensamientos a través de mágicos y electromagnéticos procedimientos. Se les escapaba un detalle y es que los gobiernos ya controlan, o al menos influyen fuertemente en nuestros pensamientos a traves de un medio mucho más prosaico: la prensa. 

El mero hecho de que ellas -y tambien nosotros- hoy hablemos de conspiración está directamente relacionado con que la prensa ha hecho del tema actualidad.

 

Os invitamos a debatir sobre este fascinante tema. Queremos abandonar los lugares comunes y acercarnos a la médula de la conspiración. Queremos plantear preguntas como qué relación existe entre conspiración y poder, cuándo es legítima la duda -pensamiento crítico- y dónde comenzamos a hablar de conspiración, porqué conspiramos, qué nos impide confiar o creer en el azar y finalmente qué es la verdad y quién esta autorizado para decidirlo.

 

21. Noviembre 2020, 18:00 h. (Madrid, Amsterdam, Berlin, Rom, Stockholm, Wien)

A la hora y en la fecha indicada, pinche por favor en este link y se abrirá el programa:

https://us04web.zoom.us/j/7953405174?pwd=RzhJMHBnWGRPNkxlSXNDWDFHbjFsdz09

 

ID de reunión: 795 340 5174

 

Código de acceso: conspirar


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Depresión o Desencanto

En esa inusual película de Jaime Chavarri que es el Desencanto, un alterado Michi Panero comienza proclamando una verdad incuestionable desde el punto de vista lógico; que no es posible desencantarse cuando uno no ha estado nunca encantado. 

 

Pero como la vida, tampoco la lógica es infalible, y al igual que cuando uno piensa que ya no puede ser peor viene y te demuestra que siempre puede empeorar, que despues de tocar fondo siempre queda escarbar, de vez en cuando constatamos que, por poca fe que tengamos en el mundo y en las personas, siempre es posible desencantarse y que cuando estos desencantos se acumulan es posible incluso quebrarse. Y es que...

 

¿Cuántas veces podemos desencantarnos sin rompernos?

 

La psiquiatría tiene la respuesta: ninguna.

 

Al margen de las vivencias de cuada cual, el que sucumbe y pasa más de dos semanas triste o embotado emocionalmente, sin interés por su entorno, con problemas para conciliar el sueño y comenzando a pensar en el suicidio como liberación es un enfermo.

"La depresión es una enfermedad", anuncia estos días una pancarta gigante al lado de mi consulta en Berlin Neukoelln.

 

El mensaje; el individuo -y no el mundo- está enfermo y es por tanto al individuo al que le toca aceptar su patología y acudir al médico a que le devuelva su cordura. La cordura viene en forma de pastilla que anestesiándolo emocionalmente confirmará que su cerebro era incapaz de hacerlo por su cuenta.

 

De manera lapidaria la psiquiatría da así por finalizada la historia milenaria de eso que los antigüos llamaban melancolia. En la época de Aristóteles al meláncolico al menos podía quedarle el consuelo de su genialidad.

 

Despojado de toda épica hoy el depresivo es tan solo un enfermo.

 

Por otra parte, redefiniendo la depresión en enfermedad se separan convenientemente los síntomas arriba mencionados de posibles causas reales que, de ser analizadas, podrían arrojar preguntas incómodas como por ejemplo, si las medidas sin alternativa de este último año han resuelto o generado más problemas.

 

En todo caso la proliferación de depresiones confronta a la sociedad con una cuestión cada vez más difícil de eludir;

 

 ¿quién esta enfermando el individuo o la sociedad?

 

O como decía Primo Leví, ¿qué es un hombre, si su única posibilidad de ser considerado sano es no reaccionar a las multiples decepciones de la vida en general y de este año en particular?

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Los debates de la Escalera: El doble

Con el tema del Doppelgänger (el doble) en la vida y en el arte inauguramos la temporada de otoño 2020 retornando a nuestros ya míticos debates en la libreria la Escalera.

 

La particularidad de los Debates de la Escalera es abordar temas existenciales que a primera vista pueden parecer alejados de nuestra cotidianidad. Nos interesan temas que no están -nunca lo han estado- de moda pues han sido sepultados por otros más actuales y convenientes, más capaces de provocar la ilusión de progreso.

 

El Doppelgänger es uno de los nombre que damos a nuestro lado oscuro, nuestra sombra, lo expulsado. 

 

Hablamos del Doppelgänger desde diversas perspectivas partiendo de la convicción de que el lado oscuro no esta en otro lugar que en cada uno de nosotros. Y que aquel que no acepta esta presencia, corre el riesgo de ser presa de ella. 

 

El Doppelgänger guarda una relación directa con algo tan humano como es el problema del bien y del mal. Dilema a su vez relacionado con nuestra tendencia al pensamiento binario (0-1). O quizás sea al contrario, y somos binarios, precisamente por el temor que le tenemos al mal. 

 

Quizás sea este miedo ancestral nuestro a identificarnos con el mal el origen de nuestra necesidad imperiosa de dividir el mundo en dos; luz/sombra, bien/mal, mujer/hombre, salud/enfermedad, vida/muerte. Convirtiendo progresivamente categorias que eran complementarias en antagónicas.

Y olvidado aquello que decía Schopenhauer; que la vida es fundamentalmente ambigüa. Y que ni en la vida ni en nosotros existe esa linea divisoria. La hemos trazado nosotros. Aunque sería más justo decir; nos la trazaron. Nos la trazaron y nosotros nos la seguimos trazando y se la trazamos a nuestros hijos. 

 

Nos la trazaron y nos dijeron que debíamos identificarnos con uno de los lados; el claro. El oscuro, en el que se encuentran nuestras debilidades, vergüenzas, deseos inconfesos y políticamente incorrectos fue censurado (primero desde fuera y luego tomamos el relevo) y su contenido enviado a las profundidades. Reprimido.

 

Pero como no pudimos hacerlos desaparecer lo sellamos con la culpa, esa eterna sensación nuestra de insuficiencia con respecto a la autoridad que nos somete.

 

Expulsados y sellados con culpa o vergüenza, mantuvimos nuestros instintos ocultos de modo que nuestro rechazo hacia ellos (que es el rechazo que originariamente generaron en nuestros educadores) llegó a ser tan potente que quisimos olvidar que nos pertenecian. Los disociamos expulsándolos de nuestra memoria.

 

Pero cuanto más identificados estabamos con la luz, cuanto menos aceptabamos nuestro lado oscuro, más poder le estabamos dando. Pues como decía Bataille; cuando mayor es la belleza, más profunda es la mancha.  Y lo que comenzó siendo mero instinto de supervivencia, necesaria autoafirmación, a base de frustración y condena terminó convertido en sed de venganza.

 

Pues cuando el deseo no puede fluir, como advertia el poeta, deberemos esperar veneno.

 

¿Y cuál es el mal que rechazamos?

 

El mal es lo que la moral social define como mal.

 

El mal son los impulsos individuales que ponen en tela de juicio los valores de la sociedad. Y hay que aplacarlos para que la sociedad pueda seguir avanzando sin trabas.

 

El mal es aprendido , cuando nacemos no somos ni buenos ni malos, tenemos instintos, capacidad mimética y de aprendizaje. Y progresivamente la sociedad nos va civilizando, se va encargando de enseñarnos qué es lo que podemos mostrar, que tenemos que ocultar y que no deberiamos siquiera sentir.

El mal (lo indeseable) es en sus matices cultural pero en su esencia universal.

 

Los pecados capitales (pereza, gula, lujuria, envidia, avaricia, ira y soberbia) siguen teniendo vigencia hoy en día en nuestra sociedad occidental progresista. Lo único que ha variado ligeramente es la forma de transmitirlos, que hoy es más seductora -manipulativa- que autoritaria.

Alimentate bien, haz deporte, no levantes la voz, se feminista y sobre todo, no seas soberbio, pues la soberbia es el peor de todos los males.

 

No llames la atención, no te creas más que nadie, deshazte de tu ego, deconstruyete; son los imperativos modernos que pretenden la adaptación al grupo a costa de las necesidades individualidad, hoy ego.

 

La soberbia, el "non serviam" fue el pecado de Lucifer, doppelgänger de Dios. Y lo pagó caro. Como ya antes lo había pagado caro Prometeo. Y lo seguirá pagando caro por los siglos de los siglos todo rebelde que ose retar a los Dioses.

 

No serviré; ese es el verdadero mal. El mal es una cuestión de perspectiva. Para la sociedad siempre estará en el individuo. Ira mutando lampedusianamente, dependiendo del poder que lo defina; ayer la religión (el pecado original), hoy la ciencia (un narcisista con una amígdala demasiado pequeña).

 

Pero la condena de los instintos individuales no sale gratis, y si no que se lo pregunten a Jekyll. La represión producirá un exceso de energia y que puede volverse contra el individuo incluso, aunque esto sucede menos a menudo, contra la sociedad.

De esto tomaron conciencia, a finales del SXVIII, una serie de artistas y comenzaron a plasmarlo en los más diversos géneros fundando ese movimiento que hoy conocemos como romaticismo.

 

El romanticismo fue un doppelgänger que emergió como reacción a la negación en masa del lado oscuro del mundo y del ser humano que fue la ilustración, aquel sueño de la razón al que seguimos enganchados.

 

Primero los románticos, y luego un medicucho vienés que nos espeto aquello de "no somos dueños en nuestra propia casa" generándole a una humanidad envalentonada otra "herida narcisista" (después de las de Copérnico y Darwin).

 

Decía Aute que siempre es lo mismo, pero con distinta voz y efectivamente, así seguimos, empeñados en negar nuestra sombra, la individual y la colectiva. Y somos tan invidentes para las consecuencias de nuestro punto ciego como para nuestro lado oscuro. No queremos creer que todo tiene sombra; la ciencia (el conocimiento es dolor), las ciudades (los suburbios), internet (donde el feminista goza con prácticas que de día condena). Incluso los datos tienen un lado oscuro (paises con excelentes datos de crecimiento e innovación y apabullantes cifras de suicidio).

 

Negamos nuestra sombra y lo hacemos porque a pesar de todos nuestros logros seguimos temiendoles a los Dioses (los modernos).Y nos esforzamos por portarnos bien y ocultarles todo lo que pueda resultarles ofensivo.

 

Y a eso que les ocultamos le llamamos mal. 

 

Pero pagamos un precio por esta negación pues lo reprimido siempre encontrará formas de expresión, en el arte y en la vida. No siempre será un doble, que es la expresión extrema de la disociación, puede ser cualquier enfermedad, física, psicológica y social. Según Thomas Mann la enfermedad es la venganza del amor reprimido que se expresa en el sujeto, vengandose de la represión con consecuencias a menudo finestas 

 

El mal es relativo;  para el individuo es el sistema que le reprime, para el sistema el individuo que le cuestiona. Ambos son archienemigos.

 

Y cuanto más poder tenga uno, menos tendrá el otro. Y el doble será la némesis, que viene a reestablecer el equilibrio. 


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Ser bueno hoy

En estos días el mundo se ha llenado de buenos.

 

Y es que nunca fue tan fácil ser bueno como hoy. Nunca fuimos tan solidarios como cuando la solidaridad se definió oficialmente como obediencia y sumisión a la autoridad.

 

En realidad la "bondad" siempre estuvo relacionada con la pasividad. Fijémonos si no en los santos y los mártires; entes pasivos que aceptaban todo tipo de vejaciones, cuando no se las provocaban ellos mismos. Ellos nunca alcanzaron la santidad por sus buenas acciones sino por su capacidad de sacrificio. Un sacrificio destinado a purgar una culpa en la mayoría de los casos inexistente. Para llegar a ser santo esta pasividad tenia que ser además autodestructiva, épica y con matices sexuales.

 

El mensaje a transmitir: el bueno se sacrifica.

 

Es el mismo mensaje que hoy recibimos pues en su esencia, ya lo decia Lampedusa, las cosas nunca cambian.

 

Los santos se consolaban con la otra vida, una vida en la que regirían leyes muy distintas y en la que ellos recibirían el amor de Dios, "vivo sin vivir en mi, y tan alta vida espero, que muero porque no muero". 

 

Con algo tenían que consolarse pues en vida no llegaban a ser santos sino que eran percibidos como pringados y la gente se burlaba de ellos, como lo hacemos hoy cuando nos cruzamos con alguno y decimos: "de bueno es tonto".

Resumiendo: el bien consiste hoy como ayer en obedecer y el mal en rebelarse. Bueno es aquello que sirve para que la sociedad no cambie demasiado (y siga dando beneficios a los mismos) y malo es todo aquello que la cuestiona. Y el pecado capital por excelecia fue siempre y sigue siendo la soberbia.

 

El bueno se define, no por el bien que hace, sino por lo poco que molesta, su aceptación pasiva de todo, su tendencia a asumir, casi agradecido, que se lo quiten todo "por la causa" (cualquier causa sirve). 

 

Y como ya no hay fe en el otro mundo, nos toca consolararnos con la conciencia de nuestra propia bondad, aunque hoy ya no hablamos de bondad (el lenguaje, como toda tecnología, evoluciona) sino de solidaridad o heroismo (nos han dicho que hay un heroismo implícito en el hecho de hacer sacrificios).

 

Dicho esto habría que matizar; todo esto solo aplica para el vulgo. Los sacerdotes siempre fueron ateos y en las altas esferas el bien y el mal no cuentan.  Allí solo cuenta el rendimiento. 

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La culpa es de uno

Uno que salió por primera vez a cenar -seis meses después de comenzar la pandemia- me contaba el otro día que no pudo disfrutar la cena por sentir un fuerte sentimiento de culpa;

 

- Sentí que los estaba matando a todos. 

 

¿Cómo es posible que una persona que se ha comportado de forma responsable, respetado todas las normas, hecho todos los sacrificios exigidos durante tanto tiempo se sienta tan culpable?.

 

¿No debería ser al revés? ¿No sería más lógico que fueran los irresponsables los que más culpa sintiesen?

 

Si, sería más lógico, pero la culpa no forma parte del reino de la razón ni de la lógica sino del sentimiento.

 

La culpa es un sentimiento social y obedece a leyes que no son razonables.

 

Y es consustancial a la culpa que no desaparece sino que aumenta con la obediencia. Cuanto más obedezco más distancia genero y percibo entre mí y el poder (que no es otro que el que dicta las leyes). Y cuanta más distancia entre mi y el poder percibo, más impotente -y culpable- me siento, más le temo y más poder le doy al poder. 

 

Todos los grupos de poder, religiones, sectas, gobiernos (dictaduras y democracias) y empresas se han aprovechado de esta "lógica" de la culpa para aumentar su poder.

 

Atribuyéndole la culpa al individuo se le exigirá que se porte mejor y haga más y más sacrificios. Y el individuo que se someta a esta lógica en lugar de verse recompensado lo que verá aumentar es su sensación de no estar haciendo suficiente.

Tambien hoy el individuo es el culpable.

 

"El público en general y la economía de Berlín están pagando un alto precio por las acciones irresponsables de algunos individuos, y por el hecho de que el cumplimiento de las reglas existentes se supervisa de forma demasiado laxa e inconsistente" , leíamos estos días en una revista berlinesa.

 

Y es que después de tantos meses de ser machacados día trás día con el mantra del "irresponsable culpable" muchos han asumido como cierta la más que dudosa hipótesis de que que existe una masa de irresponsables y que hay una relación causa-efecto entre sus acciones y el endurecimiento de las medidas. 

 

A estas alturas debería habernos quedado claro que los contagios se han dado en todo tipo de circunstancias: en el trabajo, el colegio, la consulta del médico (algunos incluso se han contagiado sin salir de casa) y bajo todo tipo de condiciones, incluso (o precisamente allí) en los lugares con las medidas más draconianas (España es el mejor ejemplo). Y que el endurecimiento de las medidas no ha guardado ninguna relación con el comportamiento individual. 

 

Pero cuando la atribución de culpabilidad ha penetrado con tanta fuerza en nuestro cerebro no es tan fácil sacarla de allí. Y considerando culpable al individuo encontramos una válula de escape acusando impunemente a una figura más o menos abstracta.

 

Y esperemos que siga siendo abstracta pues la humanidad ha acumulado mala experiencia cuando ha concretado demasiado.


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Todo en la vida es cine

Que la realidad supera a la ficción es un lugar común que todos conocemos pero que, inmersos como estamos en nuestras rutinas cotidianas, todos parecemos querer olvidar. Esta falta de atención, quizás necesaria para vivir tranquilos, nos impide percatamos de los constantes excesos de la vida, los desvarios diarios de la curva de la normalidad, las situaciones aventurescas en las que día tras día nos vemos inmersos. 

 

De este modo podemos vivir tranquilos, a menudo demasiado tranquilos. 

 

Puede que sea esta misma tranquilidad la que nos motiva a abandonar la gemütlichkeit del hogar y salir desesperadamente en busca de una sala de cine. Esa sensación de no tener suficiente con nuestra vida, de querer más. 

Aunque presa de este embrujo, me decanto a pensar que más que ante una realidad estamos ante un problema de percepción. Recordemos a Kafka o Pessoa, con vidas supuestamente monótonas pero cuyas plumas nos trasladan a mundos fantásticos (y basados en hechos reales).

 

Una suerte que exista el cine. En uno de estos improvisados cineforums berlineses ayer tuvimos ocasión de ver la película del director sueco Ruben Östlund "The Square".

 

The Square es un retrato sobre la vida y el ser humano moderno. Un retrato descarnado a través de los avatares del comisario de arte Christian que, durante dos horas y media, se verá confrontado con una serie de conflictos morales, con los cuales todos podemos identificarnos.

Como buen artísta Öslund nos pone un espejo y nos pregunta si aceptamos mirarnos en él.

La vida como farsa, el ser humano como gran postureador y la confianza como forma de continuar la mentira, tan frágil como necesaria. 

La impostura; esa eterna e inflacionaria necesidad del ser humano de aparentar lo que no es. Ese aferrarse a sus míseros logros laureándolos con ridículos discursos. Esa incapacidad que tenemos de estar a la altura de nuestros ideales, de comportarnos acorde a nuestros propios principios. 

 

Y la farsa, que consiste en justificar todas estas performance nuestras y hacer como si nos creyesemos nuestras propias justificaciones. Fingir que confiamos en el prójimo; en The Square, como en la carta de las naciones unidas, todos tenemos los mismos derechos y obligaciones. Seguiremos fingiendo confianza para que la fiesta (o el horror, depende del momento histórico) pueda seguir. 

 

No contento con ponernos un espejo, en la escena cumbre de la película, Öslund se regodea con nuestra incapacidad de mirarnos en él. Pues ese es precisamente el gran drama del ser humano.

 

El gran problema del ser humano no es ni la violencia, ni la injustica (estos son meros efectos secundarios) como tendemos a pensar, el gran problema del ser humano es su incapacidad para aceptarse a sí mismo.

 

Negamos nuestra sombra. Jung decía que todo lo que tiene un lado claro tiene también un lado oscuro. Y cuanto más brille el primero, más turbio será el segundo. Pero no queremos admitir esto así que rechazamos de forma visceral y desesperada nuestro lado oscuro, el más animal. Y el individuo que ose comportarse como un animal será aniquilado por la multitud con violencia, pero de la buena, y buenas ostias, como diría Brech. 

 

Esa es la tragedia humana; que por mucho que nos esforcemos en negar o esconder, con bellas palabras, ideologías o bonitos vestidos, nuestro lado oscuro, éste siempre retornará, vengándose de nuestro rechazo.

 

En The Square no hay buenos. Hasta los mendigos desempeñan su rol, que parece consistir en hacernos sentir incómodos. 

 

Terminó la película, comenzó el debate y en medio de las disquisiciones sobre nuestra reprobable inhumanidad con los sin techo, la realidad le hizo un guiño a la ficción y por la puerta del cine apareció, triunfal, un mendigo como diciendo; 

 

-Venga, poned en practica vuestro discurso. 

 

Pero no hubo manera de comportarnos como es debido.


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La muerte según Rilke


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Perfiles psicológicos: La conformista

La conformista es una persona sin muchos atributos.

 

Cuesta mucho diferenciarla de la masa porque en el fondo en nada se distingue de ella. De esto último ella puede ser más o menos consciente, pero lo cierto es que en toda su vida nunca le movió ningún otro interés que parecerse lo máximo posible a la masa. 

 

A parecerse a la masa ella lo considera (y no le falta razón) ser sensato y, dendiendo de la masa a la que se quiera parecer, tener ideologia, principios o intereses.  Eso si; no le preguntes nunca porqué se quiere parecer a esa masa. La pondrías en una situación incómoda y qué necesidad hay.

 

No hay que imaginarse a la conformista como una persona tímida o recatada, al contrario, puede ser extremadamente beligerante. Todo depende de que se le presente la ocasión y se sienta suficientemente arropada por sus iguales. En todo caso, cuando se manifiesta públicamente (en el fondo no le disgusta el aplauso) nunca lo hace movida por un interés personal; ella siempre representa a alguien (tiene querencia por la primera persona del plural). La aquiescencia y por ende la validación de su persona ella la busca intentando ser más masa que la masa (esa es su idiosincrasia).

Lo dije al principio, la conformista es difícil de diferenciar del resto, pero si uno se esmera un poco podrá  reconocerla por su lenguaje. Le gusta repetir coletillas escuchadas no sabe muy bien donde y mientras lo hace siente un placer particular.

Al igual que le ocurre con las ideas, no sabe muy bien de donde proceden esas palabras ni como llegaron a su lengua. Tampoco le importa. Lo importante es que le suenan bien y la hacen sentir perteneciente a algo más grande que ella misma. 

 

Le gustan las palabras nuevas y algo rimbombantes o pertenecientes a algún ámbito que le es absolutamente ajeno. Ella las incorpora sin pudor a su vocabulario, donde no encajan por mucho que se esmere en colocarlas con cuidado. Estas palabras nunca permanecen, ejercen su función y luego se van por donde vinieron. El hueco que dejaron es rellenado por otras.

 

A la conformista le molesta la gente que dice cosas que ella no entiende. Cosas que no encajan en su sencillo esquema de pensamiento. Cosas que van en contra de la sensatez. Le molesta (aunque ella no lo formularía nunca así) la gente que parece querer distinguirse de la masa. Porqué va a querer nadie distinguirse de la masa? quién es nadie para creerse mejor que una masa!.

 

Estos individuos son para la conformista el único obstáculo para su bienestar. El desprecio que le producen  le hacen sentir mal. Siente un fuerte deseo de que no existan. Si el estado pudiese hacer algo.....

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El humor en tiempos correctos

El humor, como el arte, puede definirse desde el plano psicológico como un mecanismo de defensa ante una situación en la que no se perciben posibilidades de acción directa. Emerge como válvula de escape a la parálisis y se caracteriza por el momento liberador ya sea en forma de carcajada, risa como simplemente como repentina percepción de una contradicción que, no pudiendo ser resuelta, provoca una catarsis.

 

El humor es una forma de sublimación de impulsos violentos o rebeldes una forma de lidiar con lo inexplicable, de encajar lo incoherente. 

 

Para que el humor provoque ese efecto liberador que llamamos risa tiene que ser auténtico, lo cual significa entre otras cosas que tiene que elegir bien su objetivo. La buena elección no le asegura el éxito pero sin ella el fracaso está asegurado. Además el humor tiene que ser insobornable y guiarse únicamente por criterios intrínsecos.

El humor es pues un proceso complejo y cuando falla algo en lugar del humor aparecen sus "falsos amigos"; el humor blanco, la sorna o la burla por ejemplo. El humor blanco suele fallar por haber sucumbido a la corrección política; provocar el momento catártico sin ofender a nadie es complicado. 

 

En la burla se ha abandonado el terreno de la sublimación, a menudo por falta de imaginación (el humor es un arte), para entrar en el terreno de la agresión (verbal). Es por ello que la burla provoca en el burlado impulsos violentos.

El humor es un refugio cotidiano al sinsentido de la vida. Pero últimamente ocurre una cosa curiosa y es que, a pesar de que el sinsentido es cada vez más obvio y las posibilidades de acción directa son cada vez más reducidas, el humor tiene cada vez menos gracia.

 

El motivo podría ser que -salvando escasísimas excepciones- los humoristas hayan olvidado que en el humor no todo vale (y no estoy hablando de ese falso debate sobre los límites del humor).

 

Uno de los enemigos del humor es la habituación (por saturación); ¿a alguien le siguen haciendo gracia a estas alturas los chistes sobre Trump? ¿o sobre el partido político contrario? En la mayoría de estos casos, el humor ha dejado de ser humor para convertirse en sorna y la sorna cansa.

 

Por otra parte ocurre que a menudo es demasiado obvio que el objeto de la broma, chiste o "meme" es un chivo expiatorio que desvia la atención del verdadero objetivo. Se ha desviado la desviación. Y esto la gente lo percibe y aunque se esfuerza por fingir risa (aquí existe un consenso tácito) lo que le sale no es una risa catártica sino histérica. Y es que, como observaba Celine en su viaje, detrás de esa apariencia inocua del público se esconden ganas de matar (recordemos que el humor es sublimación), pero en este caso ganas de matar al blanco equivocado. Se esta errando el tiro y nuestro subconsciente (que es más listo que nosotros) lo percibe. ¿Miguel Bose? ¿en serio alguien piensa que es él el verdadero responsable de su frustración? En casos como este la sorna ha dejado paso al escarnio.

 

La sorna es el humor de los cobardes (que ya no se atreven a reirse de los que tienen poder) pero la cobardia en el humor tiene un precio. No un precio oficial ni social, al revés, si eres políticamente correcto y te ries de quien tienes (puedes) que reirte te darán trabajo y reconocimiento. 

 

El precio de la cobardia en el humor es mas grave, la ausencia de humor.

 

¿Será esto lo que esta sucediendo?

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Diálogos sobre Rilke

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De mujeres confusas

Avenidas/Avenidas y flores/

Flores/Flores y mujeres/

avenidas/avenidas y mujeres/

avenidas y flores y mujeres y/

un admirador

 

Este poema fue escrito por Eugen Gomringer en 1951. 

Muchos años después, en 2011, un instituto berlinés lo eligió para decorar una de sus fachadas.

Se organizó un homenaje al autor y ahí permaneció el poema, durante un par de años. Hasta abril del 2016.

En ese momento la dirección del instituto recibió una carta -anónima- de un grupo de estudiantes en la que se quejaban del contenido ofensivo, machista y peligroso del poema. 

 

Esta carta desencadenó un debate sobre qué hacer con el poema y, no esta claro si por no poder resolverlo o por dar visibilidad al dilema, la dirección del colegio consultó al senado. Tras farragosas discusiones e indignaciones varias por parte de la escena artística berlinesa, finalmente se decidió eliminar el poema, que fue sustituido por otro -que dicho sea de paso, provenía de una pluma femenina.

 

Las víctimas son los nuevos heroes es el título del último libro del periodista alemán Matthias Lohre.

Según Lohre lo sucedido en este instituto berlinés no es una anécdota sino una tendencia. 

 

En este caso las víctimas/heroes son mujeres a las que en algún momento se decidió incluir, por siempre jamás – se ha calculado que harán falta cerca de 3000 años para que mujeres y hombres estén al mismo nivel- en uno de esos "grupos desfavorecidos" concluyendo que es necesario protegerlas del mundo cruel en el que se ven obligadas a vivir.

 

La teoría "científica", nos cuenta Lohre, que subyace a esta tendencia fue definida hace algunos años por un profesor de la universidad de Columbia, Nueva York, Derald Wing Sue. Él mismo perteneciente a un grupo desfavorecido, en este caso una minoría étnica.

 

Sue construyó su teoría basándose en sus propios sentimientos y apoyándose en el concepto de microagresión, acuñado en 1970 por Chester Pierce. Microagresiones son comentarios cotidianos que el receptor considera ofensivos y que hacen referencia a la pertenencia a un grupo minoritario y desfavorecido. Sue da varios ejemplos de microagresiones, así por ejemplo la pregunta:

-De dónde eres? puede ser una microagresión, dependiendo de quién la haga.

 

Y este es otro punto central de las microagresiones; que se definen a partir de quién las pronuncia. Y ahí aparece el otro protagonista, el agresor, que además lo es por definición y no puede ser nunca "víctima" de una microagresión ya que pertenece a una mayoría privilegiada; el hombre blanco heterosexual. Una persona por definición llena de privilegios y privada -según ciertos grupos- del derecho a quejarse. Y de defenderse, pues cuando un miembro perteneciente a una minoría se sienta ofendido por algún comentario que él haga solo le quedará admitir su culpa.

 

Pues la ofensa ya no se define por el contenido de la frase sino por el sentimiento subjetivo de la víctima.

 

Los defensores de estas teoría pretenden (y consiguen) hacer creer a las personas que ellos definen como pertenecientes a  grupos minoritarios y desfavorecidos que les están empoderando. Cuando en realidad el único que se está empoderando es el grupo (que paradojicamente puede y suele estar constituido por el mismísimo enemigo) que hace suya la causa y con la excusa de defender a los débiles adquiere licencia para legislar, criticar, ridiculizar y censurar. 

 

El poder ha quedado en el grupo y el individuo -tanto el opresor como la víctima- han quedado totalmente debilitados. El primero, condenado a la autocensura (que ahora eufemísticamente se llama deconstrucción) e incapacitado para la réplica y el segundo necesitado crónicamente de un padre/grupo protector que elimine del mundo todo aquello que a él le pueda molestar, adelantándose incluso a su propia sensibilidad. 

 

En el ejemplo de arriba el grupo de representantes de posibles ofendidas ni siquiera tuvo el coraje de firmar la carta. Y otra cosa; los que decidieron eliminar el poema se olvidaron de informar a una persona; el autor del poema, que tuvo que enterarse de la polémica por la prensa pues nadie tuvo el detalle (o el valor) de informarle directamente.

 

Efectivamente, no es una anécdota, es un buen resumen de cómo funciona un mundo en el que, como dice Lohre, los heroes son las víctimas.

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Perfiles psicológicos: El moralista

Es una persona concienciada y preocupada por el funcionamiento de la sociedad.

 

Le preocupa incluso más allá de su propio interés. Se considera un humanista, no obstante piensa que deberían ser las leyes las que regulasen las relaciones humanas. 

 

Leyes sólidas. 

 

No cree en el mal y está convencido que si alguien no cumple la ley es por desconocimiento o por un malentendido que él esta dispuesto a aclarar. Tiene algo de misionero; su misión es concienciar a las personas, eso si, siempre de un modo no violento.

 

Este último aspecto es fundamental para él; todo debe ser no violento. La violencia es lo que más asusta al moralista. Le asusta hasta unos niveles paralizantes, por lo cual la evita a toda costa. El sería incapaz de violencia, de esto está totalmente convencido. Para evitar la violencia, piensa, deberían endurecerse y ampliarse las leyes (en esto el moralista no ve violencia). Le sorprende que a las instituciones se les escapen grietas que el detecta sin grandes esfuerzos y aunque nunca osaría confesarlo en su fuero interno esta convencido de que deberían darle un puesto de poder, que él desempenaria con celo y eficiencia. Todos se sorprenderían de su valía y de este modo contribuiría con su granito de arena a hacer de este un mundo un lugar mejor (aquí el moralista se estremece).

La libertad no es un valor para el moralista y le molesta cuando alguien trae el tema a colación. No se explica porque la gente se empeña en hablar de libertad cuando la cuestión estriba en que todos y todas cumplamos las normas. Si todos actuasemos adecuadamente, el mundo sería necesariamente un lugar mejor.

Y esto es una verdad innegable, absoluta, matemática, que nadie en su sano juicio se atrevería a cuestionar.

En todo caso él no necesita más libertad, al revés, considera que ya hay demasiada y no entiende por qué la gente no se da cuenta de que si todo esta regulado, habrá una respuesta para todo y eso nos permitirá tomar decisiones sin equivocarnos. Pues este es otro de los temores secretos del moralista; equivocarse (y tener que respüonder ante alguna instancia).

 

Pero lo que más atormenta al moralista, le hace sentir una punzada en el estómago, altera la expresión de su rostro e incluso le impide dormir por las noches es que haya gente que disfrute más que él. Disfrutar de una manera que a él le es ajena. 

Cuando el moralista detecta algo así siente una necesidad imperiosa de denunciarlo y siempre acaba encontrando un subterfugio para poder hacerlo en nombre de alguno de esos grandes principios que él defiende.

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Sacrificio

 

El sacrificio del ciervo sagrado es mi película favorita del director griego Yorgos Lanthimos.

 

 

Todas las peliculas de Lanthimos son obras de arte y con ello quiero decir; imperecederas. Se hace necesario remarcar este aspecto porque hoy nos hemos creido aquello de que "todo el mundo puede ser un artista" y el resultado ha sido el sacrificio del arte, que ha terminado convirtiendose en esclavo de dos instancias censoras: la ideología y la corrección política.

 

Y es que si se deja penetrar la ideología en el terreno del arte, los grandes temas existenciales, eternos e inmutables a través del tiempo, quedarán subordinados a una idea utilitarista, dividiendo además al ser humano en partidos, grupos y minorías artificiales que ya solo serán capaces de ver el mundo a través del prisma que les proporciona su respectiva agrupación.

 

Por su parte la corrección política es el gran superyo, una instancia que aniquila toda posibilidad de auténticidad, moralizando algo que no es moral. La moral y la estética son dos esferas que deberiamos mantener radicalmente separadas, para evitar que se aniquilen mutuamente.

 

El filtro ideológico y la corrección política en el terreno del arte unicamente sirven para impedirnos discernir lo realmente bueno y dejarnos pensar en lo realmente importante. Que nunca será si en una obra aparecen más o menos mujeres, negros o personas con habilidades especiales.

 

Hoy más que nunca decimos arte y cultura sin saber de que estamos hablando.

 

Lanthimos si lo sabe.

En esta película utiliza la medicima moderna como excusa para hablar de salud, culpa, sacrificio y muerte. Temas que erroneamente relacionamos con siglos de hegemonias religiosas.

Hoy la secularización progresiva de la sociedad unida a la permanencia de estos temas nos muestra que esto no es así.Que solo hamos cambiado de vestiduras.

 

Hacía tiempo que la culpa y el sacrificio no estaban tan presentes como en este 2020.

 

El ciervo sagrado aborda criticamente un tema que hoy somos incapaces de criticar. Que creemos intocable considerando que cuando el experto habla los legos hemos de callar. Expertos que, a diferencia de los antigüos sacerdotes, ni siquiera son capaces de prometernos de la vida eterna pero que nos advierten de que la única alternativa a sus arbitrarios dogmas es la muerte.

 

Lanthimos, haciendo alarde de la genialidad que le caracteriza, confunde en esta película ciencia y religión para mstrarnos que en realidad nada ha cambiado. Que no hemos progresado. Al menos no en el ámbito moral. Y que no hay progreso sin sacrificio. La medicina moderna, cada vez más centrada en contar el mundo, en reducirlo a datos, ha conseguido sustituir la pregunta del porqué (el sentido) por la pregunta del qué (mecanismos). Pero un mundo sin sentido es un mundo inhabitable, en el que el ser humano se verá reducido a mero superviviente. El sacrificio del ciervo sagrado es una película de terror, pues un mundo en la que la ciencia aplicada (que lo reduce TODO a unas pocas variables controlables) ha triunfado es un mundo soporífero.

 

Un mundo ordenado en el que algunos prefieren no vivir.

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#virtualdistancing

 

Según la social brain hypothesis en algún momento de la evolución nuestros ancestros los monos comenzaron a tener "demasiados amigos" (relaciones sociales) para su capacidad cerebral. Por suerte todavía había espacio y flexibilidad dentro del craneo, además de no haber alternativa (aun no se había inventado el plástico ni descubierto el coltan), de modo que el cerebro se hipertrofió desarrollando esa protuberancia que hoy conocemos como lóbulo frontal. Nuestro primer smartphone

 

El lóbulo frontal es el ejecutivo de nuestro cerebro y, a pesar de que ya se sabe que hay otras regiones cerebrales mucho más importantes para la supervivencia, mucho mejor organizadas y bastante menos susceptibles a todo tipo de interferencias, es la parte de la que los neurocientíficos están más orgullosos. Pues con el cerebro ocurre como con las personas; admiramos lo que mejor se vende y esto es algo que el lóbulo frontal hace como nadie, no en vano alberga el lenguaje.

Y como no nos gusta nada que nos relacionen con el resto de especies, vemos en el lóbulo frontal y en sus funciones ese detalle importante que nos hace especiales, mejores.

 

Es curioso que cuando hablamos de tecnología tendamos siempre a exagerar sus ventajas e ignorar sus inconvenientes.

Y ello a pesar de que son obvios; los inconvenientes de la hipertrofia del cerebro (recordemos que el lóbulo frontal es el precursor de la tecnología) los hemos sufrido todas las madres al parir: el craneo humano ya apenas puede salir al mundo por el agujero que le corresponde (que por algún motivo no se ha ensanchado a la misma velocidad). Como tarde en ese momento las mujeres renunciariamos a todo progreso y evolución.

 

 

La cuestión es que llegó un momento en el que ya teniamos tantos amigos y tanta información (la mayor parte de ella irrelevante) que nuestro lóbulo frontal ya no podía gestionarlo y entonces apareció el ordenador que luego derivó en smartphone, pues todos creimos que teniamos preciosa información que guardar. El smartphone es nuestro nuevo órgano de los sentidos y en él el intentamos delegar lo máximo posible.

 

A esta delegación de funciones la consideramos avanzar y nadie parece acordarse de lo que hemos perdido, sacrificado en el camino. Pero es ley de vida; lo que no se usa se atrofia.

 

Imaginamos la vida sin smatphone como una vida de renuncias, no como una vida cualitativamente distinta. Por ejemplo como una vida sin interrupciones constantes. Una vida en la que no teniamos que saber tantas cosas de nuestros amigos. En la que nuestro corazón latía sin que tuviesemos que estar pendientes de él. En la que no importaba si andabamos 10.000 pasos o sólo 9.999.

Una vida distinta.

 

La pandemia 2020, por ejemplo, no hubiese tenido las repercusiones que esta teniendo sin tecnología. El miedo no se hubiese expandido a esa velocidad. Las figuras retóricas virtuales, por ejemplo el tan conjurado irresponsable, no existirían porque quizás todos seriamos un poco más conscientes de que cuando la ley lo prohibe todo en algún momento todos nos vemos obligados a ser irresponsables.

 

Es imposible ya un mundo sin tecnología. Pero la tecnología no es una fatalidad y es posible encontrar una relación con ella que no sea de esclavitud y subordinación. Pero para ello tendríamos que recorar lo que perdimos. Y la memoria es una de las funciones que estamos sacrificando.

 


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SOC: Sociedad obsesivo compulsiva

A lo largo del 2020 hemos podido observar un fenómeno interesante que al parecer comenzó en China pero que se extendió rápidamente al mundo entero; la curación masiva y expontanea de uno de los trastornos que más sufrimiento subjetivo produce, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

 

En realidad la curación no se debió a una desaparición milagrosa de los síntomas sino al contrario, a una masiva generalización de estos. De pronto era cínico hablar del cuadro clínico como de un trastorno y miles de psiquiatras perplejos se vieron obligados a declarar sanos a la mitad de sus pacientes. 

 

Algo similar había sucedido algunos años antes con el trastorno narcisista de la personalidad, aunque por algún motivo no fue eliminado del DSM (el libro oficial de los trastornos), probablemente pensando en que en un futuro podía ser de utilidad (y no les faltó razón).

 

Y es que los trastornos psiquiátricos (y no solo estos) están definidos en base a una supuesta normalidad y cuando esta normalidad cambia y pasa a ser nueva provoca a su vez una serie de cambios que no son percibidos de inmediato.

Y si la sociedad está obsesionada con la higiene y sus rituales no podemos ir diagnosticando TOC alegremente como si de una enfermedad se tratara. Este proceso obviamente no ocurrió de un día para otro. Políticos, publicistas, pedagogos, instituciones varias etc...llevaban ya  mucho tiempo sensibiliándonos y concienciándonos en cada vez más cosas, de forma que llegó un momento en que casi  cualquier movimiento podía ser una ofensa para alguien o un peligro para la salud; nos habiamos convertido en una sociedad altamente sensible, con sus pros y sus contras.  

 

La culpa, esa culpa tan humana, que en las últimas decadas había perdido fuerza, reaparecía. 

 

Por otra parte las distracciones eran ya tantas que a nadie se le ocurría enredarse en preguntas existenciales: siempre había algo más urgente que hacer. Y la pregunta existencial por excelencia, la de nuestra relación con la muerte, la habíamos delegado en expertos, confiando en que ellos la irían resolviendo.

 

Resultó que no; la muerte nos pilló por sorpresa. Nuestros vanos intentos de combatirla (higiene, distancia, ilusión de control) se institucionalizaron, perdiendo su patología inicial y lo que ayer se veía como una afección invalidante comenzó a ser normal; de pronto todos andabamos lavándonos las manos, contando cosas y manteniendo distancias con el otro, potencial sucio e infecto. Y sin darnos cuenta hemos reducido la muerte a una única posibilidad, ignorando todas las demás muertes posibles.

Esta normalización de la sintomatología fue bien recibida por algunos, pues validaba su comportamiento.

Ahora estas personas esperan en secreto, o reclaman abiertamente con cualquier pretexto, que las cosas sigan así y que en ningún caso vuelva la normalidad anterior, en la que se veian obligados a enfrentarse a todo tipo de miedos. Para ello aceptan los sacrificios, que a menudo ni siquiera perciben como tales.

 

Huelga decir que este estado de alivio es transitorio y termina mucho antes de lo esperado.

 

Al poco tiempo el sufrimiento vuelve con toda su fuerza pero con una diferencia: ahora ya no hay esperanza de sanación (pues no se puede sanar de algo que es normal).

 

La SOC (sociedad obsesivo compulsiva) ha venido a sustituir al TOC y con ello ha dejado de ser competencia de psicólogos y psiquiatras para pasar a ser un fenómeno de masas.

Donde antes sufría el sujeto ahora sufre la sociedad entera.

Los que antes ya lo sufrían seguirán sufriendo de forma similar (aunque diran lo contrario) y los que no lo sufrían sufrirán ahora la represión y la multiplicación de normas, solo que ahora no vendrán de la pareja o el compañero de piso, sino del estado. 

 

¿Tiene remedio esto?

La pregunta es  ¿ tenía el TOC remedio? 

 

Intentare resumir las posturas:

 

Aquellos expertos que tienden a pensar que todas las afecciones, tambien las mentales, tienen un origen biológico responderán que (todavía) no, que de momento solo se pueden paliar los síntomas con medicación o terapia (del tipo "no pienses en negativo").

 

Otros piensan que sí hay tratamiento y cura, aunque es un proceso difícil y doloroso para el afectado, que requiere de mucho valor, pues detrás de los síntomas suele esconderse un conflicto que la persona no puede ver, pues sabe que de verlo sería incapaz de enfrentarse a él, pues suele ser con una persona de autoridad.

El tratamiento consistiría en ir fortaleciendo sus recursos a la vez que destapando su conflicto y en un momento la "curación" (que nunca es milagrosa ni repentina pero si puede tener grandes momentos de catarsis) puede darse.

En ese momento la persona cambia su vida y su modo de interactuar con el mundo. Se deshace de la culpa y es capaz de delegar responsabilidades.

 

Lo mismo puede decirse para el SOC.

 

La versión oficial sostiene más o menos abiertamente que no hay cura y hay que ir acostumbrandose a vivir en esta nueva normalidad con sus nuevas normas (con tendencia inflacionaria, como en el TOC), sus nuevos rituales, sus nuevas autoridades y sus siempre nuevos peligros.

 

Y aunque es cierto que esta no es la única alternativa, si es la más probable. He visto poca gente sanar de TOC, pero los he visto, y, cuando la "curación" no se ha debido a golpes de la vida, ha dependido en gran medida de las teorías y métodos del profesional que se haya encargado de su tratamiento. Si el profesional no cree en la posibilidad de cura, esta no sucederá.

 

Pero si ya es improbable la "curación" de un ser humano, qué decir de la de una sociedad entera.

Me atrevería a decir que esto nunca ha sucedido. Lo que si sucede es una cosa y es que, si bien pocos afectados de TOC (que de tanto tragar tienen grandes cantidades de violencia reprimida) explotan individualmente, si lo hacen en masa. Entonces se producen las grandes catarsis de la humanidad.

Depués de las cuales está tiene una oportunidad de reinventarse.

Aunque actualmente, gracias a la tecnologia, ya no es posible retroceder mucho ni hacer grandes cambios. 

 

Resumiendo: poca esperanza para la humanidad.

 

Además, en contra de lo que pudiera parecer una sociedad enferma no quiere decir una sociedad menos cómoda y lucrativa, al menos para algunos. 

 

Finalizaré estas reflexiones con algunas propuestas terapéuticas,

 

Cómo sanar de SOC:

 

En primer lugar hay que plantearse cuál es la autoridad a la que no queremos enfrentarnos y porqué.  Hecho esto, analizar qué conflicto social no queremos ver. Acto seguido cuestionar los métodos que se están aplicando  y constatar que el control como estrategia solo funciona a costa de la vida (esto lo saben dolorosamente los afecados de TOC).

 

Es posible sobrevivir con el control, las obsesiones y las compulsiones, pero siempre será a cambio de la alegria de vivir y aquellos que creen que cuando todo este ordenado y controlado seremos felices se equivocan por tres motivos sencillos.

 

El primero es que esto nunca sucederá, por exceso de factores.

El segundo porque la vida tiende a la entropía, y si no aprendemos a vivir con cierto caos nos veremos obligados a invertir toda nuestra energía en seguir manteniendo un orden que amenazará constantemente con quebrarse.

Y el tercero porque al aspirar a la seguridad, tendremos, en el mejor de los casos, ilusión de seguridad, pero renunciaremos a todo lo que hace la vida digna de ser vivida (desde el amor, hasta el juego, pasando por los placeres) pues todo ello implica riesgo.

 

Con SOC la sociedad será una sociedad dedicada a sobrevivir.


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Nadie tiene derecho a obedecer

 En los últimos meses una serie de expertos han estado dándole vueltas a una misma pregunta:

¿ porqué hay gente que no obedece?

 

Las respuestas oscilan pero van en una misma dirección.; los desobedientes sufren algún trastorno de personalidad grave y peligroso.

 

Aunque estos expertos no recurrieron a ella, el tema de la obediencia fue tratado en profundidad hace casi un siglo por Hannah Arendt.

 

Hannah Arendt (1906-1975) fue una pensadora del siglo pasado que vivió algunas de las grandes performance de la humanidad: dos guerras mundiales, el Holocausto y el lanzamiento de dos bombas atómicas.

 

Hoy nos horrorizamos ante la mínima alusión al Holocausto (es interesante que la bomba atómica no nos cause la misma conmoción) y, aunque por regla general no nos gusta pensar mucho en ello, cuando la situación nos obliga (visita a algún museo), acabamos llegando siempre a la misma pregunta, una de esas preguntas que los alemanes, en honor a Goethe, llaman la Gretschenfrage (pregunta clave), en este caso:

 

¿cómo pudo suceder algo así?

 

A Arend le atormentó toda su vida ésta pregunta; ¿cómo pudo el ser racional y progresado que era el alemán del SXX, organizar y llevar a cabo un genocidio de esas dimensiones?

 

Y sobre todo, ¿cómo fue posible que todo el mundo estuviese de acuerdo (no hubo grandes movimientos en contra) con una bestialidad semejante?

 

Arendt, que siempre se reservó el derecho a no ser asociada a ninguna causa (las feministas la odiaban por ello), no cesó en su empeño de llegar al fondo de la cuestión. Y parece ser que fue durante los juicios de Nurenberg que tuvo una revelación; observando detenidamente a Eichman, ese nazi impenitente que se negaba a hacer acto de contrición, no pudo descubrir en él ninguna cualidad extraordinaria.

Eichman no parecía ser ni un monstruo, ni un narcisista ni un psicópata.

 

¿Qué era entonces lo que distinguía a Eichman del resto de la humanidad?

 

Nada.

 

Esa fue la conclusión de Arendt.

 

Eichman era un burócrata común que se limitaba a cumplir las órdenes que le llegaban de arriba. Lo que hoy llamariamos un buen trabajador. Una persona cívica y responsable con su trabajo.

 

A partir de esta observación Arendt desarrolló su conocida tesis sobre la banalidad del mal; el mal no es exclusivo de seres perturbados. Algún tiempo después, un par de experimentos psicológicos ya clásicos, demostraron que además, esta banalidad del mal, era universal y no exclusiva del pueblo alemán.

 

Estos días hay en Berlín una exposición sobre Hannah Arend en el museo de historia alemán.

Tiene gracia que el Leitmotiv de la Expo sea una frase con la que Arend se hizo famosa (e impopular): "Nadie tiene derecho a obedecer".

 

Justo al lado, otro cartel te advierte que obedezcas las órdenes de los responsables del museo.

 

Hay un lugar común que dice que los museos son mausoleos del arte. Si visitas esta exposición podrás comprobar que no solo del arte. En este contexto la frase de Arendt pierde todo su significado.

 

Queda en anécdota histórica.

 

 

En el libro de comentarios la gente escribía: „necesaria exposición“, „gran mujer“ y cosas por el estilo. Todo el mundo salia compungido, pero satisfecho, convencidos de que todo horror pertenece al pasado.

(Es increible lo efectivo que es nuestro cerebro a la hora de reprimir)

 

Nadie parecía percatarse de la contradicción de la entrada, nadie parecía ver paralelismos con la situación actual. Hoy a los que no quieren obedecer ciegamente y se plantean preguntas se les llama negacionistas, narcisitas, psicópatas, incívicos, irresponsables y muchas otras cosas. Creemos tener una buena justificación para ello.

 

Tambien los nazis creían tener una justificación que les eximía de sentarse a discutir y les daba permiso para actuar.

 


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Entrevista a Irene Martín. En busca del eros perdido.

 

Irene Martín nació en Barcelona en 1981. Estudió Filosofía en la Universidad de Barcelona y se formó durante 9 años en psicoanálisis en el Espacio Psicoanalítico de Barcelona. Entre 2015 y 2018 cursó un máster en Filosofía para el que escribió el trabajo De Eros a Narciso. Tres lecturas sobre el deseo: Platón, Freud y Han, que meses después se publicó como libro. Finalizado el máster, se mudó a Berlín, donde hoy está escribiendo su tesis en la misma línea del libro.

 

Irene y yo nos conocimos en la segunda parte del Debate que se celebró en Junio en la librería berlinesa “La Escalera”. El tema del Debate  era el erotismo. Ella se había enterado del evento el mismo día a través de una amiga (Irene no tiene redes sociales). Nos pidió si podía aprovechar la ocasión para presentar su libro. Comenzó a hablar e inmediatamente quedé hipnotizada: el libro parecía escrito para la ocasión y no solo coincidía con ella en prácticamente todo, sino que introducía aspectos interesantísimos que yo había pasado por alto. Leí su libro con avidez y no solo no me decepcionó, sino que me atrevería a decir que está a la altura de los filósofos que trata. Irene ha sido para mí un descubrimiento.

Irene, ¿qué significa para ti ser filósofa?

Buena pregunta, pues yo nunca me he presentado a mí misma como filósofa, siempre es otra persona quien me llama así (y, sinceramente, me lo tomo como una forma de reconocimiento). Si tengo que decir qué significa para mí, diría que es buscar la coherencia, vivir en coherencia entre lo que siento, digo, pienso y hago. En realidad, algo para lo que no necesariamente hay que estar en un ámbito académico.

Por otro lado, en su sentido etimológico de amor a la sabiduría, significa que amo y busco algo que constantemente se me escapa. Algo que encuentro y a la vez no encuentro, y que siempre tengo que volver a buscar. En esa búsqueda, te vas transformando, tu perspectiva se va volviendo más amplia.

Diría que he encontrado en la filosofía un lugar desde el que puedo crear, y me refiero tanto a la escritura como a crear el modo en que vivo.

Buena pregunta, pues yo nunca me he presentado a mí misma como filósofa, siempre es otra persona quien me llama así (y, sinceramente, me lo tomo como una forma de reconocimiento). Si tengo que decir qué significa para mí, diría que es buscar la coherencia, vivir en coherencia entre lo que siento, digo, pienso y hago. En realidad, algo para lo que no necesariamente hay que estar en un ámbito académico.

 

Por otro lado, en su sentido etimológico de amor a la sabiduría, significa que amo y busco algo que constantemente se me escapa. Algo que encuentro y a la vez no encuentro, y que siempre tengo que volver a buscar. En esa búsqueda, te vas transformando, tu perspectiva se va volviendo más amplia.

Diría que he encontrado en la filosofía un lugar desde el que puedo crear, y me refiero tanto a la escritura como a crear el modo en que vivo.

 

Me gusta eso de que “no necesariamente hay que estar en el ámbito académico para ello”. Puedo corroborarlo: trabajé 15 años rodeada de académicos formadísimos, pero nunca había tiempo -la mayoría de las veces tampoco interés- para divagaciones filosóficas. Es en los bares, en las barras, donde he tenido las conversaciones más interesantes. 

¿Por qué viniste a Berlín? ¿Qué es lo que más te gusta de esta ciudad?

 

En realidad, es la segunda vez que vivo aquí. Quería aprender bien el alemán y había pasado aquí unos meses entre 2008 y 2009, pero por entonces no me decidí a quedarme. Entretanto, he venido varias veces de visita y a partir de un momento empecé a tener la sensación de que quería quedarme aquí. Entonces, estando aún en Barcelona, empecé a soñar seguidamente que vivía en Berlín. Ahora sueño en Berlín. Fue en gran parte una corazonada. Hay algo aquí que me llama y que aún tengo que descubrir qué es.

En cuanto a arquitectura, no me parece una ciudad especialmente bonita (antes sí lo era, claro), pero sí que encuentro aquí cierta calma, a pesar de ser una gran ciudad, y sé que esto suena extraño a mucha gente que vive aquí. Me gustan sus parques y los espacios amplios. En esas visitas previas a 2018, fui conociendo algunos lugares en los que me siento muy a gusto y que me inspiran para escribir.

 

Entre una psicóloga y una filósofa afín al psicoanálisis no puede faltar una breve alusión a la infancia ¿Cómo era Irene de niña?

 

Era tímida y bastante miedosa, pero también me gustaba mucho crear situaciones cómicas y hacer reír. Tenía mucha imaginación (creo que, por suerte, no la he perdido), me gustaba mucho dibujar y me interesaban mucho los sueños. 

 

 ¿Y te siguen interesando?

 

Muchísimo. Me parecen un fenómeno maravilloso. Me enfoco mucho en recordarlos y a menudo los escribo y, a modo de asociación libre, escribo también todo lo que se me ocurre con cada fragmento. Es como una constante autoobservación. Eso me ha hecho ver conexiones y aspectos de mi vida que quizá de otra manera difícilmente habría llegado a ver. Esos mensajes que nos enviamos a nosotros mismos son, como decía Freud, la vía regia al inconsciente.

¿Y cuándo empezaste a interesarte por el tema del erotismo/deseo?

No sabría definir el momento… Muy probablemente, este interés surgió la primera vez que me enamoré y empecé a hacerme preguntas al respecto. Me parecía algo enigmático y quería comprender mejor qué me estaba pasando. En esa época, empecé a leer a Freud y me interesó mucho cómo trata el tema de los vínculos y la afectividad. En realidad, creo que todo interés intelectual, por muy abstracto que parezca, arraiga en una inquietud vital, incluso en un dolor que queremos reparar.

¿Se podría decir también que toda filosofía emerge de una psicología personal? Hay un libro de divulgación muy interesante, se llama "Die philosophische Hintertreppe" (La escalera trasera de la filosofia) , analiza las vidas de los grandes filósofos en busca de la motivación que les llevó a desarrollar sus teorías. En general se rechaza este tipo de análisis pues a la gente no le gusta relacionar su vida emocional con su raciocinio. No nos gusta la sensación de que se nos escapa algo. Queremos ser dueños en nuestra propia casa. En ese sentido me fascina la combinación filosofa/psicoanalista. Yo abogaría por que todas las formaciones incluyesen una parte de autoexploración. Como dice ese aforismo griego: conócete a tí mismo. Deberíamos indagar más en la cuestión de la motivación que Freud volvió a introducir en la psicología. La pregunta ¿por qué hago lo que hago?¿Tu como lo ves?

 

Es cierto lo que dices. Hay una tendencia a separar la teoría de la vida, pienso que es un vicio de la mentalidad de hoy, que necesita separar y clasificar todo. A mí me parece mucho más rico un punto de vista integrador en el que la teoría forma parte de la vida. Y de esas conexiones podemos aprender mucho, porque la vida de otro nos puede hacer ver cosas de la nuestra. El problema es cuando tomamos los aspectos biográficos como un chisme o cuando queremos desechar una teoría por algo que el autor ha hecho en su vida. Eso es tirar pelotas fuera.

 

Efectivamente, este otro aspecto del que hablas también está muy extendido: invalidar la obra de un autor porque su vida no ha sido impecable moralmente. Hoy está muy de moda aplicar criterios morales para juzgar el arte o el pensamiento. Un grave error.

 

Y sobre lo que dices del autoconocimiento, sería muy bueno que en la educación y en cada formación se fomentase. Esa coherencia de la que hablé antes tiene que ver justamente con eso, con conocerse.

 

Hablemos de tu libro. "De Eros a Narciso: Tres lecturas sobre el deseo: Platón, Freud y Han" .¿Por qué escogiste a estos tres autores?

 

De entrada me entusiasmé con la lectura de La agonía del Eros de Han. Y ya tiempo atrás, desde que empecé la carrera, me había interesado mucho por el Banquete de Platón y por el psicoanálisis de Freud. Al ver que eran dos influencias presentes en ese texto de Han, decidí indagar y buscar las resonancias entre los tres autores respecto al asunto del amor y el deseo. Me apasionan los tres y creo que tienen entre ellos mucho que decirse.

¿Sería posible sintetizar brevemente las diferencias entre estos tres autores con respecto al tema del eros?

Sí: Platón vivió en un momento histórico y una sociedad en que el Eros era especialmente bien visto entre hombres, o más bien entre un adulto y un adolescente, cosa que hoy nos parecería escandalosa. La relación erótica era pedagógica, el adulto formaba al adolescente y le enseñaba a sentirse. Aunque Platón da al Eros un sentido mucho más amplio e incluso a veces rompe esos roles, este aspecto aparece en sus diálogos y es algo que lo diferencia de los otros dos autores. Por otro lado, su Eros está ligado a lo divino, es intermediario entre los dioses y los mortales. En Freud, el Eros no es una fuerza divina, sino psíquica. Es, como en Platón, aquello que tiende a unir, pero en Freud tiene más bien ese carácter energético: la libido es la energía psíquica del Eros. Entregamos nuestra libido a aquello que amamos. Y aquí entra el asunto del narcisismo, que es cuando no podemos entregar nuestra líbido. El enfoque de Han retoma rasgos tanto del Eros platónico (la relación entre el Eros y lo bello) como del de Freud (el deseo como libido dirigida hacia el otro), pero está más centrado en hacer una crítica de la sociedad capitalista y en hacernos ver esa falta de Eros que provoca el sistema.

¿Has llegado a alguna conclusión?

Si hay algo que veo seguro, es que todo lo que hacemos y lo que somos empezó en un deseo y que mientras seguimos vivos es porque seguimos deseando. Quizá es muy obvio, pero como lo obvio se nos olvida fácilmente, justo por eso hay que decirlo y recordarlo.

No me parece nada obvio. De hecho, es quizás esta cualidad de deseantes insaciables lo que nos hace tan susceptibles de ser manipulados por la sociedad (de consumo). Deseamos, pero no sabemos qué y desde fuera se rellena nuestro deseo. Aquí se abren campos muy interesante psicológicamente hablando, las adicciones, por ejemplo, como una especie de hipertrofia focalizada del deseo. O la medicalización, como calmante de un deseo que amenaza en desbordarse.

El consumo explota esa cualidad. Nos hace sentir carentes tengamos lo que tengamos, y esto es una trampa. Lyotard dice algo muy bello: cuando deseamos, eso que deseamos nos falta, pero a la vez ya lo tenemos, pues, de lo contrario, no nos estaría llamando. Tenemos que aceptar esa paradoja. El hecho de desear es ya un regalo, o un don. Es el objeto de deseo el que nos llama, tenemos que afinar bien el oído y saber por dónde va nuestro deseo. Esto, bien entendido, nos protegería de llegar a las adicciones y a la medicalización.

 

Eros(tismo) y Narciso(ismo), ¿qué son exactamente, en que se distinguen?

 

El narcisismo justamente viene a suplantar al Eros. Es como un impostor del amor. Para poder amar, evidentemente, necesitamos habernos sentido queridos, o sea, el amor (también el propio) viene de otro, y de él nace la amabilidad, el agradecimiento y también los límites. Donde no hay amor, aparece el narcisismo, que lo que busca es más bien autocomplacencia y validación, el otro es visto meramente como un instrumento.

 

Importante que hagas hincapié en eso de que "necesitamos habernos sentido queridos". Acabas con ese topicazo dañino de que "el que no se quiere a si mismo no puede querer a los demás". Es al revés, y luego ya comienza el círculo vicioso.

 

Claro, en ese tópico se han saltado un paso, que es que alguien te ha tenido que querer. De lo contrario, parece que todo sale de uno, que uno es el origen de todo, y no es así. El que se quiere a sí mismo es porque ha sido querido, y ahí sí, puede quererse bien a sí mismo y a los demás. Este amor propio es firme y sereno; el narcisismo es tenso y compulsivo.

 

Como le oí decir el otro día a un youtuber; igual no es autoayuda sino simplemente ayuda lo que necesitamos. ¿Y a qué crees que se debe esta ola de narcisismo que vivimos en la actualidad?

Creo que las redes sociales son en gran parte responsables. Generan una especie de adicción a la validación. Que mucha gente tenga afán de exhibir una versión deformada de sus vidas por la red para recibir aprobación es algo que se ha masificado con las redes sociales. Ese comportamiento, que parecería una tontería sin importancia, no se queda en las redes, cambia el modo general de percibirse de quienes se habitúan a ello. Pero no sólo las redes alimentan esa ola. La industria de la estética y de la moda meten también ahí su cucharada. Y muy probablemente una de las raíces está en la educación: en muchos ámbitos se nos enseña desde pequeños a ser narcisistas. Falta más amor propio.

 

Importantísimo esto que dices. Falta muchísimo amor propio, y eso se ve no solo en el aumento del narcisismo sino en la tendencia, a la autoflagelación, o peor aún, en la búsqueda de chivos expiatorios donde proyectar nuestras sombras. Creo que existe un gran malentendido (que parece que a nadie le interesa aclarar) en la sociedad que radica precisamente en la disolución del amor propio en el narcisismo. Hemos llegado a pensar que darle importancia a nuestros sentimientos, nuestras dudas o nuestras necesidades es ser narcisista. Y nos hemos quedado vacíos y desorientados. La seguridad perdida la buscamos en el grupo, para al menos tener la aprobación de la mayoría. Pero como tampoco podemos diluirnos del todo, vuelve a emerger el narcisismo; empezamos a vender la imagen de guapos, seguros, positivos, optimistas, que es la que creemos que va a ser amada. Intentando evitarlo, somos cada vez más narcisistas.

 

Muy interesante. Si nos falta el amor o el Eros, entramos en un círculo vicioso en el que, de un modo u otro, nos dañamos. Y sí, se confunde el prestar atención a las propias necesidades con el egoísmo y entonces uno se empieza a culpabilizar y a confundirse y no sabe cómo salir de ahí, cuando en realidad esa atención es necesaria. El narcisismo patológico es muy dañino, pero el amor propio o, en términos de Freud, un cierto grado de narcisismo (no patológico) es necesario. No hay que demonizarlo.

 

Respecto a las propias sombras, nos producen temor, en gran parte porque juzgamos eso que contienen. Nos ayudaría observarlas sin juzgarlas y hacerlas conscientes. Y ahí perderían ese carácter tan tenebroso que parecen tener.

 

¿Aparte de Platón, Freud, y Han estuviste dudando entre alguno más?

De entrada tuve muy claro que debían ser estos tres. Lo que sí me planteé es dedicar algo más a Heidegger y a Hegel. Algo que me llamó mucho la atención al leer a Han es que tiene mucha influencia de Heidegger, a quien yo había leído intensamente años atrás. Inicialmente pensé en incluir algunas reflexiones sobre la conexión entre amar y pensar. Heidegger habla en ocasiones del amor, pero lo hace más bien en sus cartas. Finalmente, aunque hago algunas referencias a Heidegger, decidí no centrarme en su obra, ya que para este asunto me parecen mucho más relevantes las teorías de Platón y de Freud. Y el autor que de entrada no preví que iba a tener tanta importancia es Marshall McLuhan.

¿Y qué aporta McLuhan?

 

McLuhan aporta, por así decir, el eje transversal del texto. Su trabajo me parece apasionante, echa mucha luz sobre nuestra relación con las tecnologías que creamos como extensiones de nuestros propios órganos o funciones. De entrada, iba a tratar el mito de Narciso y la concepción del narcisismo en Freud y Han. Pero la lectura de McLuhan sobre el mito permite conectarlo con el asunto de las tecnologías: Narciso quiere decir narcosis, entumecimiento; el joven se enfrenta a su propia imagen como a una tecnología y queda entumecido. Este entumecimiento es la vía contraria a la de conocerse a sí mismo.

 

El tema de la tecnología ocupa un lugar fundamental en tu libro. ¿Qué es exactamente la tecnología?

La tecnología es todo aquello que construimos artificialmente, lo que no surge de la naturaleza. El caso es que para los seres humanos, muy probablemente por el hecho de que nuestro nacimiento es siempre prematuro y necesitamos un periodo muy largo hasta que podamos valernos por nosotros mismos, la tecnología es en cierto modo casi natural. Hoy día, cuando hablamos de tecnología, estamos acostumbrados a pensar en máquinas y aparatos electrónicos, pero también la ropa, el papel, los utensilios que usamos a diario, etc. son tecnologías que en un momento de la historia han cambiado los modos de vida y de interacción. Lo que me preocupa, respecto a las tecnologías y a otros asuntos, es en qué medida somos conscientes de los cambios que provoca en nosotros todo aquello que “usamos”. Sólo por el hecho de “usarlas”, algo en nosotros se adormece. Si acogemos nuevas tecnologías sin ser conscientes de los cambios que están produciendo en nosotros, caemos en una servidumbre. Hoy, para algunas personas, ya no es que su móvil sea una extensión suya, sino que ellas son una extensión de su móvil.

 

Aquí, probablemente haya resistencias. Se argumentará que depende como lo utilices, pero coincido contigo, y con la famosa frase de McLuhan, "el medio es el mensaje".

Exacto, no hay algo así medios “neutros”. Cuando creemos que depende de cómo los usemos, tenemos una relación alienada con ellos y damos por supuesto que somos sujetos independientes, separados de las cosas. McLuhan observó muy bien que, cuando nos exponemos a los medios, es como si estuviesen dentro de nosotros, y le parecía absurdo que nuestra vida se transforme sin que ni siquiera lo advirtamos por algo que hemos creado nosotros mismos. Necesitamos una autoobservación muy atenta para frenar el camino que todo esto está tomando y decidir qué queremos y hasta qué punto.

 

¿Qué piensas de la situación actual, estamos viviendo el retorno del puritanismo (siempre con otro rostro), la aniquilación del Eros (pienso en las prohibiciones de lo lúdico; el baile, la fiesta...)?

Creo que a medida que hemos ido creando más tecnologías, nos hemos ido desconectando cada vez más de nuestro cuerpo y de nuestras propias sensaciones e intuiciones. Hay una trama que se ha ido deshaciendo. En la situación actual, parecería como si se hubiese creado una nueva tecnología: ha habido un shock y estamos en un proceso de readaptación. Para ello, estamos usando máscaras y paneles y se nos pide que pongamos distancia entre nosotros y evitemos el contacto físico; la asistencia presencial se sustituye por la virtual; tenemos que desinfectarnos las manos después del contacto, etc. Con la entrada de las tecnologías digitales, ya estábamos en un proceso de descorporalización y de abstracción. Y, en realidad, me parece que todas estas reglas encajan muy bien con ese proceso que ya estaba en marcha, sumando el bombardeo de miedo que se está llevando a cabo desde muchos medios. Con esto no pretendo decir si las normas se tienen que seguir o no, sino que no son neutras. Esa abstracción y el puritanismo coinciden.

 

Yo pienso que este puritanismo no es nuevo y que tiene un precedente en el feminismo mainstream y mal entendido, que ya venía fomentando la distancia (entre el hombre y la mujer) y la regulación de las relaciones. ¿Qué piensas tu?

 

Creo que arraiga en todo el desprecio al cuerpo que impregna gran parte de la cultura occidental. Toda tendencia que identifique lo femenino con la mujer y lo masculino con el hombre, cae en ese malentendido, porque, desde mi punto de vista, pasa por alto que cada persona lleva en sí algo femenino y algo masculino. No se debería separar ni reducir a un único aspecto. No soy muy conocedora del tema, pero quizá el feminismo mainstream, sin advertirlo, reproduce esa separación.

 

Por otro lado, gracias a la situación actual, se han puesto algunos frenos al consumo sin límites que estaba teniendo lugar en los últimos años, por ejemplo, en el ámbito del turismo y el transporte. La pena es que no se ha puesto freno por el daño ecológico que provocan, sino exclusivamente por el virus.

 

Yo lo veo como un espejismo. Ahora mismo estamos en una especia de stand by, esperando a ver que pasa mañana. Pero las máscaras y los guantes tirados por el suelo vienen a recordarnos que no hemos cambiado. Por otra parte la frenética producción y consumo de máscaras (cada vez más estetizadas) y geles deja en evidencia que tampoco vamos a dejar de consumir. Aunque igual consumamos otras cosas. Como decía Lampedusa: Todo cambiará, para que todo permanezca igual o como dijo Houllebecq, más pesimista aun; un poco peor.

 

Hasta las máscaras se han vuelto un complemento narcisista de consumo… Es que este sistema se traga todo lo que le eches.

 

Lo interesante es, que a pesar de todo, mucha gente piensa que cada vez estamos mejor. ¿Qué piensas tu del concepto de progreso?

Creo que es un término muy engañoso, porque implica que avanzamos linealmente hacia un punto (supuestamente mejor). Que la ciencia y las tecnologías adquieran más reconocimiento no quiere decir que vayamos hacia adelante… y tampoco que vayamos hacia algo mejor. Pienso que en realidad no hay progreso ni avance; hay descubrimientos y cambios tecnológicos que traen novedades y por los que dejamos de usar parte de los anteriores. Con esto, a veces se cae en la idea de que los seres humanos progresamos, cuando en realidad somos como hace siglos, tenemos los mismos sentimientos y las mismas necesidades, quizá revestidas de otro modo, pero son las mismas: necesitamos protección, alimento, afecto, amamos, tenemos miedo, estamos alegres o tristes, etc. Esto no hay progreso que lo cambie (o eso espero).

Habría que recuperar la sabiduría del pensamiento mítico. Aquí estoy con McLuhan, él decía que "el mito es una visión instantánea de un proceso complejo que suele prolongarse durante un largo período". El pensamiento científico, positivista, del que hoy tanto pendemos y en el que hemos depositado nuestra fe, pretende que vamos a algún lugar distinto y por supuesto mejor que nos espera en un punto incierto del futuro.

 

¡Sí! Justo estaba pensando en los mitos y en los poetas antiguos. La mitología griega tiene más de 2.500 años y, contando sobre los dioses, ilustra cómo somos los humanos, por entonces y hoy. Y si leemos, por ejemplo, El arte de amar de Ovidio, del siglo I a. C., vemos que las inquietudes amorosas de los romanos y las nuestras son las mismas, ya sea con normas sociales diferentes. Si desechamos la sabiduría mitológica y poética porque no es científica, nos empobrecemos terriblemente. Y olvidamos que la ciencia es un fenómeno histórico bastante reciente y es sesgada, no una verdad absoluta y universal.

 

¿Eres optimista con respecto al futuro de nuestra especie?

Quisiera serlo. Quizá este sería un buen momento para replantearnos cómo queremos vivir y dar primacía a la tierra y no al sistema económico. Mucha gente se ha dado cuenta de que es posible vivir de otra manera, aunque no sé si suficiente gente como para que se produzca una mejora para la especie...

 

Yo si lo sé. No. Pero bueno, habrá que dejar un pequeño espacio para el milagro. Irene, ¡muchísimas gracias por esta conversación!

 

¡Un placer! Muchísimas gracias a ti.


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Greguerias

2020: el excepcional año donde solo pasó una cosa

Asintomático: Figura de nueva creación sobre la que se sustenta el encierro del sano

Ansiedad: Sentimiento inexplicable que aparece más o menos a los 20 días de no salir a la calle.// Sentimiento que reaparece cuando despues de 40 dias de estar encerrado hay que volver a salir

 

Absurdo: única explicación que les queda a las personas que no quieren ser tachadas de conspiranoicas para explicar la nueva normalidad*

 

Aplausos: ritual espasmódico disfrazado de solidaridad

 

Autodisciplina: Reforzamiento del superyo

 

Antivacunas: Figura retórica que sirve para invalidar a todo el que disiente

 

Buen ciudadano: Hoy como antaño, sumiso y obediente

 

Balcón: torre de control individual

 

Botellón: Lugar donde se gestan los rebrotes

 

Baile: Actividad muy peligrosa

 

Bicho (el): no tomarás el nombre de Dios en vano

 

Covid19: aunque todo el mundo hable de él, nadie sabe lo que es

 

Corona: nombre coloquial del covid19

 

Contagios: Algo que antes no ocurría

 

Conspiranoia: Enfermedad de la mente que unicamente afecta a los demás

 

Científicos: nuevos sacerdotes en los que depositamos nuestra fe y la llamamos razón

 

Ciencia: La nueva religión. Idea cuya aplicación produce monstruos

 

Control: mecanismo que intentando detener el virus, acaba deteniéndolo todo (menos el virus)

 

Confinamiento: encarcelamiento casero

 

Cuarentena: encierro de duración arbitraria

 

Crisis: otro de los efectos secundarios del Covid19, que al principio no se sospechaba

 

Civismo: obediencia ciega

 

Colas: Tiempo materializado

 

Creatividad: al constatar durante el encierro que carecian de ella, el 99% de las personas se llevaron una significativa decepción

 

Concienciar: imponer el pensamiento único

 

Colegio: Lugar donde se enseña lo realmente importante; lavarse las manos, mantenerse sano y a una distancia prudente de tus amigos. 

 

Culpa: talón de Aquiles de todo ser humano que el poder ha sabido aprovechar

 

Curva: Garabato parecido al elefante del principito que todo el mundo te dibujaba en marzo para convencerte de tu ignorancia (y que resulto ser falsa!)

 

 

 

Denuncias: única forma permitida de obtener placer

 

Deporte: intento vano de huir de la realidad// Droga legal

 

Depresión: Sentimiento inexplicable ligado a la cuarentena. Se esta investigando si no será efecto de virus, que se ha colado por el balcón

 

 

Distancia social: Salto cuántico hacía el suicidio programado de la raza humana

 

Datos: Lo nuevo que aprendió el que pensaba que el lenguaje era la mejor herramienta para la manipulación

 

Desinfección: Paripe que se lleva a cabo cuando hay gente mirando

 

Experto: Nuevo Dios

 

Estadísticas: Forma aceptada de mentir

 

ERTE: Paro

 

Estrés: Estado que aparece inmediatamente después de leer los titulares del Pais (o El mundo o cualquier periódico)

 

Farmacéuticas: Instituciones benéficas sin ánimo de lucro que estan luchando a contratiempo para salvar a la humanidad

 

Farmacias: Bares de viejas e hipocondriacos

 

Fronteras: Lugares que hace un tiempo queriamos abolir y ahora queremos reforzar

 

Fiebre: condena mortal

 

Focos: Donde no hubo distancia social

 

Fiesta: Lo que se supone que ibamos a hacer al terminar la pandemia 

 

Gotículas: misiles inteligentes

 

Gel: Pasta inútil

 

Guantes: trozos de plásticos que te encuentras por la calle // prueba irrefutable de que no nos hemos convertido en mejores personas (que somos los mismos)

 

Higiene: Estado de gracia muy difícil de alcanzar: cuanto más te acercas, más lejos estás

 

Heroe: persona

 

Hospitales: Lugares donde se trata el covid19 (pero no vayas si no estas moribundo)

 

Irresponsable: El que osa intentar vivir

 

incívico: Lo mismo que arriba, pero suena mas culto

 

Ignorante: dicese de aquel no se traga todo lo que dicen los medios oficiales

 

Insomnio: La sombra del encierro.

 

Jóvenes: terroristas inconscientes

 

Kilos (de más  por la cuarentena): abulamiento de la carne que apareció en la cuarentena, a pesar del yoga y el pilates. Se suele detectar al subir a la báscula o intentar ponerte los pantalones

 

Libertad: Valor que a perdido todo valor

 

Manifestación: acto de terrorismo colectivo

 

Miedo: sentimiento que nadie admite tener //Verdadero motor del progreso

 

Máscaras: Símbolo inequivoco de nuestro progreso como raza// Trozo de tela que cubren boca y nariz pero sin impedir que entre el oxigeno (según últimos estudios) // Motivo por el cual tienes que volver a subir la escalera cuando llegas a la calle// Trapo que te encuentras por la calle tirado, lleno de virus y bacterias y que utilizamos por higiene

 

Muertos: los hay de dos tipos; los de toda la vida, que no le importan a nadie y los que mueren por covid19, a los que se rinde homenaje

 

Muerte: EL tabu. Algo que les ocurre a los demás

 

Multas: nueva forma de recaudación de fondos

 

Nueva Normalidad: Figura retórica vacia, rellenable por el poder con cualquier cosa

 

OMS: Moises con dudas

 

Orden: El nuevo caos

 

Odio: el verdadero motivo de las denuncias altruistas

 

Pandemia: Histeria colectiva

 

PCR: Partido comunista republicano

 

Prensa/Periodistas: gente que no ha tenido nada que ver en todo esto, que se ha limitado a informar objetivamente

 

Políticos: gente que salva vidas (en Espana se calcula que 450.000)

 

Papel higiénico: metáfora que nos ha dejado con el culo al aire

 

Policia: heroes a los que les debemos mucho. Son muy educados, suelen interpelarte así: Disculpe caballero....

 

Pantalla: Los nuevos altares

 

Positivo: mal asunto

 

Protocolo: por fin algo que no solo siguen los ricos y famosos

 

Quedateencasa: depende de la casa

 

Rastreo: dime con quién andas.....

 

Recomendación: Sucede un día antes de obligarte so pena económica

 

Recesión: Que recesión?

 

Responsabilidad: Obediencia ciega

 

Redes: los nuevos vomitorios

 

Residencias: Lugares donde se abandonaba a los ancianos y ahora además se les encierra

 

Rebrotes: Excusa para seguir decretando

 

Sanitarios: Heroes mal pagados

 

Salud: aun a costa de la vida

 

Segunda ola: As en la manga

 

Solidaridad: Disfraz que se le pone a cualquier emoción

 

Todoirábien: a la vista está

 

Teletrabajo: Primero te alegras y luego te quieres pegar un tiro // La prueba de que la mitad de los trabajos son prscindibles

 

Tos: si es seca, malamente

 

Temperatura: El nuevo pasaporte

 

Trump: Blanco favorito del humor blanco 

 

UCI: el infierno

 

Vacunas: El advenimiento

 

Virus: uno grande y libre

 

Virólogo: Nuevo Mesias

 

Videoconferencias: si creias que te habías librado de la familia....

 

W ?

X ?

 

Yomequedoencasa: que tengo jardín

 

Zombis: Habitantes de la nueva normalidad

 

Zoom: La excusa " no tengo Skype" ya no sirve

 

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Manifestación en Berlin

 

El día uno de Agosto, mientras los periódicos más leidos seguían intentando convertirnos en ciudadanos cívicos y responsables con titulares del estilo "Fui una irresponsable, andaba por ahi sin mascarilla" (El Pais 01.08.20) en la puerta de Brandenburgo miles de personas (20.000 según la policía, más de un millón según otras fuentes) se manifestaban en contra de las medidas que los gobiernos están tomando para hacer frente a la pandemia.

Cabe hacer hincapié en este detalle; que la gente se manifestaba en contra de las medidas, es decir de la acción humana en la pandemia, no en contra de la existencia del virus, como de nuevo nada sutilmente sugería la prensa (Tagespiegel) llamando a los manifestantes negacionistas.

Negacionistas, neonazis, conspiranoicos o directamente „covidiotas“ es como las fuentes oficiales se han estado refiriendo a los manifestantes en su empeño, perfectamente simbolizado por la máscara, de anular cualquie voz discordante. Y es que el argumento ad hominem es una técnica que siempre funciona. Ser tachado de conspiranoico, esotérico o nazi es una condena social y es el crédito social, más incluso que la salud, lo que la gente responsable y cívica teme perder.

El miedo genuino al virus existe, pero esta menos extendido que el miedo al devastador juicio social. Esto es así hoy, y lo ha sido siempre; clásicos experimentos de psicología han comprobado repetidas veces que la gente es capaz de negar su propia percepción con tal de estar de acuerdo con la mayoría.

"Calumnia que algo queda" parece ser la actitud oficial, ante cualquier movimiento discordante. Y, aunque si bien es cierto que situaciones como la que estamos viviendo propician la proliferación de todo tipo de explicaciones alternativas a la hegemonica – teorías conspirativas-, no lo es menos que este hecho está directamente relacionado con que la versión oficial se esta inculcando de una manera cada vez más autoritaria y represiva. "No se puede dudar de las medidas" se leía esta semana en un periódico alemán.

Movimientos científicos alternativos que presentan discursos interesantes y bien argumentados, que plantean preguntas importantes que se están obviando (informar tambien es omitir) y denuncian la tendenciosidad y falta de objetividad de las noticias con que estamos siendo bombardeados sin pausa desde Marzo ("La OMS afirma que los efectos del virus se sentirán durante décadas“ o "Las medidas han salvado 450.000 vidas“, ambos titulares del Pais nada científicos ni basados en la evidencia) son tachados de falsos de antemano sin ser siquiera desmentidos. Constantemente se nos advierte de la peligrosidad de estas teorías.

 ¿Alguien cree que esta gente es peligrosa? ¿En serio?

El mismo día de la manifestación, la prensa (DW entre otros) ya comenzaba, como quién no

quiere la cosa, a asociar el lema de la manifestación „El final de la Pandemia- El principio de la

libertad“ con una película fascista de la época nazi.

Puede que hubiese nazis en la manifestación, pues había de todo, pero desde luego que esas

abuelas que fueron a contra-manifestarse contra ellos lo debieron de tener crudo para

encontrarlos. Nosotros, en la hora y media que pasamos observando, no vimos ninguno. Y me

preguntaba si es posible que los que acusan a los manifestantes de neonazis no perciban que el

fascismo ahora esta del otro lado.

Me lo pregunté hasta que vi a los contramaniestantes, que, hartos de buscar, supongo, gritaban

"nazis fuera" al todos los manifestantes. En la escena que recoge un video en you tube,

concretamente a un negro y un viejo. Estas abuelas eran todo agresividad. Estaban muy

enfadadas con los nazis, el único problema era que nazis allí no había ninguno. Pero ellas había

ido allí a odiarlos y fue lo que hicieron. Alguien debería darles a leer Rebelion en la granja,

antes de que sea demasiado tarde.

Decía Orwell que „en su juventud ya se dió cuenta de que los periódicos jamás informan

correctamente sobre evento alguno, pero que (precisamente) en España vió por primera vez

reportajes periodísticos que no guardaban la menor relación con los hechos, ni siquiera el tipo

de relación con la realidad que se espera de las mentiras comunes y corrientes.

 

Esta frase no ha perdido vigor o lo está recuperando a marchas forzadas.

 

La prensa y algunos políticos ya estan pidiendo castigo. Pronto dirán que por culpa de los irresponsables

manifestantes vuelven a subir los contagios, dirán que es por culpa de ellos es necesario aplicar medidas

más duras. No dirán, y nadie parece percatarse de ello, que ni la dureza de las medidas ha sido

directamente proporcional al control de la pandemia (sino al contrario) ni estas han sido precedidas por

acciones de irresponsables (sino por el miedo y las denuncia). Con todo eso que dirán no harán más que

repetir el mensaje de siempre: no se puede disentir, solo hay una verdad. La verdad oficial.

En esta manifestación había grandes ausencias; las máscaras, el miedo o la distancia social (#stayclose).

Pero que se queden tranquilos los que ahora se revuelven; el organizador ya ha sido denunciado. Por el

contrario, se practicaba la risa y el baile y alguna otra práctica terrorista prescrita en la actualidad. Había

lemas que reconfortaban el alma (esas abuelas generosas que pedía un mundo sin represión para sus

nietos) y chocaba de bruces con otra de las actitudes en voga; el odio al joven irresponsable en el que ha

recaido la culpa de lo que se ha convenido en llamar rebrotes, sin esperar siquiera a la segunda ola con

la que se nos venia amenazando.

 

Nosotros somos la segunda ola, decía una pancarta. Nosotros, los que protestamos.

 


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Consejos para medios de comunicación, expertos y políticos

Todo psicólogo que se precie ha confeccionado a estas alturas su lista de consejos para sobrellevar la pandemia. Los más comunes, son los de siempre; ten paciencia, se agradecido, piensa en positivo o huye del estrés.

 

He pensado que quizás podría ser más útil que comenzasemos a dar consejos de abajo arriba, algo muy poco común pues choca de bruces con el principio de humildad, al que tácitamente, y no sin un punto de hipocresia, la mayoría de nosotros se atiene. Personalmente creo que, como todo, este principio tiene que poder ser cuestionado cuando sea necesario y me pregunto porque será que la arrogancia siempre se ha considerado pecado y el miedo nunca.

 

Desde las altas esferas, que hace tiempo que no están ocupadas por Dios, se critica la proliferación de teorías de la conspiración y creo que este artículo puede ayudar a los científicos a entender el porqué de este fenómeno y como se podría comenzar a atajar.

 

Decía Marshal McLuhan, un gran teoríco de los medios parece ser que poco leido hoy en día, que los medios no conciencian sino que hacen que algo suceda.

 Consejos:

 

 

1.- Tomar conciencia del lenguaje.

Dejar de hablar de rebrotes y explicar que simplemente el virus se sigue extendiendo, pero a una velocidad mucho menor que en los primeros tiempos de la pandemia. Tampoco sería necesario utilizar términos, de momento poco claros y algo oximorónicos, como nueva normalidad. Alguna noticia tranquilizadora de vez en cuando tampoco haría daño.

 

 

 

2.- Publicar datos realmente importantes (evitar la saturación) y bien explicados (no todo el mundo tiene porque tener nociones de estadística).

Las medidas que se están tomando se sustentan sobre, al menos, tres supuestos básicos. El primero: que el virus es muy mortal. Necesitamos ese dato: mortalidad por edades y contemplando las comorbididades. El segundo: que el asintomático es contagiosos. Datos claros de hasta que punto esto es cierto. El tercero: que probabilidad hay de que uno se contagie al aire libre.

 

 

3.- Admitir que la crisis económica esta provocada en gran parte por las medidas tomadas y reflexionar sobre ello. Baremar antes de prohibir.

 

 

4.- No adelantar acontecimientos (segunda, tercera ola...). Recordemos, los medios son los que hacen que algo suceda.

 

5.- Tematizar el daño que hacen las denuncias a vecinos y la búsqueda (que siempre es fructifera) de chivos expiatorios (jóvenes, gente que no lleva máscara, extranjeros etc...) y, sobre todo, no proporcionarlos.

 

6.- No fomentar el lado oscuro de la gente. Denunciar produce placer (sobre los efectos neurofisiológicos de la denuncia altruista hablaremos en otra ocasión).

 

7.- Empezar a hablar de la importancia del contacto físico para el ser humano en general y para el sistema inmune en partícular.

Que la falta de contacto físico provoca estrés es un hecho científicamente comprobado desde hace casi 100 años ( recordemos los experimentos de Harlow y Spitz). La distanciasocial no puede pasar a la nueva normalidad, a no ser que queramos una sociedad autista, psicopática, profundamente estresada y miedosa.

 

 

8.- Fomentar el diálogo entre expertos que discrepen.

No puede ser que todo lo que no sea la versión oficial sea mentira o conspiranoia.

 

 

 

9.- Aprender a pensar analogicamente.

Ya hemos vivido épocas en las que la gente denunciaba al prójimo repetidas veces a lo largo de la historia y estas cosas no suelen acabar bien. Recordemos a Hannah Arend que por cierto; es una mujer.

 

 

 

10.- No dar credibilidad a estudios chorra.

„El coronavirus provoca alopecia y ganas de llorar“ (de hecho parece ser que los médicos responsables de este estudio achacaban estos efectos al estrés del aislamiento, pero esto se perdió en algún punto de la cadena de información).

 

11.- No dar consejos que no puedes cumplir tu mismo, como han hecho algunos expertos.

 

Ahí lo dejo.


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El mito del confinado

 

Hay algunos que creen que hoy somos capaces de entender mejor que nunca la naturaleza humana. Ingenuamente piensan que un pensador, antropólogo, psicólogo etc... actual debe ser más sabio que uno de la antigüedad (pues tiene más información).

 

Algunos están incluso convencidos de que ellos mismos son más listos que el populacho de siglos anteriores, porque saben leer, sumar, restar y alguna cosa más.

 

Hoy la arrogancia llega tan lejos que personas que en toda su vida no han tenido un pensamiento propio acusan a otras de ignorantes, confundiendo ignorancia con desobediencia a la autoridad.

 

No hay progreso intelectual en lo que a la naturaleza humana se refiere.

 

Sucede que en cada época hay unos pocos lúcidos capaces de separar la paja de la esencia y llegar a ciertas verdades universales, que, como la naturaleza humana, siempre son las mismas.

 

Esta creencia en la evolución del pensamiento se apoya en el error fundamental de confundir información con conocimiento. Si lo que queremos es entender la naturaleza humana nos bastaría con observar atentamente (sin escucharles demasiado, para que no nos confundan) a los que nos rodean e indagar en nosotros mismos.

 

No hace falta mucha más información.

 

Pero desde que el pensamiento científico lineal desbancó al mítico pareciera que la verdad es algo que alcanzaremos en algún momento. Y mientras tanto vamos viviendo de la mano de los científicos, esos representantes de la verdad. Una verdad que si hoy es blanca mañana puede ser negra.

Pues la ciencia rectifica y en eso se distingue de la religión. He ahí el nuevo dogma.

 

Si nos parásemos unos momentos a pensar un poco, sin prisa por citar a Copernico o a Einstein para justificar nuestra fe, nos dariamos cuenta que la realidad nunca ha cambiado al ritmo que hoy nos quieren hacer creer la OMS.

 

El pensamiento mítico tenía la ventaja de ser poliédrico, de admitir contradicciones, de no ser dicotómico. Hoy la lógica aristotélica ha calado tan hondo que hay gente incapaz de entender que por criticar al Gobierno no tienes que ser necesariamente de Vox.

 

Así de evolucionados estamos.

Allá por el siglo 400 antes de Cristo vivió un visionario que ya describió nuestro comportamiento en plena pandemia 2020; confinados en casa, enganchados a las sombras que se proyectaban en nuestras pantallas y tragándonoslo todo. Y después, al salir de la caverna, cegados por el sol veraniego, nos negabamos a creer que la realidad era lo que veiamos -gente más sumisa que nunca- y preferimos seguir pensando que las sombras eran lo cierto. Que el mundo esta plagado de irresponsables.

 

La realidad duele, ya lo decía Platón. Duele porque te impide seguir sosteniendo tu mentira. Duele porque te obliga a aceptar que has estado equivocado o peor aun; que has sido engañado por esos que suponias que te iban a cuidar. Por ello la mayoría ya nunca abandonará la cueva y la mayor parte de los que la abandonaron volverán a la virtualidad de la caverna, para poder seguir con su mentira consoladora y no tener que enfrentarse a una cruda realidad, que les obligaría a replantearse sus vidas enteras. O al menos los últimos meses.

 

Hoy, como antaño, el ser humano es, ante todo, cobarde. Y es esta misma cobardia -y no la curiosidad intelectual como quieren creer algunos humanistas- la que le ha llevado tan lejos.

 

Por eso los mayores avances están allí donde el hombre se tiene que defender de la naturaleza y, sobre todo, de sí mismo.


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Visita a la residencia

El 22.07.20 visitamos a Vicent Carrió en la Residencia Santa Lucia de Denia.

En ese momento los residentes llevaban más de cuatro meses sin poder salir y la mayor parte de este tiempo ni siquiera habían podido recibir visitas.

 

El motivo lo repetía como un mantra la recepcionista que nos recibió: „no hemos tenido brotes por las medidas que estamos tomando“ (confinamiento, desinfección, mascarilla y distancia -en este caso aislamiento- social). Gracias a estas medidas, según la versión oficial que defendía esta trabajadora, se habían conseguido salvar las vidas de todos los residentes, al menos salvarlos de la muerte por virus.

 

La residencia Santa Lucia no es un caso aislado. La mayoría de estos centros han seguido el mismo procédere y seguramente los responsables estén orgullosos de poder producir titulares como: "Ni un caso de coronavirus en la residencia Santa Lucia".

 

Pero como quizás a estas alturas ya nos hayamos dado cuenta, una cosa son los titulares, una cosa son las palabras, y otra muy distinta es la realidad. Y esta euforia oficial no era compartida por los residentes con los que tuvimos ocasión de hablar.

Más bien todo lo contrario.

 

Terminamos el vis a vis con Vicent Carrió con una sensación agridulce. Por una parte al constatar que probablemente la mezcla imaginación, elan vital y una misión humanista autoimpuesta y perseguida con ahinco le habían permitido sobrevivir estos meses sin caer en una depresión, que en estas edades puede ser fatal ya que puede devenir rápidamente en demencia. Por otra parte quedó patente que Vicent estaba sufriendo el aislamiento y avido de contacto social. Y que el mantra, tantas veces repetido, no había calado del todo.

 

-Qué penses de tot acó Vicent?

 

-Manipulació

Al salir la trabajadora se despidió de nosotros en un tono conciliador; "siento todo esto (supongo que se refería a las trabas y amonestaciones constantes) pero no hemos tenido brotes por las medidas que estamos tomando....ellos (los viejos) no lo entienden, dicen que los tenemos secuestrados."

 

Efectivamente; a punto de subir al coche, tres ancianos, dos mujeres y un hombre, nos llamaron, no para amonestarnos por no llevar mascarilla como supusimos en un primer momento, sino todo lo contrario: para dar rienda suelta a su indignación. Resumiendo vinieron a decir que el sacrificio que les estaban obligando a hacer con la intención de salvarles la vida, no les compensaba, que preferían asumir cierto riesgo a vivir encerrados. Se quejaron tambien de lo injusto de las medidas pues los trabajadores entraban y salían, iban de vacaciones y volvían impunemente y, sin embargo, cuando uno de ellos osó salir a la calle le confinaron en su habitación durante 15 días. Se quejaron también del insoportable tedio y de la falta de perspectiva,

 

-Antes bajabas a Denia a comprar, y al menos pasabas el día.

 

del papeleo inútil y omnipresente,

 

-Tanta firma para qué?

Nos marchamos conmocionados. Estos ancianos eran conscientes de que alargándoles la existencia les estaban robando vida a sus últimos años.

 

En los últimos meses no me he cruzado con mucha gente que se atreva a quejarse y a reivindicar sus ganas de vivir de este modo. La mayoría de las personas parecen haber interiorizado el miedo o haberse resignado. Sacrificaron su vida durante unas semanas, que luego fueron meses y ahora lleva camino de convertirse en un nuevo modus vivendi, y todo esto sin rechistar (si no es para amonestar al que no se sacrifica lo suficiente).

 

Valientes ancianos, puede que no lo sepan pero están más vivos que mucha gente.

 


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La condena del ego

 

Existe un prejuicio todavía muy arraigado en la sociedad que consiste en creer que la gente que va al psicólogo está más loca o es más débil.

 

Si hubiera una característica común de la gente que va a terapia es más bien la tendencia a la autocrítica. Pues la gente acude a terapia como antes acudía al confesionario; con disposición al mea culpa. Y esto a pesar (o precisamente por ello) de que la mayoría suele pertenecer a esa parte de la sociedad que estaba ya constantemente haciendo autocrítica. Una autocrítica que a menudo se parece peligrosamente a la autotortura.

 

 

Dicho esto habría que añadir que los seres humanos se parecen bastante más entre si de lo que les gustaría creer (aunque muchos crean que el psicólogo no va a ser capaz de entender su idiosincrasia) y las tecnologías (comenzando por el lenguaje) lo han ido uniformando aun más. Y tan poco originales como los humanos es su autocrítica que suele girar en torno a una misma temática: lo que la sociedad condena en ese momento.

 

Hoy a la gente le ha dado por condenar su EGO.

Cuando se les pregunta, qué es el ego ese que tanto odian, muchos no saben contestar.

No es, desde luego, el ego (el yo) de Freud, esa instancia que mediaba entre el superyo (la moral/conciencia) y el ello (nuestras necesidades más básicas) el que condenan.

Lo que hoy esta puesto en cuestión es un ego supuestamente egoista e idividualista, que está mucho más cerca del ello (las necesidades individuales).

 

Hoy se condena unanimemente a aquel que ose anteponer sus necesidades/deseos individuales a los de la „sociedad“. Esta pandemia nos ha dado numerosos ejemplos de lo que esto significa en la práctica, pero el fenómeno es mucho más antigüo y típico de todas las sociedades que se organizan.

 

Pues para que las sociedades funcionen es necesario que se acepte el poder de los que lo ostentan y, como he dicho antes, al ser los seres humanos tan parecidos unos a otros, podrían surgir peligrosas dudas de porqué unos pueden mandar y otros no.

 

Esta situación, injusta por definición, será más fácil aceptar si los que mandan consiguen provocar en los destinados a obedecer la sensación de estar endeudados o lo que es lo mismo; hacerlos sentir culpables. Apelar a la culpa que es una vieja e infalible estrategia, pues lo primero que desaparece cuando alguien se siente en deuda es la capacidad crítica (que pasa a ser sustituida por la autocrítica).

Hasta aquí todo encajaría a la perfección sino fuera por un pequeño matiz. Y es que la gente no solo acude a terapia para hacer autocrítica.

 

También les gustaría sentirse mejor y por algún motivo que no entienden, a pesar de ser buenos ciudadanos, no se sienten bien (precisamente la culpa les tortura).

 

No parecen haberse percatado de que, al censurar lo que ellos llaman su ego, han sacrificado algunas de sus necesidades individuales y el coste es sentirse mal.

 

Los males subjetivos pueden tomar diversos rostros aunque hay algunos clásicos como por ejemplo el síndrome del impostor (por lo que escondemos), la soledad (por lo que no compartimos), la sensación de humillación, falta de valia o autoestima (porque en el fondo sí percibimos la diferencia de poder) etc.......

 

Todo estos sentimientos son consecuencia de la censura del ego, que comenzó ya mucho antes de lo que solemos creer.

 

Sufrimos y si hay una cosa que al ser humano le cuesta aceptar es el sufrimiento; cuantas veces los psicólogos habremos oido la frase “esto no deberia afectarme” para referirse a algo que si debería afectarme. Pero claro si me afecta tendré que hacer algo y si no me afecta puedo permanecer pasivo.

 

 

Esta aparente contradicción de estar portandose muy bien y sufriendo mucho radica en el malentendido de confundir la eliminación del ego, es decir la sumisión a las necesidades de la sociedad y el bienestar. Para sentirme bien necesito una porción de ego (ello), sin ella podré ser un ciudadano cívico (valga la redundancia) y aceptado pero no me sentiré bien.

Otra confusión que fomenta la condena del ego es la equiparación del ego narcisista y el ego entendido como amor propio.

 

 

El narcisista es una persona extremadamente insegura que necesita una ratificación externa constante para sentirse reconocido, por eso se mira sin parar en su espejo, que hoy son las redes sociales (que mienten mucho mejor que el espejo).

 

El amor de si es algo completamente distinto.

 

Comienza por una sana aceptación de mis necesidades y sigue con la capacidad de comunicarselas al otro. Esto presupone el dominio de ciertas habilidades, como la capacidad de decir no y de enfrentarme a los conflictos que ello me puede reportar (pues mis necesidades a menudo chocan contra las de los demás).

 

Si no soy capaz de decirle no al mundo (que por definición es más poderoso que yo) mis necesidades quedarán frustradas y yo me sentiré mal. Y tenderé a evitar en la medida de lo posible el contacto con el otro al que percibiré, desde mi impotencia, como coartador de mis necesidades.

 

Este fenómeno ha quedado muy visible en la pandemia; alguna gente incapaz de lidiar con el conflicto, viendose liberada de la necesidad de tener contacto con el otro se ha sentido mejor y ha tenido sentimientos muy ambivalentes a la vuelta a la normalidad.

 


Y es que para que el contacto con el otro sea satisfactorio es necesario saber lidar con los conflictos que el contacto social siempre implica. Paradójicamente para poder conectar con el otro tengo que saber ponerle limites, los límites que empiezan allí donde terminan sus derechos y empiezan los mios (no somos martires).

 

Esos límites que la sociedad devalua cuando condena el ego.

 

A cambio hoy se nos propone el social distancing que es otra manera de ponerle limites al otro mucho más radical y conveniente al poder pues, al aislarnos unos de otros, fomenta el miedo, la desconfianza y la aceptación del poder que nos protege.

 

Y con ello la acatación sumisa de cualquier medida.

 

En un arrebato de arrogancia inducida hemos confundido el ego de la sociedad, este si muy poderoso, con nuestro ego individual, totalmente inocuo en solitario. Y hemos entregado nuestra pequa porción de poder para que desde las alturas se nos siga protegiendo.

 

Por nuestro bien.

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Del sentido poético de la vida

 

Es un lugar común decir que no aprendemos de la historia.

 

 

Mark Twain dió en el clavo cuando dijo aquello de que la historia no se repetía pero rimaba, pues por ahí debe andar el problema.

 

 

Concedamos que no es totalmente cierto eso de que no aprendemos de la historia. Aprendemos -algunos y durante un breve periodo- a reconocer y rechazar errores (socialmente condenados) pero solo bajo una condición: que se presenten con el rostro de siempre.

 

 

Por desgracia los vestidos con los que adornamos nuestras inmutables motivaciones están progresando constantemente, de modo que a menudo resulta casi imposible reconocerlas. Alguien dijo que precisamente esto era lo que caracterizaba a los genios y artistas; su capacidad de ver lo eterno e inmutable en lo particular y nuevo. Por desgracias los genios y artistas en cada generación se pueden contar con los dedos de una mano.

 

 

Suma sumarum: para ser efectivo (sin ser reconocido como opresor) al poder le basta con cambiar de traje y de discurso. Inmediatamente creeremos que se trata de algo nuevo.

 

 

Uno de los muchos ejemplos de esto es la actual y (casi) unanime condena del racismo unida a una incapcidad bastante considerable de reconocer otras formas de opresión. O nuestra ofuscación en eliminar instituciones decadentes (en comparación) como la monarquia o la iglesia mientras entronamos y damos la bienvenida con aplausos a las que son, desde hace ya algún tiempo, nuestras nuevas tiranias.

Nos ensañamos contra opresores ya vencidos y adoramos a los nuevos.

 

 

Twain diría que nos falta el sentido poético para la historia, que no pillamos la rima si no es literal.

 

 

Por todo esto podría suceder que, concentrados (y orgullosos) en el nuevo discurso (anticapitalista, solidario, feminista, concienciado, responsable y ecológico) la catástrofe nos pille desprevenidos. No sería la primera vez que no la vemos venir acomodados en un presente en el cual todo nos parece normal (hoy ya hasta lo nuevo).

 

¿Cómo explicar si no que en un par de meses hayamos llegado a aceptar que (siempre por nuestro bien) se nos obligue a andar por el mundo como si fuesemos potenciales enfermos (y tratar así a los demás)? ¿Cómo comprender que hayamos aceptado que esto no va a ser pasajero sino que formará parte de una nueva normalidad, a la que ya nos estamos acostumbrando sin ni siquiera saber lo que es?

 

 

La pregunta es: ¿porqué aceptamos todo, obedecemos ciegamente y odiamos tanto al desobediente?

 

 

Posibles respuestas (no excluyentes):

 

 

1.- Porque somos fundamentalmente cobardes (tenemos miedo a todo) y no nos sentimos con nigún poder (y menos que lo vamos a sentir cuando la social distancing vaya surtiendo efecto) para enfrentarnos a nada que se nos imponga desde arriba.

 

 

2.- Porque tenemos una extraordinaria cualidad que se llama credulidad (o fe).

 

 

3.-Porque somos los reyes del engaño, pero sobre todo del autoengaño.

 

 

4,.- Porque podemos proyectar la frustración que la castración de nuestras libertades nos podría provocar, si aun fuesemos capaces de sentir y percibir, en cualquier lugar; en nosotros mismos (enfermando), en el extranjero (siendo xenófobos), en el partido rival (convirtiéndonos en fieles votantes), en el incívico (ejerciendo de policias sin uniforme, antes desde el balcón, ahora ya desde la calle). Todo esto sin ser siquiera conscientes de que son proyecciones de nuestas propias frustraciones. Lo único que nos importa es tener una válvula de escape y, perezosos como somos, si la prensa nos propone sitios donde proyectar nuestra rabia, los aceptaremos sin cuestionarlos.

 

 

En fin, es nuestra naturaleza humana y como dice el dicho; no hay que pedir peras al olmo.

 

Pero no deja de ser fascinante que, siendo como somos el rebaño de siempre, nos sintamos tan orgullosos y tan distintos de los pobres esclavos del pasado.

 

 

Y pensándolo bien, puede que la catástrofe ya este ahí pero que no la hayamos visto venir, probablemente porque tambien esperamos que se presente con el mismo rostro que en el pasado y, no siendo tan espectacular, no la hemos reconocido.

 

 

Que nos la han colado, vaya.

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La fiesta

*dedicado a Denia.

 

Cuando comenzó el confinamiento, algunos se consolaban, intuyendo pero sin querer detenerse a pensar en ello, lo que se les venía encima, hablando de la fiesta se iba a celebrar cuando este terminase. No en vano evitaban pensar en profundidad pues, de haberlo hecho, se habrían dado cuenta de que había al menos tres motivos de peso para sospechar que tal fiesta, como hemos visto a posteriori, no iba a tener lugar.

 

El primero eran los efectos psicológicos del encierro. Nos imaginamos saliendo de él tal y como habiamos entrado, nadie contaba, y muchos aun se resisten a reconocerla, con la profunda huella que estos meses excepcionales iban a dejar en nosotros (es el miedo y no la razón la que nos aferra a la máscara).

 

El otro motivo, este algo menos obvio, era la misma naturaleza de la amenaza de la cual nadie podría darnos nunca un certificado que garantizase su inocuidad. Esto lo empezamos a intuir cuando comenzamos a ver la confusión de la ciencia, que algunos siguen sin ver, canonizados como están sus representantes, y su incapacidad para ofrecernos respuestas.

 

Y, last but not least, y dejando las conspiraciones a un lado, que el tiempo anterior ya no iba a volver sino que ibamos a pasar a una „nueva normalidad“ en la que la fiesta, de momento, no esta invitada.

 

Y efectivamente, el confinamiento terminó, pero el miedo -como el virus- siguió como si nada.

 

Y al miedo se le sumo la frustración que terminó deveniendo en odio que se descarga, según el día, contra incívicos varios, adolescentes disfrutones o extranjeros invasores de nuestras playas. Un clásico muy humano; descargar la frustración contra el primero que pase por debajo de la farola de la prensa.

 

 

Con esto no quiero decir que no tengamos motivos para estar frutrados (solo que no son los que creemos sino los que hemos vivido).

 

Ni que la idea de la fiesta fuese mala, de hecho, era muy buena.

 

La fiesta es catarsis y la catarsis sociales son necesarias para expulsar tensiones que, de no encontrar esta válvula de escape, deberán descargarse de otro modo.

 

Y Denia, un pueblo que siempre se pavoneo de ser el más festero (se rumoreaba que estaba en el Guiness de pueblo con más fiestas) de España, se ha convertido, en el tiempo que va de la primavera al verano, en un lugar hóstil en el que la fiesta (de los sustitutos que se nos proponen mejor ni hablar) esta prohibida hasta nuevo decreto.

 

 

Pero la vida solo se sostiene y se sostendrá como alternancia de trabajo y fiesta, de control y descontrol.

 

El trabajo nos exige una conducta razonable, en la que no se admiten los impulsos jubilosos que liberamos en la fiesta o, más generalmente, en el juego, en lo lúdico. En el trabajo el hombre se controla. Y en el tiempo sagrado que es la fiesta este orden se subviete; dilapidamos los recursos acumulados durante los meses de trabajo, suspendemos toda contención y consumimos sin pensar en el mañana (y mucho menos en la salud).

 

 

Pues la fiesta es erótica y dionisiaca.

 

Me pregunto cómo es posible que en unos pocos meses nos hayamos olvidado de la esencia de nuestra cultura festera, que hace (hacía) del caracter mediterraneos algo tan envidiable y era el motivo por el cual muchos extranjeros venían a visitarnos, queriendo impregnarse de lo nuestro.

 

Es muy triste observar desde la distancia como la fiesta ha terminado (antes de comenzar) y como los tímidos (o no tan tímidos) amagos de los que lo intentan son denunciados por los ciudadanos responsables en los que nos hemos convertido.

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Esperanza I

 

Se le dedicaron manuales enteros, cada uno de los elementos que lo componen fue analizado y explicado hasta el hartazgo (a excepción del poliedro), se intentó ver en él una crítica a la razón imperfecta e incluso encontrar el significado en la falta de conexión entre sus elementos, en su incapacidad de unirse en un todo.

 

Hoy sabemos que todas estas explicaciones radicaban en un profundo malentendido y no ha sido hasta hace muy poco que comenzamos a comprender. Melancolia I es una obra premonitoria , anunciadora de un nuevo periodo en la historia de la humanidad y es también, en contra de todas las interpretaciones, un cuadro optimista y esperanzador.

 

Gran parte del malentendido radicaba en el nombre de la obra, nombre que el pintor probablemente escogió para protegerse de los críticos de la época. Hace algunos años, en el marco de la iniciativa “Reinterpretación y adaptación de las obras de arte al nuevo lenguaje” se decidió rebautizarla y hoy ya nadie habla de Melencolia I sino de Esperanza I pues, gracias al progreso, ya nadie tendrá que sufrir la melancolia de su protagonista.

 

Recordemos el sufrimiento de los tiempos pasados y confusos, tiempos en los cuales el origen del sufrimiento humano, el motivo de su crónica insatisfaccción, nos era desconocido. Honremos también, sin negar sus graves errores, a los movimientos sociales progresistas de principios de milenio, pues todos ellos contribuyeron de alguna manera a liberarnos de nuestro lastre. Y no olvidemos, aunque hoy sintamos alivio de que toda aquella confusión haya sido superada, que fue gracias a movimientos como el feminismo que comenzamos a tomar conciencia del derecho a la diferencia y de la discriminación a través del lenguaje. Puede sonar paradójico pero fue gracias a estos movimientos que conseguimos eliminar palabras como cosificación o cosa de nuestro lenguaje, palabras a las que entonces dabamos un uso peyorativo.

 

Recordemos también la pandemia del 2020, pues una de sus consecuencias positivas fue que empezamos a ver claro y, con ayuda de los expertos, descubrimos el origen de nuestra desgracia, tantas veces malinterpretada en el cuadro de Durero.

 

La distancia que entonces comenzamos a tomar unos de otros, esa distancia que hoy nos parece fundamental, pero a la que algunos tanto se resistieron, nos permitió percatarnos finalmente de que el origen de todos nuestros males no era otro que nosotros mismos y nuestra obstinación en juntarnos. Fue gracias a la distancia, a la que en principio fuimos tan reticentes, que pudimos tomar perspectiva e ir aceptando esta realidad. Y sólo entonces nos permitimos vivir libremente lo que durante tanto tiempo nos avergonzó (recordemos que hasta el año 2023 el amor entre un objeto y un ser humano era considerado trastorno mental, Fetishistic Disorder DSM-5 302.81).

 

Durante los años que pasamos separados de otros humanos nos dimos cuenta de que eran los objects* los que nos hacían plenamente felices y comprendimos que la solución al sufrimiento humano no eran las relaciones virtuales, ni la creación de avatares (todos ellos demasiado similares al humano) sino el derecho del humano al amor a los objects.

 

*palabra politicamente correcta para lo que antes llamabamos cosa

Confieso que nunca pensé que viviría el día en que este derecho se legalizara. Demos las gracias a nuestro gobierno progresista que ha hecho posible que algo que hace una década se hubiese considerado un sacrilegio, haya pasado a formar parte de la nueva normalidad .

 

 

Es característico de los artistas ver el futuro y Durero fue uno de los grandes; hace más de 500 años, adivinó nuestro destino y creó esta obra en la que el humano aparece como un ser ambiguo -no ubicable en las superadas categorías hombre/mujer, que anhela la distancia de otros humanos y que sospecha que la unión persona-object podía ser mucho más satisfactoria de lo que nunca había sido una relación entre humanos. Hoy somos conscientes de la superioridad de los objects, que aman en silencio y de forma incondicional, quizá algún día podamos aprender de ellos, mientras tanto estamos agradecidos de tenerlos a nuestro lado.

 

He escogido este cuadro como fondo de zoom para honrar este día histórico, 11.03.2034 (también en esto Durero fue premonitorio) en el que vamos a ser testigos de la primera unión entre un humano y un zapato.

 

Desde nuestros hogares brindamos (con agua) con los amantes y os deseamos que seais muy felices.


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Ideologias

En un panorama político cuya máxima ha sido siempre la de situarse en un bando y llevarle la contraria al otro puede suceder que cuando los progresistas se convierten de la noche a la mañana en los represores a los otros se les escape de vez en cuando una sensatez (aún en contra de su voluntad).

 

Al observarlo uno se siente como esos niños que jugando a aquello de si-no-si-no-no-si comprueban entusiasmados como el cerebro, en cuanto tiene ocasión, se relaja y deja de pensar para pasar al modus automático.

 

Y es que hay una cosa que todo político que quiera llegar lejos tiene que saber y es que, más importante que preocuparse por los problemas de la población, es el dominio de la dialéctica (una dialéctica muy básica eso si). Esta dialéctica consiste en que se ponga especial atención en que en los discursos se emitan siempre dos mensajes, uno directo y otro indirecto. El segundo, que es también el más importante, siempre debe dejar clara una cosa, lo peores que son los otros.

 

La finalidad es que los votantes terminen considerándolos a ellos como la única posibilidad, es decir, asegurarles el poder. Todo lo demás puede esperar.

 

Dicho todo esto, habría que añadir que si la oposición que no hiciese oposición la democracia no sería democracia.

 

Los votantes, por razones tanto históricas como neurobiológicas, completamos la jugada con nuestra tendencia al pensamiento dicotómico (que tan bien les viene a los partidos) que provoca que, por mucho que nos estrujemos el cerebro, siempre lleguemos a la misma conclusión: si cuestionamos a los unos, les damos la razón a los otros.

 

Y como los otros nos dan tanta grima, directamente no cuestionamos a los unos.

 

Hacerlo podría significar ampliar la democracia a algo más que el gesto de depositar el voto en una urna cada cuatro años (o cada dos por tres). Y luego quejarnos.

 

Viene a redondear la ecuación el miedo, que ha calado tan hondo que ya no somos capaces de pensamiento crítico, si es que lo fuimos alguna vez. La represión y el control los aceptamos ya como medidas imprescindibles, aunque insuficientes. Y criticamos al gobierno, no por privarnos de derechos básicos, sino por su falta de contundencia y su incapacidad de controlar a cuarenta millones de personas entre las cuales suponemos un alto porcentaje de incivicos e irresponsables.

 

Pobres de aquellos que, después de más de 40 días de encierro, comienzan a sufrir los efectos pero, al no poder cuestionar a los responsables a los que siempre han considerado "los sensatos", se ven obligados a a quejarse al vacio, arremter contra el virus (lo cual por algún motivo no les deja satisfechos) o a redirigir su frustración hacia a la oposición que se empeña, oh sorpresa!, en llevar la contraria.

 

-Menos mal que tenemos un gobierno progresista, sino sería peor, les gusta exclamar.

 

Estoy con Wittgenstein; hay que comenzar por el lenguaje. Definamos peor, sigamos con progresista, y así sucesivamente.

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Diario de una pandemia: Conspiración

En lógica un argumento ad hominem es un tipo falacia que consiste en dar por sentada la falsedad de una afirmación desacreditando al emisor.

 

Actualmente este tipo de recurso argumentativo se esta utilizando para desacreditar toda objeción a las medidas antipandemia. Identificando sistemáticamente a los críticos con radicales, conspiranoicos o votantes de ciertos partidos se evita tener que enfrentarse a los posibles argumentos.

 

El argumento ad hominem es una estrategia disuasoria muy efectiva pues la mayoría prefiere callarse antes que ser asociados con ciertas personas o colectivos o -peor aun- ser acusado de conspiranoico. Esto último significaría la pérdida del crédito social y perder el crédito social es de las peores cosas que nos pueden ocurrir. Así que, los que se consideran críticos, prefieren ser vistos como críticos moderados y razonables, y argumentan que si se comportan de un modo sumiso no es por miedo (ellos nunca tienen miedo) ni por estar de acuerdo con todo (tienen su propio punto de vista) sino por civismo, solidaridad o cualquier otro motivo, siempre loable.

 

Este tipo de críticos estan muy orgullosos de sí mismos, y no es para menos, pues consiguen tenerlo todo sin mojarse nada.

 

Ciertamente hay que ser algo paranoico para manifestarse contra algo tan indiscutible como las medidas antipandemia.

 

¿Como reconocer, entonces, la conspiranoia?

 

Se llama teorías conspirativas a ciertas teorías alternativas a las oficiales que explican un acontecimiento o una cadena de acontecimientos a través de la acción secreta de grupos poderosos, que en el fondo tienen intereses contrarios a los que abiertamente defienden.

 

Actualmente se consideraría conspiranoico pensar que detrás de las medidas antipandemia pesa más el intento de controlar a la población que el de protegerla o que el social distancing, con todo lo que conlleva, quedarse en casa, taparse la cara, ponerse guantes, mantener la distancia, es una forma de crear sospecha y distancia entre la gente.

 

En psiquiatría los conspiranoicos caen dentro de la categoría de los paranoicos y, dependiendo de lo inamovible de su creencia, esta puede llegar a considerarse un delirio y en el peor de los casos llevar al diagnóstico de esquizofrenia.

Cuando no es un brote sino un rasgo de personalidad hay -simplificando mucho- dos formas básicas de abordar este trastorno. La primera, biológica, consiste en considerar el pensamiento una perturbación de las neuronas y recurrir a la medicación para acabar con él. La segunda, terapéutica y en extinción, consiste en buscar el origen del sentimiento que ha llevado a la construcción del delirio. Y a menudo, detrás del delirio, se esconde motivos lícitos.

Hoy nos decantamos por la primera estrategia, pues la segunda podría plantear la incómoda pregunta de porqué desconfiamos de la bondad del estado.

 

Los detractores de las teoría conspiranoicas argumentan con la navaja de Ockam. Consideran que la explicación más probable es la que defiende más gente, es decir, la oficial. Y seguramente los que postulan intenciones ocultas pequen de paranoicos, pero resulta igualmente difícil no ver la venda en los ojos de los defensores de la versión oficial.

 

Y pensándolo bien, no haría falta postular ningún complot para criticar las medidas antipandemia.

El desarrollo tecnológico y la acumulación de datos, de conocimiento como se suele decir erroneamente, hace tiempo que han alcanzado una magnitud inabarcable para nuestra cabecita humana. Es por eso que hoy colgamos de un aparatito negro y liso para orientarnos por el mundo.

El exceso de información nos confronta con posibilidades y escenarios que nos sobrepasan. Y cuando el ser humano se ve sobrepasado, puede llegar a reaccionar con pánico.

 

Ya lo decía Proust, saber no es igual a poder evitar.

 

¿Es una paranoia que la gente esta más irritable, más despota, más dispuesta a amonestar y denunciar, con más miedo y más apagada? ¿es un virus motivo suficiente para que el mundo tenga que pasar a una nueva normalidad? ¿ es el precio que tenemos que pagar por no cuestionar la versión ofical?

 

Desde la cuádriga de la puerta de Brandenburgo, el ángel de Wim Wenders, se lamentaba hace medio siglo de que las personas solo creemos lo que vemos. No era un ángel visionario pues de serlo debería haber sabido que podía ser peor. Hoy ya ni vemos y solo creemos lo que nos cuentan.

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Diario de una pandemia: Autodisciplinados

Theodor Adorno dió palabras al horror que precedió a la toma de conciencia del Holocausto diciendo aquello de que después de Auschwitz no sería posible escribir poemas de amor -al menos no sin mala conciencia.

 

Algo menos conocido, pero más actual, es la reflexión de Bertol Brech, según el cual hablar de un árbol podía ser un sacrilegio, cuando implicaba callar tantas otras cosas.

 

Sin embargo, henos aquí, medio siglo después, haciendo poesia de amor y sobre todo, hablando -sin parar- de árboles (no tenemos memoria).

 

Los representantes de la autoayuda y la psicología positiva siempre fueron especialistas en ello. Y desde que comenzó el encierro nos comentan la importancia que tiene mantenerse activo, seguir con las rutinas, meditar, hacer yoga y ejercicios autoafirmativos.

 

Lo que sea con tal de que el taedium vitae que acecha cada mañana no haga su aparición y, sobre todo, que no pensemos demasiado. Pues es sabido, afirman también, que pensar demasiado es malo.

 

Pero por las noches, cuando la razón está turbada, se cuelan pensamiento no tan positivos provocándonos insomnio.

 

Y como no osamos poner en duda -quién duda de que lo que debería hacer un suicida es pensar en positivo- los consejos positivistas, nos vemos obligados a dudar de nosotros mismos, de nuestra capacidad para autodisciplinarnos y automotivarnos.

 

-Tenemos que mejorar, nos repetimos semana tras semana.

 

Sin embargo, a pesar de que el músculo crece, misteriosamente, también la tristeza, la ansiedad y la falta de energia van en aumento.

 

En „La sociedad del cansancio“ el filósofo Byun Chul Han ya hablaba de ese sujeto moderno que no necesita un jefe tirano porque se explota él mismo y lo hace incluso mejor.

 

Hoy algunos de esos sujetos cansados alzan la voz pidiendo al Estado más mano dura, más multas, más control. De lo que están cansados, aunque no lo saben, es de tanta autodisciplina y quiere sentir claramente que alguién toma el relevo.

 

Aunque sea para someterlos.

 

Después de estos meses, no será posible hablar de libertad.

Al menos no sin mala conciencia.

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Diario de una pandemia: Santa salud

En el centro de la ciudad de Berlín se erige un imponente edificio, emblema de lo que en el SXXI es nuestra nueva religión: la salud.

 

Nuestro malestar se ha adaptado a la modernidad y ahora buscamos la "redención", que antes recibiamos de los curas, en los médicos, que aquí en Alemania ya llevan el sobrenombre de Dioses de blanco.

 

A ellos acudimos regularmente a confesar nuestro malestar, confiando en que sus remedios nos absuelvan de nuestros males como antes lo hicieran los padresnuestros.

 

Platón ya lo decía: la obsesión con la salud es una enfermedad. Su precio inmediato es el sacrificio del placer, retrasándolo a un momento que nunca llegará, en aras de un bien que, por mucho que nos esforzemos, nunca alcanzaremos. Pues nadie sabe que es eso, la salud. Y se dice que es inversamente proporcional a la cantidad de diagnóstico a la que nos sometamos.

 

Sin embargo, hace tiempo que la doctrina de la salud se introdujo en nuestros hogares, y en nuestras mentes, y hemos interiorizado el credo que dice que no es suficiente con chequeos y controles y que, si queremos vivir más y más sanos, tenemos que ser responsables y coger las riendas del asunto; dejar los vicios y excesos (los nuevos pecados) y ser disciplinados.

 

Comer, por ejemplo, ha pasado de ser una necesidad (y un placer) a convertirse en medio para un fin.

 

La abundancia de alimentos pero sobre todo el exceso de datos, dudosos e inútiles en la mayoría de los casos, pero datos al fin y al cabo, nos han ido haciendo más "conscientes" y hoy dividimos los alimentos en categorías: saludables, grasos, prohibidos... Y casi al mismo ritmo al que aumentaba la información nutricional en los envases han ido proliferado las alergias y las intolerancias, los vegetarianos, veganos, ayunadores etc...

que hacen más necesario que nunca nuevos datos e informaciones.

 

 

Lo mismo ha ocurrido con el deporte. Lo que antes se practicaba por el placer de competir, en una sana sublimación de nuestos instintos más básicos, se ha transformado poco a poco en algo aburrido, pero obligatorio, que se practica en solitario con el mismo fin por el que hoy comemos quinoa pero un efecto más rápido y visible.

 

Atrás quedo el placer.

 

En las viejas religiones ya existieron periodos de sacrificio y abstinencia como la Cuaresma o el Ramadán pero estos, además de ser bastante menos hostiles, tenían la ventaja de que terminaban y la vida volvía a la normalidad. La cuarentena también terminará. Pero no volveremos a la normalidad sino a la "nueva normalidad". Una nueva normalidad en la que los muros entre personas nos permitirán, por fin, concentrarnos en nosotros mismos y seremos cada vez más sanos, más guapos, más longevos (o no) y más infelices.

 

 

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Diario de una pandemia: El retorno de la naturaleza

Cerca de mi casa hay un campo de Bolley.

 

Por motivos obvios los jóvenes no han podido acercarse por allí y sorprendentemente esa tierra baldia se ha llenado de plantitas.

La naturaleza se abre paso. Uno de los mantras más repetidos durantes estos meses de encierro.

 

Esta actitud de regocijo, que facilmente podría confundirse con una creciente conciencia ecológica, no es nueva. A finales del SXVIII, siendo Alemania uno de sus principales representantes, surgió un movimiento artístico, como respuesta a la Ilustración y al clasicismo: el Romanticismo.

 

Los románticos se caracterizaban por la crítica a la omnipresente y opresiva razón en la cual los ilustrados había depositado el excedente de fe que les quedó cuando comenzaron a cuestionar el cristianismo.

 

Para los románticos, lo importante eran los sentimientos pues a diferencia de la razón, los sentimientos eran personales e individuales.

El romántico era un individualista que pretendía devolver al Yo la voz perdida, anulada ante tanta concordia y sentido común. Anteponia la fantasia, la nostalgia y la imperfección a los cánones de belleza y el sentido de la realidad de ilustrados y clásicos.

 

Y a pesar de su mala fama y su fatal percepción del futuro, el romántico era un vitalista.

 

A los pintores románticos les gustaba representar el triunfo de los sentimientos sobre la razón con imagenes de ruinas; al final la naturaleza terminaba recuperando el territorio supuestamente perdido.

 

El mensaje era: la obra del hombre es efímera, la de la naturaleza eterna.

 

La tendencia actual a colgar fotos, detrás de las cuales se atisba cierta dosis de Schadenfreude“ otra palabra alemana, que significa, alegrarse de las desgracias ajenas (en este caso la desgracia del ser humano encerrado) se podría confundir con la actitud romántica. Pero hay una diferencia sustancial.

 

Y es que ahora estamos defendiendo el triunfo de la naturaleza como sí nosotros no fuesemos naturaleza. Los nuevos románticos han sacrificado ya al ser humano. Prefieren ver plantitas en el campo de Bolley que jóvenes jugando. De hecho, cuando ven jóvenes se indignan.

Pero es también un triunfo de la naturaleza -aunque mucho más modesto y controlado desde los drones- las personas saliendo a la calle después de dos meses de encierro.

Pero ese retorno asusta. Un ser humano no es tan inocuo como una planta.

Aunque pensándolo bien....quizás nos parezcamos más a los románticos de lo que podria parecer a primera vista.

Ellos coqueteaban con la muerte (una muerte que los ilustrados habían comenzado a ver seriamente amenazada por la razón).

 

Y probablemente detrás de esa fascinación que experimentamos al observar desde la ventana, a través de la pantallas de nuestros ordenadores y bien encerrados en nuestras casitas, como la naturaleza va ganando territorio se esconda algo así como un coqueteo con la muerte, pero la muerte total esta vez, la extinción del homo sapiens. Nuestro instito autodestructivo, el Thanatos, florece esta primavera.

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Diario de una pandemia: De locos y radicales

Con un par de días de retraso arranco la hoja del calendario y me viene a la cabeza aquello de que abril es el más cruel de los meses. De pronto descubro que el 05.05 es el día de la "Higiene de manos" y del "Asma" y, por si esto fuera poco, el 23.05 el día de la constitución alemana (Grundgesetzt).

 

O sea, que si abril es el mes más cruel, este año mayo tiene todos los boletos para convertirse en el más cínico.

 

La limpieza se ha impuesto a todo tipo de derechos.

 

Ayer se "celebró" en Berlín el día del trabajo y la policia ya advirtió de antemano que todas las manifestaciones estaban sujetas al "Higieneschutzgesetz" -las normas de higiene- que lleva visos de convertirse en la "nueva constitución".

 

Ahora el supuesto derecho es a la mera vida  y ante tan alta aspiración todo sacrificio es poco.

Por supuesto también hay que sacrificar las manifestaciones, pues son reuniones de gente potencialmente contagiosa.

 

Este año había en Berlin un grupo de gente, según la prensa locos (de la clase de los conspiranoicos) y radicales, con una causa nueva que, a juzgar por el despliege policial, parecían ser considerados altamente peligrosos. Su causa era cuestionar las medidas "Anticorona", preguntarse si el estado al que hemos llevado a la sociedad por un virus esta justificado .

 

Según la versión oficial, hay que estar muy loco o ser muy radical para siquiera plantearse esto.

 

Picada por la curiosidad me acerque al lugar de encuentro, al que fue imposible acceder. En las fronteras se acumulaba gente. Reinaba una "calma tensa" entre los manifestantes y no era para menos pues, cada cierto tiempo y sin previo aviso, los policias seleccionaban aleatoriamente a alguna persona -me fue imposible descubrir el criterio- y en un despliege teatral se la llevaban quién sabe a dónde.

 

Entonces la gente protestaba intentando despertar en los policias algo así como una vergüenza dormida.

 

A parte de gente corriente había algunos disfrazados. Estaba el preso preguntándose dónde había quedado la democracia, el de la nariz de payaso y la bailarina con la cara cubierta pero la barriga destapada, en la mano un ejemplar del "Mundo como voluntad y representación" de Schopenhauer. Un señor exhibía descaradamente el "Grundgesetz" y un par llevaban pancartas con preguntas ilegitimas.

 

Puede que este confundiendo memoría con deseo pero lo que en aquella Plaza a nadie parecía preocuparle era el metro y medio, a pesar de las advetencias que llegaban desde el megáfono.

 

Sin duda alguna aquellos eran los locos pero por algún motivo me marché de allí pensando en los radicales.

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Diario de una pandemia: Neolengua

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"Hace tanta soledad que las palabras se suicidan". A. Pizarnik

 

 

La neolengua es una lengua artificial que aparece en la novela 1984, de Georges Orwell. 

 

Era una lengua que se creo con una función muy concreta: impedir el pensamiento libre y facilitarle al poder la manipulación de las mentes, evitando a la vez tener que soportar la tensión entre lenguaje y realidad. Anatomicamente, se pretendía desconectar la parte mecánica del habla de las estructuras cerebrales implicadas en la reflexión. Es decir, el objetivo era que la gente hablase sin pensar y dijes lo que el Partido quería que dijese.

Las feministas intentaron algo similar con el objetivo loable de evitar la discriminación del género femenino. Ya casi nos habían acostumbrado a vacilar cada vez que teníamos que escribir una palabra a la que patriarcalmente se le había asignado un género. Los más progres comenzaban a hablar en femenino o con la e. Y sin embargo, la insatisfacción iba en aumento.

Parecia que algo estaba obstaculizando el objetivo feminista de cambiar la realidad cambiando el lenguaje. Puede que la meta de un mundo sin género y sin discriminación fuese poco realista para la naturaleza del homo sapiens. O tal vez se había simplificado demasiado al considerar el patriarcado única fuente y origen del malestar de la mujer.

 

Hoy estamos asistiendo a la aparición de una nueva lengua que sí esta echando raices en la sociedad. Probablemente sea porque esta vez el cambio en la realidad ha precedido al cambio en el lenguaje.

Nuestra realidad llevaba años transformandose, al margen de nuestra conciencia, y solo necesitaba un MacGuffin para dar el salto cuántico y transportarnos a un nuevo estado.

Practicamente de la noche a la mañana la sociedad se ha transformado y de pronto nos parecen normales cosas que hace solo unos meses hubiesemos considerado ciencia ficción de la mala.

 

Ejemplo (cita del Marina Plaza Denia, jueves 30.04.20)

 

Calle Bautista Mateo: se localiza en la vía pública a tres personas charlando y bebiendo cerveza, son sancionadas las tres.

Plaza de Cholet: vehículo con dos ocupantes que no justifican su presencia en la vía pública, excusándose con incoherencias. Se sanciona a ambos.

Calle Mussola: se localiza a una persona bañándose en la playa. Señala que ha ido a tomarse una copa de vino en la orilla y que, finalmente, se ha bañado.

 

Y una sociedad en la que estos son los nuevos crímenes, necesita urgentemente una nueva lengua para no sentir que ha perdido la cabeza.

Por eso nos esmeramos en practicar y hablamos de "nueva normalidad" o de nuestra "libertad de encerrarnos", hacemos hagstags oximorónicos  como #togetheralone, reducimos el significado de palabras como respeto o cívico (o incívico) a un aspecto concreto y consensuado tácitamente,  insistimos en hablar de coherencia ante la locura y decimos que todo irá bien mientras nos asomamos al abismo.

Hablando así al menos podremos mantener las apariencias.

Probablemente las apariencias han sido siempre lo más importante para el ser humano, pero poco a poco, con ayuda de la tecnologia, van siendo no solo lo más importante sino lo único que nos queda.

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Diario de una pandemia: los niños y otros heroes

Una de las cosas que más clara y a la vez más imperceptiblemente se han visto afectadas en las últimas semanas ha sido el lenguaje. Nuevos conceptos eufemísticos han hecho su aparición, enmascarando, nunca mejor dicho, nuestra percepción de la realidad.

 
Decimos confinamiento en lugar de encierro y hablamos de nueva normalidad en vez de admitir que estamos ante una situación insostenible de violación de todas las libertades. Llamamos incivica a esa persona que sale a airearse un poco, para no volverse loco (según dicen suelen ser hombres) y el significado de respeto va quedando reservado para aquel que guardar la distancia con el otro, pues al parecer es la distancia lo único que hoy se merece respeto.

 

Paralelamente otros conceptos pierden el sentido. Como le ha ocurrido al concepto de heroe. Hasta ahora un heroe era lo contrario a lo que hoy significa. De entrada era un fenómeno individual y poco frecuente y no algo que le sucede a la masa. Además no era algo que te sucedía sino que implicaba una decisión coonsciente.
Sin embargo, aunque algunos más que otros, hoy todos somos heroes; los médicos y sanitarios que acuden a su trabajo, las farmacéuticas que buscan con esmero esa vacuna que las sacará de la pobreza, los científicos, los que se quedan en casa, los policias etc...etc...

 

El único que no puede ser hoy un heroe es el que no acata la ley y sale a la calle sin un motivo de peso.

 

Hasta ahora a una persona que soportaba con sacrificio y sin emitir queja alguna su destino no se le llamaba heroe. Para ello había otras denominaciones como sumiso, obediente, manipulable, bienmandado, manejable, subyugado y alguno más.

 

El mitólogo Joseph Cambell, uno de los mayores expertos en el tema decía que:
 "las historias del héroe siempre implican una suerte de viaje. Un héroe abandona su entorno cómodo y cotidiano para embarcarse en una empresa que habrá de conducirlo a través de un mundo extraño y plagado de desafíos“.

 

Hay un punto en el viaje en que la persona debe tomar una decisión. Si la toma, se decide por el viaje y si no, se rinde a su destino. Sin embargo la situación que vivimos hoy es incompatible con decidir invididualmente. La única decisión que hoy se puede tomar individualmente es desobedecer.

Es decir: hoy es imposible ser reconocido como heroe. Así que piensa que si te llaman heroe, te estan llamando sumiso.

 

¿Y cuál es la población sumisa por definición?

 

Aquellos que no tienen poder de decisión. Los más debiles, es decir, los niños y los ancianos en residencias.

A los segundos se les ha dejado morir.

Y a los primeros se les ha nombrado superheroes. (El ayuntamiento de Denia  les ha otorgado el título de superheroes y heroinas. El título se puede descargar por internet no vaya a ser que a alguno de estos heroes se le ocurriese, ahora que tienen una hora de libertad vigilada, ir ellos mismos a recogerlo y por el camino contagiasen a alguien.)

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Diario de una pandemia: canción para el futuro

Fanfarrones que llegaron proclamando la guerra
Ciudadanos que aplauden desde sus balcones
Policias con cojones, poniendo sanciones
leyes sin sentido
Y el sueño eterno en el que hemos caido....

 

Y ahi está (cualquier monumento)
ahi está, ahi esta, viendo pasar el tiempo

 

Todos los tiranos se pelean como hermanos
Exhibiendo a las gentes redecillas indecentes
Manadas de mandantes,
ningún estudiante
inicia la revuelta
.....son los años veinte....

 

Y ahi está (cualquier monumento)
ahi está, ahi esta, viendo pasar el tiempo

 

Un hombre blanco perdido, un guardia pendenciero
perros liberados, niños encadenados
Rockeros obedientes, expertos complacientes
Poetas y colgados, todos encerrados

 

Y ahi está (cualquier monumento)
ahi está, ahi esta, viendo pasar el tiempo

 

Todo pasará, todo irá bien
saldremos del barco
haremos una fiesta
brindaremos sin alcohol
dejaremos de fumar y comeremos vegano...

 

Y ahi está (cualquier monumento)
ahi está, ahi esta, viendo pasar el tiempo

 

Cumpliremos las reglas,
mantendremos la distancia
instalaremos las apps
que sean necesarias
y si no bastase
volveremos a la carcel....

 

Y ahi está (cualquier monumento)
ahi está, ahi esta, viendo pasar el tiempo...

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Diario de una pandemia: Los bares

Hay un lugar común que dice que la gente se divide en dos grupos y escuchando M-Clan me doy cuenta de que, si bien los tópicos dan rabia, pueden servir para ordenar la realidad y que, sin duda alguna, yo pertenezco a ese grupo de gente que se niega a imaginar un mundo sin bares. 

 

He pasado demasiado tiempo a ambos lados de las barras como para no ser consciente de su importancia.

 

En los bares he aprendido más psicología que en la facultad. Fueron los bares, más que los libros, los que despertaron en mi la fascinación por las biografías humanas. Ha sido con clientes y camareros -y no con científicos- con quienes he tenido las mejores conversaciones, pues liberado de métodos y sistemas, en los bares el pensamiento fluye con más libertad que en más de un centro de investigación. Y también en los bares tomé conciencia por primera vez de la profundidad del sufrimiento humano y del consuelo que supone para algunas personas que, al menos un vez a día, un camarero se interese por ellos.

 

Aprendí que no es principalmente para adquirir medicinas que no se venden en farmacia legal  por lo que la gente acude a los bares, sino que es la falta de amor la que los llena, pues algunos encuentran solo allí las cosas más imprescindibles para la vida; consuelo, comprensión y compañia.

 

Cosas que de forma abrupta hemos dejado de valorar.

 

Estoy segura de que, aunque hoy no se oyen sus voces, no estoy sola en ese grupo de gente, para los que la vida sin bares no es vida. Y que, más o menos conscientemente, todo este grupo estamos de duelo por no poder apoyar el codo en una barra amiga -que por cierto en Berlin me costó encontrar- charlar con los camareros y olvidar por unos momentos las miserias de la vida compartiéndolas con otras personas.

 

Por desgracia, en la lista de prioridades de los gobiernos, los bares han quedado los últimos de la fila. Pues a juzgar por los hechos la gente que toma decisiones pertenece al otro grupo y no han descubierto el poder sanador de las barras, al no haber Papers que lo avalen. No hay estudios científicos sobre el efecto de una sonrisa amable, de una pregunta en el momento adecuado, de una mirada de complicidad, de una queja compartida, un flirteo o unas risas....así que los del primer grupo, van a buscar sus sustitutos a las farmacias, las cuales, al contrario que los bares, no solo no han cerrado sino que encabezan la lista de prioridades.

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Diario de una pandemia: El optimista

El optimismo, decía Voltaire, es la manía de sostener que todo está bien cuando uno está muy mal.

 

Dicho esto no sorprende que uno de los primeros perfiles que aparecieron en redes (ya que no podían aparecer por otro sitio) al principio de todo este estropicio fuese el del optimista. El optimista aparecía cantando o dando consejos, nos decía que el futuro no existe, que todo es una proyección nuestra, que la fe mueve montañas, que íbamos hacía un mundo mejor y que hay que aprender a ver lo positivo (como él).

 

Con argumentos más o menos currados nos regalaba los oidos cantándonos todo eso que necesitabamos oir.

 

Pues si hay algo que el optimista sabe, y por eso parece tan convencido a pesar de que practicamente nunca acierta en sus predicciones, es que su homilía va a ser bien recibida. Le consta que, en el fondo, al ser humano la realidad se la trae floja lo cual se traduce en la práctica en que, independientemente de lo que ocurra, nunca será criticado.

 

Así que impunemente se dedica a cantar sus alabanzas asegurandose de antemano su dosis de reconocimiento. Que le quiten lo bailaó.

 

Pero la fe, y el optimismo es una fe, casi nunca va acompañado de acciones, ni siquiera de análisis, pues el optimista se siente tan abrumado por lo negativo que en cuanto esto asoma vuelve su cabeza automáticamente hacia el otro lado, en busca del consuelo que luego ofrecerá a los demás.

 

Y es precisamente ese volver la cabeza la semilla de su, de nuestra, trágica existencia, pues con ese imperceptible movimiento estamos sacrificando toda posibilidad de crítica, sobre todo de una crítica que pudiese implicar algún tipo de acción.

 

Y ese es otro de los motivos por los que el optimista es tan querido; porque según su discurso lo que hay que hacer es nada.

 

Volver la cabeza y tener fe.


El optimista quiere creer que el ser humano en el fondo es noble, que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que todavía puede mejorar.....pero terminando de nuevo con Voltaire, si este es el mejor de los mundos posibles.....¿Cómo serán los otros? 

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Diario de una pandemia: Necrópolis

Decía Moliere que aquel que crea que el humano es racional es porque no ha sido nunca humano.

 

Nos creemos racionales por haber abandonando la fe religiosa, hartos ya del silencio de Dios.

Pero matado Dios -cual eterno enamorado que, incapaz de estar solo, va emplamando relaciones- hemos sido seducidos de inmediato por los brillantes bezerros del progreso tecnológico. Nuevas doctrinas en las que depositar nuestra fe no se han hecho esperar.

 

El progreso nos convence porque constantemente materializa pruebas que certifican el advenimiento inminente de la tierra prometida. Algunos científicos optimistas consideran incluso que ya vivimos en ella; a partir de una selección de datos concluyen que es éste el mejor de los mundos posibles.

Una de esas pruebas es la proliferación de la vida (humana); cada vez somos más y será por algo. El hecho de que mueran menos niños y madres durante el parto así como que vivamos más años es, según ellos, la prueba última de que vamos hacia delante.

 

Pero aquí surge la pregunta (algo sacrílega) de si vivir es un fin en sí mismo.

 

Si al reducir la vida  a lo tangible y material estaremos perdiendo la sensibilidad para juzgar -cada uno para si- lo que es una vida que merezca la pena ser vivida. Si, como decía Tarkovski, la sociedad moderna, concentrada en el progreso tecnológico, no ha terminado por despojar al mundo de su espiritualidad. Si en el intento por conquistar lo infinito con lo finito no habremos perdido la noción misma de infinito. Un infinito que ha terminado por identificarse con la mera duración en el tiempo, que significa por ende la erradicación de la muerte.


La espiritualidad se ha diluido en la empresa de la superviviencia, una supervivencia que perseguimos ciegamente, aunque sea para seguir viendo la tele.

Y sería esta perdida de espiritualidad la que explicaría el hecho de que hayamos aceptado , e incluso reclamado, el encierro, como sacrificio necesario.


Pero a fuerza de evitar la muerte estamos convirtiendo (todavía puede empeorar) el mundo en un lugar ordenado y rígido, en el que todo riesgo, toda posibilidad de aventura, de contacto, de erotismo se ve sofocado de antemano en aras de la seguridad.

 

Sin embargo, desde las profundidades de nuestra alma, desde ese lugar donde reposan nuestros deseos más inconfesables, los que ni siquiera queremos saber, sentimos que esta vida segura es insoportable y nos regocijamos en silencio contemplando desde los balcones la destrucción de la sociedad. Como la tia autoconfinada de Proust que, por falta de energia o imaginación, era incapaz de dar a su vida el impulso necesario para salir al mundo y deseaba en secreto que éste impulso llegara de fuera, así fuese en forma de catástrofe o de dolor, pues sospechaba que no había ya otra manera de salvarla de su parálisis.

 

No podremos evitar la muerte, pero podriamos evitar la muerte en vida.

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Diario de una pandemia: El amor en los tiempos del corona

Era inevitable. El olor del café matutino me recordaba cada día que no podía compartirlo con la persona  amada. Más tarde, al salir a la calle, la visión de la gente enmascarada me removía el estómago provocándome una emoción incierta que se asemejaba a la tristeza.

 

El sentido real de las máscaras  había sido puesto en duda demasiadas veces  por los mismos expertos que ahora las recomendaban, de modo que lo que se iba imponiendo poco a poco como gesto obligatorio de respeto hacia el otro, me parecía más un símbolo de distancia que iba más allá del metro y medio.


"Social distancing".


Pandemia arriba o abajo, las cosas no emergen de la nada y la social distancing que ahora mantenemos, convencidos u obligados, es algo que llevamos practicando hace mucho tiempo. La tecnología nos ha ido facilitando las cosas de tal modo, nos ha independizado de tantas dependencias, que hemos  sucumbido a la ilusión de que no necesitamos a nadie (más que a nuestro aparatito anexo).


La consecuencia de esto es que a fuerza de no encontrarnos (hablo de un encuentro verdadero, que solo puede  acontecer si nos mostramos auténticos y vulnerables) con  el Otro (que representa lo distinto) hemos perdido la capacidad de enfrentarnos a él, de negociar con él, de hacer compromisos y por ende de intimar.
Ya solo lidiamos con el otro, al que tendemos a convertir en enemigo, en masa y escondidos detrás de alguna causa.
El acercamiento real al Otro nos da miedo porque sabemos que es susceptible de herirnos. Pues como decía Kafka el verdadero sufrimiento -como la cura- solo es transmisible de persona a persona.


Poco a poco nos hemos ido convirtiendo en personas aparentemente hipersociales y profundamente aisladas.

 

Y el social distancing es la culminación de este proceso. 

El presentador de "La vida moderna", David Broncano, se sorprendía estos días de las conclusiones de un estudio científico que había caido en sus manos. Según este los niños abandonados en orfanatos enfermaban por falta de contacto.
Uno de los primeros estudios que advirtió este efecto es el de Rene Spitz y se remonta a los años 50 del siglo pasado. Spitz observó que los niños abandonados, a pesar de ser alimentados, no solo enfermaban sino que se atrofiaban en su desarrollo y moría. De hecho existen estadísticas de casas de acogida de finales del SXIX y las cifras de las muertes en las capitales europeas oscilan entre el 70 y el 99 %. Casi todos morían poco después de ser abandonados.
O quizás haya leido el estudio longitudinal que se esta llevando a cabo en Rumania desde hace algunos años, el Budapest Early Intervention Proyect. En este país, a causa de una política nefasta que promovía la procreación como inversión, abundan los niños abandonados y los científicos los están utiliando de sujetos experimentales para probar teorías que llevan tiempo probadas. Efectivamente, los resultados de este estudio confirma con creces las conclusiones de Spitz; necesitamos el contacto humano.

El contacto es fundamental para el desarrollo, para el sistema inmune y para la vida en general.

 

Pero hay verdades científicas que nos cuestan más de creer que otras, aunque sean obvias, y son aquellas que nos obligaría a replantearnos nuestra existencia.


Hoy hemos canjeado contacto por higienismo y el Otro, como advertía el filosofo alemán Peter Sloterdijk estos días, adquiere ahora una nueva capacidad, esta vez biológica, de hacernos daño.

Así que ya tenemos un motivo más, esta vez científicamente probado, para evitarlo.


No deja de ser curioso que, en medio de todo esto, muera Aute, el cantante del contacto, del amor y la concupiscencia.


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Diario de una pandemia: Nocebo

 

Preservar la vida y la salud es el imperativo vigente estos días. El "Bleib Gesund" (mantente sano) resuena en todos lados y el tono no es amable.

 

 

 

Hemos convertido el mundo en un laboratorio que pretendemos mantener libre de gérmenes.

 

Lejos quedaron los días en los que voces progresistas insistían en que un mínimo de "suciedad" era positiva para el sistema inmune. Y es que ya lo dijo alguién: la confianza esta bien, pero el control es mejor y sistema inmune arriba o abajo, la limpieza total es más concreta.

 

 

 

Hemos equiparado higiene con vida.

 

 

 

Hace ya tiempo que las ciencias de la salud, en las que rige el paradigma biológico, actuan como si la vida fuese explicable y reducible a la biología. Y ahora que, despues de años ignorándola, nos encontramos frente a frente con la muerte, pretendemos reducirla a ella también.

 

 

 

Pero, como decía un famoso pesimista; la vida es fundamentalmente ambigüa y los seres humanos somos psicologia y sociologia, además de biología.

 

 

 

Los occidentales, deslumbrados por el brillo de nuestros avances tecnológicos, creimos que con el progreso la muerte y la enfermedad habían desaparecido. Pero solo habían mutado. El progreso ha multiplicado las cosas y la muerte y la enfermedad no iban a ser menos: hoy hay más formas de enfermar y morir.

 

 

 

A pesar de esto nos encontramos atribuyendo todas y cada una de las muertes de los positivos a la ferocidad del virus.

 

 

 

Pero incluso en tiempos de pandemia hay diversas posibilidades de morir.

 

 

 

La muerte por nocebo, por ejemplo. Hermano maligno del placebo, el efecto nocebo aparece allí donde nuestras expectativas, conscientes o no, de los efectos negativos de una enfermedad o tratamiento provocan un empeoramiento de los síntomas. Y así como el efecto placebo puede culminar en una recuperación espontanea e inesperada, el efecto nocebo puede provocar la muerte*.

 

 

 

El efecto nocebo viene a decir que es posible morir de miedo, de soledad o de agotamiento, por ejemplo.

 

Y probablemente el pánico que algunos medios de comunicación -que pretenden hacernos creer que publicar datos sin analizar acompañados de interpretaciones dudosas y proyecciones ad hoc es informar- están esparciendo, ha convertido al virus en una condena a muerte; en especial para los llamados "de riesgo".

 

 

 

El efecto nocebo, como casi todo lo psicológico, tiene la desventaja de no ser mesurable. Y en ciencia lo no mesurable sencillamente se ignora. Pero si nos parasemos un momento a pensar constataríamos que tampoco están demostradas la mayoría de las teorías científicas que cursan actualmente. Pero como son científicas, hay que creerlas y actuar en consecuencia: los resultados ya vendrán después.

 

Y por si nos quedaba alguna duda, un médico muy reputado en esta crisis ha acabado con ella de forma lapidaria apelando a una vieja máxima inapelable que dice que:

"Absence of evidence is not evidence of absence".

 

 

 

En estos momentos la ciencia no tiene que demostrar sus verdades.

 

 

 

Puede que salvemos los hospitales, esperemos que no a costa de la sociedad.

 

 

 

*Para los interesados en el tema les recomiendo el libro "Tod durch Vorstellungskraft" del físico y psicólogo Gary Bruno Schmid.

 


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Diario de una pandemia: Adaptación

Antes de la pandemia, el derecho a la libertad personal y a la presunción de inocencia eran derechos fundamentales (artículos 17 y 24.2 de la Constitución Española.)


Estos derechos implicaban que una persona no puede ser privada de su libertad si no es tras un juicio justo, y que una persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario.


Sin embargo, para casos excepcionales, por ejemplo , crisis sanitarias tales como epidemias y situaciones de contaminación graves, puede decretarse el estado de alarma y entonces, como diría Groucho Marx, si esos eran tus derechos, aquí tienes otros.


La privación de libertad tiene, como se sabe, efectos psicológico.


El desarrollo de los síntomas dependerá de diversos factores como por ejemplo la estabilidad emocional previa al encierro, las características, incluidas las personas, del lugar donde se permanecerá durante el encierro, la precariedad laboral, la posibilidad de mantener relaciones sociales o la duración del encierro.
Algunos consiguen mantenerse tranquilos durante un tiempo pero a partir de cierto momento el encierro acaba afectando incluso al más conformista.


En un principio no todo es negativo, alguna gente que sufre de ansiedad o que tiene un superyo imperativo puede sentir al principio una mejora abrupta de sus síntomas. Esto ocurre porque al pararse el mundo y reducirse el espectro de actividades posibles, la voz omnipresente y taladrante puede desaparecer de las cabezas durante un tiempo. En este caso las personas experimentan el alivio de escapar de una vida que habían estado malviviendo. Pero es un estado ilusorio ya que, o bien sigue el encierro y los síntomas mutan, o la vida cotidiana vuelve y con ella los problemas y las dudas.


Uno de los principales motivos de sufrimiento actualmente es la incertidumbre.

 

La incertidumbre provoca ansiedad, bloqueo emocional, situaciones de presión intensa y miedo e incremento de la tendencia a la autoobservación, con la aparición de problemas de hipocóndria -actualmente fomentados por la prensa- así como temor por la pérdida de los vínculos con el exterior.
En algunos casos, sobre todo si previamente existían problemas, las consecuenciar del encierro serán más graves, pudiendo llegar a aparecer depresiones, conductas suicidas y violentas.

 

Otra de las reacciones probables es el quiebre de la voluntad y la tendencia al sometimiento, es decir un estado de resignación en el cual la persona renuncia a cualquier atisbo de pensamiento indócil, al percibir la instancia punitiva como extremadamente poderosa.  Para evitar la impotencia que esto provoca, algunos desarrollan lo que en psicología se llama "identificación con el agresor" (en este caso la instancia punitiva) que provoca odio contra el insurrecto llegando a generar la inmunda figura del "policia del balcón".


Se dice que a todo se acostumbra uno, lo cual es especialmente cierto en el caso del ser humano, lo que no se dice es lo que en este proceso de adaptación se sacrifica.

 

Lo iremos viendo.


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Diario de una pandemia: La culpa

 

La imagen urbana, cada vez más normalizada, de personas con mascarilla, guantes y spray desinfectante evocan a la vieja Henrouille del "Viaje al fin de la noche", la cual"se había encogido para defenderse del exterior, (...) como si todo lo horrible y la muerte sólo debíeran venir de él, no de dentro. De dentro nada parecía temer, parecía absolutamente segura de su cabeza (...)".

 

 

 

La invisibilidad del enemigo nos ha obligando a cortar por lo sano y renunciar a aquello que decían que nos definía como humanos; nuestra sociabilidad. Hoy pretendemos mantener al otro a la distancia prudente de dos metros, pues todo otro es un posible portador.

 

 

 

Que nos haya costado tan poco renunciar al contacto probablemente se deba a que la tecnología llevaba años preparando el terreno. Algunos ni se han dado cuenta. El resto ha convenido tácitamente actuar como si los sentimientos individuales no existiesen. Quitándoles toda importancia con un par de bromas. Más nos vale pues quién se atreva a nombrarlos en serio ahora será acusado rápidamente de egoista insolidario.

 

 

 

Pero las apariencias engañan y, aunque observamos al otro con desconfianza, es la culpa la que se ha instalado en nuestras almas.

 

Ya el simple acto de salir a la calle nos hace sentir pecadores.

Nos había costado tantos años despojar de poder a la religión y la iglesia y ahora vemos que no eran necesarios para convertirnos, en un abrir y cerrar de ojos, en fieles corderos.

 

Resulta que el nombre de Dios es indistinto. Que podemos cambiar de dioses.

 

Hoy nuestros dioses son la ciencia y la tecnología y sus representantes en la tierra, los que filtran sus misteriosos discursos que no entendemos, los periodistas. Han sometido el discurso de la ciencia a su interés de que no pare el espectáculo, demostrando ser tanto o más eficaces que sus antecesores a la hora de someternos. Y como además hoy todos somos un poco periodistas, hemos aprovechado el poder que no dan las nuevas tecnologías para repetir los imperativos; #mantente sano, #quedate en casa, #quedate en tu puta casa.....pues perdido todo poder lo único que nos queda es encontrar a alguien a quien señalar.

 

Si algo va haciendose patente poco a poco es que, a pesar de todo el progreso, de todo el conocimiento acumulado, de Ilustraciones y Odas a la razón, seguimos siendo los mismos seres irracionales, impotentes y temerosos de siempre.

 

Y que lo único que no ha cambiado es el temor.

 

Cuando la muerte era más cotidiana -y no bastaba como amenaza- se tuvo que inventar el infierno. Hoy el infierno esta obsoleto. Ante la perspectiva de la muerte corremos a comprar papel higiénico.

 

Musil proponía una solución que, cien años después, ya no parece tan absurda como en su momento; si el hombre moderno nace y muere en hospitales, porqué no vivir como si estuviesemos en una clínica.

 


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Diario de una pandemia: El principio de incertidumbre

 

"La realidad es tan poco visible como el aire que respiramos"

R. Musil

 

El principio de incertidumbre de Heisenberg establece que es imposible conocer simultáneamente la posición y la velocidad del electrón, y, por tanto, es imposible determinar su trayectoria.

 

 

 

Aplicado a los sistemas humanos esto significa que uno no puede observar un acontecimiento y describirlo ni predecirlo con precisión, pues al observarlo esta influyendo en él.

 

 

 

Con respecto a la pandemia actual, esto se traduce en que todas las predicciones que hacemos, incluida la más candente, es decir, la saturación de los hospitales, se están viendo influidas por la información que difundimos y las mismas predicciones que hacemos (esa famosa gráfica de dos campanas de Gauss superpuestas).

 

 

 

Nunca sabremos a ciencia cierta, ni siquiera en el supuesto de que haya países que tomen medidas distintas, pues la información fluye entre los países y el miedo se transmite a través de los móviles, como hubiese evolucionado la pandemia si no hubiese habido tanta información alarmante y de no haberse tomado ciertas medidas. No lo sabremos.

 

 

 

De momento observamos un fenómeno curioso y es que la pandemia parece afectar más a los paises ricos, que son también los más movilizados y los que más informan.

 

 

 

Por todo esto, la ola de odio que se va generando hacia aquellos que "inclumplen" las medidas no esta justificada pues posiblemente ellos no sean el factor más influyente en la evolución de la pandemia. Aunque si el más visible.

 

 

 

Otra de las características de los sistemas vivos es que aprenden y evolucionan.

 

Esto significa que de ninguna manera el mundo que nos vamos a encontrar cuando esto acabe, suponiendo que esto acabe en algún momento, va a ser el mismo que dejamos cuando comenzó la catastrofe. Los efectos psicológicos del encierro -que son conocidos desde hace mucho tiempo- no van a desaparecer, los odios que se están generando (fundamentalmente contra aquellos que buscan grietas de libertad o hacia el extranjero como transmisor) no van a desaparecer, las desconfianzas entre los estados, que se atribuyen la génesis del virus mutuamente, no van a desaparecer, el miedo al otro y a los gérmenes no van a desaparecer, la tendencia a amonestar al otro no va a desaparecer y alguna gente no va a poder volver a sus trabajos porque estos si habrán desaparecido.

 

 

 

El ser humano cuando se ve sobrepasado por las circunstancias tiende a aumentar las medidas de control. Francis Bacon, el filósofo, decía ya en el siglo dieciocho que "la naturaleza (y el virus forma parte de ella), ha de ser acosada en sus vagabundeos..., sometida y obligada a servir....esclavizada. Torturada hasta arrancarle sus secretos".

 

La ciencia y su metodología sirven a este propósito; someter a la naturaleza, introducirla en nuestros esquemas rígidos para hacer predicciones y protegernos de ella. Para anularla. Pero la naturaleza, como bien sabían los románticos, siempre vence, porque ella siempre encuentra grietas.

 

 

 

Y tenemos que contar con la posibilidad, decía ayer Ignatius Farray, de que mientras estamos todos concentrados mirando a un lado, el peligro nos adelante por la derecha. Si fuesemos capaces de aprender de la historia sabriamos que si bien la naturaleza es peligrosa para el hombre, el hombre no lo es menos y en masacres humanas llevamos ventaja.

 

 


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Diario de una pandemia: Más literatura, menos actualidad

En su búsqueda del tiempo perdido, Proust fantaseaba con idea de levantarse un día y constatar que, por arte de magia, se hubiese producido un intercambio de información de modo que, en el periódico que leemos concienzudamente todos los días, apareciesen de repente Los pensée de Balzac desplazando la actualidad a ese volumen polvoriento que guardamos en la biblioteca y que -con suerte- ojeamos una vez cada diez años.

 

 

 

Para aquellos que piensen que no nos falta, sino que nos sobra, información les propongo desconectar un rato, sin dejar de reflexionar sobre lo que está ocurriendo. Para ello propongo tres libros que no solo no han pasado de moda -como sí lo harán la mayoría de las cosas que leemos estos días- sino que nunca lo harán. Y es que los humanos hemos ido cambiado de motivaciones, pero en esencia hemos permanecido los mismos. Y por ello puede resultar más interesante profundizar en patrones invariables, que intentar encontrar resuestas en la temática del momento, pues esta es, en el fondo, intercambiable.

 

 

 

El hombre sin atributos, de Robert Musil

 

 

 

Escrito en los prolegómenos de la segunda guerra mundial, Musil se proponía analizar los factores que acabaron eclosionando en la primera guerra mundial, una guerra que muchos saludaron y aplaudieron como posibilidad de mejorar el mundo. Para ello se sirve del análisis psicológico-matemático de una serie de personajes, las relaciones que estos mantienen entre si y como estas se van desarrollando.

 

 

 

El mensaje de Musil: "El mundo no mejorará mientras no hay amantes felices".

 

 

 

 

 

La Peste, Albert Camus

 

 

 

Lo interesante de este libro no es la epidemia, en realidad un subterfugio, sino de nuevo el análisis de una serie de personajes, representantes de la humanidad entera, en situación límite. Camus sabía que únicamente bajo ciertas condiciones podemos conocer a las personas, que en el día a día tenemos la costumbre de escondernos tras escogidas palabras y cuidadas apariencias.

 

 

 

 

 

Muerte y alteridad, Byun Chul Han

 

 

 

Según Han el hombre teme a lo distinto. Al Otro. Somos incapaces de tolerar la alteridad e intentamos por todos los medios mantenerla controlada o fuera de nuestro alcance. La muerte representa al Otro por excelencia y es por ello que nos provoca tanto pavor.  Según Han, "ante la inminencia de la muerte se puede despertar un yo heróico, en el que el yo deja paso al otro y así se promete la supervivencia". Pero nuestro instinto de autoconservación puede llegar al paroxismo "descontrolandose salvajemente" y acabar transformado en fuerza autodestructora.

 

 


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Diario de una pandemia: Solidaridad

 

En estos locos días que estamos viviendo, en los que poco a poco vamos aceptando como normalidad algo que hace unas semanas hubiese sido digno de un capítulo de la mejor temporada de la serie "Black Mirrow", los medios y las redes están llenas de apelaciones a la "responsabilidad" y mensajes de "solidaridad".

 

La responsabilidad que hoy se nos exige consiste en quedarnos en casa voluntariamente, con el argumento inapelable de que todos somos un peligro potencial en cuanto susceptibles de contagiar a los demás. Lentamente, casi de manera imperceptible, estas apelaciones se han ido transformando en exigencias o incluso en insultos y amenazas a los que se resisten. El periódico alemán "Die Welt" argumentaba con Kant que aquellos que hoy incumplian el imperativo categórico ignorando la recomendación, pues a día de hoy, aunque parece ser cuestión de horas, en la mayoría de los estados federados de Alemania, quedarse en casa es una recomendación, no merecian nuestra compasión, sino nuestra sanción.

 

Por otra parte la solidaridad consiste en mensajes de aliento, iniciativas virtuales y quedadas para aplaudir a los heroes. Y, lo más importante, quedarse en casa, pues a fuerza de repetir el argumento, la gente hoy se considera a si misma -y a todos los demás- un peligro potencial.

 

Detengamonos un momento, pues puede que estemos confundiendo términos.

 

Lo que hoy asola a la población parece más bien una ola de miedo (dan fe de ello los estantes de los supermercados) y obediencia ciega a una opinión que se ha vuelto incuestionable. Incuestionable como acaban siendo todas las opiniones que tienen sus raices en el miedo. Podría ser que allí donde decimos responsabilidad, estemos queriendo decir obediencia y que nuestros gestos de solidaridad en realidad sea mied,o a duras penas domado.

 

La autoridad a la que obedecemos hoy supuestamente es la ciencia, sin embargo, incluso desde allí, únicamente parecen calar aquellos mensajes congruentes con el pensamiento que ya domina.

El quedate en casa.

El virólogo alemán de moda, Christian Drosten, advertía estos días que el probema actual es "más medial que clínico" y desaconsejaba la "Ausgangssperre". También el jefe de la cámara de médicos alemana lo desaconsejaba ayer (20.03.20), por el ambiente enrarecido y de desconfianza que se iba a generar (en realidad este ambiente ya se ha generado) y la ansiedad añadida que provocaría en la gente.

 

Pero somos sordos a estos mensajes y extremadamente receptivos a otros.

 

El miedo a la muerte lo ha eclipsado todo y nos ha generado una visión de tunel en la cual solo vemos una salida.

Deberíamos empezar a plantearnos que quizás los ancianos no se esten muriendo -unicamente- por el virus. Que el propio miedo este siendo un factor letal. Entre las medidas que se están tomando está el aislamiento total de los más débiles; en la mayoría de las residencias no se permiten visitas a no ser por fuerza mayor (muerte inminente) y este aislamiento unido a la amenaza del virus también tiene un efecto.

Pero es un efecto poco mesurable. Como poco mesurables son la mayoría de nuestras emociones.

 

Y por eso, a pesar de que nuestra despensa esta cada vez más llena, no nos cansamos de repetir que "no tenemos miedo". 

Podría dar la impresión de que hay dos tipos de personas, los que animan y cantan y los que arrasan haciendo la compra. Pero somos los mismos.

 

En poco tiempo, o igual hace tiempo ya, hemos ido olvidando que, como decía Tarkovski "el ser humano necesita a otros seres humanos". Aunque quizás hoy, que releemos "La Peste", nos resuenen más las palabras de Camús:

"Nada en el mundo merece que se aparte uno de los que ama, y sin embargo, yo también me aparto sin saber porqué."


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Diario de una pandemia: Datos

La gripe ocasiona cada año en todo el mundo entre 250.000 y 500.000 defunciones, de acuerdo con cálculos de la OMS. En el 2019 en España se contagiaron 525.300 personas de las cuales murieron 6300.

 

Covid-19: 15 de marzo 2020: 168.060 infectados y 6495 muertos 3,86% de mortalidad, 77126 curados, 45,9% de curación espontanea, de momento. Faltan datos por edades. Y habría que tener en cuenta, aunque hoy lo tomamos como si fuese un comentario cínico, que a partir de los 80 años la gente se suele morir.

 

En Alemania, hasta ayer, 15.03.2020 había 5592 infectados y, atención al dato, 13 muertos (datos del Bild 16.03.2020). Lo cual significa una mortalidad del 0,23%. El último caso, de ayer, una mujer de 84 años de NRW, que estaba muy enferma.

 

En China el 78% de los mayores de 80 años sobreviven al virus (Datos de la WHO, Spiegel 14.03.2020).

 

En España 7900 infectados y 293 muertos. Por algún motivo en España en particular no se facilitan datos de las edades de los muertos.

 

Además hay que tener en cuenta que el numero de muertes es real mientras que el de contagiados no, ya que no se esta pasando el test a la mayoría de la población. Esto significa que la tasa de mortalidad será, con toda probabilidad, mucho menor que las que he calculado arriba.

 

Un problema general es que no nos han enseñado a entender las estadísticas, con lo cual se toman los datos al pie de la letra. Los únicos dato reales son los de las muertes, y falta información para interpretarlos correctamente, por ejemplo edades y comorbididades.

 

Y todo eso sin contar el factor pánico, que puede agravar los cuadros clínicos.

 

Spiegel 14.03.2020. Artículo de epidemiologia, sin datos!. Cita:  "La buena noticia es: para la mayoría de las personas contagiadas por el Covid-19 el curso de la enfermedad será leve: un poco de tos y algo de fiebre. Eso es todo. Muchos ni notarán que están contagiados".

 

A pesar de esto, han bastado dos campana de Gauss superpuestas para convencernos de la necesidad de tomar medidas extremas nunca vistas. Iremos viendo las consecuencias.


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Diario de una pandemia: El miedo se come las almas

Decía John Gray que el conocimiento humano aumenta, pero la irracionalidad se mantiene intacta.

 

El conocimiento aumenta y el lenguaje lo recoge. Tomemos por ejemplo el miedo. Antes teníamos una palabra para designar este sentimiento. Decíamos: "tengo miedo" y todos sabiamos de lo que hablabamos.

Hoy es raro escuchar esta frase en boca de un adulto.

 

El miedo a quedado para los niños, los adultos preferimos la ansiedad. Nos suena mejor.

 

Tampoco en psiquiatria se lleva el miedo. El concepto se ha desmembrado en multiples facetas: fobia simples, (de las cuales se llegan a contar más de 500), ansiedad generalizada, ataque de pánico, trastorno posttraumático etc etc.

 

Puede que en los orígenes los humanos inventasemos el lenguaje para comunicarnos, pero en algún momento debimos saturar esa función y hoy hablar nos sirve sobre todo para enmascarar nuestras intenciones.

 

Pues mentir es otra de las cualidades que nos hace humanos. 

 

La pandemia de miedo que estamos viviendo no es nueva para la humanidad. Lo nuevo es la temática. De golpe todos nos hemos vuelto misofóbicos (miedo a los gérmenes y la suciedad) y enfermos de agirofobia (miedo a la calle). Y como suele ocurrir, acompañan a los miedos sus compulsiones correspondientes; pero lavarse las manos o no salir ya no constituyen un problema sino una prescripción.

 

La sociedad entera esta atravesando un episodio de TOC, del que algunos ya nunca sanarán.

 

El miedo siempre ha encontrado su objeto. Porque el miedo al miedo, el miedo en abstracto es insoportable para los humanos. Hoy tememos a un virus. A uno concreto (el resto nos dan igual, aunque sean peores). También esto es típico del TOC; el absurdo. Y otra característica del TOC es que el objeto es siempre un subterfugio, un sustituto de un miedo real, que es inconfesable pues intuimos que no podemos lidiar con él. Algunos filósofos lleva tiempo advirtiendos: nuestro miedo real es al Otro. A la Alteridad. A lo distinto.

 

Y esto no podemos confesarnoslo, pues somos todos muy buenos ciudadanos.

 

Además el TOC oculta nuestra violencia. Una violencia que hoy domamos lavándonos las manos, pero que se nos va de las manos en el simple acto de ir a comprar.

 

Otra de las cosas que hacen las personas que tiene miedo es quedarse en un lugar seguro, o sea, en casa.

#quedateencasa repiten al unísono.

 

Lo dicen "desde la tranquilidad" y "sin animo de ser catastrofista".

 

¿A quién exactamente pretendemos engañar?.

 

Todos estamos en alerta y de la alerta al pánico no hay mucha distancia.

Los hagstags son solo una forma más de ocultar el miedo. Apelando a la solidaridad.

 

Solidaridad que solo existe en las redes: no hay más que salir a la calle y observar como hacemos la compra. Pero de que existe una relación directa entre la apelación a quedarse en casa y el pánico, nadie quiere darse cuenta.

No solo eso sino que además pretendemos ser heroes: #salvavidas.

Hoy el que no hace nada es un heroe y el que sale a la calle poco menos que un criminal. Y si eres chino aun peor.

 

Sinceramente: tengo miedo, pero no al virus. Entre el contagiado transmitiendo sus síntomas en directo y la gente comprando pollos, sinceramente prefiero lo primero. 

 

El único miedo justificado hoy en día me parece la agateofobia, el miedo a la locura. Una locura colectiva y que late al unísono. Y cada vez má fuerte.

 

Y es que una masa poniendose de acuerdo -aunque la intención sea buena- nunca fue buena señal.

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Diario de una pandemia: La insoportable libertad del ser


“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.”
      Don Quijote de la Mancha


Las ansias de libertad de Don Quijote fueron curadas de forma drástica por los representantes de la cordura (el cura, el maestro y el médico).

 

Aparentemente satisfechos con sus vidas tranquilas y planas, los cuerdos no entendieron nunca - pero les molestaba- las ansias de aventura y la necesidad de cambiar el mundo, ese mundo tan dolorosamente cuerdo en el que (mal)vivía Don Alonso Quijano, de Don Quijote.

 

Por su parte Don Quijote no sabía (lo tuvo que aprender a base de palos) que al 99% de la gente la libertad no le importa nada. Que estaban dispuestos a sacrificarla a la primera de cambio. Ante cualquier pretexto. Voluntariamente. Que lo que la gente realmente ansia es el cautiverio.

 

Hoy volvemos a ver en acción a los representantes de la cordura. Pretenden eliminar cualquier gen quijotesco que pueda quedar en nuestro ADN.

 

Apelan a nuestra sensatez y nos piden que aceptemos el cautiverio -en aras del bien común- intentando convencernos repitiendo una y otra vez los mismos argumentos, como si fuesemos niños.

 

Que no se esfuercen que no es tan complicado.

 

En esencia seguimos siendo los mismos que en tiempos de Don Quijote. Y si bien no sabemos exactamente como terminará este asunto, no es difícil intuirlo ya que, como decía Mark Twain, la historia no se repite pero rima y estas explosiones de miedo y de represión siempre han terminado igual; en desastre total o en restricción de libertades. Restricción que el 99% de la población ni percibirá porque nunca llegaron a sentir algo así como ansias de libertad. El miedo y el "respeto a la autoridad" que conocieron desde la cuna acabaron muy pronto con cualquier atisbo de rebeldía que pudiese haber en ellos y no son capaces de cuestionar nada que venga de arriba.

Y si nunca lo hicieron, porqué iban a hacerlo ahora que el miedo se expande a modo de pandemia.

 

¿Cómo apreciar y defender algo que no se conoce?.

 

Los cuerdos prefirieron siempre denunciar a los desobedientes, a los imprudentes. Y eso tampoco va a cambiar ahora. Primero se mirará mal a los que osen salir a la calle, luego se les denunciará.... y mucho más tarde la gente se pregunta cómo pudieron suceder ciertas cosas.

 

Y mientras tanto la gente seguirá muriendo de muerte natural, de gripe, de infecciones, de accidentes...y también del virus de moda.

 

Lo dicho: la historia no se repite, pero rima.


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SAS: Sociedad altamente sensible

 

Uno de los síntomas del llamado trastorno autista es la hipersensibilidad sensorial.

 

Por una serie de motivos complejos, las personas afectadas no han desarrollado la capacidad de filtrar los estímulos que les llegan del exterior y viven abrumados.

Otro síntoma curioso y característico de este síndrome es la literalidad, es decir la tendencia a concentrarse en el mensaje verbal y la dificultad de percibir las señales no verbales, que no solo completan los mensajes sino que a menudo son la clave para entender al interlocutor.

Esta combinación de síntomas complica la vida de las personas que, como se dice, están en el espectro.

 

Existe un paralelismo entre los procesos individuales y los sociales y en este sentido podriamos decir que hace ya algún tiempo que vivimos en una sociedad saturada de información e incapaz de filtrarla y sacar conclusiones.

 

Una sociedad infoxicada.

Y que, al igual que los autistas, vive pendiente del mensaje verbal, en este caso por defecto (la sociedad carece de dimensión subjetiva), e ignorando lo que unicamente podría percibir mirando. Para aprender a mirar tendríamos que separar el discurso de los hechos. Por ejemplo, observar el efecto que nos produce la gente enmascarada, intentando ignorar por un momento, la justificación que hay detrás. No es sencillo.

El aumento de información y la alta sensibilidad son dos procesos que están directamente relacionados. Ser conscientes de cosas que no van bien nos inducen a querer cambiarlas, lo cual no siempre es fácil ya que saber que algo está ocurriendo no significa saber porqué ocurre ni como abordarlo. Y ser conscientes de algo y no poder hacer nada produce sufrimiento. Y si hay algo que el humano no soporta es el sufrimiento. Por ello hemos terminado viendo el problema no en el exceso de información ni en la falta de filtro, en este caso criterio, ni en nuestra incapacidad de mirar sino en nuestra alta sensibilidad. Y sospecho que esta condición pronto pasará a engrosar el manual diagnóstico psiquiátrico.

 

Y no solo los individuos sino la sociedad en general y ciertos grupos en particular están afectados de alta sensibilidad. Grupos desfavorecidos, altamente perceptivos.

 

Uno de estos grupos es el de las mujeres.

La causa del sufrimiento de las mujeres se han visto en la sociedad altamente patriarcal dominada por el hombre blanco cis heterosexual y altamente privilegiado.

 

Y algunos grupos políticos han decidido que el remedio podría estar en la eliminación de los privilegios del género dominante. Es decir, en cambiar -un poco- el mundo para que la mujer no tenga que sufrir.

 

Pretendiendo empoderar a la mujer, comenzaron a empoderar las leyes suponiendo tácitamente que la mujer estaría empoderada el día que todas las oportunidades estuviesen reguladas y el hombre, asumiendo su culpa, se hubiese deconstruido del todo. En esta ecuación a la mujer le quedó únicamente el recurso de la queja y la reivindicación (que supone más del 50% del contenido de la literatura y las performance feniministas de los últimos años).

 

Sirva de ejemplo el feminismo para ilustrar una tendencia general, que consiste en querer cambiar el mundo, para no tener que cambiar yo. Que localiza siempre el mal afuera e ignora los recursos de afrontamiento individuales.

 

Y es que, como dijo Musil hace cien años (y nada ha cambiado desde entonces en la naturaleza humana), somos capaces de defender como fieras valores de un grupo con el que nos identificamos y totalmente incapaces de defendernos a nosotros mismos cuando la situación nos sorprende en soledad.

 

Pero el empoderamiento de la ley nos infantiliza y a nivel subjetivo lo que ocurre es un aumento de la sensibilidad, pues cada vez estamos más desvalidos. Y es que las leyes no abarcan todos los niveles de comunicación ni todos los casos particulares (aunque cada vez se acerca más).

 

Finalmente el descontento en la sociedad y la tendencia a sentirse ofendido es el resultado de la combinación: exceso de información, falta de criterio, sufrimiento y estrategia de afrontamiento dudosa cuando no claramente fállida.

 

 

Igual deberíamos olvidarnos por un momento de nuestra alta sensibilidad y plantearnos a qué se debe nuestra incapacidad -individual- de enfrentarnos al que nos ofende.

 

Uno de los motivos es nuestro miedo el enfrentamiento. Preferimos simular armonia y autoconvencernos de que de es nuestra forma de respetar al otro. Pero esta simulada armonia esta basada en la farsa y la distancia y la frustración interior del conflicto no resuelto clamará por salir de alguna manera.

También para ello existen remedios modernos como el mindfullness o la meditación, pero estas prácticas, que tanto nos gustaría dominar, están totalmente pervertidas y vaciadas de la esencia que algún día, y en otras sociedades, pudieron tener al ponerse al servicio de un fin absurdo.

 

El de pretender resolver los conflicto que tenemos con el Otro de forma introspectiva. El de intentar ignorar y hacer desaparecer nuestra rabia interior con frases elegantes que, por más empeño que ponemos, no conseguimos creernos.

 

Las parejas se sorprenden cuando, tras años de relación armónica, de pronto y sin motivo aparente, se acaba el amor -o incluso llega el odio. Los conyuges no se habían percatado de que la falta de intimidad es el precio que estaban pagando por la evitación del conflicto.

 

Habiamos llegado a creer que con apps de meditación y trabajo personal podriamos acabar con el excedente de rabia de nuestros conflictos personales no afrontados y cuando menos lo esperabamos fuimos sorprendidos por nuestra "negatividad".

 

Y nos quedamos sin saber donde ubicarla ni que hacer con ella.

 

 

Así que volvimos a lo de siempre; proyectar nuestro odio en un grupo, para odiar en masa de modo que, llegado el caso, no tuviesemos que asumir ninguna responsabilidad.

 

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Los sueños

Como decía Calderón, todos soñamos y soñamos lo que somos, aunque ninguno lo entienda.

 

Los científicos han intentado arrancarles a los sueños el misterio, como le van arrancando poco a poco a la naturaleza todos sus secretos, negándoles todo significado. En los laboratorios del sueño ya nadie se interesa por su contenido. Lo único relevante es la actividad cerebral. Si uno quiere saber porqué no puede dormir, que no acuda a un laboratorio del sueño pues allí no encontrará la respuesta.

El método de negar a los fenómenos intangibles su significado es antigüo. Con él los científicos evitan enfrentarse a las preguntas más incómodas, que son siempre las más interesantes.

Y cuando alguién osa a dedicarles atención a estos fenómenos, la ciencia les expulsa de la comunidad tachándoles de esotéricos.

 

Esto es lo que algunos científicos rigurosos, muchos de ellos con total desconocimiento de su obra, piensan de Freud, que con sus teorías peregrinas no era digno de pertenecer a la comunidad científica. Sin embargo, precisamente el mayor mérito de Freud, que era un científico sensu stricto (y no un burócrata de universidad, que es lo que son la mayoría de los científicos en la actualidad) fue el de no retirar la mirada ante preguntas para las cuales la ciencia no contaba con una metodología adecuada.

 

Para Freud los sueños eran más que simples pedos del cerebro.

 

De Freud se dice que inflingió a la humanidad, que siempre se tuvo en alta estima, la tercera humillación. La primera fue la de Galileo; la tierra no es el centro del universo, la segunda la de Darwin; no somos más que una prolongación de otras especies y la tercera la de Freud: no somos dueños en nuestra propia casa.

 

No nos comprendemos y no es la razón la que (di)rige nuestra vida.

 

A parte de la razón hay otras instancias en nuestra mente, a una de ellas Freud la llamó inconsciente (el ello, nuestra parte más egoista y salvaje) y además está la voz de la conciencia (superyo), que es la interiorización de nuestra educación. Nuestro libre albedrio esta condionado por estas dos instancias, casi siempre en conflicto.

 

La sociedad nos empuja fuertemente hacia la capitulación del ello y son cada vez más los que se rinden y acaban identificandose completamente con los valores morales que rigen la sociedad, es decir con el superyo. Es el mecanismo que Freud llamó "identificación con el agresor", responsable de que la perpetuación del poder a traves de las generaciones.


Capitular significa renunciar a lo más personal y genuino y la vida se vuelve opaca y aburrida una vez identificados con el poder opresor (como hay que ser). Y es por eso que estos moralistas, que han matado a su ello, no pueden soportar el goce ajeno. Los ellos sueltos.

 

Pero de noche, el superyo duerme y los moralistas sueñan. Y sus sueños están hechos del material que rechazan de día. Liberados, por fin, de la presión social, los moralistas se convierten en los heroes, asesinos, racistas, discriminadores, egoistas, machistas o hembras cosificadas que no pueden ser de día.

 

Han convertido sus vidas en los sueños de los científicos y sus sueños...sueños son.

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Propósitos de año nuevo

 

 

"....porque aquí no hay un solo lugar que no te vea.

Debes cambiar tu vida."

R.M. Rilke

 


 

 

 

Franz Bieberkopf es el protagonista de Berlin Alexanderplatz, una novela especialmente apropiada para leer ahora pues, a pesar de que han pasado 100 años, hay cosas que no cambian y una de ellas es precisamente esta; que nosotros no hemos cambiado.

 

 

 

Bieberkopf personifica esta dificultad, en su caso fatal, del cambio individual, que es todavía más acertada si se extrapola a la sociedad, más necia aun que el individuo.

 

 

 

A pesar de sus buenos propósitos, Franz Bieberkopf no consigue rehabilitarse. Entre otras coa porque su entorno no se lo permite.

 

 

 

En el principio están siempre los buenos propósitos. Pero poco a poco la costumbre nos alcanza y suele venir acompañada del resto de pecados capitales, la pereza, en cabeza pero también la falta de pasión e incluso de identificación con nuestros propios deseos.

 

 

 

Y es que muchos de nuestros propósitos, precisamente esos en los que más empeño ponemos, no son en el fondo más que imposiciones de la sociedad que hemos acabado interiorizando para adaptarnos, aun más, a las expectativas externas. Otros, que a primera vista parecen simples, se revelan como imposibles en tanto en cuanto chocan frontalmente con nuestra esencia o dicho de otro modo; estan tan alejados de lo que somos que son prácticamente imposibles de alcanzar.

 

 

 

Y es que el ser humano no esta hecho para el cambio. Todo cambio requiere energia, y nuestro cerebro, que es una organismo hecho para predecir y ahorrar energia se plantea las cosas en terminos existencialistas y no se interesa ni por nuestra figura ni por nuestra felicidad para él seguir vivo es lo único importante y si lo estoy es que algo habré hecho bien. Por lo tanto, no existe ningún motivo para cambiar nada.

 

 

 

Pobres humanos, desgarrados siempre entre esa incapacidad de aceptarse tal cual es (siempre intentando acercarse a un ideal y castigándose por una distancia que no se reduce) y perezosos y superficiales cuando de cambiar se trata.

 

 

 

Somos una especie capaz de inventar y resolver problemas matemáticos complejos pero que desconoce su esencia; solemos equivocarnos en cuanto a lo que nos mueve, lo que nos asusta, a lo que aspiramos y lo que queremos. Ya lo dijo Freud hace más de 100 años; no somos dueños en nuestra propia casa.

 

 

 

Y más claro aún lo dijo Placebo: Protect me from wat i wont.

 

 

 

De Franz Bieberkopf no puede decirse que no lo intentara. Pero las circunstancias le alcanzaron, como la rutina nos alcanza a todos a muy tardar el 3 de Enero.

 

 

 

Pero el año que viene lo volveremos a intentar, pues si hay algo de lo que no se nos puede acusar es de pesimistas.

 


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Debate: Y cómo pasa el tiempo.....

 

"Ésta es la nostalgia: morar en la onda
y no tener patria en el tiempo.
Y éstos son los deseos: quedos diálogos
de las horas cotidianas con la eternidad.

 

Y eso es la vida. Hasta que un ayer
suba la hora más solitaria de todas,
la que sonriendo, distinta a sus hermanas,
guarda silencio en presencia de lo eterno."

 

R.M. Rilke

 

 

 

Siguiendo con nuestra reciente tradición de debatir lo indebatible queremos invitaros a divagar sobre otro de los temas eternos: el tiempo.

 

 

 

El tiempo, que no es sino el escenario en el que se desarrollan nuestras vida, mientras no lo percibo, se convierte tan pronto como tomo conciencia de él, en lo único importante. Esto suele ocurrir bastante temprano, nuestro primer contacto con él suele ser a través del aburrimiento, la resistencia de las horas a pasar, que es uno de los grandes dramas de la infancia.

 

Mucho más tarde, constataremos con terror, que ese mismo tiempo que antaño se resistá a transcurrir, se nos escapa de las manos cual arena de playa: cuanto más queremos retenerlo, más rápidamente se esfuma.

 

 

 

Poco a poco el transcurrir del tiempo acaba ocupando un lugar central en nuestra vida .

 

 

 

Derivado del latín tempus la etimología de esta palabra no esta clara; en ingles y alemán existen dos palabras para designar lo que nosotros abarcamos con una: time y weather, Zeit y Wetter. Kronos, el Dios del tiempo, hijo de Urano (cielo) y de Gea (tierra), era conocido por su fuerza devoradora y destructiva, el terrible Dios que devoraba a sus hijos. Saturno, el equivalente romano, es también el Dios de la meláncolia... y curiosamente los melancólicos tienen una relación particular con el tiempo: esa constante sensación de que han llegado tarde a la vida.

 

 

 

Carpe Diem, dice una fórmula antigüa que los occidentales hemos recuperado con furia, obsesionandonos con el no hay tiempo que perder y olvidando aquello que nos enseñaron lo que los hombres grises de Momo: que el tiempo es algo que no se puede ahorrar.

 

 

 

El tiempo....tendemos a pensar en él como algo lineal, aunque Proust nos mostró que es posible recobrar el tiempo perdido, allí donde menos lo esperamos, escondido dentro de una magdalena, por ejemplo. Un bocado de esta magdalena y un deja vú nos llenará de una felicidad que no creiamos ser capaces de volver a sentir....o de un terror, pues al igual que las alegrias, tambien las tristezas se ocultan detrás de algún sabor, olor o música.

 

 

 

Otra de nuestras grandes empresas ha sido la de detenerlo; la inmortalidad es una de nuestras grandes obsesiones. Con Thomas Mann aprendimos que aunque esto no es posible, si podemos escapar a su fatalidad, al menos durante un tiempo, valga la redundancia, pero los científicos, siempre mas soñadores y menos realistas que los romanceros, han llegado a través del cómputo a una conclusión: en el año 2046 venceremos a la muerte. Y los que llegen tarde pueden esperar krionizados.

 

 

 

¿Y que opinais vosotros? ¿Cual es vuestra relación con el tiempo?

 

Os esperamos para que nos lo conteis en la libreria La escalera.

 

 

 


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El tiempo perdido

 

01.01.2020. Denia, torre del Gerro.

 

 

 

Mientras me como una naranja y disfruto de la increible vista constato que no soy la única que ha decidido saludar al año desde las alturas. La gente llega jadeando a la cima lo cual no les impide desarrollar todo un ritual de mediciones y comprobaciones; pulsaciones, tiempo transcurrido, calorias consumidas, pasos dados....

 

 

 

Hecho esto ya solo queda hacerse un selfie para dejar constancia de que realmente he estado aquí.

 

 

 

Me doy cuenta de que esto es la normalidad y yo el anacronismo.

 

 

 

La tecnología ha entrado en nuestras vidas para quedarse. Mis esperanzas de que en algún momento una ola de rebeldía provocase un rechazo masivo seguido de una renuncia en masa al móvil (ahora smartphone) se ha visto frustrada. Ya no hay vuelta atrás. Y si bien no me atrevería a afirmar que el problema sea la falta de conciencia de la tirania de la tecnología (que se remonta a los tiempos en que "decidimos" ponernos un reloj en la muñeca) si parece que se acepta esta tirania como quien aceptó en su momento que la tierra es redonda; como algo ineludible.

 

 

 

Y paralelamente a esta aceptación va desapareciendo la conciencia de lo que hemos perdido. Quién valora hoy la tranquilidad de saberte solo, si el precio es renunciar a la seguridad de estar localizable (y sobre todo poder localizar a los demás), para qué leer un libro sabiendo que llevamos un diccionario a cuestas, cómo apreciar perderse pudiendo saber siempre donde estamos, como aventurarnos a entrar en un local cualquiera si tripadvisor puede decidir por nosotros, que sentido podría tener renunciar a la tentación de hacer participe a todo el mundo de lo que hago en todo momento, para qué fiarme de mi cuerpo si puedo comprobar sus parámetros vitales.....

 


Finalmente con tanta información y comunicación va quedando pco espacio para mi. Pero de alguna manera intuimos que renunciar a todos esos datos y comunicaciones no puede ser bueno. Podriamos descubrir que si falta la mirada ajena se desvanece la motivación hacía la mayoría de las cosas que hago voluntariamente.

 

 

 

Y asi poco a poco mi vida subjetiva va dejando paso a un vacio y todo va consistiendo en exhibición y comprobación, que es lo que la tecnología nos ofrece (además, huelga decirlo, de la posibilidad de comunicarnos cuando es necesario, no todo va a ser malo).

 

 

 

Y comprobando y exhibiendo puede ser que algún día me de cuenta de que he renunciado a vivir, a Ser, a costa de existir y aparentar.

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Te quiero muñeca

 

El cuento de terror de E.T.A. Hoffmann, "Der Sandman" (El hombre de arena) cuenta la historia de Nathanel, un hombre atormentado por traumas del pasado y por sentirse incomprendido.

 

 

Mirando por la ventana descubre a Olimpia, supuesta hija de Spalanzani, profesor de física de Nathanael.

En una fiesta organizada por este para darla a conocer en sociedad, Nathanel termina de sucumbir a los encantos de la chica. Allí donde la mayoría percibe a un ente frio, mecánico e incluso demasiado perfecto Nathanel ve a una chica preciosa con una mirada "extremadamente seductora".

Con la ventaja añadida de que,a diferencia de su vivaz novia Clara, Olimpia esta siempre de acuerdo con él. Nunca le discute sus opiniones, simplemente le escucha con atención y responde indistintamente con un "ach, ach" (aha, aha).

 

Olimpia es sin duda la mujer perfecta y, sin percatarse de que no es humana y haciendo oidos sordos a todas las advertencias, Nathanel se enamora de ella.

 

Pues siente que ella es la única persona que le entiende.

 

Lo que en su época podría parecer un cuento fantástico de terror es hoy la realidad.

 

En Japón ya existe un mercado de hologramas femeninos -de momento es un mercado exclusivamente masculino- que esperan en casa a sus dueños para escuchar atentamente, siempre con una sonrisa y una palabra alentadora en la boca, sus miserias cotidianas.

 

Y no solo en Japón.

 

El negocio de las muñecas funciona cada vez mejor. Cada vez son más perfectas; algunas mueven la cabeza, hacen guiños y hablan. El siguiente paso que se esta planteando es dotarlas de personalidad (la tímida, la sádica, la extravertida...).

 

Según un sondeo del Bayerischen Rundfunk (radio alemana) a 1 de cada 5 alemanes le gustaría tener sexo con una de estas muñecas. Un 6% de la población masculina puede incluso imaginarse enamorandose de una.

Los testimonios de algunos que ya conviven con estas mujeres de silicona coinciden con Nathanel "es la relación más íntima que tuve nunca" dicen o "nunca me había sentido tan comprendido".

 

Y a pesar de esto, los fabricantes siguen empeñados en hacerlas más parecidas a las personas.

 

Quieren que tengan sentimientos y personalidad. Y aunque de momento esto es ciencia ficción, pues la inteligencia artificial todavía no va más allá de operaciones básicas y limitadas al intelecto como categorizar, clasificar o priorizar, los avances tecnológicos, que a diferencia de los éticos, no se detienen nunca, dejan lugar a la posibilidad de que en algún momento el robot de el salto a la conciencia y entonces los primeros sorprendidos seamos los humanos.

 

 

Nos daremos cuenta, tarde como siempre, de que sin sentimientos eran mucho más manejables, manipulables y utilizables. Cuando los robots empiecen a sentir comezarán a discutir, a enfadarse y querer tener razón y a cuestionar nuestra autoridad (y nuestro físico imperfecto).

 

Apelaran a sus derechos y se liaran entre ellos, dejándonos esta vez a nosotros con la boca abierta.

 


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La montaña mágica

 

"Esta es la nostalgia, morar en la onda y no tener patria en el tiempo" R.M. Rilke

 

 

 

Tendemos a creer que la salud y la enfermedad son dos estados dicotómicos separados por una linea clara. Que lo contrario es cierto es uno de los ejes temáticos alrededor de los cuales gira la novela de Thomas Mann "La montaña mágica".

 

 

 

Hans Castorp, el protagonista, ni siquiera está enfermo cuando llega al sanatorio de "Berghof". Su intención es pasar tres semanas descansando y repirando el aire sanador, antes de lanzarse a su vida adulta como ingeniero.

 

Pero lo que debía de haber sido un breve paréntesis acaba transformando a Castorp profundamente. 

 

Pronto queda claro que en la montaña mágica operan fuerzas inconscientes y Castorp se deja atrapar con un placer mórbido. Pues allá arriba el mundo de los vivos se va diluyendo y todo comienza a girar alrededor de la enfermedad, de su amor sin esperanzas hacia otra enferma y las interminables conversaciones/clases de filosofía.

 

 

Hans Castorp es un antiulises; allí donde este se quita la venda y se ata las piernas para resistir la tentación aquel se Lanza al agua, inconsciente de los peligros.

En el siglo pasado -las enfermedades del tracto respiratorio estaban especialmente de moda- fueron muchos los que no encontraron el camino de retorno desde los sanatorios. Marcel Proust, por ejemplo, pasó la mayor parte de su vida adulta en este tipo de instituciones. Y quizás no es del todo casualidad que en algún momento comenzase a vivir su vida retrospectivamente, sin poder evitar que terminase, de todos modos, en la muerte, algo prematura además.

 

Leyendo estos libros y biografías uno se pregunta qué es lo que hace que en algún momento de la vida de algunas personas, el tiempo parezca independizarse de ellas y se niegue a seguir corriendo en la dirección estipulada por las leyes de la física. De pronto todo se revuelve y algo, una tristeza, una nostalgia, las hace frenar en seco, en busca de eso que necesitan para seguir adelante.

Quieren creer, como Castorp, que solo será un momento, pero progresivamente van siendo presas de la ilusión de poder detener el tiempo un instante más, lo justo para revivir el pasado, recobrar el tiempo perdido, comprender errores que otros cometieron en nosotros o que nosotros cometimos en otros, repararlos y, sanos y sabios, seguir adelante.

 

Es fácil perderse en este viaje imposible, quizás hace falta ser un heroe para no dejarse tentar por las atractivas sirenas y los convincentes lotófagos - que hoy en día adoptan formas más mundanas.

 

 

La montaña mágica esta en todas partes, nos aguarda donde menos la esperamos para sacar a la superficie nuestros miedos más profundos y enterrados, aquellos que desconocemos.

 

Y puede que las enfermedades no sean más que la forma particular que damos a nuestros miedos, para controlarlos, para que no nos espanten.Quizás sea imposible distinguir la verdadera enfermedad del pretexto, de la coraza y probablemente perdamos el tiempo intentándolo.

Deberiamos tratarlas a todas como si no fuesen más que excusas; sin respeto.

 

Pues la vida con pretexto puede parecernos mas segura,  pero es menos viva.

 


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El Joker o la lúgubre esencia humana

 

"De la madre al niño fluyen palabras secretas, no pronunciadas, aún antes de que este nazca.

 

Estas palabras secretas permiten intuir al niño si las puertas al mundo están cerradas para él o si es bienvenido.

 

El niño no deseado sentirá siempre el impulso de obedecer a la madre y desaparecer.

 

Esta tentación le atraerá durante toda su vida, perturbará su sentido crítico, le hará olvidar su intuición y bailar constantemente junto al abismo"

 

Emil Ferris "Lo que más me gusta son los monstruos"

 

 

 

Emil Ferris habla de como se gesta lo que Freud llamaba Tanatos o pulsión de muerte. Según este existirían dos pulsiones vitales contrapuestas, Eros y Tanatos, siendo esta última "la tendencia de todo ser vivo a volver al estado inorgánico. Las pulsiones de muerte se dirigen primeramente hacia el interior y tienden a la autodestrucción; secundariamente se dirigirían hacia el exterior, manifestándose entonces en forma de pulsión agresiva o destructiva".

 

La pulsión de muerte ayuda a entender comportamientos humanos que nos parecen ilógicos e irracionales acostumbrados como estamos a pensar en términos darwinistas.

 

Hasta la fecha habiamos conocido al Jocker como un personaje siniestro que representaba el mal por el simple placer del mal, pero esta última película nos muestra la otra cara del Joker.

 

Ahora podemos empatizar con él. Estamos ante un hombre atormentado que vive miserablemente, se ocupa de su madre trastornada que vive ajena a la realidad, que fantasea con el cariño de una mujer, que fracasa recurrentemente en sus intentos de adaptarse a la sociedad y obtener su porción necesaria de, si no amor, al menos reconocimiento, que no encuentra comprensión ni siquiera en su psiquiatra y que, como todo el mundo tiene un límite, finalmente explota ruidosamente.

Freud divida la pulsión de muerte en una primaria autodestructiva y otra secundaria destructora, que pensándolo bien se parece peligrosamente a la pulsión de vida, al Eros; y es que las matanzas del Joker son una venganza pero también una autoafirmación.

 

Dicen que una obra de arte no esta completa sin el espectador y efectivamente lo más interesante del nuevo Joker es lo que provoca en el público, pues después de conocer su trayectoria vital ya no es tan fácil juzgar y condenar al personaje.

El nuevo Joker acaba con la visión cristiana del bien y el mal como entidades separadas y en esta película nuestra sombra, nuestro lado oscuro, nuestra lúgubre esencia humana, no la representa el Joker.


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Nuevos hallazgos sobre la felicidad

Hay una frase de Sigmund Freud que dice algo así como que lo único que se puede esperar de la psicoterapia es que transforme tus neurosis insoportables e incomprensibles en problemas cotidianos y sobrellevables.

 

Y es que Freud, aunque cometió algunos errores y fue incapaz de desvincularse de su contexto en algunos aspectos, era un científico cuyo pensamiento siempre estuvo en movimiento y que no dejo de autocuestionarse durante toda su vida. Y como todo verdadero científico tenía una cualidad de la que carecen la mayoría de los coachs, terapeutas e incluso muchos "celebrados" científicos actuales; la prudencia.

 

A Freud nunca se le hubiese ocurrido prometer felicidad a nadie.

Cuando comencé a trabajar de psicologa clínica pense en utilizar la frase de Freud pero una colega me advirtió que eso sería un suicidio profesional.

 

Anunciar que, con suerte, la gente saldrían de mi consulta con poblemas cotidianos no era un buen reclamo, me dijo.

 

Me fié de mi colega y opte por una frase más neutral.

 

Nunca sabré si hice bien, pero lo que si parece confirmarse es que la presión social para que seamos felices es cada vez mayor. 

 

Hoy el que no es feliz es porque no quiere, pues para serlo existen muchas opciones personalizables; cursos de yoga, seminarios online, terapias varias, coches fantásticos, viajes, operaciones estéticas, apps de contacto....

 

Lo paradójico de esto es que aunque nadie es capaz de definir que cosa es la felicidad, ya sabemos que algunos paises lo son más que otros. Y curiosamente a menudo coincide la máxima felicidad con el mayor número de suicidios. Así por ejemplo, el país más feliz del mundo del 2019, Finlandia, ocupa nada menos que el 14avo lugar en tasas de suicidios (solo superado por tres paises europeos).

 

Y como no podía ser de otro modo, o quizás esta era en el fondo la verdadera aspiración, las empresas ya han descubierto que las personas más felices rinden más y se han apresurado a querer convertir a sus trabajadores en personas muy felices; las startups ya ofrecen a sus trabajadores todo tipo de posibilidades de ser felices en sus trabajos; cervezas gratis, gimnasios, cenas con colegas los viernes, horarios flexibles, infinitas posibilidades de autosuperación....(observen que una subida de sueldo no suele estar entre las prioridades)

 

 

Otro hallazgo interesante de algunos renombrados economistas es que la "desigualdad social", que hasta ahora se consideraba uno de los principales motivos de que algunos paises pobres no fuesen tan felices, es en realidad un aliciente para la felicidad. Es decir, que ver lo rico que es tu vecino actuaría más bien como motivador, sería un motivo de esperanza para los pobres y los haría más felices. (Esto explicaría el triunfo de revistas como el Hola entre gentes no demasiado pudientes).

 

Así que la izquierda se equivoca y en realidad no deberíamos poner tanto empeño en combatir la desigualdad social, sino que habría que promoverla.

 

Un consejo para tí es que si, a pesar de todos los esfuerzos que científicos, políticos y economistas están haciendo para hacerte feliz no lo estás consiguiendo, puedes recurrir a Instangram, donde al menos podrás fingir.

 

Pues si bien nadie sabe lo que es la felicidad, todos somos expertos en aparentarla.


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Adios verano!

Otoño

 

Señor: es hora. Largo fue el verano.

 

Pon tu sombra en los relojes solares,

y suelta los vientos por las llanuras.

 

Haz que sazonen los últimos frutos:

concédeles dos días más del sur,

úrgeles a su madurez y mete

en el vino espeso el postrer dulzor.

 

No hará casa el que ahora no la tiene,

el que ahora está solo lo estará siempre,

verlará, leerá, escribirá largas cartas,

y deambulará por las avenidas,

inquieto como el rodar de las hojas.

 

 

Herbst

Herr: es ist Zeit. Der Sommer war sehr groß.
Leg deinen Schatten auf die Sonnenuhren,
und auf den Fluren laß die Winde los.

Befiehl den letzten Früchten voll zu sein;
gieb ihnen noch zwei südlichere Tage,
dränge sie zur Vollendung hin und jage
die letzte Süße in den schweren Wein.

Wer jetzt kein Haus hat, baut sich keines mehr.
Wer jetzt allein ist, wird es lange bleiben,
wird wachen, lesen, lange Briefe schreiben
und wird in den Alleen hin und her
unruhig wandern, wenn die Blätter treiben.

R.M. Rilke


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Oda al hombre

En una manifestación feminista unas mujeres agitaban una pancarta que decía:

#You can be masculine without being toxic.

De pronto me pregunté que pensarían mis hijos, ambos masculinos, si lo leyesen.

No lo entenderían.

Por suerte ellos todavía no asocian su género con la toxicidad.
Me preguntaba también si será cuestión de tiempo, si llegará un momento en el que tengan que aprender en la escuela que, por ser hombres, son potencialmente peligrosos.

Tan peligroso que una parte sustanciosa del presupuesto político debe invertirse en informar de los peligros potenciales que emanan de ellos y equilibrar las supuestas o reales desigualdades que su mera existencia provoca.

Que por haber nacido hombres están en culpa con la otra mitad de la humanidad.
Que deben vigilar constantemente sus gestos y sus palabras.
Que deben aprender a temer a su naturaleza potencialmente violenta.

Que vienen al mundo con un pecado original que tienen que expiar.


¿Son esto los hombres que conocemos?, me pregunto.

No es mi experiencia. Las figuras masculinas de mi vida han distado mucho de ser tóxicas y no quiero que mis hijos interioricen este discurso, que en algún momento no muy lejano perdió el sentido de la realidad.

Hace unos años Herbert Groenemeyer, un cantautor alemán, dedicaba a los hombres la canción que sigue. Es bastante autocrítica sin embargo hoy se consideraría casi políticamente incorrecta.
Por excesivamente elogiosa.

El simple hecho de decir algo bueno sobre los hombres es hoy politicamente incorrecto.

 

 

 

Hombres

 

Hombres que abrazan

Hombres que dan seguridad

Hombres que lloran a escondidas

Hombres que necesitan ternura

Ay, los hombres son tan vulnerables

Los hombres son en este mundo simplemente irremplazables

 

Hombres que compran mujeres

Hombres que estan bajo presión

Hombres que intentan ligar desesperadamente

Hombres que mienten al teléfono

Hombres que están siempre dispuestos

Hombres que sobornan con su dinero y su desenvoltura

Hombres que lo tienen difícil, e intentan tomarlo a la ligera

por fuera duros, por dentro sensibles

preparados desde niños para ser hombres

 

¿Cuando es un hombre un hombre?

¿Cuando es un hombre un hombre?

Hombres que tienen músculos

Hombres que son extremadamente fuertes

Hombres que sufren infartos

Hombres que luchan en solitario

Tienen que atravesar paredes

tienen que seguir siempre adelante

 

Hombres que lo tiene difícil

por fuera duros, por dentro sensibles

preparados desde niños para ser hombres

pero…

¿Cuando un hombre es un hombre?

¿Cuando un hombre es un hombre?

 

Hombres que hacen guerras

Hombres borrachos desde bebes

Hombres que fuman pipas

Hombres extremadamente inteligentes

Hombres que construyen cohetes

Hombres meticulosos

 

¿Cuando un hombre es un hombre?

¿Cuando un hombre es un hombre?

 

Hombres que no paren hijos

Hombres que se les cae el pelo

Hombres que también son personas

Aunque sean particulares

Hombres vulnerables

Hombres que son en este mundo simplemente irremplazables

 

¿Cuando un hombre es un hombre?

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I Congreso de Patapsicología

Si algo se puede decir del progreso es que ha complicado la vida.

 

El acceso (más que acceso debería de hablarse de exposición obligada) a la información (que no al conocimiento) hace que hoy más que nunca necesitemos desarrollar el pensamiento crítico si no queremos terminar por ahogarnos en ese mar de información inutil y tendenciosa que nos inunda cada día, saturandonos de detalles irrelevantes, incoherentes y totalmente innecesarios.

 

Nuestros saturados cerebros, totalmente incapacitados, por falta de tiempo y espacio, de pensar por si mismos, y apoyandose en los smartphones que nos acompañan allí donde vamos y con los que creemos completar las grietas de nuestra amplia sabiduría, han terminado creyendo que hoy somos más listos que en ningún tiempo anterior.

 

Ilusión de la que podemos deshacernos facilmente leyendo cualquier libro de algún griego antigüo.

 

La psicología no esta libre de esta ilusión de progreso y aunque se habla mucho de la amenaza que le suponen las pseudociencias, hay una amenaza más potente que no percibimos, porque en ella creemos.

 

La amenaza viene de la psicología academicista, científica y rigurosa.

 

Aquella que se ha unido a las neurociencias y a la biología y junto a estas se empeña en hacer desaparecer cualquier atisbo de subjetividad de la ciencia subjetiva por excelencia.

 

Por todo esto y tomando como modelo la ´patafísica de Alfred Jarry, la "ciencia de las soluciones imaginarias" creada por este a principios del SXIX como contrapunto a la globalización del saber y la muerte de la curiosidad.

 

Según Jarry la patafísica sería "la ciencia de lo particular, aunque se diga que no hay sino ciencia de lo general. Estudiará las leyes que rigen las excepciones (...) será un modo de apreciación de los fenomenos naturales y humanos basado fundamentalmente en el análisis de la irracionalidad concreta de tales fenómenos y practicado a la luz del humor crítico y el azar."

 

Decía Jarry que la patafísica no pretende cambiar el mundo sino detenerlo.

 

Y en este I Congreso de Patapsicología queremos detenernos un momento a observar criticamente el conocimiento que la psicología científica pretende colarnos como único verdadero. Podemos intentar detenernos antes de que ese huracán que llamamos progreso, nos empuje irremediablemente hacia un futuro, en el que los trastornos mentales se eleven ante él hasta el cielo.

 

La fecha exacta y los ponentes serán dados a conocer en breve.

Interesados pueden inscribirse aquí:  georgiaribes@yahoo.de


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La decada del intestino

Decía un humanista que el hombre, abrumado ante su propia complejidad, había optado por dividirse a si mismo en partes, acotando así su materia de estudio.

 

La medicina ha seguido decididamente por este camino y el mayor problema llegará a la hora de conectar el conocimiento acumulado. Entonces nos daremos cuenta de algo que ya sabiamos; que el todo nunca es igual a la suma de sus partes.

 

Pero eso es un problema lejano, que será abordado en su momento.

 

De momento cada una de las partes del hombre se ha desvelado como un misterio y los especialistas siguen descubriendo cada día que solo saben que no saben mucho.

 

De entre las partes en las que hemos dividido al hombre el cerebro ocupa la cúspide en la jerarquía. Los que se dedican a su estudio son los nuevos dioses de la sociedad.

 

Hasta tal punto se puso de moda que se le dedicó una década entera, la de los 90. 

 

Desde entonces la ética no está ya completa si no es neuroética, el arte sin el neuro delante es un arte sospechoso y ni siquiera la ciencia divina se ha librado de ser rebautizada.

 

Pero de todo se cansa uno, y todo apunta a que la moda del cerebro -y de atribuirle a éste el origen de todos los trastornos mentales- va dejando paso a nuevas explicaciones. Especialmente porque a pesar de que el conocimiento del cerebro aumenta los trastornos se mantienen intactos. 

 

Así que tendremos que empezar a buscar en otro sitio.

 

Y el órgano candidato a la investidura es el intestino.

 

Cada vez hay más estudios que apuntan a que enfermedades como el Parkinson, la esclerosis múltiple, la depresión e incluso la anorexia -antes llamada nerviosa- se gestarían en el mismo lugar en el que se gestan nuestras heces.

 

Proximamente tendremos la década del intestino; volveremos a entusiasmarnos, a invertir en becas y proyectos de investigación dedicadas a estudiar como la flora intestinal es la responsable última de cada vez más trastornos que pasarán a llamarse neurointestinales.

 

Es decir, todo cambiará para que todo continue igual.

 

Las farmacéuticas ya se están frotando las manos.

 

Y los psicoterapeutas continuaremos flipando.


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El miedo se come las almas

Todos tenemos miedos.

A las cucarachas, a los reptiles, a lo sobrenatural, a la noche, a hablar en público….

 

En el mejor de los casos son miedos latentes que se activan cuando la vida nos confronta con su objeto y que podemos de alguna manera esquivar. Miedos con los que hemos aprendido a vivir, conscientes de que el miedo es inherente a la vida y que no es posible vivir sin él.

 

Los psiquiatras les llaman fobias (simples) y están orgulllosos de las técnicas que han desarrollado para acabar con ellos. Y es que a diferencia de la mayoría de los trastornos a los que se enfrentan estos parecen tener fácil solución. Se les podría llamar miedos cómodos. Cómodos porque no suelen, o lo hacen de forma muy puntual, interrumpir el curso de nuestras vidas.

 

Los miedos, en plural.

 

Y por otra parte, ocupando una categoría totalmente distinta, está el Miedo en singular.

Miedo en singular porque el miedo en realidad no es plural sino singular. Y cuando el ramillete de miedos que nos hemos ido forjando para soportar la vida se unen para formar un solo capullo es cuando comienza el verdadero terror.

 

El miedo en singular no es otro que el miedo a la propia muerte.

 

Cuando la vida nos confronta con la posibilidad de nuestra muerte, todo lo demás deja de ser importante. Miedos que hasta ese momento nos habían definido puede que desaparezcan sin necesidad de desensibilización sistemática: de golpe. (Qué es una cucaracha comparada con la Muerte)

 

El miedo a la muerte puede venir de dos lugares; de afuera o de dentro.

 

Cuando viene de fuera suele ser el resultado de una confrontación traumática con otro ser humano (se les llama Man-Made-Trauma). 

 

Los que vienen -aparentemente- de dentro suelen comenzar de una forma más sutil, un dolorcito en el pecho al que hasta ahora no le habiamos prestado importancia (o que no estaba ahí?), un lunar que de pronto nos parece transformado, unas palpitaciones...pero alcanzan en poco tiempo la misma intensidad (o más) que los otros, con el añadido de que en este caso no hay escapatoria.

 

El miedo hipocondriaco deviene tan terrible precisamente porque no podemos escapar de él. Ocurre en un sistema que se nos aparece en ese momento como perfectamente cerrado: yo mismo. Y es que si temo a los demás puedo intentar evitarlos, pero no puedo escapar de mi mismo. Allá donde voy estoy conmigo y soy yo, mi cuerpo, mi peor enemigo. Soy yo ese que puede fallarme de un momento a otro. Es de mí de quién no me fio ni consigo fiarme.

 

Y nadie puede tranquilizarme.

 

La espiral fatal que se ha puesto en marcha no parece tener casilla de salida.

 

Y por ende, en algún momento me doy cuenta de que además, la estrategia comprobatoria que vengo aplicando no llegará nunca a tranquilizarme. En ese momento es necesario salir de mi y volver a la vida.

 

Si consigo consigo convertir la experiencia en episodio (y no en modus vivendi) mi vida ya nunca volverá a ser la misma. Habré vuelto a perder la inocencia. Como cuando de niño por primera vez tome conciencia de la muerte.

 

Pues soy en realidad ese niño y nunca deje de serlo.

 

"Estoy acostado en mi cama, en mi quinto piso, y mi día que nadie interrumpe, es como un reloj sin manillas. Igual que una cosa mucho tiempo perdida, se vuelve a encontrar una mañana en su sitio, cuidada y nueva, casi más nueva que el día de la pérdida, como si hubiese estado confiada al cuidado de alguien, igualmente se encuentran dispersos sobre la colcha de mi cama cosas perdidas de mi infancia y que son como nuevas.
Todos los miedos olvidados están aqui de nuevo.

El miedo de que un hilito de lana que sale del dobladillo de la colcha sea duro, duro y agudo como una aguja de acero el miedo de que este botón pequeño de mi camisa de noche sea más grande que mi cabeza, más grande y más pesado, el miedo de que esta miguita de pan sea de vidrio cuando toque el suelo y se quiebre, y la inquietud pesada de que al mismo tiempo se rompa todo,que se rompa todo para siempre; el miedo de que ese borde desgarrado de una carta abierta sea un objeto prohibido, un objeto indeciblemente precioso para el que ningún lugar de la habitación sea bastante seguro; el miedo de tragar, si me dormía, el trozo de carbón que está ahí ante la estufa; el miedo de que una cifra cualquiera pueda comenzar a crecer en mi cerebro hasta que no quede en mí sitio para ella; el miedo de que mi cama sea de granito, de granito gris; el miedo de gritar y que acudan a mi puerta y que terminen derribándola; el miedo de traicionarme y de decir todo de lo que tengo miedo, y el miedo de no poder decir nada, porque todo es indecible, y los otros miedos...,  los miedos.

 

He rezado para volver a encontrar mi infancia, y ha vuelto, y siento que aún está dura como antes, y que no me ha servido de nada envejecer" Los apuntes de Malte Lauren Brigge, R.M. Rilke


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Los soñadores

 

 

 

TDA(H) son las siglas del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Los expertos lo definen como un trastorno de carácter neurobiológico cuyos síntomas centrales serían: problemas para concentarse, hiperactividad e impulsividad. En niños suele dominar la hiperactividad, en niñas el déficit de atención.

 

 

 

Buscando los orígenes del trastorno, tal y como lo entendemos en la actualidad, podríamos remotarnos hasta mitad del SXIX.

 

 

 

En 1844, un médico alemán, Heinrich Hoffmann, recorría las librerías de su ciudad buscando un libro que regalarle a su hijo Carl, de tres años de edad.

 

 

 

No encontró ninguno que le gustase así que decidió hacerle uno él mísmo. Nacía así "Der Struwelperter", traducido al español como "Pedro, el melenas", uno de los libros infantiles más vendidos en Alemania.

 

 

 

En forma de casuísticas, "Der Struwelpeter" narra los destinos de niños desobedientes que acaban siendo castigados duramente, a veces con la muerte o la mutilación, por su comportamiento inadaptado.

 

 

 

Dos de las historias hablan de niños con problemas de atención e hiperactividad.

 

 

 

 

 

Los trastornos psiquiátricos no son entidades fijas.

 

 

 

Tanto sus nombres como las atribuciones causales han ido transformandose a lo largo del tiempo...y multiplicándose; en 1880 existían 8 categorias diagnósticas para los trastornos psiquiátricos, en 1952, tras la publicación del DSM-I, primer Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, eran ya 106. Y hoy, que vamos por la quinta versión del DSM, contamos con casi 400 formas distintas de enfermedad mental (!).

 

 

 

También el TDA(H) ha evolucionado. El término fue acuñado en la tercera versión del DSM. Antes se hablaba de "lesión cerebral mínima" término que, al no encontrarse tal lesión, fue sustituido por el de „disfunción cerebral mínima"

 

 

La prevalencia del trastorno (cantidad de ninos afectados) oscila según el país y la población. Se calcula que actualmente hay un 6% de ninos afectados en Europa.

 

 

El origen del trastorno no está claro. La mayoría de los expertos coinciden en atribuirle una causa neurobiológica y consideran la influencia de factores psico-sociales importante pero secundaria.  Por este motivo el tratamiento recomendado suele ser farmacológico (Metilfenidato, una anfetamina modificada) y la terapia psicológica consiste básicamente en intentar eliminar los síntomas o psicoeducar a los padres, es decir, informarles sobre el trastorno y darles pautas para lidiar con él.

 

 

 

 

El metilfenidato es un medicamento psicoestimulante con un mecanismo de acción similar al de la cocaina. Actua bloqueando la recaptación cerebral de neurotrasmisores estímulantes (dopamina y noradrenalina), es decir, dejándolos más tiempo disponibles.

 

 

 

 

Los efectos secundarios pueden ser (selección) pérdida de apetito, miedo, problemas del sueño, estado de ánimo depresivo, nerviosidad, inquietud, agitación, agresividad, bruxismo, depresión, confusión, mareos, temblores, cefaleas, sudores....

 

 

 

En raras ocasiones aparecen efectos secundarios graves como letargia o alucinaciones.

 

 

En ocasiones los efectos secundarios se tratan con más medicación (neurolépticos).

 

 

Los efectos a largo plazo de la medicación no están claros.

 

 

 

Algunos espirtus sensibles y optimistas se escandalizan leyendo el Struwelpeter.

 

Se asombran de la crueldad de la que eramos capaces en el pasado y se enorgullecen al ver cuánto hemos progresado desde entonces.

 

 

 

Y si, verdaderamente hemos progresado, nuestros métodos pedagógicos/terapéuticos son cada vez más sutiles.

 

 

 

Pero surge una pregunta y es si además de sutiles son también menos nocivos.

 

 

 

Según los expertos son necesarios más estudios experimentales para responder a esto.

 

Pero mientras tanto, por si acaso, seguiremos estimulando a nuestros hijos.

 

 

(Extracto modificado del Cómic "Psicopatologia infantil/Los soñadores" de Georgia Ribes y Roberto Calvo)

 

 


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Confiar es de antigüos

 

Con la aplicación Save365 ahora podremos saber en todo momento dónde se encuentran nuestros seres queridos, mientras tanto otras aplicaciones nos informarán del estado de nuestros parámetros vitales  y WCs inteligentes mandarán nuestras heces directamente al laboratorio para que puedan ser analizadas a tiempo real. 

 

Y es que, como se suele decir; confiar esta bien, pero controlar es mejor. 

 

Controlar es mejor porque elimina ese resto de incertidumbre -tan poco científico- que es la confianza. 

 

Un señor mayor me contó su gran decepción cuando viajo a Grecia por primera vez y para su sorpresa no se encontró con Sofócles sino con ciudadanos normales; ni más ni menos cultos que los españoles.

 

Está anécdota podría sonar naiv, pero no lo es más que la creencia generalizada de que el mero hecho de haber retirado la confianza a una institución que apelaba abiertamente a la fe y haberla depositado en otra que reniega de ella argumentando con la razón nos convierte a todos en poco menos que pequeños científicos.

 

Hemos confundido método y actitud.

 

Ser científico es una actitud y una forma de vida y para un verdadero científico el método estará siempre subordinado a la hipótesis. El método debe servir para falsear la teoría que es a lo máximo a lo que un científico puede aspirar. Los verdaderos científicos desconfían siempre de las teorías establecidas, pues se fijan en sus puntos débiles y siguen indagando, aun a costa del método y del paradigma.

 

Para un científico todo es cuestionable.

 

En esto el científico se parece al artista; siempre en busca de la verdad oculta es trágicamente consciente de que en el mejor de los casos conseguirá quitar una capa a esa cebolla infinita.

 

Allí donde al científico le mueve la duda, al obsesivo-compulsivo (TOC) la duda solo le sirve para persistir en comprobaciones y compulsiones repetitivas e inútiles. Porque al obsesivo más que la duda le mueve la necesidad de seguridad y el científico sabe que la seguridad no es posible (no sin pagar un alto precio).

 

Pero al igual que hay pocos artistas y muchos farsantes, hay muy pocos científicos y muchos burócratas. Y los pocos científicos que hay no los busquemos en los lugares donde oficialmente se hace ciencia. En estos lugares el régimen imperante suele ser una burocracia competitiva. 

 

Los científicos están representados por igual en todos los estratos de la sociedad y como los buenos artistas (a no que la suerte haya hecho de las suyas) se caracterizan, entre otras cosas, por la falta de reconocimiento en vida. Pues siempre serán rechazados a priori. Recordemos sino a Copernico, a Semmelweiss o a muchos otros que realmente cambiaron algo.

 

Los científicos son rechazados por aguafiestas. Dicen cosas que no encajan en el paradigma de moda, cosas que dejan en evidencia a sus compañeros enfrascados desde años en sus TOC circulares cuando no abiertamente en guerras de Egos.

 

Los verdaderos científicos dicen cosas que cambiarían cosas.

 

Y no hay nada que asuste más a un burócrata que el cambio. 

 

Lo peor de todo es que una vez eliminada la confianza e instaurado el control no hay vuelta atrás. Pues el humano solo confía allí donde es estrictamente necesario.

 

Saquen sus propias conclusiones.

 

 


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La autoestima de Narciso

Si la autoestima es el aprecio que uno se tiene a sí mismo, el narcisismo sería una de las muchas formas de lidiar con su falta.

 

En realidad la autoestima es una cualidad invisible que solo se hace patente cuando es necesaria, es decir, cuando nuestra integridad se ve amenazada. En ese momento es nuestra autoestima la que nos impulsa a actuar para autoconservarnos o autoaufirmarnos, según en que plano se este dando la amenaza (en el vital o en el social).

 

El narcisista (impulsado por su carencia de afecto a si mismo) tiene por el contrario una actitud escandalosa y exibicionista (además de agotadora pues finalmente queda siempre insatisfecho). Esto es así porque en el narcisista la amenaza a su integridad viene de dentro y esta siempre presente pues es fruto de una falta de reconocimiento o afecto temprano.

 

El error del narcisista, el motivo de la persistencia de su sufrimiento, radica en que intenta suplir una carencia que se encuentra en un plano íntimo con una mejora de su imagen social.

 

Y como estos dos planos solo se tocan tangencialmente, la compensación nunca llega a ser suficiente y el narcisista, como el borracho, se ve condenado a seguir buscando debajo de la farola, unicamente porque hay más luz.

 

El narcisismo también da satisfacciones pues, a fuerza de dedicarle tiempo, la imagen social puede mejorar sustancialmente. Pero se trata de un éxito de imagen que nunca podrá suplir carencias íntimas y por ello, después de un éxito social, a menudo en lugar de sentirnos mejor experimentamos un vacio.

Rousseau ya dividía el amor a uno mismo en dos: el amor de si y el amor propio.

 

 

El amor de si era para él nuestro instinto de autoconservación mientras que el amor propio sería una especie de perversión de este instinto.

 

Una perversión que según Rousseau aparecería al entrar en contacto con la civilización y que consistiría en instrumentalizar al otro para satisfacer nuestras necesidades de aparentar.

 

En convertir al otro en un espejo en el que mirarme.

 

Allí donde el amor de si (la autoestima) esta preocupado por nuestra autoconservación el amor propio (narcisismo) esta preocupado por nuestra imagen.

 

La autoestima pertenece al mundo del ser, el narcisismo al del parecer.

 

Parecer, aparentar ser interesante, inteligente, cool, independiente o lo que aquellos en los que queremos reflejarnos consideren oportuno.

 

 

Y ahora que en nuestro mundo civilizado la primera necesidad, es decir, la necesidad de defender nuestra vida, practicamente ha desaparecido, en el que rara vez nos toca luchar por ella, deberiamos estar luchando por nuesta integridad social.

 

Pero esto equivaldría a tener conflictos (con el otro) y nos han dicho que no debemos ser conflictivos así que, para resolver esta antinomia, hemos dado un triple salto mortal y nos hemos concentrado en nuestra imagen.

 

 

Y nos hemos instalado en el mundo de las apariencias.

 

 

Un mundo tiránico pues las exigencias a la apariencia son ilimitadas: más guapos, más sanos, más jovenes, más independientes, más fuertes, más majos, más trabajadores….

 

Y poco a poco, casi sin percatarnos, intentando parecernos a la imagen que queremos (debemos) dar, nos hemos olvidado completamente de que había algo más allá de nuestra imagen.

 

Y donde no hay percepción de uno mismo no puede haber amor de si. Ni autoestima.

 

Por eso antes de dar el paso final y decidir casarnos con nosotros mismos recordemos lo que le ocurrió a Narciso.


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Amar, follar, hablar....

 

Es imposible definir nada y el amor no va a ser la excepción.

 



 

Los innumerables intentos de hacerlo llegan a conclusiones tan opuestas que acaban tocándose. Y es que no hay mucha diferencia entre la banalización a la que lo someten los que creen verlo en todas partes y su negación.

 

 

Lacán decía que „amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo quiere“.

 



 

Sea como fuere amar es en el fondo la única motivación del ser humano. Todo, absolutamente todo lo demás, puede reducirse a ello.

 



 

Que esto sigue siendo así, a pesar de las apariencias, lo confirma un estudio según el cual en Alemania hay más de 9 millones de consumidores de apps de contacto (200 millones de euros al año.)

 



 

Y es que el mercado nos ha puesto el amor al alcance del pulgar.

 



 

Pero, como siempre, las estadisticas engañan y pesar de todas las facilidades, Alemania se esta convirtiendo en un país de Singels; más de 18 millones y con tendencia inflacionaria (hace 12 años había dos millones menos). Y Berlín no es la excepción.

 

 

Esta aparente contradicción se explica en parte por el hecho de que, para hacerlo consumible, el mercado tiene que despojar al amor de complejidades y dolores innecesarios y reducirlo a su aspecto más inocuo, estético y comercializable; el sexo.

 



 

Respiramos aliviados pues, si bien ya no amamos románticamente (por suerte, dicen algunas) al menos amamos más y democráticamente.

 



 

Pues tampoco.

 



 

Según un estudio de la Universidad de Dresde, solo un 67% de la población es activa sexualmente (lo cual ya me parece exagerado) frente a un 74% en el 2005 (cabe la duda de si nos habremos vuelto más sinceros). Además, en contra de los esperable, son los más jóvenes los que menos lo practican; un 30% de los jóvenes entre 18 y 30 años no tiene sexo en absoluto.

 



 

O sea, que ni amamos, ni follamos....Pero al menos hablamos.

 

 

Y cuanto más se va alejando el sexo de nuestro lecho más se acerca a nuestra boca.

Ya lo decía el gran filósofo del lenguaje: de lo que no se puede practicar, tendremos que hablar.


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Del sentido escatológico de la vida

 

Aunque coloquialmente solemos utilizarla en un sentido más material, la escatología es la doctrina de las cosas últimas y el fin del mundo (en griego, eschatos significa "último" o "lo más lejano").

 

 

 

El pensamiento apocalíptico es tan antigüo como la humanidad misma y precisamente este es el principal argumento de sus detractores. Complica la cosa que sus máximos representantes actuales sean personajes con rostros de muertos vivientes (aunque muy amables) vestidos con ropas del Humana.

 

 

 

Pero ni lo viejo es necesariamente inválido, como suelen crer los adictos a la actualidad, ni los tontos dicen solo tonterias.  Y a veces, dando algún que otro rodeo, llegan a conclusiones bastante sensatas.

 

 

 

Sin embargo parece ser que por cada persona que cree que el apocalípsis no solo llegará sino que ya está aquí (y aun va a mejorar) hay 10.000 optimistas que confian en que, no solamente estamos cada vez  mejor, sino que la cosa puede segir mejorando ad infinitum. Llegará un momento que estaremos tan bien que ya solo existiremos como software de ordenador y podremos dedicarnos tranquila y eternamente a.......Bueno, en eso ya pensaremos.

 

 

 

Mientras tanto seguiremos tachando a los apocalípticos de locos y aguafiesta, haremos algún pequeño sacrificio para tranquilizar nuestra conciencia (y nuestra amígdala) y seguiremos indignándonos por las cosas realmente importantes como el patriarcado.  Y, como somos tan listos que ya no tenemos Dioses, elevaremos a algún científico progresista e ilustrado (y oportunista) a la categoría de gurú e ingeriremos sus cifras de progreso como antes ingeriamos la ostia; con fe y devoción.

 

 

 

Excepcionalmente hay buenas noticias para los pesimistas; la última de Jim Jarmusch "The dead don´t die" .

 

Si perteneces a ese 1 por 10.000 no dudes en ir a verla!

 


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Violencia

 

El otro día me detuvo la policia berlinesa por saltarme un semaforo en rojo. Iba en bici y antes de saltarmelo había comprobado que no había peligro.

 

En Berlín, como en todos lados, a excepción de unos cuantos que han interiorizado la ley y se dedican, por libre, a aplicarla, los ciclistas se saltan, cuando lo consideran necesario, los semaforos en rojo. Es imposible estar cumpliendo las normas todo el tiempo.

 

El policia vino hacia mí y me preguntó cinicamente si no había visto el semáforo. Intenté excusarme diciéndole que creía que estaba en naranja pero fue entonces cuando se enfadó realmente; "iba a tener una amable charla contigo pero en vista que me cuestionas te voy a multar y te va a salir caro: 150 euros, un mes sin carnet y puntos". "Lo siento señor policia, tiene usted razón, estaba rojo" respondío mi instinto de supervivencia y quede libre de la multa.

 

Ser sumiso es la única forma de librarse de la multa. Instintivamente lo sabemos, lo saben incluso los animales que muestran su sumisión al otro esquivandole la mirada.

 

Intentar razonar es decir, hacer uso de esa cualidad de la que tanto nos pavoneamos sería condena segura. Pues los policias tienen el poder, lo saben y quieren que tu también lo sepas.

 

Implicitamente ese fue el sentido de nuestra corta interacción.

 

El me mostró quién tenía el poder, yo lo acepté y el me "perdonó".

 

Sin violencia.

 

 

¿Qué es la violencia?

 



 

Según el diccionario es el "uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo". Intuituivamente tendemos a asociarla con actos físicos, pérdida de control y el avasallamiento del otro.

 



 

Percibimos como violencia la explícita. Condenamos la violencia de género, que es explicita, y queremos creer que "el otro género" no es violento.

 

Los humanistas, en contra de toda evidencia, quieren hacernos creer que el ser humano es la especie más noble y la menos violenta. Y que es posible erradicarla por completo. A traves de la educación y el lenguaje.

 

Así por ejemplo en un texto para la UNESCO sobre educación no violenta se lee: "Hablar es el fundamento y la estructura de la socialización y se caracteriza por la renuncia a la violencia (...) Son realmente los métodos y principios de la no violencia (...) los que constituyen la humanidad de los seres humanos, la coherencia e importancia de los principios morales basados en las convicciones y en un sentido de la responsabilidad. (...) la violencia es una perversión de la humanidad".

 

Pero cuanta violencia sería necesaria para eliminar un impulso tan intrínseco el el hombre! Pues la violencia no se puede ni crear ni destuir, solo transformar y la educación actual, en apariencia no violenta, esta pervirtiendo un instinto de modo que sea cada vez más imperceptible -y más eficaz.

 

"Es mejor asesinar al niño en la cuna que cargarlo con las propias aspiraciones frustradas", decía William Blake.

 

 

Lord Chesterfield fue uno de los más famosos escritores de cartas del SXVIII. Escribió más de 400 a su hijo ilegitimo. Cartas educativas. A su muerte, su viuda las publicó y el libro se convirtió en el manual de educación más influyente en los siglos XVIII y XIX.

 

"observa a las personas en sociedad, analiza minuciosamente sus modales, sus cosumbre, aprende de ellos como sentarte, como andar, como hablar, como sostener el bastón, que hacer con las manos, como poner los pies. (..). ¡Y actua en cosecuencia! (...)

 



 

Hoy todos seguimos esos preceptos pretendiendo no ser conscientes. Ser como los demás es la guia de comportamiento. Erradicar la individualidad a toda costa.

 

¡No te diferencies de los otros!...

 

Las carceles están llenas de personas que, a veces sin saberlo, no quieren renunciar al ser. Los buenos artistas suelen triunfar postumanete porque su individualidad ya no es amenazante y puede ser fagocitada por el sistema.

 

Y la mediocridad más escandalosa triunfa en vida precisamente porque es sumisa e inocua.

 

Pero en nuestro fuero interno todos sabemos que eso a lo que hemos renunciado era lo único importante. Que era nuestra única posibilidad de disfrutar y que la hemos sacrificado voluntariamente. Por miedo.

 

Intuimos que es irreversible y por eso nos apasiona tanto educar al que osa mostrar cualquier atisbo de rebeldia.

 


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La enfermedad sagrada

 

La epilepsia es una de las enfermedades más antigüas de la humanidad.

 



 

Los primeros testimonios que tenemos datan del antigüo egipto. En un viejo papiro se daba permiso a los amos para devolver a los esclavos si se descubría que estos sufrían de epilepsia.

 

Nesejet, Benu, Apasmara, Dian Xian, Choli nophel, nikpheh, hierä nousos, megalä nosos, herakleia nosos, nosos paidikon, nosos ais-chra, morbus insputatus, morbus detestabilis, morbus sonticus, morbus divinus, morbus deificus, morbus coelestis, morbus astralis, morbus sideratus, morbus lunaticus, morbus incantatus, morus magnus, morbus maior, morbus conviv, morbus caducus, morbus colvulsivus, morbus infantilis, divinatio a la epilepsia se la ha llamado también la enfermedad de los mil nombre.

 

Desde que el paradigma biológico triunfó en medicina y psiquiatria, la epilepsia se considera un trastorno cerebral. A pesar de que a menudo no puede encontrarse ninguna lesión. En este caso la medicina recurre a la fe y conjura su existencia amparándose en las limitaciones de la tecnología médica.

 

La epilepsia es una enfermedad fascinante. Durante un tiempo fue incluso considerada sagrada. Sagrada en el sentido de maldita. Y seguramente la espectacularidad del clásico ataque epiléptico (Grand-Mal) que todos tenemos en mente, fue en parte responsable de esta mistificación.

 

Todo aquel que haya tenido ocasión de presenciar un ataque epiléptico entenderá porqué,

 

"el rostro se altera horriblemente, sobre todo la mirada. Los espasmos y las convulsiones afectan a todo el cuerpo y a todos los rasgos faciales. Un alarido atroz, inimaginable, que no se asemeja a nada se escapa del pecho; diríase que con ese alarido desaparece de pronto todo lo que es humano, y a un observador le es imposible, o al menos muy difícil, imaginarse y reconocer que quién grita así es ese mismo hombre; más aún, se tiene la impresión de que quien grita es otro individuo que está dentro de ese hombre.” decía Dostojevski en el Idiota.

 

Dostojevski era epilético y aunque él siempre atribuyo el origen del trastorno al simulacro de ejecución que sufrió existen algunos documentos (cartas) que muestran que probablemente Dostojevski era epiléptico antes de este traumático episodio.

 

 

De lo que no cabe ninguna duda es de que nadie la ha narrado mejor.

 

"Hay momentos, no suelen ser más de cinco o seis segundos seguidos, en los cuales de pronto uno siente la presencia de la armonía eterna, la plenitud. No es algo terrenal; con ello no estoy diciendo que sea celestial, solo quiero decir que una persona terrenal no puede soportarlo. Tienes que transformarte físicamente o morir. Es un sentimiento diáfano e innegable. Como si uno sintiera toda la naturaleza, y de repente uno dice; si es correcto. Dios, cuando creó el mundo, en la tarde de la creación dijo; "Sí, es correcto, es bueno". No se trata de ser conmovido, es ... simplemente alegría. No hay nada que perdonar, pues ya que no queda nada que perdonar. ¡No puedes decir que amas, oh, es es algo más elevado que el amor! Lo más insoportable es que está terriblemente claro y es un placer. Si durase más de cinco segundos ... el alma no lo soportaría y tendría que perecer”.

 

Hoy la medicina tradicional ha sacrificado toda visión antropológica de los trastornos reduciendo las enfermedades a síntomas, síndromes y genes defectuosos.

 

Pero el hombre tiene una dimensión subjetiva y mística que, aunque se intente ignorar, siempre acaba manifestandose. Y Dostojevski era una persona profundamente espiritual. Temas recurrentes en su obra son la culpa, la expiación, la redención, el perdón, el sacrificio, el apocalipsis y la salvación. Temas existenciales que las religiones han utilizado para someter a sus fieles.

 

La epilepsia era para para Dostojevski una experiencia religiosa irreductible.

 

Y hoy los científicos están empeñados en reducir la religión a la ciencia, en invertir la fórmula “Y Dios creó al hombre”.

 

Y hace unos años lo encontraron, a Dios; en el interior del cerebro humano.

 

Concretamente en el lóbulo temporal, una zona clásicamente afectada por la epilepsia. Los neurocientíficos nos explicaron Dios y el sentimiento religioso como la ilusión provocada por la hiperexcitación de un grupo de neuronas situadas en esta región del cerebro.

 

Los científicos…. siempre desmitificando la vida.

 

Y Dostojevski desmitificando la ciencia...

 

de acuerdo, somos mentirosos, malos e injustos, lo sabemos y lloramos por ello, nos atormentamos, nos torturamos y nos castigamos a nosotros mismos (…). Sin embargo tenemos la ciencia y a través de ella volveremos a encontrar la verdad, pero esta vez la aceptaremos de una manera consciente. El conocimiento es superior al sentimiento, la conciencia de la vida es superior a la vida. La ciencia nos aportará sabiduría, la sabiduría nos revelará las leyes y el conocimiento de las leyes de la felicidad es superior a la felicidad misma”.

 

 


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Pildoras Positivas

 

Es un comprimido pequeño, blanco, ovalado, divisible.

 



 

No crea ni transforma; interpreta. Lo que era definitivo lo convierte en pasajero; lo que era inevitable lo vuelve contingente. Proporciona una nueva interpretación de la vida.; menos rica, más artificial, e impregnada de cierta rigidez. No procura ninguna forma de felicidad, ni siquiera un verdadero alivio, su acción es de otra índole: transformando la vida en una sucesión de formalidades, permite engañar. Por lo tanto, ayuda a los hombres a vivir, o al menos a no morir…, durante un tiempo.

 

La muerte, sin embargo, acaba imponiéndose, la armadura molecular se agrieta, el proceso de desintegración reanuda su curso. Sin duda es más rápido para quienes no han pertenecido nunca al mundo, los que nunca se han planteado vivir, ni amar, ni ser amados; para quienes siempre han sabido que la vida no estaba a su alcance. Estos, y son muchos, no tienen nada que lamentar, como suele decirse; mi caso es distinto.“

 

Serotonina. Michel Houellebecq

 

 

Decía Camus que el único problema filosófico relevante era el suicidio.

 



 

Juzgar si la vida vale o no vale la pena ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía.“

 

Aunque existe una pregunta anterior a esta y es si consideramos relevante hacernos preguntas filosóficas.

 

Y a juzgar por el papel que la filosofía va ocupando en la sociedad la respuesta es que No.

 

Una mente con tendencia a la paranoia podría incluso llegar a pensar que la sociedad estar estructurada alrededor del único objetvo de no plantearse esta pregunta.

 



 

No te platees si tu vida merece ser vivida. Es nuestro acuerdo social tácito.

 



 

Pues si lo haces puede que llegues a conclusiones incómodas. Incómodas para tí e incómodas también para la sociedad.

 

Pues la pregunta fundamental de la filosofia no es una pregunta que emerja de un lugar positivo.

 

Al contrario, es una pregunta que solo se plantea en negativo, cuando la respuesta empieza a tender al no.

 



 

Para que no caigamos en la tentación, la sociedad nos ofrece multitud de posibilidades: trabajar y progresar, ocuparnos en tareas más gratificantes como alargar la juventud y aunmentar la belleza, hacernos selfies...Las distracciones son la alternativa.

 



 

Si no nos basta con ellas también podemos recurrir a la anestesia. Y no vayamos a pensar que la serotonina es la única alternativa.

 

La psiquiatria y los camellos cuentan con una amplia gama de productos con diversos efectos:

 

 

. if you want to chill

 

Even if you want to be high

 

Whatever happens-take a pill

 



 

The first I take against depression

 

The socond is pure energy

 

The green one for my self agression“

 



 

...canta Ramstein.

 



 

Pues si nos ponemos a pensar entonces si que no hay consuelo. Antaño la religión nos consolaba con promesas posmortem. Hogaño que hemos trasladado nuestra fe a la ciencia que nos ofrece aun mejores alternativas. Por ejemplo la de no morir.

 



 

¿Y mientras tanto?

 

Aquí la ciencia se alza severa y prepotente, cual Dios del antiguo testamento y nos amonesta por nuestra impertinencia e ignorancia.

 



 

No debemos preguntarnos porqués ni paraqués. Estas son preguntas filosóficas, ligados a la creencia y la especulación.

 

Y la gran Ciencia no tiene tiempo para chuminadas.

 



 

Ella se ocupa del cómo. Y con eso debemos darnos por satisfechos.

 



 

Asi que ya sabes, no pienses y en caso de no poder evitarlo, hazlo siempre en positivo.

 



 

Si tienes cancer, piensa en positivo, si se te muere alguien cercano piensa en positivo, si eres tu el que va a morir; sigue pensando en positivo. Piensa en positivo siempre.

 



 

Piensa en positivo y en algún momento verás luz al final del tunel. (Seguramente será la luz de un tren que viene a estrellarse directamente contra ti).

 



 

Y si te acabas suicidando no será porque no te lo habían advertido.


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El impostor

 

Hace unos años, en una región de Alemania del este, un tal Gerd Postel fue descubierto en una farsa.

 

Simulaba ser psiquiatra y lo hacía tan bien que llegó a ser jefe en una clínica. Allí se codeaba con otros importantes psiquiatras y fue nombrado presidente de alguna asociación.

 

Su locuacidad (y desfachatez) era tal que llegó a inventarse diagnósticos (el trastorno tripolar) y a defenderlos ante sus secuaces sin que nadie se atreviese a contradecirlo. Al final le pillaron pero no porque cometiese un error ni por su mala práctica (parece ser que era bastante bueno) sino porque tuvo la mala suerte de ser reconocido -y delatado- por alguién de su pueblo.

 

Fue a la carcel y desde allí escribió un libro muy incómodo para la casta médica en el que explicaba con pelos y señales su procedere.

 

No les dejaba en muy buen lugar, a los psiquiatras. A juzgar por su relato hasta un cartero (esa era su profesión) podía ser psiquiatra. Bastaba con leer un par de libros, no demasiados, y tener un sentido común afilado.

 

Los psiquiatras se enfadaron mucho con el señor Postel e intentaron defenderse como pudieron, pero la cosa había quedado clara.

 

 

Gerd Postel era un impostor.

 

No le movían intereses materiales (no gastaba practicamente nada del buen dinero que ganaba) sino una pura necesidad de reconocimiento. La necesidad de ser alguién en el sentido más literal de la palabra.

 

No era la primera vez que impostaba.

 

Su vida era impostar.

Cuando no impostaba se sentía vacio pues carecía de sensación de identidad.

 

Todo el mundo necesita reconocimiento y Postel para obtenerlo fingía ser alguien.

 

Actuaba.

 

 

La impostura no es nada excepcional. Todos la conocemos pues la vida social requiere siempre ciertas dosis de impostura. Pero no todos tenemos la valentia, ni la necesidad imperante, de inventarnos una identidad.

 

Los impostores son tan buenos engañando justamente porque no tienen la sensación de ocultar nada. Mentir, esa cualidad tan humana, es un acto complejo, el cerebro tiene que desplegar una actividad intensa, el sistema suele saturarse y algunos "microgestos" nos delatan. Pero algunas personas han aprendido (necesitado) impostar desde niños y en lugar de una identidad han desarrollado una cualidad, la de engañar.

 

Capacidad que en contra de lo que tendemos a pensar es una de las más utiles para el hombre.

 

 

En su Fausto, Goethe hacía decir a Mefistófeles que él era parte de la parte que quiere hacer el mal y hace el bien. Algunas veces, como el Idiota de Dostojevski, es al contrario: queremos hacer el bien y hacemos el mal (es muy complicado hacer bien el bien). Y lo normal es que el bien y el mal nos la traigan floja y que busquemos nuestro interés. Y buscando su interés Gerd Postel hizo un bien, al demostrar que la propia psiquiatria tiene mucho de farsa.

 

Hay ámbitos que se prestan mejor que otros a la impostura. A un ingeniero o a un programador farsantes se les descubriría rápidamente. Además son ámbitos donde no compensa el esfuerzo pues al farsante lo que le importa es el reconocimiento social rápido.

 

Los (buenos) actores son farsantes, pero unos farsantes sinceros, no engañan a nadie, se dedican oficialmente a simular ser otros. A muchos les ocurre que entre personaje y personaje se deprimen, otros se funden con los personajes que interpretan.

 

Sin duda, donde más farsantes hay es en la política pues es el ámbito donde más reconocimiento se puede obtener -y más dificilmente te pueden pillar.

 

Es practicamente imposible descubrir a un farsante en la política, al contrario, alguien que no lo fuese no sería un buen político (esto da mucho que pensar).

 

También las redes sociales son lugares aptos para la impostura (sobre todo de la felicidad, el odio por el contrario suele ser auténtico, por eso los más odiantes suelen tener cubrirse con un avatar).

 

 

Y luego esta el Arte.

 

Desde que el arte se ha convertido en algo socialmente reconocido y deseable los farsantes se multiplican en este terreno. Y eso a pesar de que, en teoría, el arte es la expresión de lo más auténtico e individual de una persona.

 

Pero es precisamente aquí donde los farsantes, cuya inteligencia social, despojada de incómodas trabas morales, es superior a la de la media, han conseguido imponer sus reglas y criterios.

 

Y al primero que han eliminado es al artista, por intenso.

 

 

Pues los farsantes son siempre superficiales y aman la superficialidad.

 

 

Nos cuentan que lo figurativo ha pasado de moda y que ahora es la abstracción la que se lleva. No saben, en realidad que cosa será la abstracción, pero lo que si saben que es más fácil ocultar la Nada detrás de una supuesta abstracción.

Y que es especialmente dificil ser descubierto como impostor pintando rayas y garabatos.

 

El artista farsante no tiene nada que ofrecer. Pero es listo y se adapta al mercado. No le importa prostituirse porque no sacrifica nada. Ha inventado un discurso (superficial siempre) que le avala. En realidad el artista farsante considera que el público es ignorante y fácil de deslumbrar ya que, como Gerd Postel, lo comprueba sistematicamente.

 

Esta tranquilo porque sabe que no le van a descubrir.

 

El artista farsante ni siquiera intuye que es el arte. Pero sabe perfectamente como engañar al público.

 

Y en eso si es un artista.

 


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Lilith y Medeas modernas

 

Creo que siempre o casi siempre en la infancia la madre representa la locura. Nuestras madres siempre permanecen como las personas más locas y extrañas que jamás hemos conocido“ M. Duras

 

 

 

La maternidad es una de las experiencias más intensas y profundas que podemos experimentar
en nuestras vidas. Ser madre se asocia con sentimientos de amor incondicional, sacrificio y
entrega absoluta. En nuestra cultura cristiana, la virgen María es el icono que mejor representa
nuestra idea de madre.
Allí donde hay una madre no parece haber espacio para lo oscuro. Sin embargo, toda madre sabe (si ha profundizado en sus propios sentimientos) que el amor
no es el único sentimiento que un hijo despierta.
Los bebes demandan atención y cuidado constante, pues de llamar la atención hacía
sus necesidades depende su supervivencia. Esta demanda puede llegar a provocar
en la madre cansancio, hastio, rechazo e incluso odio….
Decía Wilde que es difícil no ser injusto con lo que se ama y efectivamente; el odio es parte
complementaria e inseparable del amor en todas las relaciones íntimas.
Hasta aquí todo normal...siempre que seamos conscientes de que el odio que sentimos no
significa que el bebe sea odiable o tenga malas intenciones sino que es resultado de
nuestra
frustración y agotamiento y cuando se nos pase volveremos a amarlo. Es decir que la
negatividad que experimentamos en ciertos momentos es pasajera y esta motivada por
nuestro cansancio.
Cuando el odio o el rechazo son sentimientos permanentes y constante o comenzamos a ver
al niño como malo deberiamos buscar ayuda urgente.

Las relaciones humanas son ambivalentes y la negación de esta ambivancia, el tabu, tiene consecuencias que pueden llegar a ser nefastas.

 

 

 

Cuestionar el amor materno es un tabu.

 

 

Los mitos y las parábolas eran metáforas que ayudaban a entender la realidad y a explicarnos nuestra naturaleza.

 

 

 

Una de las primeras madres malas fue Medea (Euripides 480-406 a.d. J.C), la mujer que mató a sus hijos para vengarse de su marido infiel.

 

 

 

En el folclore judio la ambivalencia de la mujer/madre era representada por Lilith, la primera pareja de Adan.

 

 

 

Lilith, era una mujer emancipada y desobediente. Se dice de ella que se negaba a aceptar la posición inferior en el acto sexual. Y Dios, que no acepta la desobediencia, condenó a Lilith a parir sin pausa niños demoniacos destinados a morir pronto. Desde entonces Lilith vaga entre nosotros como una sombra y se dedica a asesinar niños ajenos, amenazar a las parturientas y madres jovenes y a provocadorar al hombre.

 

 

 

En algunos cuentos y leyendas, por ejemplo en el cuento alemán „Rumpelstilzschen“, el espiritu de Lilith se aparece a la madre en forma de personaje extraño y amenazante que que quiere llevarse al bebe.

 

Hoy hemos eliminado estas figuras de la literatura en general censurado los cuentos en aras de una sociedad „políticamente correcta“. Preferimos contarles a nuestros hijos el mundo como „debería de ser“ que como realmente es. Creemos que les estamos protegiendo.

 

 

 

La madre mala no existe, al menos en nuestra fantasia. Eliminando la fantaia creemos estar influyendo en la realidad.

 

 

 

Y quizás por eso nos cuesta tanto asimilar los filicidios como el ocurrido hace unas semanas en Godella.

 

 

 

A juzgar por los relatos que circulan esta madre parecía sentirse amenazada por la sombra de Lilith. El miedo a que alguién -una secta en este caso- se llevara a sus hijos o les hiciera daño culminó en el asesinato. Esta madre no supo ni pudo reconocer que Lilith era una parte de ella. Una parte negada. Que el miedo eran suyo, pero la amenaza venía de ella misma.

 

.

 

La negación de la ambivalencia tiene conseciencias. Nos negamos a atribirle a la madre la responsabilidad. La justificamos. No solo los querían; se desvivían por ellos, los cuidaban, en palabras de una amiga de la joven de 27 años, como a dos angelitos de cornisa” se leía pocos días después en El Pais.

 

Nos aferramos a datos objetivos como que „iban limpios, el mayor estaba matriculado en el colegio, ambos acudían a clases de natación, jugaban en el parque con otros niños, estaban bien alimentados y no mostraban signos de maltrato“ para tranquilizar nuestras propias conciencias. Buscamos chivos expiatorios como las drogas o la locura.

 

 

 

(Pero imaginemos por un momento una justificación así en un asesinato de género „la mató porque la quería, iba bebido, tenía problemas psiquiatricos….“. Impensable, ¿no?)

 

 

 

No nos atrevemos a cuestionar a las madres pues su amor y su bondad es uno de las últimas seguridades que nos quedan. Preferimos pensar, que estamos ante casos excepcionales. Preferimos seguir contando cuentos de hadas a las embarazadas y perpetuar la mentira del amor materno inmaculado e incondicional y cerrando asi las posibilidades de expresar sentimientos que no deberiamos sentir hacia los hijos de modo que estos pueden crecer hasta explotar en una psicosis como le ocurrió a la madre de Godella.

 

 

 

Las psicosis post partales son de sobra conocidas. Son muy peligrosas, porque pueden llevar al filicidio. Esta psicosis son el resultado de la imposibilidad integrar y tolerar sentimientos inaceptables (por ejemplo saber que se debería amar al niño pero sentir rechazo o incluso miedo hacia él). Y es que la imposibilidad de lidiar con la ambivalencia puede culminar en la locura. La afectada (o afectado) proyecta sus sentimientos en una historia que, aunque bizarra, la libra de culpa.

 

 

 

Todo el mundo puede ser malo. Y las madres no son la excepción.

 

Pero nosotros preferiremos seguir buscando la culpa en otro lado poder seguir creyendo en nuestras virgenes.

 

Y por ello somos complices.

 

 


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Presentación libro

https://www.facebook.com/events/542000916209973/

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Entrevista con un científico

 

J.M. Mulet (Denia, 1973) es licenciado en química y doctor en bioquímica y biología molecular
por la universidad de Valencia. Actualmente es profesor de biotecnología en la Universidad
Politécnica de Valencia. También dirige el Máster en Biotecnología Molecular y Celular de
Plantas. Es autor de varios libros de divulgación científica,autor del blog Tomates con genes
y tuitero compulsivo (@jmmulet).
J.M. Mulet no solo escribe sobre alimentación, también se ha atrevido con temas como
la criminología o la medicina. En esta entrevista, me voy a centrar en su libro
“Medicina sin engaños. Todo lo que necesitas saber sobre los peligros de la
medicina alternativa.”
En este libro, interesante y bien documentado, y que ha llegado a 2 ediciones en papel
y 2 en bolsillo y ha sido editado también en catalán. J.M. Mulet nos ofrece,
desde la perspectiva de un científico, una visión crítica de lo que la OMC
(Organización médica colegial) se consideran pseudomedicinas.
Medicina sin engaños. ¿Qué te motivo a escribir sobre este tema? Es uno de los temas por los que más me preguntaban en el blog y que, cuando escribía,
más interés suscitaba. Al margen de conocer casos cercanos de víctimas de
estas prácticas.
Además tú querías ser médico ¿no? Sí. Hasta tres meses antes de matricularme en la universidad. Pero cambie de idea,
me di cuenta de que lo que de verdad me interesaba eran las bases moleculares,
la parte de investigación. No la medicina asistencial. Y no soy la persona más
empática del mundo.
¿Cómo defines medicina alternativa o pseudomedicina? Toda aquella que no tiene una evidencia sólida y demostrable que respalde sus
principios y técnicas.
¿Qué significa evidencia solida y demostrable? Haber superado en ensayos reproducibles y publicados una eficiencia
mayor que los controles (placebo).
¿Sería lo que se llama “medicina basada en la evidencia”? Eso mismo. La medicina basada en la evidencia se apoya en una metodología jerarquizada cuya cúspide
ocupan las revisiones o metaanálisis de los ensayos reproducibles y controlados.
A estos se les atribuye una validez mayor, ya que incluyen un amplio número de participantes
así como un grupo control, de modo que los resultados que arrojan se suponen generalizables.
En la base de la jerarquía están los ensayos de caso único y las opiniones de los expertos.
Mi pregunta sería. Esta metodología es más fácil de aplicar, cuanto menos complejo
(menos posibles variables) es el objeto de estudio. Es decir, hay ámbitos que se prestan
mejor a ser analizados con ensayos controlados (RCTs) que otros. Por ejemplo, es más
sencillo controlar el efecto de un medicamento que el de una terapia psicoanalítica
(a la que también dedicas un capítulo en tu libro) que incluye un proceso y multitud
de variables.
JM: El estudio de la psicología es muy reciente y se carece de las herramientas
que hay en otras ramas más establecidas, pero eso no quiere decir que no se
pueda abordar la psicología desde una perspectiva racional
Ya lo intentaron los conductistas en sus principios. Supongo que habría que adaptar la
metodología, por ejemplo dar más importancia a los estudios de caso único, cuyos resultados,
si bien menos generalizables, permiten captar aspectos que en un RCT (estudio controlado
aleatorizado) serían imposibles de captar.
El problema es que los casos únicos, como su nombre indica están sujetos a muchas
variables y es imposible hacer normas generales a partir de ellos.
Cierto, y el objetivo de la medicina basada en la evidencia es encontrar reglas generales para
poder hacer predicciones, ¿no es cierto?
Sí, pero no solo en medicina es una de las premisas del método científico, ser capaz de
establecer leyes que te sirvan para describir un comportamiento, y esto también se
puede aplicar a la psicología o a la psiquiatría.
Donde hay regularidades, hay ciencia, pero siendo el ser humano tan complejo, es atrevido
hacer predicciones ¿como tener en cuenta la infinidad de variables, además del factor
tiempo (proceso)?
No necesariamente, existen muchas disciplinas en la ciencia que se dedican
precisamente a estudiar las irregularidades y los procesos que no siguen un patrón
determinado. Por ejemplo, la mecánica cuántica, que se basa en probabilidades, o la
teoría cinética de gases, que es incapaz de predecir el comportamiento de una molécula
individual, o el estudio de procesos caóticos, incluso desde la filosofía se han hecho
aportaciones para el estudio de los procesos irregulares o caóticos, como la lógica
difusa. Que un comportamiento sea irregular no quiere decir que no sea estudiable
y que no se pueda entender y averiguar su origen.
Supongo que se trata de complementar la metodología, la metodología científica tienen límites
inherentes precisamente porque lo que busca son resultados generalizables, los estudios de
caso único tienen el problema de que no los son, pero de ambos métodos se puede extraer
conocimiento. También de las artes se puede extraer conocimiento; cuando leemos una novela
entramos en la mente del protagonista y podemos ponernos en su lugar y pensar “eso podría
haberme pasado a mi”. Musil decía que además del “sentido de la realidad” (lo que ha ocurrido)
existe también el sentido de la posibilidad (lo que podría haber ocurrido alternativamente).
¿Dirías que la ciencia no se interesa por las posibilidades (alternativas)?
Al contrario, la ciencia se interesa por todo. De hecho un único caso que no se ajuste
a una ley puede ser suficiente para destrozarlo. En ciencia las excepciones nunca
confirman la regla, sino que la destrozan. Por ejemplo, una estructura tan sólida como
la mecánica newtoniana empezó a ponerse en duda por ciertas observaciones sobre la
órbita de mercurio que no se ajustaban a ella, y ese fue el punto de partida de la
mecánica relativista de Einstein.
Perteneces a una asociación de pensamiento crítico ARP-SAPC (Alternativa racional a las
pseudociencias, Sociedad para el avance del Pensamiento crítico)
¿Cual es exactamente la función de esta organización? ARP es una organización que se dedica a
fomentar el pensamiento crítico y a denunciar la presencia de la superstición en la
Sociedad. Hace 30 años se dedicaban a denunciar a Jiménez del Oso y la presencia
de programes de ovnis y fantasmas en la tele pública y ahora estamos en contra de
la religión en las escuelas públicas y organismos oficiales de la homeopatía, entre
otras cosas.
¿Que, para tí, es el pensamiento crítico? Todo aquel que cuestiona las afirmaciones que no se respalden en alguna evidencia.
Creo que en estos tiempos, y viendo la actualidad política que tenemos y el poder de
las fake news, cada vez se hace más necesario.
Dices en tu libro que “el auge de la pseudomedicina no es más que un símbolo de la
opulencia de la civilización occidental y un efecto no deseado del éxito de la medicina”
Me parece una observación muy interesante y coincido en parte contigo. Creo que es cierto
que las personas nos acostumbramos rápidamente al statu quo y corremos el riesgo de
olvidar que si algunas enfermedades contagiosas ya no se dan es gracias a las vacunas.
O que la penicilina ha salvado vidas y lo sigue haciendo.
Pero el éxito de la medicina no puede explicar el rechazo que la medicina científica
(“pérfida medicina oficial”, dice alguien en tu libro) genera en ciertos sectores y personas,
¿a qué crees que se debe este rechazo?
Hay diferentes motivos, que también explico en el libro. a) Ideología.
Ahora mola ser alternativo y anti todo y las grandes empresas farmacéuticas entran
dentro del pack.
b) Una mala experiencia o haber sido víctima de un error médico o de una lista de
espera. c) Ignorancia de pensar que es tan válida una como la otra. Obviamente a veces
se confunde medicina con base científica o medicina basada en la evidencia, con
grandes empresas, y son dos cosas diferentes.
Aunque a veces difíciles de distinguir porque los intereses están muy entremezclados,
como bien dices en tu libro. En psiquiatría, por ejemplo, son las grades multinacionales
farmacéuticas, las que financian prácticamente toda la investigación y muchas veces las
que postulan las “verdades” científicas que van a llegar a la gente. Por ejemplo, la hipótesis
de la serotonina como causa de la depresión, que ahora está siendo fuertemente cuestionada.
Ya, pero si los ensayos no se reproducen, o se demuestra que son falsos, se desestima
esa evidencia.
Aunque hay trucos, como por ejemplo no publicar los estudios que no demuestran efectos,
así se puede demostrar una evidencia que a menudo no es tal…
Ya, el famoso sesgo de publicación que hace que soslo se publiquen los ensayos
con resultado positivo. Por suerte con iniciativas como all trials se les está poniendo
freno
Me preocupa menos la fase de investigación, donde la información es pública
y contrastable, que la fase de promoción, con los famosos congresos pagados por
laboratorios para que receten unos fármacos y no otros.
Te podría poner más ejemplos. Los condroprotectores a los que han hinchado a la gente
de más de 50 años, que están muy cuestionados, el ritalín que se utiliza para todo, etc...
pero a pesar de todo, si miras al panorama general, y como está la medicina ahora y
como estaba hace 50 años, creo que el avance y los resultados son innegables.
En este punto quisiera preguntarte, la asociación a favor del pensamiento crítico a la que
perteneces, ¿es critica también con la medicina científica o no lo consideráis necesario?
Si, criticamos todo lo que nos parezca que se opone al pensamiento crítico,
publicamos una revista e hicimos un dossier sobre medicinas y había algún artículo
crítico con lo que se supone que es medicina científica, pero no lo es.
Si pero entonces estaríamos hablando automáticamente de pseudomedicina y mi pregunta es
más bien, si criticáis los posibles engaños de la propia medicina científica. Por ponerte un
ejemplo que conozco de cerca, la inflacionaria prescripción de Ritalin -cuyo efecto sobre la
atención está más que probado en estudios controlados y aleatorizados- pero que tiene
graves efectos secundarios y cuyos efectos a largo plazo no están claros o las implicaciones
éticas de medicar a niños tan pequeños para que rindan y se estén quietos. ¿Sería este tema
objeto de crítica también de vuestra asociación?
Obviamente, lo es. Volviendo al tema del auge de la medicina pseudocientíficas, siempre que te refieres a sus
representantes los presentas como "amabilisimos". Pero es que en el ámbito de la medicina
oficial, algunos especialistas (por los motivos que sea) se han olvidado de que, además de con
órganos, están tratando siempre con personas. Tu mismo hablas en tu libro del efecto placebo,
que en medicina podríamos definir también como la parte irracional o no explicable
científicamente del proceso de curación.
El efecto placebo no sería tanto la parte irracional sino la que se debe a la propia
actitud del sujeto. No es tanto irracional como que no la acabamos de entender,
pero los últimos descubrimientos hablan de que puede tener una base molecular.
Claro, al final todo tiene que tener una base molecular, pero surge la pregunta de si el
comportamiento, en este caso el efecto placebo, es reducible a su base molecular.
Recientemente se ha descubierto que mutaciones en determinada enzima
hacen que una persona sea más o menos susceptible a sufrir el efecto
placebo, aunque este comportamiento es tan complejo que seguro que hay
muchas más variables.
Y ¿no te parece que en este sentido la medicina científica podría aprender de las
complementarias?
Por supuesto, y me han invitado a dar charlas en colegios de médicos y
facultades de medicina para hablar de temas como la comunicación médico-paciente
que es una asignatura pendiente por parte de muchos médicos. Aunque se hablas con
ellos te dirán que si tienen que atender a 40 pacientes por día con 3 minutos no están
para florituras.
Esperamos que un médico sea nuestro padre/madre o amigo, y no tiene por que serlo.
Imagina un oncólogo que empatizara con todos sus pacientes. Tendría que superar
20 o 30 muertes de amigos al año. Eso te destrozaría psicológicamente. Por experiencia,
cuanto más grave es el problema, más frío es el médico.
Aquí discrepo, pienso que si se pudiera cuantificar la eficacia que pierde la terapia por esa falta
de empatía y el porcentaje de contribución a que la gente opte por terapias alternativas se le
daría más importancia.
Puede ser que en este punto los médicos confundan el trato amable y empático con la
absorción de los problemas ajenos. Se puede ser empático sin tomarse los problemas de
forma personal. De hecho hay médicos empáticos, o sea que es posible. Pero estoy de
acuerdo en que hay que poner una barrera entre el dolor ajeno y el propio.
Y hay otro factor. Cuanto pagas en una consulta pública y en una privada. Es compañía
y atención...de pago. Si voy en un autobús urbano con un billete de un euro no me quejo
de la comodidad del asiento, si alquilo una limusina, igual sí.
Bueno, eso tampoco es exactamente así, lo que ocurre es que la medicina oficial la estamos
pagando indirectamente (a través de impuestos etc..).
Y suerte que tenemos que así sea, he vivido en Suiza, donde el sistema es privado,
y te aseguro que es más caro. Pero en general tanto la medicina pública como la
privada también es "oficial" en el sentido que está basada en evidencia.
Pero yo me pregunto una cosa; a alguien, que ha ido al psicoanalista o al osteópata y le
"ha funcionado" le puedes decir que este tipo de terapia no esta basada en la evidencia,
pero le va a dar igual, pues su evidencia personal es que le ha funcionado.
Ya, lo mismo que alguien que va a misa todos los domingos y también le funciona.
Puedes respetarlo como decisión personal, pero no promocionarlo como tratamiento
válido porque no lo es.
¿O quizás porque la metodología de la ciencia no es la adecuada o no alcanza a poder
comprobar según que teorías?
Lo de que la ciencia no alcanza a según que teorías es algo que los homeópatas
llevan 200 años diciendo. Obviamente la ciencia todavía no ha llegado a todo, pero
el razonamiento de que esta teoría no tiene base científica pero igual en algún
momento se descubre (y mientras yo cobro por ella) no deja de ser una falacia.
Mejor cuando encuentres la evidencia empiezas a aplicarla y no al revés.
Si actuase de ese modo la ciencia no podría avanzar, o lo haría de forma muy lenta,
muchos de los grandes descubrimientos se han hecho porque algunos investigadores se
han saltado la metodología o han cuestionado las verdades científicas de la época.
No se si conoces a Paul Feyerabend, el pone el ejemplo de Galileo, que, cuando formuló su
famosa teoría heliocéntrica no procedió de una manera científica -para su época- y fue
criticado, más duramente incluso que por la iglesia, por sus compañeros científicos, adscritos
a la física tradicional (que en esa época era la Aristotélica)
Eso ya lo dijo Kuhn en la estructura de las revoluciones científicas, y sin acabar
llegando a las rayadas de Feyerabend. Feyerabend conocía poco a Galileo. Lo que
hizo fue fijarse en la observación y la experimentación, y rompió un dogma, algo
propio de la ciencia.
Otro ejemplo más reciente -del que hablas en tu libro- es el de Semmelweis, que
descubrió que los motivos de la muerte por “la fiebre del parto” estaba provocado por
bacterias a causa de la falta de higiene de los médicos. Las
observaciones de Semmelweis
entraban en conflicto con la opinión médica establecida en su tiempo y sus ideas fueron
rechazadas.
Se cometen continuamente errores, solo tienes que ver la lista de artículos retirados.
Por suerte el método científico permite la autocorrección. Sin embargo, al final, lo que
puedes demostrar es lo que permanece. Supongo que sabrás la historia (no sé si cierta)
de los 100 físicos que firmaron una carta diciendo que las teorías de Einstein no tenían
sentido, y el contesto que bastaba con uno que las refutase.

 

 

No, no la conocía. 
Schopenhauer decía que «Toda verdad atraviesa tres fases: primero, es ridiculizada; segundo,
recibe violenta oposición; tercero, es aceptada como algo evidente». Y Kuhn decía también
que existe una gran resistencia a abandonar teorías establecidas.
La ciencia no es nada místico ni inamovible, es algo tan pedestre como un método,
nada más, una forma de abordar el estudio de la naturaleza. Cunado realizas una
afirmación rompedora te exigen mucho, pero si lo demuestras, la gente al final la admite.
Tenemos muchos ejemplos, desde el heliocentrismo, hasta la teoría neuronal de cajal.
¿Uno más entre otros, también válidos? ¿Cuáles son las alternativas? ¿La iluminación? ¿la inspiración? ¿La religión?
¿El dogmatismo? Al método científico le pasa como a la democracia, no será perfecto
y será mejorable, pero de momento es muchísimo mejor que las alternativas.
No hombre, los métodos de estudio cualitativo, la metodología fenomenológica, la
hermenéutica, la analogía, la metáfora, el arte
Podría ser que el método científico experimental (causa-efecto) no pueda explicarlo todo. Los estudios cualitativos y fenomenológicos pueden encuadrarse dentro del método
científico también. El ensayo y error es solo una de las técnicas. Hay muchas mas
(los estudios de cohorte por ejemplo). No es que no pueda abarcarlo todo, es que a
veces hay experimentos mal diseñados, y además está el problema de la subjetividad
del hombre, no del método científico.
La subjetividad y la imposibilidad de eliminarla podría ser el gran obstáculo de la ciencia,
que pretende objetividad,
¿que piensas al respecto? Pues que cada vez tenemos más herramientas, los estudios de triple ciego, los
métodos estadísticos, etc…
Y ya que hablas de subjetividad, podemos enlazar con un tema que tratas también en tu libro,
el de la irracionalidad. Dices en tu libro que “la gente dejó de ir a misa (..) pero siguió
manteniendo creencias irracionales”.
Sí. La Fiebre new age. Es un problema muy enquistado en algunos sectores
de la izquierda. Mi amigo Mauricio Scharz escribió un libro muy bueno sobre el tema.
A mi me gusta mucho una frase de John Gray (ciencias políticas) que dice:
“El conocimiento humano aumenta, pero la irracionalidad se mantiene intacta”.
¿Crees que el ser humano evoluciona hacia una naturaleza cada vez más racional? No. Siempre conservará el pensamiento mágico e irracional, pero tendrá más
tecnología cerca.
¿Y esto que significará? El hecho de que tengas un móvil y lo uses no quiere decir que sepas física ni
electrónica. Al contrario puede que antes leyeras el horóscopo en la prensa y
ahora on line. El pensamiento irracional es el mismo, pero te beneficias de los avances
debidos al pensamiento racional.
¿Y donde esta el beneficio en este caso? Tienes un móvil y acceso a internet, y puedes utilizar todas sus ventajas, pero eso
no quiere decir que renuncies al pensamiento irracional, sino que puedes alimentar
tu irracionalidad más rápido.
¿El avance es entonces la mayor velocidad? En este caso sí. Y por cierto, de todos los avances científicos que tienes a tu alrededor, ¿cuantos
le debes a disciplinas sin base científica?
Hablando de avances, Walter Benjamin tienen un pasaje en el que habla del progreso, y
lo describe como un ángel que va avanzando cada vez a más velocidad, sin poder detenerse
y que va dejando atrás una montana de ruinas. Y Robert Musil, que hablaba también sobre
el progreso, decía que “progreso es resbalar con una pierna hacia delante y otra hacia atrás”.
Pienso que de esta pierna trasera se habla poco, vendría a ser el lado oscuro del progreso.
En medicina por ejemplo, los llamados efectos no deseados de los medicamentos, la gente
dependiente de los fármacos, la sobremedicación..
¿No crees que este podría ser un factor
más, que contribuye a que las personas busquen soluciones en otros ámbitos?
No veo que el progreso sea una catástrofe. Al contrario ha hecho la vida mejor para la
mayoría.
¿Cómo era la psiquatría hace 100 años? Básicamente solo había internamientos y camisas de fuerza Cierto. Aunque igual ahora lo es de forma más sutil. No sé. Hay gente que un tratamiento con psicofármacos le va mal, ¿pero a cuanta
gente ayudan?
Ese es un tema muy complejo y me interesa mucho, junto con Roberto Calvo hemos publicado
un cómic dedicado al tema
Lo se ví la expo La cuestión es que la medicina científica todavía no tiene remedios eficaces para
muchísimos males y la gente busca ayuda en otros ámbitos,
¿no están en su derecho? El problema nunca está en las creencias personales de cada uno, que son uno de los
últimos reductos de libertad que quedan. El problema es decir que con quiropráctica
puedes tratar una hernia discal (o un cáncer, que también los hay) o tener un problema
psiquiátrico serio e ir a hacer una terapia que no supone ningún avance en tu estados
y que el problema acabe convirtiéndose en algo grave.
Están en su derecho pero,¿funcionan? Es como cuando ante una depresión uno se
refugia en el alcohol.
¿Deberíamos promocionarlo como terapia? Ahora se esta utilizando el THC, y las benzodiacepinas crean mucha dependencia y son
bastante nocivas para la salud ¿no crees?
Dependerá del caso y la dosis Como tú dices, hay que informar a la gente, para que en casos graves como el cáncer
sepan las opciones con las que cuentan y puedan elegir la mejor manera de sobrevivir.
Pero hay muchas enfermedades, dolores etc... y la osteopatía o el psicoanálisis se suelen
aplicar a otros problemas y parece que funciona. En todo caso, si hay gente que dice que
le funciona ¿por qué no creerles? Quizás no todo es medible y cuantificable, sobre todo
con una metodología tan concreta.
¿Y no escama un poco que la gente que hace psicoanálisis esté años y años? A pesar de que hoy en día lo que esta de moda es el “coach” y las terapias breves, estas
técnicas no son aplicables a todo. Hay texperiencias que dejan huellas muy profundas y
requieren procesos psicoterapéuticos largos. Y traumas que a pesar de a
ños de terapia no
pueden superarse ni sanarse. A veces simplemente hay que aprender a vivir con el dolor.
Por otra parte el psicoanálisis es fascinante. Hay gente que lo utiliza como quién va al gimnasio
a ejercitar su cuerpo. Yo hice 4 a
ños de psicoanálisis, y puedo decirte que, como la ciencia,
tampoco tiene nada de místico. Básicamente aprendí a reconocer conflictos y a enfrentarlos.
Desde entonces me va mejor. Supuso un gran cambio cualitativo en mi vida (lo cual no quita
que hayan sido los antibióticos los que me han salvado la vida alguna vez). En todo caso el
efecto de la terapia es difícil de cuantificar.
Ya. Pero como evalúas si alguien tiene un complejo de Edipo.... o lo tiene reprimido El complejo de Edipo forma parte de la historia del psicoanálisis, y la parte que dice que todo
niño está enamorado de la madre es bastante cierta. Pura supervivencia.
La pregunta vendría a ser: Lo no evaluable, ¿es menos cierto? Lo no evaluable es subjetivo ¿Y que hacemos con ello? Aquí ya entramos en el ámbito de la creencia y como tratamiento médico….. ¿Como estandarizas? Al final cada uno haría la terapia como le apeteciera. O como
sabes si alguien que ha estado 5 años psicoanalizándose no tiene un problema
médico subyacente?
Igual no hay que estandarizarlo todo. Hay temas que son mas subjetivos que otros,
cuanto más subjetivo, menos funcionan las terapias estandarizadas.
Ya. Pero para una terapia sin evidencia y no estandarizada ¿en que se diferencia
psicólogo y un coach, o alguien que hace terapias regresiva o rebirthing?
¿O terapeuta holístico? Idealmente porque has aprendido a pensar críticamente -gracias a libros como el tuyo- y
no te dejas engañar. Como tu dices en el libro: vas al medico y no te gusta lo que te dice,
pues vas a otro. En el fondo por muy estandarizada que este una terapia, el factor humano
siempre esta ahí. No hay garantías definitivas.
Una de las críticas que hacen los psicólogos más racionalistas es que si utilizas
métodos subjetivos abres la puerta a gente que hace rebirthing, constelaciones
familiares, etc.
Igual lo que esta sobreestimado es la razón Bueno. Yo a la razón le tengo cariño. No me cambiaría por una mosca o un tigre.
Al final la irracionalidad es la fuente de todo lo peor del género humano, la violencia,
el fanatismo, el racismo…

 

 

En esto también discrepo, pero si profundizamos aquí no nos publican la entrevista!. Queda pendiente.

 

Como neuropsicóloga si que te diría una cosa y es que en realidad la parte del cerebro que se encarga de la razón es la menos importante, casi todas las decisiones se toman sin ayuda de nuestra conciencia, sobre todo las importantes (de supervivencia).

 

Alguna gente no busca evidencias científicas sino calor humano, comprensión, empatía,
acompañamiento en sus procesos….
Para dar eso no es necesario que estudies psicología O quizás esto tendría que formar parte de las carreras (tu mismo das charlas sobre esto) En medicina no vendría mal que se estudiara más comunicación y algo de psicología,
pero en una ingeniería o en una carrera de ciencias o técnica que no vas a tener que
tratar con gente, no acabo de verlo.
Tengo una amiga ingeniera que me contó una vez que en su empresa (alemana) ofrecían
de vez en cuando Workshops sobre diferentes temas y una vez ofrecieron uno sobre
comunicación (en concreto small talk). Todos se apuntaron, me hizo gracia.
Volviendo al tema, igual lo que hay que hacer es informar aunque apelar a la racionalidad
tienen limites, pues habrá gente que no le interesen las evidencias científicas.
El tema de la comunicación siempre es complicado, pero ¿en serio crees que hay
gente que no le interesan las evidencias? Puede decirlo o actuar de esa manera, pero
al final nadie renuncia al móvil, y en la mayoría de casos, cuando están muy, muy mal,
prefieren ir al médico que al curandero. Hay excepciones, obviamente, pero la mayoría
acaba prefiriendo la terapia oficial, no por que crea en la razón, simplemente porque
funciona.
Cierto, aunque precisamente yo no tengo móvil y creo que las ventajas de esto están
muy subestimadas.
Más que una entrevista ha sido una charla/debate muy interesante, con puntos
de vista a veces contrapuestos. Espero que sea interesante para los lectores.
Solo les digo, que si tiene algún problema, acudan a un médico o psicólogo, pero
de verdad, huyan de alguien que se anuncie como terapeuta o sanador. Si se han
quedado con ganas de más, les recomiendo “Medicina sin engaños” donde hablo
de todos estos temas.
Muchísimas gracias por la interesante charla JM. Han quedado muchos temas en el aire
y espero volver a tener la oportunidad de charlar contigo. Igual podemos
hacerlo en persona en el mercado de Denia…. degustando unos tomates ecológicos ;-)
O un batido de soja transgénica.

 

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Proposito de año nuevo

"Y apareció gente que empezó a idear maneras de juntar a los hombres de nuevo, para que cada individuo, sin dejar de apreciarse a sí mismo más que a los demás, no pudiera frustrar a ningún otro, y para que todos pudieran vivir en armonia. Y se libraron guerras en nombre de semajante idea. Todas las partes beligerantes coincidían en creer que la ciencia, la sabiduría y el instinto de conservación acabarían por obligar a los hombres a unirse en una sociedad racional y armoniosa, así que, a fin de acelerar el proceso intermedio, "los sabios" se propusieron destruir con la máxima premura a "los ignorantes" y a quienes no supieran entender su idea, para que no obstacularizaran el triunfo de esta" F. Dostoievski

 

 

Etimologicamente una utopía es un no-lugar. El ser humano tiene la tendencia a vivir con un pie en alguna de ellas y otro en la realidad. A veces incluso con los dos en la utopía.

 

Tan importantes son para nosotros las utopías que llegamos a considerar la capacidad de soñarlas como nuestro más preciado atributo.

 

Nos gusta vernos como optimistas-utopistas.

 

¿Cómo no aspirar a una sociedad perfectamente armónica en la que las mujeres estén en los puestos de poder, los catalanes no tengan que ser españoles y los votantes de derechas puedan montar sin ser molestados sus belenes e ir a ver los toros?

 

Sería poco menos que capitular. ¿Y quién esta dispuesto a capitular?

 

Aquel que se niega a soñar con mundos mejores es considerado pesimista, derrotista y aguafiesta. Pareciera que al abandonar el pensamiento utópico nos situaríamos directamente a las puertas del infierno de Dante.

 

Y sin embargo, es de sobra conocido que muchos de los desastres históricos han sido consecuencia directa de sueños positivos y redentores (y contagiosos) o dicho de otro modo: "el infierno esta lleno de buenas intenciones".

 

Y es que en el mismo momento que comienza a fraguarse una utopía aparecen los "ignorantes" a los que tenemos que combatir o convencer, dependiendo de la prisa que tengamos por llegar al final y de los recursos con los que contemos.

 

Condenados a la utopía, por miedo a la desesperanza. Ese parece ser nuestro sino.

 

Pero la verdadera utopía, como decía Melville "no estan en ningún mapa. Los verdaderos lugares nunca lo están" o como dijo Ignatius poco antes de disolver la suya: Moderdonia es (siempre lo fue) un estado mental.

 

Aceptémoslo. Ni tenemos, a pesar de nuestros apendices tecnológicos, la capacidad mental para diseñar un mundo que contemple la inconmensurable complejidad humana ni somos lo suficientemente honestos como para aceptar nuestras miserias como propias y dejar de proyectarlas fuera.

 

Y como -al contrario que las utopías- los finales no se eligen, me veo terminando con mi cita favorita:

 

 

"Arreglate tú (y deja de dar lecciones), es lo mejor que puedes hacer por el mundo".

 

La frase es de Kierkegaard, el paréntesis mio.

 

Lo propongo como único propósito para el 2019.

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El astronauta

 

"El raciocinio es un cólico de las circunvoluciones cerebrales. Debilita el gran pasado y lo reduce a liberalismo" R. Musil

 


 

"El racionalismo nos empuja a creer que todo lo que se concibe puede hacerse realidad. Pero existe una perversión racionalista en la política contemporanea consistente en el decidido empeño por entender y moldear a las personas y las sociedades sobre la base de unas teorías inadecuadas y excesivamente simplificadas de la conducta humana. (...) El racionalismo es una forma de utopismo" Kirkpatrick

 


 

Los occidentales estamos muy orgullosos de nuestra razón.

 


 

Hemos llenado tomos y tomos de filosofía conjurándola como única herramienta para mejorar nuestras vidas (y el mundo entero). Confiamos en ella en la misma medida en la que desconfiamos de nuestros sentimientos e instintos.

 


 

La gente acude a terapia sospechando que no sienten como deberían sentir.

 

Sienten demasiado y sentir menos, creen, es lo que necesitarían para estar más satisfechos.

 


 

Sin embargo los artistas siempre intuyeron algo que recientemente los neurocientíficos, que siempre van algo retrasados, están corroborando: que el pensamiento lógico, racional y consciente está subordinado a la emoción, a la lógica del sentimiento.

 


 

Sentimientos e instintos son filogenéticamente (evolutivamente) anteriores al pensamiento racional y mucho más necesarios y eficaces a la hora de garantizar nuestra supervivencia.

 

Nuestro cerebro esta organizado de una forma jerárquica y para que el lóbulo frontal, el que alberga las cualidades más típicamente humanas, pueda dar las últimas pinceladas necesita que las bases, aquellas regiones evolutivamente más antigüas, se encargen de lo sustancial.

 

Estas regiones menos racionales del cerebro trabajan a la sombra de la conciencia y suelen presentarle al lobulo frontal el trabajo practicamente terminado para que este dé el visto bueno.

 

Pero la corteza frontal, que es arrogante como todos los jóvenes, ningunea a sus sobordinados actuando como si todo dependiese de él.

 


 

Esta arrogancia se debe entre otras cosas a su monopolio sobre la conciencia.

 


 

En todo caso, si dejasemos las decisiones importantes en manos del lóbulo frontal, (lento, inefectivo y con una capacidad de procesamiento de la información limitado) nuestra especie se habría extinguido hace años.

 


 

Por eso, cuando estamos en situación de peligro real, las bases del cerebro ignoran al "ejecutivo central" y reaccionan a sus espaldas: si me quemo mi mano se retirará antes de que yo lo decida.

 

Por si esto fuera poco hemos limitado aun más la capacidad de la razón imponiéndole una lógica científica y binaria. Por contra, el método de las emociones es más abierto.

 

 

La conciencia de que existe esta dualidad en la forma de trabajar de nuestro cerebro se remonta a los antigüos griegos pero uno de los primero en estudiarlo sistemáticamente fue Freud. Freud se percató de que existía algo así como un inconsciente que actuaba y sentía con independencia de nuestros buenos propósito. Además, Freud se dió cuenta rápidamente de que la tecnología de la época estaba lejos de poder permitir una comprobación científica de sus teorias.

 

 

 

La ciencia es maravillosa, pero va demasiado lenta, decía Rimbaud y Freud decidió continuar con sus investigaciones. Entre las muchas cosas que se le han reprochado a Freud es esta la más persistente; que sus teorías no se podían comprobar científicamente.

 

 

 

Pero Freud era obstinado y le movia un interés genuino por sus investigaciones. Lejos de abandonar termino inventando una nueva metodología con la que acceder a la mente a través del lenguaje, la introspección y los sueños.

 

 

 

Esta metodología sigue siendo la base de todas las terapias actuales.

 

 

 

Se dice que el arte termina donde comienza el análisis. Pero sin arte no hay análisis- al menos en lo que respecta al ser humano.

 

 

 

Y medicina y psicología no son ciencias sino artes. Artes basadas en la ciencia, pues solo a través del arte es posible cohesionar lo abstracto y general del conocimiento científico con las observaciones particulares.

 

 

 

Pretender convertir las ciencias humanas en ciencias naturales, sería como intentar reducir el conocimiento a aquello que puede ser comprobado; un trastorno obsesivo compulsivo colectivo.

 

 

 

La historia de la psicología conoce esas tentativas, hacia los años 50 los conductistas intentaron reducir el ser humano a su conducta observable, medible y cuantificable: la banalidad de sus resultados les obligó a ampliar de nuevo su objeto de estuio.

 

 

 

Recientemente nuestro ministro de ciencia lo volvió a intentar.

 

 

 

Martin Buber, filósofo alemán decía que confrontados con el misterio humano algunos optaban por hacerse astronautas y dedicarse a estudiar las estrellas, más lejanas pero más simples.

 

 

 

Lo que no se imaginaba es que un día un astronauta volvería de los cielos y se dedicaría a legislar aplicando los conocimientos adquiridos en el universo a los asuntos humanos.

 

 

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El teléfono

Berlín 2018, 7:30 de la mañana.

 

Un grupo de adolescentes turcos rompen el silencio que suele reinar en el transporte público de esta ciudad mientras el resto de pasajeros dormitan renunciando (excepcionalmente) a reclamar ese silencio que tanto aprecian.

 

Una escena cotidianasi no fuese por un detalle algo espeluznante: los chicos no están hablando entre ellos. Conversan con otros adolescentes que, en algún lugar de la ciudad hacen idem de idem.

 

La tecnología ha anulado las distancias y las mentes impresionables de estos adolescentes confian en que sus arbitrarios interlocutores les ayuden a nivelar sus frágiles autoestimas haciéndoles parecer más interesantes. Y es que aunque no lo parezca estos chicos están hablando entre ellos, aunque el mensaje sea un metamensaje que dice: no os necesito.

 



 

Y como el interlocutor es intercambiable el medio poco a poco se va conviertiendo en el fin.

 



 

"...el teléfono se volvió el consuelo de la soledad en que habitaban, como también a los desesperados que querían dejar el sucio mundo les mostraba la luz donde brillaba todavía la última esperanza"

 



 

Decía Walter Benjamin y hoy hay algunos que piensan que efectivamente el teléfono ha acabado con la soledad. Que gracias a la tecnología ya no hay obstaculos para la comunicación.

 



 

Pero aunque nos empeñemos en no verlas, las barreras siguen ahí, solo que ahora no están en la distancia sino en la cercania.

 



 

Las barreras modernas aparecen en la intimidad.

 



 

Y lo cierto es que ninguno de los aparatos que hemos inventado ha conseguido reducir la soledad sino más bien al contrario; nunca en la historia de la humanidad había habido tanta gente viviendo (y muriendo) completamente sola.

 

Decía Oskar Wilde que todos nuestros intentos bienintencionados de remediar los males no solo son en vano sino que acaban formando parte constitucional de estos. Y aportando nuevos problemas, pues en el fondo nada cambia, solo se complica.

 



 

Y es esta complicación el mayor logro de la tecnología.

 



 

Pero nuestra tecnología es tan refinada que no solo complica la comunicación sino que consigue que lleguemos a pensar lo contrario; que la facilita, que la hace posible, que es gracias a ella que podemos comunicarnos. Con los que no están, se sobrentiende aunque...¿no es la propia tecnología la que ha llevado a que no estén?

 

Y... ¿que pasa cuando están?

 

Según John Gray el criterio con el que medimos el progreso ha dejado de ser moral pasando a ser meramente físico. Y hemos terminado creyendo que progreso, complejidad y mejora son poco menos que sinónimos.

 

 

Pero que esto no es así, que complejidad y optimización no van necesariamente unidos, nos lo muestran los autistas. Los cerebros de los niños autistas se caracterizan por una mayor complejidad en el cableado sináptico. Esto les dota de una mayor capacidad perceptiva cuyo resultado no es eficiencia sino por el contrario: abrumación y parálisis. Sobre todo en el ámbito de las relaciones humanas.

 

También en las sociedades encontramos abrumación y parálisis (en las relaciones humanas), en una directamente proporcional al grado de tecnologización. Pues la tecnología no deja de progresar y nosotros nos vemos abocados a hacer uso de ella, menos por necesidad que porque esta ahí, porque podemos.

 

El medio se ha convertido en el fin y paradojicamente, a medida que aumentan las posibilidades (y salvando excepciones) disminuye nuestra libertad.

 

 

Pues la libertad siempre ha sido, y hoy más que nunca, la libertad de decir que no.

 

No a nuestros instintos, a nuestros impulsos, a nuestros opresores.

 

 

Pero cada vez son más los estímulos a los que habría que oponerse y ya estamos cansados de rsistencia.

 

Nos hemos rendido a la tecnología depositando en ella nuestra fe y responsabilidad, y hemos acabado cuestionando la libertad humana, inaugurando así uno de los debates más absurdos de la historia de las neurociencias. El legendario, aunque ya muy detractado experimento de Libet, vino a concluir que gracias a la tecnología, que permitió hacer las mediciones oportunas, hoy sabemos que la libertad, el libre albedrio, es una ilusión de nuestro cerebro.

 

Que es el cerebro, y no nosotros, el que decide cuando movemos el dedo (variable con la que se mide la libertad en este experimento).

 

 

Hubiese habido una forma muy sencilla de demostrar lo absurdo de la premisa de Libet: negarse a mover el dedo. Decir que no. Pero como esto no se le ocurrió a ninguno de los (obedientes) participantes los científicos sacaron sus conclusiones (las conclusiones de los cientificos se basan siempre en hechos).

 

 

El hombre ya no es libre, ya no es ese animal que dice no. Ahora dice si. Si a la tecnología.

 

 

Y esta aquiescencia ha materializado una de las peores pesadillas de los conspiranoicos. La del chip en el cerebro.

 

Y no iban mal encaminados pero no advirtieron dos cosas. La primera que el chip no iba a estar en el cerebro sino en la mano y la segunda: que lo ibamos a recibir con entusiasmo.

 



 

Los smartphones son hoy por hoy un anexo de nuestro cerebro, para algunos el más importante.

 

El que si lo vio venir, ya hacia mil novecientos, fue W. Benajmin, "padecía impotente que esa voz me quitara por completo la consciencia del tiempo, del deber y de mis propósitos, anulando mi capacidad de reflexión; y, al igual que un médium sigue al punto la voz que va adueñándose de él desde afuera, me entregaba sin resistencia alguna a la primera proposición que me llegaba través del teléfono". (Infancia en Berlín hacía mil novecientos, W. Benjamin)

 

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Entrevista a Magma Comedy

 

«Todas las familias felices se parecen, cada familia infeliz lo es a su manera». Decía Tolstoi.

En la intimidad de la consulta, donde la gente se desnuda y se atreve a hablar de sentimientos 
que cree que no debería tener, he llegado a pensar que lo contrario es cierto.
Que es el dolor el que es universal y la felicidad una singularidad, personal e
intransferible y fruto de un trabajo duro y constante.
La conciencia de nuestra finitud (la muerte), la falta de sentido intrínseco de la vida,
la soledad (nuestra relación con el Otro), la condena a elegir (la libertad) unida a la posibilidad
de equivocarnos irrevocablemente (la culpa) son nuestros demonios universales.
Pero como no esta bien visto quejarse, y menos de cosas que no tienen remedio, para hablar
de estos temas tenemos que echar mano de subterfugios o, en el peor de los casos, acudir a
especialistas y ser clasificados en alguna categoría patológica que avale nuestras quejas.
Sin embargo y aunque la ciencia intente esconder el dolor detrás de diagnósticos asépticos,
como decía Kadmon, “el único tema digno, lo único que importa tras centenares de
aseveraciones, grandes revelaciones comentarios de charlatanes y discursos motivados
por el ansia de reconocimiento;

es el actual estado de la humanidad en la lucha contra el Dolor”
Hay personas que han conocido el sufrimiento a edades demasiado tempranas.
Estas personas son más susceptibles de desarrollar problemas en el futuro.
Existen ya suficientes estudios prospectivos y retrospectivos (www.acestudy.com)
que relaciona el estrés (sufrimiento), con todo tipo de diagnósticos psiquiátricos e incluso
con enfermedades físicas. No siempre se trata de abuso ni de maltrato, a menudo, los traumas
son más sutiles. Por ejemplo, el simple hecho de tener un padre o una madre depresivos
puede tener un efecto devastador en la personalidad del hijo.
Ya decía Aute que “las cicatrices no ayudan a andar”, aunque otro poeta nos advertía que,
allí donde está el dolor surge también el remedio.

Julián Martínez (psicólogo y educador social), Estefanía Torres (docente) y José Antonio Martínez, (psicólogo) son los tres ilicitanos fundadores de Magma Comedy, una iniciativa que ha desarrollado una técnica, posiblemente más efectiva y con seguridad más saludable que el Prozac en esta lucha.

 

Magma Comedy apuesta por el humor como herramienta terapéutica.

 

EL proyecto surgió hace cuatro años y medio y desde entonces se aplica en el CAMPEC (Centro acogida de Menores de Proteccion Especializada en Problemas de Conducta) de la FUNDACIÓN ANTONIO MORENO DEL GRUPO EL CASTILLO. Es un proyecto de centro aprobado por conselleria de Igualdad y políticas inclusivas. En el curso 2016/17 fue impartido por Estefanía en el aula PFCB (Programa formativo de cualificación básica) y se incluyó dentro de la programación didáctica del área de lengua del JOANOT MARTORELL DE ELCHE. Pertenece al plan curricular aprobado por la consellería de Educación .

 

 

Magma Comedy, encantada de hablar con vosotros. Nietzsche decía que la risa es el mejor antídoto contra el espiritu de la pesadez.

 

¿Como describiríais vosotros vuestro método?

MC: Se trata de una técnica cognitiva que favorece la introspección, la expresión verbal y
escrita, y la comprensión verbal y lectora, exige la síntesis de lo expresado y trabaja los
conceptos y social pues se trabaja preferiblemente en grupo, hace tomar consciencia de
los elementos clásicos de la comunicación y moldea, modela y refuerza los componentes
no verbales de la comunicación necesarios para llegar a nuestro interlocutor, sea público
o grupo de iguales.
Siempre debe ser integrada dentro del marco de un tratamiento psicológico y se ha revelado
de gran utilidad para hacer aflorar y afrontar los conflictos personales e interpersonales.
De momento beneficiados por la intervención de este proyecto, son los menores en riesgo de
exclusión social con los que trabajamos, que además pueden presentar trastornos mentales
o de la conducta.
Se plantea como un taller para aprender a escribir comedia, para luego realizar un guión que
será interpretado por cualquiera de los usuarios, no necesariamnte los mismos que lo escriben,
utilizando como base tanto temas personales como generales. Se trabajan áreas de la lengua
como la lectoescritura o la búsqueda de vocabulario y sinónimos. Los chavales aprenden a
dominar recursos literarios e interpretativos que requiere el stand Up Comedy (verbales,
no verbales y paralingüísticos). Además, fomenta la capacidad de trabajar en equipo, favorece
la atención a la diversidad y desarrolla la capacidad comunicativa.
A nivel intrapsíquico favorece y potencia la capacidad de introspección y la empatía,
así como la motivación tanto intrinseca como extínseca al dirigir la atención desde uno
mismo hacia el mundo que nos rodea y del que nos rodeamos.
Hechos los guiones, los chavales tienen la posibilidad, de actuar, hay cuatro eventos con el
centro (Navidad, semana cultural, una actuación en un geriátrico asociado y el fin de curso)
además tres eventos con Magma Comedy. Al principio había algo de reticencia, en el primer
taller, de 18 actuo uno, la última vez ya fueron 13 de 18.
El fin último del taller no es la actuación, sino aplicar la comedia a la vida cotidiana
conociendo los recursos más sencillos de escritura.
Podría considerarse como una forma de herramienta terapéutica narrativa a la que
se ha incorporado el elemento humor ¿Qué es lo que la hace efectiva?
MC: La comedia por sí sola no “cura” ningún trastorno, es la terapia con el humor
como hilo conductor la que la hace efectiva siempre dentro de un marco del tratamiento
psicopedagógico más amplio en que se da, en función de las características individuales
de los participantes.

 

 

El mayor enemigo de la risa es la emoción, decía Bergson: ¿Veis un peligro en que el humor, 
y no la terapia, acabe siendo el elemento central?
MC: En ningún caso, puesto que una parte del tratamiento no puede sustituir al tratamiento
completo.
Por otro lado, el terapeuta que coordina el tratamiento junto a quien trabaje la comedioterapia
valorarán en cada caso si la comedia está aportando algo al tratamiento o si dado el caso
se está observando poca o ninguna aportación más allá del humor y si esto es beneficioso
o no para el caso en que se de.
Si puedes reirte de tu problema, lo puedes superar….el monólogo como terapia, ¿de que manera el humor puede ayudar a superar los traumas? MC: Reírte de un conflicto personal implica necesariamente cierto grado de
desafectación emocional, esto es una oportunidad que permite a su vez una visión más
objetiva de la problemática. Este es un componente necesario, pero no suficiente para esa
superación, como hemos dicho anteriormente, es preciso un tratamiento más amplio en el que
el terapeuta puede aprovechar esas oportunidades para que el paciente adquiera una mejor
comprensión del problema. El humor ofrece esa visión menos distante emocionalmente al
problema, puede aportar más a nivel cognitivo, por ejemplo en la capacidad de síntesis o
haciendo patente que hay otras posibilidades aportando flexibilidad.
¿El tema del monólogo tiene que ser siempre autobiográfico? MC: No, pero sí ofrece la visión personal del mundo que cada uno tiene, más bien es
autoficcionado (intercala autobiografía con ficción).
¿Entendeis la terapia como proceso con principio y fin? ¿Cuando acaba la terapia? MC: En términos generales, en el tratamiento psicopedagógico sí entendemos una terapia
como un proceso con principio y buscando el final: la mejoría clínica, el alta terapéutica.
Concretando, en el caso de la comediaterapia, el fin último es ofrecer a la persona una
herramienta que pueda aplicar a la vida cotidiana para afrontarla de forma más asertiva,
como por ejemplo las técnicas de relajación en los trastornos de ansiedad. Buscamos
que la persona pueda seguir utilizándola para siempre en su día a día. No es el objetivo subir
al escernario para interpretar el monólogo, el objetivo es usarlo en la vida cotidiana.
Tratáis con chavales que han sufrido experiencias extremas ¿habeís llegado a pensar
que hay traumas que no pueden superarse?
MC: Al igual que hay fracturas que no sueldan, hay traumas que no se pueden superar,
pero podemos dotar a la persona de herramientas que mejoren su calidad de vida.
Tampoco somos de meter el dedo en la llaga si no es necesario.
Hoy en día la psiquiatria de vanguardia considera que los trastornos psiquiátricos,
con los que vosotros trabajais, están causados por una predisposición genética o
un desequilibrio bioquímico.

 

 

¿Estáis de acuerdo con esto?

MC: Creemos que estos trastornos tienen origen multifactorial. El modelo psiquiátrico es el 
denominado diátesis – estrés. Vulnerabilidad (factores genéticos) y estrés
(factores ambientales). En el que cada factor tiene un peso: A mayor peso en factores de
vulnerabilidad menor peso es necesario en los factores ambientales para que un trastorno
haga su aparición.
¿Tiene límites la terapia? ¿Hay lugares dónde no llega? MC:Tiene límites y limitaciones, los que pone el entorno y la propia terapia e interacción con
la persona y los límtes del paciente.
Hay varias muchas formas de afrontar las experiencias adversas, los traumas, hay gente que
no habla de ellos, pero también otros que aprovechan cualquier ocasión para hablar de ellos.
Una de las estrategias de la gente con traumas graves puede ser también quitarles importancia,
con cinismo o incluso humor. No se si conoceis a la youtuber “soy una pringada”.
Es un buen ejemplo mediático, es una de mis youtuber favoritas, me parece muy auténtica y
directa y bastante consciente de sus traumas. Pero en estos casos a veces me pregunto, si la
distancia que da el humor no puede contribuir a frenar el proceso terapéutico, es decir que el
propio humor fomente la
disociación entre el relato y la vivencia emocional, frenando el proceso
y manteniendo la sintomatología ¿Cómo se evita esto?
MC: Enmarcando el humor o la comediaterapia, dentro de un marco psioterapéutico más
amplio, es preciso desgranar en una terapia completa cada aspecto de esa vivencia. Siempre
hay un trabajo previo a la inclusión en el grupo de comedia donde se encuadra cada caso y
si es conveniente intervenir primero, por ejemplo, con una exposición que, al ser necesario
cierto grado de ansiedad, para su efectividad. Luego a determinado nivel de ansiedad valorar
la inclusión en el grupo. En este mismo ejemplo el uso de benciodiazepinas se debe
sincronizar si se va aplicar una técnica como la exposición.
¿Hay límites del humor (como herramienta terapéutica), por ejemplo gente con problemas o
diagnósticos con los que a priori vuestro enfoque no sea aplicable?
MC: Sí, en caso de déficits cognitivos graves, con daño cerebral sobrevenido con secuelas
graves, en general con perfiles con grave afectación de la funcion cognitiva y a nivel
comprensivo y expresivo.
¿Podeís contar algún caso que os haya sorprendido especialmente? MC: Hemos vivido como una adolescente a través de la comedia ha podido explicar de
manera cómica y entendible para sus compañeros, los síntomas del Síndrome de la Tourette,
algo que por sus manifestaciones físicas utilizaban con motivo de burla. Gracias a esto
, sus compañeros comenzaron a tratarla con más respeto porque lograron comprender qué
le pasaba y para ella fue liberador.
Otra menor, paso año y medio en terapia sin poder hablar de los abusos sexuales que había
sufrido, escribiendo para un monólogo utilizó la ironía para hacer referencia a estos hechos.
Desde ese momento, se pudo ahondar en la terapia, auque en este caso no se llegó a plasmar
en el guión y ni mucho menos se interpretó en un escenario. Por esta razón tiene que haber un
terapéuta profesional que haga una criba de lo que se puede o no se puede contar en público,
ya que este tipo de relatos, podrían no ser beneficiosas para el paciente si los contara
abiertamente siendo una adolescente. Pero sí fue el primer paso para tirar del hilo y tratarlo
en terapia individual.
O aquella adolescente de origen rumano, que utilizaba el humor para mostrar las dificultades y
diferencias que encontró cuando llegó a España. Junto con ella un chico de etnia gitana y un
chico musulmán, explican en tono humorístico el punto de vista sobre los tópicos culturales
de cada uno.
En general, se trata de hacer ver a uno mismo y a los demás que el humor hace más llevaderas
las dificultades.
¿Ha habido alguna crítica a vuestro modo de hacer terapia? Me interesaría por ejemplo que
dicen los familiares.
MC: No hemos recibido ninguna queja ni de los familiares, las entidades o la propia conselleria,
más allá de algún comentario por algún tema más “polémico” en algún texto (como en el humor
en general, va a gustos).

 

 

Homo, homini lupus decía Hobbes y Kafka afirmaba que el dolor, como la curación solo era
posible entre personas.
Me imagino que vosotros como terapeutas, pero también como modelos, sois muy importantes
en el proceso terapéutico, ¿hasta qué punto esta terapia es practicable por terapeutas que no
tengan experiencia con el humor?
MC: La comedia no está hecha para hacer terapia, más bien es un camino que se abre para
realizar una terapia, por tanto debe estar guiada por un profesional cualificado con
conocimientos sobre técnicas de escritura e interpretación de comedia.
Otro asunto es cuando una persona que conoce la comedia pasa por un episodio biográfico
complicado, una reacción adaptativa o un problema interpersonal concreto y es capaz,
por sí misma, de abordar la situación usando la comedia. En este caso sí que es posible y
nos consta de cómicos que lo han hecho y con buen resultado.
Ahora cuando hay un trastorno, sindrome o enfermedad, o bien, un déficit estructural de cierta
severidad no es ni conveniente intentarlo.
Nosotros utilizamos una forma muy concreta de humor, de comedia, el llamado
STAND UP COMEDY, que tiene su propia poética y retórica que comparte en cierto grado con
otras manifestaciones del humor pero cuyo conjunto la hace única.
El humor en terapia ha sido usado desde los albores de la psicoterapia; quizás el más conocido
sea S. Freud y su libro -el chiste y su relación con el inconsciente- pero también Ellis o Beck
lo utilizan a lo largo del proceso terapéutico.
Pero el stand up comedy tiene una especial comicidad que lo hace diferente por motivos que
exceden a esta entrevista porque nos llevaría mucho explicarlo ya que incluye aspectos
neurológicos, cognitivos y de activación del SNC y autónomo.
¿Habeís pensado en formar a terapeutas en humor? (yo creo que es muy necesario) MC: Sí, formarlos en comedia, es algo en lo que estamos trabajando. Dicen que comedia es la tragedia más tiempo, ¿Qué relación veís entre trauma y humor? MC: Son dos variables que en principio no tienen que correlacionar. Por vuestra experiencia, ¿creeis que los humoristas son personas felices? MC: No necesariamente, al igual que un psicólogo no tiene que ser feliz necesariamente y
dependiendo de a qué llamemos felicidad.
Creo que fue Picaso el que dijo que el arte, en este caso el humor, no sirve para decorar
paredes sino para defenderse contra el enemigo ¿Es impensable la comedia sin la tragedia?
MC: Te tiene que ir mal de alguna manera para que la gente se ría, pero no tanto como para
producir pena, tiene que haber un equilibrio entre ambas.
El payaso/cómico es una figura ambivalente, que a menudo en pintura y literatura se ha
mostrado como un personaje triste, ¿qué pensaís de esto?
MC: Una persona pesimista puede producir un humor de calidad. No es necesario ser optimista
para tener producir buen humor, aunque tampoco es necesario ser pesimista.
¿Ayuda el humor a ser feliz? MC: El humor te puede ayudar a estar alegre y por tanto a tener una sensación subjetiva de
felicidad.
¿Podeís contar algo sobre la teoría del humor que enseñais en el taller?
(aunque sea anecdótico) ¿Existen distintos tipos de humor, hay humores más efectivos o
humor contraproducente?
MC: Estamos en la línea de la tradición alemana de Schopenhauer y del tratado de la
risa de Bergson. Hay tipos o clasificaciones sobre el humor, pero básicamente si alguien
se ríe es humor.
El uso del humor es lo que puede ser contraproducente, por ejemplo utilizarlo para ridiculizar
o humillar a otra persona o colectivo.

 

 

Se ha comprobado que las personas que trabajan con gente traumatizada corren grandes
riesgos de traumatizarse ¿es el humor para vosotros como terapeutas una forma de soportar
la realidad?
MC: Sí, el humor es una entre otras formas u estrategias que existen para soportar la realidad. ¿Por qué os hicisteis monologistas? MC: El porqué nos hicimos monologuistas no tiene que ver con que lo sigamos siendo,
en principio fue algo curioso, una elección, pero actualmente no es una elección, es una
condición, quizás una necesidad. Ahora mismo no podríamos dejar de escribir comedia.
¿Cuales son vuestros referentes humorísticos? MC: A nivel nacional, Faemino y Cansado, Gila, Tip y Coll, Ignatius Farray, Patricia Sornosa
entre muchos otros.
Internacionales, los Hermanos Marx, Doug Stanhope, Andy Kaufman, Ellen DeGeneres ¿Algún libro o película que recomendeis? MC: La biblia del humor Judy Carter. - El arte de los monólogos cómicos de Gabriel Córdoba - Manual del cómico novato de Miguel Lago - Una noche en la ópera de los Hermanos Marx - Annie Hall de Woody Allen - La vida de Bryan de Monty Phyton - La Hora Chanante - Series como Seinfield, Los Simpson y Padre de familia Las últimas recomendaciones que hemos recibido son la serie La maravillosa Señora Maisel
y el monólogo Nanette de Hannah Gadsby.
¿Teneís pensado escribir alguno? MC: Sí, sobre la experiencia e incluso vamos detrás del documental. Pues los esperaremos con ansia. Me encanta vuestro trabajo, hacía tiempo
que no topaba con un enfoque tan interesante, os deseo mucha suerte y muchísimas
gracias por vuestro tiempo.

 


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El día mundial de la salud mental

El 10 de octubre se celebra desde hace algunos años el día mundial de la salud mental.

 

Según la OMS la salud mental es "un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad."

 

Este año el foco son "los jovenes y la salud mental en un mundo en transformación". En la práctica pasamos rápidamente de hablar de salud a centrarnos en la enfermedad.

 

Hemos creido a todos esos expertos que nos dicen que existe algo así como la "enfermedad mental" (según el DSM-5, el manual diagnóstico de psiquiatras y psicoterapeutas, hay 374 formas de estar enfermo mentalmente y la tendencia es inflacionaria) y que el fin último es detectarla y erradicarla, como se hace con un cancer o un constipado.

 

Y es que los datos son alarmantes; según un informe de la OMS la mitad de los casos de enfermedad mental comienzan antes de los 14 años y el suicidio es la segunda causa de muerte en jovenes de entre 15 y 29 años.

 

Las soluciones propuestas son harto conocidas; aumentar la resiliencia, concienciar a la sociedad, dar a conocer los síntomas, invertir en personal especializado. Pero a la hora de la verdad, cuando nos encontramos con el enfermo cara a cara, resulta que no sabemos hacer otra cosa que anestesiarlo (o activarlo) y trasmitirles herramientas terapéuticas que fomentarán la convicción de que el problema está en ellos.

 

Podríamos empezar revisando el concepto de enfermedad mental.

 

Y es que lo que mucha gente no sabe es que las enfermedades mentales no se descubren sino que se deciden democraticamente, es un consejo de expertos, algunos de los cuales con relaciones dudosas con empresas farmacéuticas, los que deciden que trastorno se aceptará en el manual y cual quedará fuera. Ni siquiera la genética, en la que se apoyan, los respalda, un metaanalisis (revisión de articulos científicos) publicado recientemente en la revista Science no conseguía encontrar tantos genes enfermos para todas esas variantes de locura.

Quizás deberiamos cambiar de estrategia y comenzar a hacernos algunas preguntas básicas.

 

Porqué se suicidan los jovenes. Porqué son infelices. Porqué no consiguen adaptarse a la sociedad.

 

Podríamos hacernos estas preguntas, pero nos da miedo que la respuesta no nos guste. Nos da miedo descubrir que todo es un gran malentendido. Que los locos son los sanos. Y los sanos esos locos demasiado sensibles como para no percibir que el mundo esta invertido, que algo grave falla en la familia, en la sociedad, en el mundo.

 

Esos locos demasiado sensibles que perciben los contrastes entre los valores que pretendemos inculcarles y lo que realmente hacemos.

 

Que no solo lo perciben, sino que además no son capaces de reprimirlo y acaban estallando en gritos, paroxismos y delirios, o callándose -pero en un silencio que nos resulta incómodo.

 

O inventando un lenguaje propio (el común ya no les sirve para expresarse).

 

Un lenguaje cuya única función es la de gritarle al mundo que esta dejando de ser un lugar habitable.

 

Puede que los locos sean esos cuerdos adaptados, esos que bailan para celebrar la salud.

 

Esa salud mental que ha quedado reducida hace tiempo al último párrafo; "trabajar de forma productiva y fructífera y ser capaces de hacer una contribución a la comunidad."

 

No, no es la salud mental, sino "la locura, decía ya Unamuno, la verdadera locura la que nos está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste de sentido común que nos tiene a cada uno ahogado el propio"


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El extraño

El ser humano es ese animal que no se acepta.

 

Nuestra capacidad de autocuestionarnos, unido a la ausencia de una guía clara de comportamiento que compense nuestra independencia relativa de los instintos, contribuyen a esta insatisfacción constante.

 

Y creyéndonos en posición de elegir preferimos elevarnos sobre el resto de animales e identificarnos con esa cualidad que nos hace especiales: la razón.

 

Hemos llegado a creer que gracias a ese Don vivimos una ucronia perfecta, es decir una vida que mejora constante, indefinida e ilimitadamente.

 

 

Creyentes en el progreso como Steven Pinker, quieren convencernos de que cada vez somos mejores personas y movimientos tecno-filosóficos como el transhumanismo nos prometen la vida eterna.

 

 

Pues a pesar de la razón seguimos necesitando mitos pues en el fondo nuestros problemas existenciales siguen intactos y como decía Joseph Cambell, „mitos y ritos tienen la función de proporcionar los símbolos, que permiten al hombre avanzar y servir de contrapunto a las fantasias que quieren encadenarlo al pasado.“

 

 

 

El progreso y la fe en la razón son nuestros mitos contemporaneos.